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Full text of "Nuevo compendio de la historia de Bolivia"

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i 



NUEVO COMPENDIO 

DIO 

HISTORIA DE BOLIVIA 



¡ . « . 



José Macedonio JIrquidi 



Nuevo compendio 



DE LA 



Historia de Bolivia 



Aprobado por el H. Consejo Universitario del 
distrito de cochabamba para su estudio 
en los Colegios y Escuelas y 
adoptado por el h. conce- 
JO Departamental 



TERCERA EDICIÓN 



Notablemente corregida y aumentada hasta la Revolución 

del Acre inclusive 



LA PAZ-Bolivia 



Amó Hermanos— Editores 



« VA- ^ 



APROBACIÓN 

Cancelariato de la Universidad.— Oochabanrba, junio 23 
de 1902. 

Vistos en Consejo y a mérito del informe favorable 
presentado, por la Comisión de estudios: se aprueba el 
opúsculo de «Historia de Bolivia», redactado por el se- 
ñor José Macedonio Urquidi. Tómese razón y devuél- 
vase. 



Rodríguez 



Abel Ar araba r 
Secretario General 



Consejo Departamental: 

Inspección de Instrucción Primaria 
Señor Presidente del Concejo Municipal: 
El suscrito reproduce en todas sus partes el infor- 
me presentado por la Comisión de Instrucción del Con- 
sejo Universitario en 20 de julio del año corriente. 
Cochabamba, julio 27 de 1902. 

A. Aguirre 



Al>OF»OIíS 

Vistos en Sala, aprobado el dictamen de la Comisión 
de Instrucción, se confiere un voto de elogio aT señor José 
Macedonio Urquidi, autor del «Compendio de la. Historia 
de Bolivia* y se resuelve deber adoptarse en las escuelas 
municipales como texto de enseñanza. Tómese razón 
y devuélvase previo reintegro. 

Blanco 

Rafael de ligarte 
Secretario ad-hoc. 






Bencroít librar» 
y^rfy oí CUfornt. 

Bancrof t Library 
9H1- 



NUEVO COMPENDIO 



— DE LA — 



HISTORIA DE BOLIVIA 



• ♦ • 



INTRODUCCIÓN 



§ 1.° Rudimentos. — La Historia es la narración 

verdadera y ordenada de los hechos o sucesos más 

• ± - > * . « 

importantes de la humanidad. Las fuentes de donde se 
recoge la relación histórica, son: la tradición, los monu- 
mentos y los escritos. 

Es muy útil y eminentemente educativo el estudio 
de la Historia: ella fecunda en enseñanzas, forma los 
grandes caracteres y, revelando e\ pasado, muestra Ja 
marcha gradual y paulatina de la humanidad, en el 
camino de la civilización y del progresó indefinido, al 
través de los períodos de decadencia y de las eontradic- 
oiones del espíritu humano* 0) Marco Tu lio Cicerón, la 



(i) «Encuentra la Historia en la cúspide de los grandes 
acontecimientos, á Dios: y en el vaivén de los pueblos, la realiza- 
ción de las leyes del progreso».— P.Kbíambr B* 



— 2 — 

llamó justamente: «¿a escuela de la vida*; «ía mensajera 
del pasado». Lo que es incierto o inverosímil, no pue- 
de ser objeto de este estudio, que se basa en la investi- 
gación racional y concienzuda. «La ciencia exige, (dice 
Bordeaux), que el historiador no ponga nada de imagi- 
nario en sus escritos, porque no se le pide fábula, sino 
verdad; él no debe cédéf ñiai los cátéulofc del ñiterés, ni 
a los impulsos de la pasión, ni a los prejuicios del espí- 
ritu». 

Sin dar itiérito^t las narraciones fabulosas que nos 
han trasmitido los antiguos, de los tiempos prehistóri- 
cos y de las primeras edades del mundo, la historia pro- 
piamente dicha, «considera el género humano según 
expresión de Cant'ú tal cual es hoy, y se funda en datos 
positivos». Es la ^Maestra de la humanidad» y tiene la 
misión elevada de enseñar la verdad, investigando con 
mira severa, inexorable y justiciera, los hechos de los 
hombres. 

Cuando la Historia abarca todos los acontecimien- 
tos htftnanos, se llama «Historia Universal»; cuando sólo 
los hechos de un país o una nación, € Historia Parti- 
cular». 

La ^Historia de Bolivia» es la narración fiel o ver- 
dadera y metódica de los hechos o sucesos más impor- 
tantes que han tenido lugar en este país de América 
Meridional, influyendo en sus destinos. Comprende dos 
partes; la primera, que abarca desde los tiempos remo- 
tos o primitivos del Perú (Imperio de los Incas), hasta 
la insurrección de Chuquisaca, alio 1809, que marca el 
comienzo de la guerra por la independencia; lusegunda, 
desde esa fecha, hasta nuestros días. 



— 3 — 

La Historia de Solivia se divide en cuatro grandes 
épocas, a saber: la 1. a que comprende las tradiciones 
anteriores a la conquista española; la 2. a la conquista y 
dominación española; la 3. a la guerra de los quince años 
o de la independencia; y la 4. a la República. 

Esta última época, puede subdividirse en los 
siguientes períodos: primer período, desde el estableci- 
miento de la República (año 1825), hasta la victoria de 
Ingavi; 2.° desde la victoria de Ingavi (año 1841), hasta 
el gobierno de Linares; 3.° desde el gobierno de Linares 
(año 1857) hasta el «texento», o sea el gobierno de Mel- 
garejo; 4.° desde el «sexenio» (año 1864), hasta la gue- 
rra del Pacífico; 5.° desde la guerra del Pacífico (que 
principia en el año 1879), hasta el « Pacto de tregua con 
Chile* (1884), y desde entonces hasta nuestros días 

El Gobierno del Mariscal Andrés Santa Cruz, pare- 
ce que debiera formar un período aparte de la Historia 
de Bolivia, por la magnitud de los acontecimientos que 
se desarrollaron en él. 

La Historia no es un simple relato de los hechos a 
manera de crónica, sino pintura animada del pasado. La 
Historia Patria, es, sin duda, un ramo importante de 
estudio, digno del mayor aprecio. Se precisa que su 
conocimiento sea profundo, si se han de conducir con 
acierto los destinos patrios, y solucionar los arduos 
problemas sociales y políticos de la República. 

§ 2 o Bolivia: Rasgos geográficos.— Bolivia es 
un estado independiente que ocupa el corazón de Sud- 
América y tiene la forma de gobierno republicano uni- 



Epoca, es el espacio de tiempo en que tienen lugar hechos y 
sucesos de una fisonomía particular. Período, es una división 
menor de tiempo, comprendido entre dos notables acontecimien- 
tos históricos. 



— 4 — 

tario.- Su territorio abraza una vasta extensión, 
(2. 100,000 kilómetros cuadrados aproximadamente); está' 
situado, en su mayor parte, en la zona tórrida: le atra- 
viesa casi en toda su extensión, y muy especialmente 
por la región occidental, la gran Cordillera de los 
Andes: circunstancias por las que el país es extraordi- 
nariamente variado en el clima, atmósfera; animales/ 
vegetación y calidad de terrenos, pudiendo decirse qué 
Bolivba es, por las variaciones dé su altura y tempera- 
mento, «la síntesis del mundo». 

Se ven comarcas de temperamento seco y otras dé 
constante humedad; hay lugares sabios y regiones nior- 
tíferas; se experimentan los rigores de un frío glacial, 
toda la intensidad de un calor tropical y eternas prima- 
veras. Se ven cadenas de nieves perpetuas, montañas 
y cerros minerales, como el célebre «Cerro de Potosí*, 
serranías inmensas y agrestes, como también extensio- 
nes considerables donde no se puede divisar ni una 
pequefia loma. Hay valles los más profundos del mun- 
do, ejemplo: el de Tipuani; y picos los más elevados, 
como el Illampu o Nevado de Sorata (7,696 mts.), el 
Illimani (7,330 mts.), el Sajama (6,546 mts.), el Huaina 
Potosí (6,184 mts.), el Chorolque (5,603 mts.) El orien- 
te y otras regiones, tienen sel vas y bosques impenetra- 
bles, de feraz vegetación, habitados principalmente por 
los bárbaros y las fieras. 

Cruzan el territorio boliviano ríos caudalosos y 
navegables, los más de los que van a engrosar los estua- 
rios del Amazonas y del Plata. Entre los innumerables 
lagos, es notable el littcacxi (de 8,340 kilómetros cuadra- 
dos, a una altura de 3,890 mts.), unido por el Desagua- 
dero a otro no menos considerable, el Poopó (a 3,700 
mts. de altura); hay manantiales de petróleo, lagos y 



— 5 — 

montañas de sal;, ajenas medicinales (termales); parajes 
del knosos y desiertos que entristecen . (*) 

Hay lugares donde jamás llueve ni ha llovido, como 
ocurre éñ el Departamento LiUnnl, en que apenas cae 
escala garda; y otros donde constantemente llueve o 
lloviznado bien cae un roció copioso y tan abundante, 
que produce los efectos de un fuerte aguacero, lo cual 
sucede en las selvas. 

En Bolivia, país fértil y variado en su suelo, vege- 
tan toda clase de árboles y plantas: Stite producciones 
son abundantes y muy apreciadas, lo que, ciertamente; 
hace que sea uno de los más ricos de la tierra. Existen 
y se crían toda especie de animales; y, ert la asombrosa 
variedad de sus terrenos, se piíeden establecer todas 
las industrias que conciba el hbkhbre. 

A Bolivia, le espera un porvenir brillante. 

Su extenso territorio, tan fértil en producciones y 
riquezas naturales, la más segura fuente de prosperidad 
nacional., luego tendrá mayor importancia, principal- 
mente con la inmigración extranjera y el fomento a las 
industrias y el trabajo. 

A pesar de las desmembraciones territoriales que 
ha sufrido Bolivia, la extensión de su suelo es conside- 
rable. Al tiempo de fundarse la República (1825), la 
extensión territorial de ésta era de 3.000,000 de kmtrs. 
cuadrados, y en la actualidad (1919), es de 1.379,014.11; 
de suerte que ha perdido como ¡dos terceras partes! por 

(*) Entre otros ilustres viajeros, que han descrito científi- 
camente los contrastes y riquezas incalculables de Bolivia, dice 
el sabio d'Orbigny: cSi la tradición ha perdido la memoria del 
lugar donde estaba el Paraíso, el viajero que visita ciertas regio- 
nes de Bolivia, puede exclamar con entusiasmo: Aquí está el Xdtn 
perdido!* 



— « — 

{¿insaciable ambición de los Estados vecinos. La Ar 
gentina ha engrandecido sus dominios con las extensas 
zonas del Chaco Central, avanzando sobre el Bermejo y 
Yacuíba, y oon la Puna de Atacama, y por poco no se 
aduefia de Tarija. El Paraguay lenta, pero resuelta 
u*ente, ha ido adjudicándose de las feraces regiones, 
desde Bahía Negra hasta el S. del Pilcomayo, todo el 

Chaco Boreal El Brasil, además de sucesivas 

usurpaciones en la accidentada zona de las cabeceras 
del Guaparé o Iténez y del Alto Paraguay, se ha pose- 
sionado, ya por virtud de falaces pactos, y ya en fin, 
fomentando una guerra separatista (1900-1903), de toda 
la inmensa y riquísima región del Acre, (unos 4 grados 
geográficos de latitud, por 11 de longitud!). El Perú. 
acaso el menos codicioso del patrimonio boliviano, toda 
•la región del Madre de Dios o Amaru-Mayu . . . Chile, 
ah! sin escrúpulos ha arrebatado militarmente, en lucha' 
sorpresiva y desigual, todo el Departamento litoral de 
Cobija; y reemplazado el Pacto de Tregua, que le acor- 
dó la posesión bélica, precaria de aquél, por el Tratado 
de Paz y Límites de 1904 (octubre 20), ha extendido sus 
dominios sobre las borateras de Ascotán y Chilcaya, de 
incalculables riquezas 

La superficie territorial del Departamento de Chu- 
quisaca, (según la Oficina Nacional de Inmigración, Esta- 
dística y Propaganda Geográfica, de La Paz, en 1902), es 
de 68,420.28 kilómetros cuadrados, o sean 2,215.92 
leguas cuadradas de 20 al grado. La del Departamento 
de La Paz, es de 139,278.74 kilómetros cuadrados, o 
..sean 4,510.60 leguas cuadradas. La del Departamento 
de Cochabamba, es de 60,417.36 kilómetros cuadrados, 
o sean 1,956.73 leguas cuadradas. La del Departamen- 
to de Oruro, es de 49,537.53 kilómetros cuadrados o 



— 7 — 

sean 1,604.37 leguas cuadradas. La del Departamento 
de Tanja, es 85,561.36 kilómetros cuadrados, o sean 
2,771.07 leguas cuadradas. La del Departamento de 
Santa Cruz, es de 366,128.03 kilómetros cuadrados, o 
sean 11,857. 78 leguas cuadradas. La de) Departamento 
del Beni, es de 264,455.53 kilómetros cuadrados, o sean 
8,564.98 leguas cuadradas. En estas dilatadas exten- 
siones de infinita variedad de producciones, que en todo 
superan a las de otro* continentes, {según opinión de 
sabios y viajeros ilustres), asentaráse la civilización 
más floreciente. Para completar, aunque sea ja como 
reminiscencia , cabe anotar que la superficie territorial 
del perdido Litoral dé Cobija, es de 66,170.58 kilómetros 
cuadrados, o sean 2,143.06 leguas cuadradas. La del 
Territorio Nacional de Colonias, (cuya capital era 
Puerto Acre), es de 497,631.05 kilómetros, o sean 
16,126.41 leguas cuadradas. 

Según el Censo Nacional de 1901, la población de 
Solivia es de 1.816,271 habitantes. 






T ; 



PRIMERA ÉPOCA 



Tradiciones anteriores a !a conquista española 



CAPITULO 1° 



Tiempos primitivos. Orígenes.— Aun es incierto 
el origen de la población primitiva de la América, cuya 
historia antigua se pierde en las nieblas de las edades. 
Probable es que ella haya sido poblada por inmigracio- 
nes sucesivas venidas del Viejo Mundo y principalmen- 
te del Asia, sea por el estrecho de Bhering, que se cree 
era itsmo, o bien por el océano, cuyas corrientes podían 
haber. arrojado a las costas americanas, las naves que 
surcaban sus olas. Esta aserción se hace fundada, si se 
tiene en cuenta la luz que ha dado,al respecto, la ciencia 
con sus profundas investigaciones, desvirtuando al mis 
mo tiempo la falsa teoría de que los americanos sean 
autóctonos; contribuyendo más a ello los preciosos datos 



que suministra la Antropología. La Filología ha compro- 
bado la semejanza fundamental de las lenguas de Amé- 
rica con algunas del mundo antiguo; y la Etnología (o 
Etnografía), la de las razas. ( 3 ) 

Descubierta la América en el siglo XV, los con- 
quistadores europeos encontraron en su suelo dos Im- 
perios relativamente poderosos y civilizados: eran el 
Imperio de México o de los aztecas, al N; y el de los 
Incas al S., que remontaban su origen a tiempos leja- 
nos. Entre los mayas centro-americanos y Jos hombres 
(Je Tiahuanacu parece haber caracteres idénticos. 

Bolivia, que después de la conquista española, 
fué llamada por los geógrafos el «Alto Perú» (Audiencia 
de Charcas), pqes antes no tenía otra designación pro- 
pia, sino es que de Collasuyo o Gollao, (sólo una gran 
parte), era comprensión d&l imperio incásico. Diversas 
tribus nómadas, la poblaron en un principio; las prin- 
cipales fueron: los Aymarás, Quechuas (kesshuas) o 
Charcas, y otros en la parte occidental; y los Guarayos, 
Tobas^ Ghunchos y Chiriguanos y otras familias, en la 
región oriental. Las tradiciones, costumbres y aún 
creencias de algunas de estas naciones y tribus, dan 
idea, aunque remota, de sus vinculaciones asiáticas; a<í 
con los arlos y semitas. Tal respecto al diluvio univer- 
sal, la salvación de una pareja humana, etc. Muchas 
voces denotan derivarse de idiomas matrices del orbe 
antiguo, o talvez sea aj revés- Términos diversos en 
chiriguano. por ejemplo, recuerdan al hebreo. El gua- 
raní parece- haberlo hallado muy difundido, especial- 



* P) Ciencias distintas de la Historia, se encargan dé diluci- 
dar el origen cósmico y la primitividad de la América. Entre- 
tanto, puede atirmarse con alguna probabilidad, .que el Suevo 
Mundo es tan antiguo .como el Viejo Continente, si no es más. 



— ló- 
mente en los países que bafia el Atlántico. . D'Orbigny 
refiere que los antiguos habitantes de J/oxos, poseían 
un complicado mecanismo de escritura. . t 

Los Aymarás. — La gran familia de los Aymarás i, 
se cree que haya sido la más antigua de las razas que 
poblaron la América: ocupaba las regiones contiguas al 
Titikaka, que era su lago sagrado, en la parte que los 
Incas denominaron CoHasnyo, (la región occidental de 
Bolivia actual). Los Aymarás pasaron del estado primi- 
tivo de barbarie y de una vida errante y pastoril, al de 
un gobierno patriarcal, hallándose sometidos a la auto- 
ridad de los malleufi y curacas, correspondiendo esta 
supremacía al anciano más respetable, o al guerrero 
más valiente. Fué entonces que esa nación llegó a 
cierto grado de desarrollo, presentando una civilización 
peculiar y muy anterior a la de los Incas. Ruinas gigan- 
tescas dan testimonio de la grandeza de esos tiempos: 
se admiran todavía los restos colosales de construccio- 
nes y monumentos que revelan muchos siglos de anti- 
güedad, que está probado que no fueron obra de lacivi- 
lización incásica. Los sabios atribuyen a la raza aymará. 
Es posible también que sean vestigios de otro pueblo 
desconocido ... cuyos fastos se perdieron en la oscu- 
ridad de los tiempos. Datan de ellos hasta caracteres 
como los sidónicos y hebreos. 

El Tiahuanaco, preciosa herencia de las antigüeda- 
des americanas, fué, acaso, la Metrópoli de los aymarás. 
Son también notables las ruinas del templo de Cacha, 
de gran esplendor, (que algunos atribuyen a los Incas); 
y la fortaleza (pucará) de OÍ lantai tambo; las de Huánu- 
co (el Viejo) y de Wilcas.— Chavin, Chirnú y Nazca, son 
preincaicos (en el Perú). En sus escombros y túmulos 
quedan vestigios de una cultura adelantada. Así como 



— 11 — 

los de Anahuac, Míxila y Palenque, de estilo egipcio y 
griego, son milenarios. 

Los aymarás estaban divididos en las tribus o fami- 
lias conocidas con los nombres de collas, charcas, caran- 
kas, parias, umasuytus, urus, curahuaras, pakajis y 
otras más. Tenían creencias vagas y supersticiosas, 
pero reconocían la existencia de Dios llamándole Pacha- 
kamac, y edificaron suntuosos templos; poseían nocio- 
nes de) arte militar; construyeron fortalezas o pucaras; 
cultivaban sus campos, no siendo extraños a los benefi- 
cios de la industria y el comercio. Su idioma, el ayma- 
rás es considerado por los filólogos, como una de las 
lenguas matrices del mundo. Produjeron su decaden- 
cia, las luchas intestinas en que unas tribus se disputa- 
ban la supremacía sobre otras; hasta que sobrevino la 
dominación de los Quechuas o kesshuas y que alcanzaron 
prosperidad y conquistaron y sometieron a los aymarás, 
inaugurando así el período floreciente de la monarquía 
incásica. La conquista del Collao por los primeros y 
las posteriores inmigraciones, produjeron otros grupos 
étnicos, desparramados en las sierras, esteras, llanos y 
selvas 

Por sn conformación física y otros caracteres, se 
nota su estrecho paren tezco con las razas asiáticas. 



CAPITULO 2.o 



El Imperio de tos Incas 

• • ■ •• • * ^ 

MaüCO C&JMiC*—Fuhtiáción del hn per ¡o de los Incan. 
La historia antigua de todos los pueblos sfc'halla envuel- 
ta en la mitología: la verdad histórica oscurecida por el 



— 12 — 

* • • • • 

tiempo, se pierde en 1a leyenda o la fábula. Cuentan las 
tradiciones peruanas y con ellas el Inca Garcilazodelá 
Vega, el gran historiador de la América, que un perso- 
naje misterioso llamado Manco-Cápac y su esposa y her- 
mana Mama Ocllo, que Redecían «hijos del Sol», aparé- 
riéronse en la isla Inti kaka (peña del Sol), del lago 
Titicaca, con el carácter de mensajeros divinos, tenien- 
do la misión de civilizad tribus bárbaras, sumidas éñ ía 
degradación. Traían consigo una barretilía de oró, 
debiendo fijar su residencia en el lugar donde ella se 
hundiese fácilmente en la tierra, lo que se verificó en el 
cerro de Huaiña kauti, en el valle del Cuzco, donde lue- 
go echaron los cimientos de la Metrópoli de la nueva 
monarquía. Las tribus de las comarcas próximas, se 
apresuraron a rendir homenaje a la misteriosa pareja; 
Manco-Cápac, espíritu beneficíente; morigeró sus cos- 
tumbres y les estableció bajo la forma de un gobierno 
teocrático, dándoles leyes sabíase instituciones avanza- 
das; a la par que su esposa Mama Ocllo, les instruía én 
las labores y virtudes domesticas, enseñándoles así 
mismo las artes del hilado y el tejido. Manco-Cápac, 
fué proclamado Inca, que quiere decir: «Señw de la tie- 
rra*; y reinó en el Imperio de que era fundador, próxi- 
mamente cuarenta años, con admirable cordura y sabi- 
duría, sucediéndole a su muerte (1107), su primogénito. 

Tal se dice fué el origen maravilloso del Imperio 
de los Incas; empero, se descubre del fondo de esta 
leyenda, que algún curaca o mallcu experto, fingióse 
mensajero divino y estableció o extendió sus dominios, 
introduciendo un gobierno mejor del que había. Le 
llamaron Zapallón Inca (único Señor), e íntichur¿'(hijo 
del Sol). (Montesinos remonta a 4,000 años el imperio 
incaico). 



- 13 — 

Monarcas Incas sucesores de Manco-Cípac.— 
La sucesión hereditaria del trono, se efectuaba entre 
los primogénitos de 1a familia real, habidos en la espo- 
sa Coya, reina legitima del Inca. Hé aquí una ligera 
noticia de los sucesores de Maneo-Cápac, eomo nos la 
han trasmitido los historiadores primitivos de Indias, 
que recogieron las tradiciones incásicas, sin desdeñar 
eltéstimonió de los monumentos. 

Cinchi Roca («el fuerte o valiente anciano»). Fué 
hijo de Manco-Cápác, a quien le sucedió. Se le atribu- 
ye la división del Imperio én cuatro grandes provin- 
cias, (Collasuyo, Antisuyo, Cuntisuyoy Chinchasuyó). Hizo 
levantar el primer censo y con una política suave y 
pacífica, como la de sú padre, agrandó sus dominios. 
Gobernó 30 años. Sometió las naciones del E. hasta 
Carabaya y por el S. hasta Chucara. 

Lloque Yupanqui (*el que cuenta a la izquierda*). 
Se distinguió por su carácter guerrero y conquistador; 
extendió la monarquía sometiendo a los Canas y con- 
quistando por el oriente ei Callao, hasta el Chucuito y 
el río Desaguadero. Redujo la altiva población de Aya- 
viri, ocupando Paucarcollo y Hatuncollo. 

Maita-Cápac, (significa, «¿dónde está el rico y pode- 
roso?»). Notable conquistador, sometió a los Collas; 
atraído por la celebridad del Tiahuanaco, visitó los 
pueblos aymarás conquistando, tras obstinada lucha, 
algunas de sus provincias, (Caquiaviri, Caquingora y 
Huarina); y desplegando una política sagaz y contem- 
porizadora. ( 4 ) Durante su reinado (30 años) tuvo 



(<) En su segunda expedición al país aymará, paseó victorio- 
so, rindiendo a los laricajas y pacajis, y librando una sangrienta 
batalla contra los de Clmqiáabo y Huaycho, y llevó sus ansas 
basta Caracollo y Paria, Fundó Chuquiajm, (sementera de oro) 



— 14 — 

lagar la invención de los Quipos (por el favorito Illa- 
amanta). 

Cápac-Yupanqui (significa «el. que cuenta a lo 
rico*). Sometió al Imperip las provincias de los ayma- 
rás y los quechuas, entre ellas las de Tapa karis («nido 
de hombres*) y Cochapampa y varias del Perú. Se le 
atribuye la construcción de un puente sobre el Apuri- 
mac % (el mismo quizá que, en 1824, hizo cortar el gene- 
ral realista Cante rae, para ponerse a salvo de la perse 
cución del ejército del Libertador Bolívar). 

Inca-Roca («rey anciano o prudente»). Conquistó 
a los Chancas y a los Charcas hasta Chvquichaca. Mandó 
construir palacios y notables edificios, fundando el pri- 
mero, colegios y escuelas para los hijos de los nobles 
del Imperio y la enseñanza del quechua. 

Yahuar huakac («el que llora sangre»). Fué un 
príncipe de carácter pusilánime y timorato: se dice que 
presintió la ruina del Imperio y «lloró sangre». Su her- 
mano Apu-Maita, puesto a la cabeza de 20,000 hombres, 
se encargó de la conquista de varios pueblos del O. 
Atemorizado por ia sublevación de los Procas y los 
Huankas. Yahuar huacac, abdicó la corona en favor 
de su hijo Inca-Hipa, príncipe altivo que derrotó a los 
rebeldes en la sangrienta batalla de Yahuar pampa y 
tomo el nombre de Viracocha, que en su primera juven- 
tud había sido alejado a cuidar los rebaños del Sol en 
Chitapampa . . . . 

ViRA-CoctíA («espuma del lago»). Restituyó al impe- 
rio su antiguo brillo, haciendo un reinado glorioso. 
Conquistó definitivamente a Ior t'hancas y a los Tucu- 



.Impuso el culto del sol, padre de la huñumidad. al que levantó un 
.templo. Conquistó el valle de Qaraqatu; y volviendo al Cuzco 
sometió varios pueblos (ayl)os), hasta Ariquepay. 



— 15 — 

manos. Durante su gobierno, se edificaron palacios, 
una casa de recogidas (ñusthas) y se construyó o embe- 
lleció el célebre templo de Cache; se abrió el acueducto 
de Anjarae* (de 120 leguas). Vira Cocha predio la des- 
trucción del Imperio por gente extraña (1873); y se 
entregó en sus últimos días a la vida disoluta en sus 
palacios suntuosos de Lucap, entregando la corona a 
su hijo. . . . 

Inca Urco (príncipe débiR No pudo sobrellevar 
los azares del gobierno, dado a la concupiscencia, y 
sólo reinó once días. Se sublevó Asto Huaraca, (cacique 
de Huaitara). 

Pacha Kutec («e/ que revuelve el mundo*). Fué el 
hermano del anterior; y se llamaba antes Yupanqui; 
reformó el Imperio cuyos límites extendió por el S. 
hasta el río Maule (Chile), y por el N. hasta Cajamarca 
y Truji lio; aprisionó al temible y ambicioso caudillo 
Asto Huaraca y emprendió una sangrienta conquista 
contra el poderoso señorío de Chuquimancu. Hubo seca 
y hambre durante su reinado, que por lo demás fué 
glorioso. 

Inca-Yüpanqüi; hijo de Pacha Kutec, se afirma 
que hizo la temeraria expedición de los Moxos, ínter- 
nándose por el Amarumayu, con 10,000 combatientes. 
No pudo someter a los chiriguanos y tribus errantes y 
belicosas. (Hay confusión en las demás referencias 
tradicionales tocantes a este monarca y al sucesor. 

Tupac- Yupanqui (<rey sabio y amable*). Le suce- 
dió a su padre Inca-Yupanquu que hizo construir la 
gran fortaleza del Cuzco. Tupac- Yupanqui conquistó 
muchas provincias situadas al N. del Imperio, hasta laa 
fronteras de Quito, sometiendo a los Canaria; por el 8. 
envió un ejército conquistador, que no pudo avanzar 



— 16 — 

mis allá del Maule, por la valerosa resistencia que opu- 
sieron los naturales, los indómitos araucanos. Este 
Monarca, atraído por la gran celebridad de que gozaba 
el Inti kaka, fué en romería a ese lugar tenido por 
sagrado, e ilustró su santuario mandando construir 
suntuosos edificios y templos, uno de ellos consagrado 
al culto del Sol, y el de la isla inmediata al de la Luna, 
{Coya o esposa del Sol), por lo que dicha isla se llamó 
(Joya Huati (Isla Coya), hoy Coatí; para la custodia de 
estas islas sagradas, fundó la población de Cupákha 
huana («mirador de la piedra preciosa»), hoy Copacaba- 
na, donde trasladó a las familias .más ilustres del 
Imperio. 



Huaina-Cápac, (*¡oven poderoso»). Fué un monar- 
ca sabio: instruido en la teogonia de los aymarás, se 
propuso sustituir a la religión del Sol, que él cierta- 
mente creyó era muy baja y material, con el culto del 
Dios Yatiri («el que lo sabe todo»), del que tenía un 
concepto elevado y espiritual. Engrandeció el Imperio, 
•embelleciéndolo con notables construcciones; sometió y 
venció a los Barbacoas ya los Sciris; penetró a Quito, 

: que anteriormente formaba un reino independiente; allí 
fijó &u residencia y tuvo de la «bella y encantadora 
Pacha*, hija del rey quiteño, >su hijo Atahuallpa. La 

i noticia de la aproximación de gente extraflí*, 1q recordó 
la predicción de Vira Cocha y ama,rgó profundamente 

; sus últimos días (1515); reunió una .asamblea en la 
.Metrópoli del Imperio, cuyos dominios dividió entre 

: sus hijo§ Huáscar que era el legítimo, y Atahuallpa, 



— 17 — 

dejando al primero el reino del Perú, y al segundo él de 
Quito. Huayna Cápac, murió en Tomebamba, (1525), 
donde levantó un templo al Sol. 

Huáscar y Atahuallpa. — Muy pronto se dispu- 
taron a la muerte de su padre Huayna-Cápac, los domi- 
nios de la corona, con motivo a la elección del Señar de 
Cañarte. Huáscar, que comenzó la guerra fatricida, 
venció en el combate de Tomebamba a su hermano Ata- 
huallpa, que cayó prisionero y logrando fugarse, orga- 
nizó un ejército, que después de una pequeña victoria 
consiguió triunfo completo sobre el de Huáscar, en la 
sangrienta y obstinada batalla de la llanura de Quipay- 
pan (cerca del Cuzco); Huáscar fué reducido a cautive- 
rio. A este tiempo, tuvo lugar la venida de los españo- 
les con Francisco Pizarro, (1533), que emprendió la 
conquista del gran Imperio de los Incas, que en breve 
debía desaparecer para siempre. ( 5 ) 



CAPITULO 39 



Civilización del Imperio de los Incas 



Instituciones incásicas; gobierno y adminis- 
tración del Imperio. — De las múltiples y variadas 
instituciones que establecieron los monarcas incas, son 



( 6 ) En el curso de la obra podrá verse quiénes fueron los 
UÜimos Incas*. 

3 



— 18 — 

notables: la ley agraria, las tiestas civiles y las reli- 
giosas. 

El Inca («señor de la tierra»), penetrado de su 
manifiesta superioridad sobre sus subditos cuya perso- 
nalidad absorvió, ejercía sobre ellos una autoridad 
absoluta e ilimitada, desconociendo la autonomía indi- 
vidual, base de las nacionalidades. Este privilegio ema- 
naba del gobierno teocrático, establecido por el funda- 
dor del Imperio, teniéndose ai Inca como al represen- 
tante de Dios sobre la tierra. Sin embargo, parece 
desprenderse del fondo de sus acciones, que su gobier- 
no era, por lo general, suave y paternal. 

Para la administración del Imperio delegaba su 
autoridad a sus allegados y a los nobles vasallos, ase- 
sorados por consejo o junta. Dependían de los caciques 
los curacas. Iban a la capital a dar cuenta de sus actos 
bienalmente. Se formaba registros de las poblaciones 
urbanas, organizadas gerárquicamente, debiendo res- 
ponder por determinado número de familias, los jefes a 
cuyo mando estaban sometidas. 

Gerarquía social. — La sociedad peruana (o incási- 
ca), estaba dividida en tres clases sociales: la familia 
real o del Inca; la nobleza, y el pueblo, que no conocía 
la libertad individual y carecía del derecho de propie- 
dad, estaba dividido en parcialidades, hallándose some- 
tido a una obediencia ciega. La familia del Inca ejer- 
cía las altas dignidades del Imperio: gobernaba las pro- 
vincias, mandaba el ejército, esto último, si esa no era 
la voluntad del Soberano. La nobleza desempeñaba 
cargos de menor importancia. Los subditos que se 
distinguían, ingresaban en elia. El hermano del Inca 
era gran sacerdote (loillay-huma). 



— 19 — 

t. — Los incas dictaron leyes agrarias, 
administrativas, municipales, suntuarias y penales: todo 
estaba prescrito. La justicia era rápida y severa: el 
robo, el asesinato, el adulterio, la blasfemia, eran teni- 
dos como los mayores crímenes y su sanción respectiva 
(para los delincuentes), era la pena de muerte, la cual 
sólo el Inca podía pronunciarla. Las tierras estaban 
divididas en cuatro partes: la de la familia del Inca, la 
nobleza, el pueblo y la que se destinaba con preferencia 
al culto del Sol. Los campos del Monarca eran cultiva- 
dos con esmero por el pueblo, así como los consagrados 
al culto. En el pueblo reinaba un verdadero comunis- 
mo de bienes: estaba también obligado a labrar los 
terrenos pertenecientes al Estado, a los soldados en 
campaña: de los desvalidos, como los ancianos, los niños 
huérfanos y las viudas; los indígenas eran socorridos, 
por lo cual casi era desconocida la mendicidad. La 
prestación personal, concurriendo a los trabajos públi- 
cos los subditos, adviértese era una «principal forma de 
impuesto». Se les repartían vestuario y provisiones de 
los pósitos o almacenes fiscales; donde sistemática y 
previsoramente se acopiaban las cosechas. Las comu- 
nidades o ayllos de comarcas productoras de metales, 
rendían tributo en ellos. 

El pueblo trabajaba por mitas (o turnos). En suma, 
el régimen económico y financiero incaico, fundábase 
en un comunismo agrario, y nadie quedaba sin parcela. 

Conquista y política de los Incas.— Los Incas 
con la conciencia de su indiscutible superioridad sobre 
las tribus circunvecinas, extendieron la Monarquía 
sometiéndolas por medio de la conquista, desplegando 
a veces una política avasalladora y tiránica, pero gene- 
ralmente pacífica y persuasiva. El móvil principal que 



— 20 — 

les guiaba a las conquistas fué, sin duda, la religión: el 
culto del Sol debía extenderse al conocimiento de otros 
pueblos, los que subyugados podían sin embargo, gojar 
de ciertas franquicias religiosas, como la de seguir ado- 
rando a sus ídolos propios, no obstante de que hechas 
ya colonias o provincias anexas al Imperio, tenían en 
su territorio templos, ganados y ministros consagrados 
a la religión imperial. En los pósitos habían víveres y 
armas. Estos facilitaban la movilización marcial. 

Es un hecho que los monarcas Incas, no pocas 
veces destruyeron o asolaron los pueblos que no que- 
rían sometérseles: talaron sus campos dándoles el 
aspecto triste y desolado de los desiertos: — Hoque 
Yupanqai, pudo conquistar los pueblos de Ayaviri y 
Pucará, con virtiéndolos en ruinas. Usaban escudo 
(y u erara) lanzas, hachas, etc. 

Religión. — La religión del sabeísmo, introducida 
por el fundador del Imperio, reemplazó al primitivo 
fetiquismo. Las clases elevadas de los antiguos perua- 
nos, tenían noción cabal de la existencia de un Dios 
invisible y llamábanle Pacha kamac, («el que anima el 
universo»), Ser Supremo, cuya imagen visible creían 
era el Sol, al que le rendían un culto preferente; (Tupaj 
Yupanqui le dedicó un templo riquísimo en Inti khakha, 
en la isla del Sol). Tuvieron también una idea, aunque 
vaga, del principio del mal, al que llamaron Sapay; y 
creían en la vida futura. Reconocían igualmente otras 
divinidades, como Vira Cocha («espuma del lago»), el 
que pobló la tierra. (*') Con, (divinidad de los ayma- 
rás), que hizo dei mundo un paraíso de delicias, cubrién- 



(<») Willams Prescott, de acuerdo con otros autores, asegura 
que Vira-Cocha, era otro nombre que se daba a Pachacamac— 
(cHistoria de la Conquista del Pera»). 



- 21 — 

dolé de frutos; y otras más. El pueblo, generalmente 
superticioso, si bien participaba de esas creencias,' en 
cierta manera espirituales, abrazó el más repugnante 
fetiquismo, mezcla de ideas y prácticas religiosas abstir- 
das: se adoraban, las rocas, las selvas, el rayo (illapi), 
la tempestad, etc.. La Luna y las estrellas eran objeto 
de culto. Tenían ídolos y fetiques diversos itoteneé, 
camacs). 

Había un sinnúmero de sacerdotes, ministros con- 
sagrados al culto del Sol. Al Pontífice se le llamaba 
Huillac huma («adivino»). Había monasterios o conven- 
tos, donde se encerraban las más hermosas y nobles 
jóvenes, haciendo voto perpetuo de castidad para cui- 
dar del fuego sagrado. Erigiéronse numerosos y suntuo- 
sos templos, siendo el más antiguo y notable el de Cori 
cancha, («cercado de. oro»), de gran esplendor, en el 
Cuzco. La fiesta principal fué la del Gran Raimi. Esta 
y las otras, (Intip raimi, Mosoc-Nina y Cithua), se cele- 
braban con gran solemnidad al comienzo de las estacio- 
nes. (Huayna .Capac celebró en Chuquiapu el Khapaj- 
raimi % con inusitada pompa, durando los festejos cerca 
de un mes). 

Instrucción y bellas artes.— Las ciencias y las 
artes, no progresaron entre los antiguos peruanos, 
quienes apenas tenían nociones empíricas y rudimenta- 
rias de la medicina y la geometría, habiendo alcanzado 
algún adelanto en la ciencia astronómica: dividían el 
afio en doce meses rigiéndose del Sol y las lunaciones, 
y estudiaron el curso de los astros. La instrucción era 
limitada y sólo estaba al alcance de los nobles, cuyos 
hijos tenían el privilegio de educarse en los colegios y 
escuelas dirigidos por los amautas («sabios»), que les 
enseñaban sobre los ritos del culto, el arte militar, la 



— 22 — 

ciencia del gobierno y la administración, las tradiciones 
populares y la historia de los Incas, cantaban los 
arawecs («poetas»), quienes se cree, aunque infundada- 
mente, que compusieron los poemas conocidos con los 
nombres de Ollantay y Ousca Paucar (apócrifos). ( 7 ) 

Se conocía la tscritura geroglMca y aún el uso de las 
letras: estudios laboriosos de arqueología, han compro- 
bado su existencia en el Imperio de los Incas. Garci- 
laso de la Vega dice que la escritura fué prohibida. ( 8 ) 
y otro historiador agrega que igual prohibición se hizo 
del uso de los pergaminos (guillcas) preparados para 
escribir, conservándose solo la escritura enigmática de 
los quipos, que sólo podían descifrar los amautas o los 
quipo camayos. La música era como hasta hoy, melan- 
cólica y monótona. 

En cuanto a la moral, ella proclamaba el respeto al 
bien ajeno, la veracidad y el espíritu de trabajo o labo- 
riosidad. La cerámica, la pintura y otras artes no fue- 
ron ignoradas. 

Industria. — De las industrias, fueron conocidas y 
experimentaron algún progreso, la metalúrgica, la 
agrícola y la manufacturera. En la agricultura era 
conocido el empleo del abono y se usaban acueductos 
(como el de Anjaraes) y andenes. Los tejedores traba- 
jaban telas finas y apreciadas. El comercio fué poco 
activo, (sin embargo de que se abrieron grandes cami- 



(?) Los tradujo al alemán Tduschy. Estudios filológicos y 
literarios reconocen su filiación al gusto de los conquistadores 
iberos. D. Javier Prado Ugarteche, en una concienzuda mono- 
grafía patentiza ser obra de un eclesiástico. 

(8) Véase Carlos Wiener. — cPerott et Bolicie».— Un historia- 
dor francés, dá noticia de que un amanta había inventado, años 
después de la prohibición de la escritura, un sistema nuevo de 
caracteres y fué quemado vivo. - *',.;;» j.# f . 



— 23 — 

nos), a causa de no existir moneda ni vehículo»: los 
chasquis («expresos») o correos, facilitaron, es verdad, 
las comunicaciones, a cuyo fin también se empleaban 
las hogueras y los avisos mensuales. 

Costumbres. — Las costumbres de los peruanos 
eran sencillas, siendo la nota dominante en ellas, la 
melancolía, aún en las efusiones colectivas; concluyen- 
do sus danzas y regocijos, avivados por la chicha, con 
llanto y clamorosas querellas. Festejaban o celebraban 
los hechos cardinales de la vida, como el nacimiento y 
el matrimonio, y aun la muerte: en los sepulcros o hua- 
ca8 y que eran levantados junto a sus sombrías poblacio- 
nes, depositaban los muertos, acompañándoles de pedre- 
rías y otros objetos del mayor aprecio y a su recuerdo 
estaba consagrado un día especial del año. 

El monarca o Inca, tenía una suntuosa corte. Fas- 
cinaba a) pueblo con su deslumbrante boato; llevaba por 
diadema el llanto y borla púrpura, que era el distintivo 
imperial; se hacía conducir en litera de oro, con sus más 
nobles vasallos y vestía lujosos mantos, tachonados de 
ricas pedrerías. Era reverenciado por todos y a su 
muerte se celebraban inefables pompas fúnebres; su 
cadáver se embalsamaba. La conservación de cadáve- 
res, con una especie de momificación, con bálsamos y 
dentro de sacos de agave y estipa, guardados con vitua- 
llas y objetos útiles, y que precisamente quedaban 
abiertos por el rostro, dá a entender su creencia en una 

vida futura .. 

También era costumbre el llevar manjares a los 
muertos: había la consideración de procurar el bienes- 
tar del cadáver en la tumba ....... O 



p) cLos indios del Perú, después de la conquista de los espa- 
ñoles, desenterraban a sus padres sepultados en las iglesias a 



— 24 — 



Extensión del Imperió.-El Imperio peruano de 
los Incas, llamado, según se dice, por los naturales, el 
Tahuantin-auyo («las cuatro partes»), se componía de 
cuatro grandes provincias conocidas con los nombres de- 
Chine/ia-suyo, al N: Antisuyo, al E; Collamyo (el Callao 
(?) Kran parte de Bolivia), al S. y Cunti-suyo. al O. El 
Imperio de los Incas en sus días de más poderío y 
esplendor, abrazaba los territorios de las actuales Repú 
blicas del Ecuador, Perú, Bolivia, Chile (hasta el río 
Maule) y el Tucumán en la Argentina: era tanta su 
extensión. «El estandarte del arco-iris (Cuchi), que era 
el pabellón imperial», flameó desde las costas del Pací- 
fico hasta las regiones de las tribus bárbaras del Ama- 
zonas y del Plata; y, desde más allá de la línea equinoc- 
cial, hasta el país de los araucanos y el Tucumán. Su 
población máxima se hace fluctuar de 10 a 20 millones 
de habitantes. 

Monumentos.-^ Cuzco; su opulencia.— Las duda- 
des del Imperio, eran de construcción y arquitectura 
peculiar. Los restos que quedan de las construcciones 
y monumentos que levantaron los peruanos, que han 
dejado huellas o señales de las imágenes de sus divini- 
dades y los ídolos que tallaron en sus edificios, indican 
un pueblo, todo él, puesto al servicio de la religión. 

Abrieron grandes acueductos y trabajaron cuatro 
notables calzadas de 500 leguas, obras gigantescas, 
abiertas en las montañas o levantadas sobre los valles 
de gran profundidad: esos caminos que llaman aún la 
atención del viajero, partían del Cuzco, poniendo en 

pretexto de que padecían porque pisaban sobre ellos y que esta 
rían mejor al aire libre». - (Herbert Spencer.-«io Ciencia 
Social»). 



— 25 — 

comunicación las cuatro partes en que se dividía el 
territorio de la monarquía. 

Son igualmente notables, entre las construcciones 
de los peruanos, el templo y la ciutad del Cuzco, capital 
del Imperio, de gran extremada opulencia; su fortaleza, 
mandada construir por incá-Yupanqui, tenía tres torreo- 
nes. La ciudad estaba defendida por tres murallas; era 
de calles angostas y largas y de casas bajas: fué 
poco a poco embellecida por la familia real que ahí 
fijó su residencia. El templo del Cuzco, levantado con 
enormes piedras admirablemente superpuestas, tenía 
sus pabellones o capillas, cubiertas en parte, por plan- 
chas de oro y plata. Después del Cuzco pueden citarse 
las ciudades Tumbes, Cajamarca, Huánuco, Chimu,etc. 

La famosa mansión del Lucay, de suntuosos pala- 
cios, era la bellísima y deliciosa morada de la familia 
imperial, en cuyo retiro se constituyó desde que Vira- 
Cocha mandó construir con ese fin. 

» 

Idiomas. — Los dominantes eran el quechua y el 
aymará. La lengua quechua o khessua, tan flexible, dul- 
ce y armoniosa, que se presta, por su variedad de voca- 
blos, a la expresión de los sentimientos más íntimos del 
alma, fué el idioma oficial del Imperio. Inca-Roca, fundó 
escuelas para su aprendizaje, que fué obligatorio aún a 
los pueblos conquistados. En él se cantaban himnos 
religiosos y bel lísimas canciones. 



v .-• 



— 28 — 



SEGUNDA ÉPOCA 



. - . . ,<■ : 



La conquista y dominación española 



CAPITULO l.o 



La conquista 



§ I 



Cristóbal Colón y la América.— La pasión por 
los descubrimientos de nuevas tierras, reinaba en el 
siglo XV en Europa. Entonces fué que el marino geno- 
vés Cristóbal Colón, «uno de los mayores genios de la 
Historia», concibió, — teniendo por postulado la teoría 
de la redondez de la Tierra, — el magno pensamiento de 
que existía un continente occidental, ideando llegar a 
las Indias, por un nuevo derrotero. Para realizar su 
gigantezco proyecto, en vano solicitó ayuda a los pode- 
rosos, a las Cortas de Genova, Inglaterra y Portugal: 
era despedido por todos, como visionario. Por fin, en 
sus repetidas instancias, pudo obtener el apoyo decidi- 
do de la reina Isabel de Castilla, que le proporcionó dos 
barcos pequeños para la atrevida empresa; acompaña- 
do por los hermanos Pinzón, que aprestaron un tercer 



— 27 — 

bajel, y algunos tripulantes, partió del puerto de Palos 
el 3 de Agosto de 1492 con rumbo al occidente. A) cabo 
de 70 días de navegación, sufriendo en la travesía 
indecibles contrariedades, como la sublevación de sus 
mismos compañeros de viaje, — en la mañana del 12 de 
octubre (en que el grumete Rodrigo gritó alborozado: 
¡tierra! al divisarla al fin), arribó a la isla Huanvni¡ una 
de las Antillas, y la denominó ¿fon Salvador. 

Colón tomo posesión del país descubierto, en nom- 
bre de los monarcas de España, a donde regresó hacien- 
do nueva y penosa travesía, «y anunció a Europa la 
existencia de un Nuevo Mundo». En viajes posteriores, 
reconoció otras islas y últimamente la costa norte este 
de la América Meridional. Sin embargo, «no gozó él 
fruto de su obra» y víctima dé los desengaños, murió de 
pesadumbre en Valladolid (1506). 

El Nuevo Mundo lleva el nombre de América, del 
florentino Américo Vespucio, quien supo sacar buen par- 
tido del descubrimiento verificado por Cristóbal Colón, 
reconociendo el continente y levantando cartas geográ- 
ficas, que le dieron popularidad. ( 10 ) En sus narracio- 
nes afirmaba, que los países descubiertos debían ser 
considerados como un Nuevo Mundo (Novus Mundus), 
separado del orbe antiguo. 

Balboa: primeras noticias del Imperio de los 

IÑCAS.-—PÉREZ DE LA RÚA Y PASCUAL ANDAGOYA. — 

El viaje de Colón despertó gran entusiasmo por los des- 
cubrimientos. Muchos Hombres animosos, guiados por 



(W) «... . .escribió y publicó en 1507 una narración de sus via- 
jes y debió a una eventualidad el inmortalizar su nombre, impo- 
niéndolo al hemisferio descubierto por Colón».— Washington 
Irirtng.^c Viajes y descubrimientos de los compañeros de Colón». 
Madrid, (1854). 



— 2S — 

los incentivos de la gloria y las riquezas, emprendieron 
la vida aventurera. 

En 1513 Vasco Núfiez de Balboa, con 190 hombres, 
atravesó el itsmo de Panamá; fundó la ciudad de este 
nombre y sostuvo lucha en los dominios de Chiape y 
descubrió el Océano Pacífico, del que tomé posesión, sor- 
cando sus olas en navios que hizo construir. Los natu- 
rales le indicaron hacia el S. la existencia de un imperio 
poderoso y rico, región, decían, que era la «tierra del 
oro». Era el mismo Imperio de los Incas, que en ade- 
lante fué llamado el Perú. Balboa, víctima de la perfi- 
dia de un hombre indigno,— PedrariasDávila, queman- 
do la Espafía de Gobernador a Panamá, — acabó en esa 
ciudad sus empresas. El descubrimiento hecho por 
Balboa desvaneció el error sobre las Indias, pues de por 
medió se halló un océano inmenso. 

En 1522 hizo una expedición desgraciada y sin 
resultado. Pascual Andagoya, avanzando algo más al 
S. (?). No debe olvidarse que antes que él en 1815, 
Pérez de la Rúa reconoció las costas del Perú, de cuya 
conquista posteriormente se encargó Francisco Pizarra 

Hernán Cortés descubrió y conquistó México elafio 
1518. 

Descubrimiento del, Río de la Plata. — Juan 
Díaz Solís, piloto mayor de España, con una flotilla de 
tres carabelas, emprendió viaje a la América, con la 
misión de encontrar el paso al Océano descubierto por 
Balboa; tomando rumbo al Brasil y, siguiendo sus cos- 
tas, llegó al estuario de un gran río (el de la Plata), que 
llamó Mar Dulce; y al internarse a tomar posesión del 
país descubierto, recibió junto con sus pocos y animosos 
compañeros una lluvia de flechas mortíferas. Todos» 
menos uno, (el grumete Feo. del Puerto, más tarde reco- 



— » — 

gido por S. Caboto), fueron devorados por los indios 
guaraníes, antropófagos. Magallanes, siguiendo (en 
1519) el derrotero de Solía, dobló la punta 8. del conti- 
nente, y penetrando en el Océano, que llamó Pacifico, 
desembarcó en Filipinas. Hizo el primer viaje al rede- 
dor del mundo al servicio de España. 

Francisco Ptzarro. — Contrato célebre. — El descu- 
brimiento de la América, despertó la codicia de los 
europeos, especialmente de los españoles. El fabuloso 
Imperio de los Incas, atrajo sobre sí a los extranjeros. 
Dos aventureros Francisco Pizarro y Diego Almagro, 
unidos a Hernando de Luque, cura de Panamá, resol- 
vieron emprender su conquista, para cuya realización 
pactaron el célebre contrato, por el cual, el primero de 
ellos se comprometió a dirigir la temeraria empresa, 
contribuyendo con su esfuerzo personal; debiendo Alma- 
gro y Luque, aprontar recursos y subsidios (1526). 

Los animosos e incultos aventureros hicieron su 
primera expedición, sin resultado. Almagro regresó a 
Panamá por recursos, mientras que Pizarro le esperaba 
en la Isla Gallo, con alguna gente. El Gobernador a 
quien se dirigió Almagro, negó el auxilio solicitado y 
ordenó el trasporte de los que quedaron en la isla; inti- 
mado al efecto Pizarro (por Bartolomé Ruíz), trazó al 
instante una raya en el suelo, y dijo a sus compañeros: 
¡«Cantaradas y amigos, por aqui se vá (señalaba al 8.) al 
Perú, a ser ricos; por allá se vá a Panamá a ser pobres (seña- 
laba el N;e¿ que sea buen castellano, escoja lo que por más 
tuviere!*, y pasó la línea, imitándole en ese acto de 
verdadero heroísmo sólo trece intrépidos hombres, con 
los que siguió su atrevida empresa ( u ) arribando apooo 



(") Fueron: el mismo Bartolomé Ruíz, Cristóbal Peralta, 
Feo. Cuellar, Domingo Selaruee, Pedro Candía, Nicolás Rivera, 



— 30 — 

en Tumpi8< (hoy Túmbez), población indígena, donde se 
llenó de contento al saber que estaba ya en el territorio 
del gran Imperio, que pronto había de someter. 

Ruíz volvió a traer gente decidida.. ...... •• 

A fin de procurarse tos medios suficientes para la 
ejecución de sus planes, Pizarró, de acuerdó con sus 
consocios, emprendió viaje a Bspafia, para obtener del 
monarca Garlos V, sú protección; y bien luego, regresó 
trayéndose pocos subsidios y muchos títulos pomposos, 
acompañado de sus cuatro hermanos. Armó en Pana- 
má tres bajeles y se hizo a la vela (1531), hacia íá tierra 
de sus ensueños, arribando luego en Tumpis, donde 
comenzó por un ataque improviso y sangriento contra 
los indígenas y, pasando más adelante, fundó, a orillas 
del río Piura, la colonia y ciudad de Son Miguel. 

Conquista del Imperio de los Incas.- Captura 
y muerte de Átahuallpa.— A la sazón, Huáscar y 
Átahuallpa, (pasados cinco aíüos de la muerte de su 
padre Huayna Cápac), se disputaban el trono de los 
mayores. Vencido Huáscar, su hermano Átahuallpa 
acampaba sus tropas victoriosas en las inmediaciones 
de Cajamarca^ cuando Pizarro se presentó con 164 hom 
bres y dos cañones. El Inca recibió una embajada y 
convino en una entrevista, que debía tener lugar en el 
mismo pueblo, y cumple su oferta conducido por sus 
más nobles vasallos, seguido de una gran comitiva. El 
padre dominico Valverde, salió a recibirle en la plaza, 
con un crucifijo una Biblia en las manos; le exhortó a 
que abrazase la religión católica y se declarase subdito 

Juan de la Torre, Pedro Alcen, Gazúa Jaren, Martín Paz, Alon- 
so Briceño, Alonso Molina, Antonio Camón.— Los 14 héroes, 
^traídos por el país de oro, tenían 2,000 leguas y una cordillera 
cj&mo teatro que recorrer y un imperio poderoso quedestruir. 



— 31 - 

del monarca de Espafia. A tahuallpa, lleno de furor e 
indignación, (escachó al intérprete FeMpillo) y arrojó el 
breviario al suelo, pues de nada le hablaba, y tomó a 
burla a su majestad; a lo que el padre cismé /venganza! 
y, a esa señal convenida, aparecieron los soldados de 
Pizarro, que estaban en asecho, e hicieron espantosa 
carnicería en los incauto» indios, que al trueno aterra- 
dor de k>s cationes (que eran sólo 2) y arcabuces, huye- 
ron despavoridos* (Noviembre 16 de 1682). 

Preso el Inca* ofreció por su libertad la cantidad dé 
oro que llenara la habitación (de 7 varas de largo y de 
ancho), donde sufría cautiverio, hasta la altura a que 
alcanzara su mano, parándose él de puntillas. La pro- 
posición fué aceptada, con la expresa condición de que 
llenase hasta igual altura, otra : cantidad de plata en 
dos cuartos inmediatos, A tahuallpa cumpl ió lealmente 
su promesa., pero al poco tiempo fué víctima de la per- 
fidia de los conquistadores, entre ellos de Pizarro, qu£ 
se valieron de pretextos fútiles para cortar la cabeza del 
Imperio. Por simples acusaciones de «idólatra, políga- 
mo y rebelde al rey de España*, el desdichado monarca 
indio, sufrió la pena infamante del garrote; (Agosto 29 
de 1533); a los 10 meses de su injusta prisión, conmu- 
tándose por ésta la de ser quemado vivo. Hernando de 
Soto, constituido en defensor y amigo de Átahuallpa 
desaprobó su ejecución. Ajusticiado éste, la anarquía 

cundió en sus dominios 

Pizarro y los suyos de Oajamarca, se dirigieron 
hacia la Metrópoli del Imperio, el que quedó a merced 
de los invasores El Cuzco fué pronto ocupado por 
ellos, ( 1S ). Muerto A tahuallpa, Pizarro tomó el partí - 



O*) Sin esperar los refuerzos de Almagro, (que quedó en 
Panamá), y a quien a Instancias d Luque, nombrado ya obispo, 



— 32 — 

do de proclamar heredero del trono a líanoo Inca; (otro 
de los hijos de Huayna Cápac), que fué solemnemente 
coronado en el Cuzco; en consecuencia, diversas preten- 
siones dividieron la unidad del Imperio incásico, que 
fué presa de la anarquía. Quisquí* sublevó a los natu- 

* 

rales en nombre de la Independencia nacional, hollada 
por los conquistadores. Rttmiñakui, que pretendía el 
gobierno de Quito, en vano puso resistencia y fué bati- 
do por las fuerzas españolas de Sebastián Benalcázar. 
(Diciembre). 

Pizarro prosiguió la conquista del Perú, desbaratan- 
do las últimas resistencias que le hacían los naturales, 
y el 16 de Enero de 1536, fundó Lima en el Valle del Ri* 
mac, llamándola ciudad de los Beyes. 

Discordias y guerras entre los conquistadores. 

El monarca de España (Carlos V), dividió poruña cédu- 
la real, el Imperio de los Incas entre Pizarro y Alma- 
gro, dándole al primero el gobierno Nueva Castilla, 
mitad del N; y al último, Nueva Toledo, la parte meri- 
dional. Pronto surgieron las desavenencias entre los 
dos agraciados. Almagro creyó que el Cuzco le corres- 
pondía y quiso tomar posesión de so gobierno, y, viendo 
la oposición que le hacían los Pizarrosa aplazando para 
mejor ocasión sus pretensiones, se dirigió al 8. a la 
conquista de Chile, país de cuyas riquezas tuvo ponde- 
radas noticias. Equipó la expedición de que hicieron 
parte aún los mismos indios, (le acompañó el hermano 
de Manco Inca, pero de Tupiza desapareció, yendo a 
alistarse en el ejército que éste levantaba); siguió el 
camino del Gollasuyoo Collao (Bolivia) donde Juan de 



le cedió el flamante Marqués de Ata vil los, el título de Adelanta- 
da dejando en San Miguel a varios, prosiguieron marcha al Cuz- 
co, «n número de 180 liombrés, siendo 63 de caballería. - - 



— 33 — 

Saavedra, que conducía la Vanguardia, fundó el pueblo 
de Paria (la primera población boliviana de origen espa- 
fíol): atravesó el territorio tucumano de la Argentina y 
trasmontando los Andes, llegó al final de su larga y peli- 
grosa empresa (Chile), 

Entretanto, el valeroso Manco Inca animaba a la 
rebelión a los perdíanos, los que se levantaron del maras- 
nio en que yacían y atacaron Lima, mientras que él con 
200,000 indios sitió el Cuzco defendido por los Pizarros. 
Almagro regresó de su infortunado viaje a Chile y vio 
con sorpresa el sitio del Cuzco por los naturales suble- 
vados y fué mayor su asombro por el hecho de estar 
defendida la ciudad, (que creía estar comprendida en sus 
dominios), por los Pizarros. Derrotó los sitiadores y 
poco después redujo a prisión a Fernando y Gonzalo 
Pizarro, hermanos , del conquistador, a cuyo emisario 
(Alvarado), consiguió también derrotar en los campos 
de Abancay. (Julio de 1537). Mediaron compromisos de 
reconciliación entre Pizarro y Almagro; y siendo viola- 
dos nuevamente, se trabó combate en el llano de las 
Salinas, donde salió derrotado por las fuerzas de Her- 
nando Pizarro, el ejército de Almagro, quien en conse- 
cuencia, fué enviado al suplicio. (Julio de 1538). En- 
tonces expedicionó del Cuzco Pedro de Gandía con 300 
hombres, hacia el Oriente, por e\ Paqual, A bisca. Apo- 
lobamba y Mojos, regresando tras penosa marcha por 
montañas y bosques impenetrables; infestados defieras 
y librando combates con tribus nómadas, totalmente 

desastrados 

El Collasuyo, una de las cuatro grandes provincias 
del Imperio de los Incas, pronto quedó en manos de los 
audaces conquistadores: — los Pizarros, Hernando y 
Gonzalo, resolvieron emprender su conquista, Loshabi- 

5 



— 34 - 

tantos del Collasuyo, sabedores de aquel propósito, 
determinaron hacer fuertes resistencias encabezados 
por el valeroso TUyrinaceo, hasta que este fué batido por 
Gonzalo Pizarra en Andamarca, refugiándose en el 
Valle de Cocha pampa; a este triunfo obtenido por los 
invasores, siguió otra victoria conseguida sobre los 
Charcas en Chuquisaca, con lo que el Collasuyo quedó 
en poder de los españoles. 

Pedro Anzures, de Campo Redondo, por orden de 
Francisco Pizarra, fundó sobre una población indígena 
la Villa de Chuquisaca, (que ha tenido también los nom- 
bres de Oharcas, La Plata, por estar junto al mineral 
de Porco, y boy Sucre). Por este mismo tiempo, visitan- 
do con Pizarra a La Paz, el notable capitán Pedro Val- 
divia emprendió la conquista de Chile. Conzalo, (a la 
sazón con el Gobierno de Quito), incansable en sus 
aventuras, se internó a las selvas del Amazonas, en bus- 
ca del «Dorado»; y expedicionó también sobre los «Chan- 
chos*. El célebre Inca Manco, después de ocho años de 
heroica resistencia a los conquistadores, moría en una 
reyerta, a manos del capitán español Pedro Gómez 
(1544). 

En 1541, el conquistador Francisco Pizarro morfa 
en Lima, asesinado por los almagristas, (los caballeros de 
la capa), que capitaneados por Juan de Rada le ataca- 
ron en su palacio, al grito de «¡muera el tirano!». ...... 

La causa de Almagro hizo flamear, con nuevo ardor, 
su hijo Diego. Por entonces, el piadoso Bartolomé de 
Las Casas, movido de compasión por la suerte misera- 
ble que habían corrido los indígenas, víctimas de la 
codicia de los extranjeros, obtuvo de Carlos V, rey de 
España, ciertas medidas humanitarias, de las que era 
portador Vaca de Castro, que vino a la América investí- 



- 35 — 

do del carácter de Gobernador del Perú; el hijo de Alma- 
gro, que presentó combate a la nueva autoridad espa- 
ñola en Chupas, sufrió derrota y consiguientemente fué 
ajusticiado, en el mismo sitio que su progenitor. 

Los conquistadores, descontentos de las franqui- 
cias concedidas por las ordenanzas de Barcelona a la 
raza indígena, se pusieron bajo las órdenes de Gonzalo 
Pizarro, que ocupado entonces en el trabajo de sus 
minas de Potosí (Porco), se insurreccionó contra )a 
autoridad establecida por la Corte de España, y apenas 
hubo llegado a Lima, se proclamó de hecho Gobernador 
del Perú¡ marchando sobre Lima con 1,200 hombres: 
derrotando a poco al ejército de Blasco Núñez de Vela (a 
este tiempo nombrado primer Virrey del Perú), en la 
batalla de Afkaqaito (1546). ( 13 ) El temerario Gonzalo, 
que hizo ajusticiar al Virrey, notando un movimiento 
de reacción en Chuguisaca, acaudillado por Diego Cen- 
teno, que se pronunció contra su rebelión; — encomendó 
al valiente y experto Carvajal, uno desús más entusias- 
tas adeptos, llamado no sin razón el «el diablo de los 
Andes*, el dar un condigno castigo a sus adversarios. 
Carvajal cumplió fielmente su cometido: persiguió a 
Centeno y los suyos, reprimiéndoles severamente, y 
regresó a unírsele nuevamente a Lima. La guerra 
civil, empero, no cesó: a poco Centeno, jefe de la reac- 
ción, que ya ganó algún prestigio, y Gonzalo, caudillo de 
los descontentos, vinieron a las manos y en la sangrienta 
batalla de Huarina (orillas del lago Titicaca), fué derro- 
tado el primero (1547). 



(i 8 ) Núñtz de Vela, habiendo desplegado extraordinaria seve- 
ridad, se concitó odios; al extremo de que los mismos oidores se 
pusieron al frente, hasta prenderlo y despacharlo en un navio 
con rumbo a España, pero consiguió desembarcar en Tumbes, 
gracias al oidor Olivares y alistar 500 combatientes. 



— 36 — 

Por üste tiempo hicieron sus expediciones al país dé 
los Chaco y Chiquitos, Ayolas, (que fué sacrificado por los 
salvajes), Irala. y Ñuño de Ghávez. 

Misión de La Gazca; fundación de Potosí y La 
Paz. — Fin de la anarquía entre los conquistado- 
res. — Sabedor Carlos V de los continuos disturbios 
habidos entre los conquistadores, envió al notable 
anciano y esforzado eclesiástico Pedro La Gazcá, con la 
misión de pacificar el Perú. El nuevo Gobernador, des- 
plegó una política sabia y enérgica, atrajo sobre sí 
todas las simpatías y reprimió a los rebeldes. Organi- 
zó un ejército de 2,000 españoles y salió al encuentro de 
las fuerzas de Gonzalo Pizarro, en el Vaíle de Jaqui 
jahuana (o Sacsa huana), inmediaciones del Cuzco; antes 
de empeñarse el combate, Garcilaso de la Vega (el 
padre), Cepeda y otros partidarios de Pizarro, se pasan 
al campamento de La Gazca, a engrosar sus filas. 
Pizarro, viéndose perdido, se rindió, para ser al día 
siguiente enviado al suplicio, junto con el viejo burlón 
Carvajal, su temible adepto y 14 más. (Abril de 1545). 

Todos los princi pales conquistadores tuvieron muer- 
te violenta y trágica. Aún el famoso Fray Valverde, 
ya obispo de Panamá, viajando a esta ciudad, fué ase- 
sinado en Puna, (por los indígenas). Hernando Piza- 
rro sufrió horrible prisión en España, durante 20 años. 
Esos rudos y ávidos conquistadores se consumieron éri 
contiendas mezquinas; víctimas comunes de sus pasio- 
nes desenfrenadas; manchando las glorias épicas de sus 
arrojadas hazañas. .... 



•*+- 



A raíz de de estos sucesos, el indio Diego Hnallpaio 
Wallka), descubrió el mineral de Potosí, (que luego lie* 



— 37 — 

nó las arcas del mundo), lo que determinó la fundación 
de la famosa «Villa Imperial de Potosí, por Diego Cen- 
teno y Alonso Santandía. (Enero de 1545). ( u ) 

La Qazca, restablecido el orden, en recuerdo de la 
pacificación que tan acertadamente llevó acabo, mand . 
erigir con Alonso de Mendoza, a orillas del río Choque- 
yago (o Chuquiyapu), la ciudad de La Paz. Octubre 2 
de 1548). Con este motivo, el gran monarca Carlos V, 
(en cuyos dominios no se ponía el sol), .obsequió al «Pueblo 
Nuevo*, que así se llamó por algún tiempo, un escudo 
con esta leyenda: . 

«Los discordes en concordia 

En paz y amor se juntaron, 

Y pueblo de Paz fundaron 

Para perpetua memoria». 
Cumplida su ardua misión, La Gazca, que con un 
breviario y el perdón del Rey se presentó e'hizo proe- 
zas, regresó a España, donde bien pronto recibió el 
premio de sus servicios. Llevó 1.500,000 pesos para la 
Corona y ninguno para él. La.guerra civil y anarquía 
entre los conquistadores, concluyó. El gran Imperio 
de los Incas, era ya de los españoles. 



§ H 



Idea suscinta de la conquista espiritual 

(Xa obra civilizadora de la Iglesia) 



Los reyes católicos Fernando e Isabel, con cuya 
ayuda tan sólo Colón pudo descubrir un nuevo mundo, 

( u ) Votosí admiró al mundo con sus riquezas; en un año dio 
como quinto al Rey más de 3.000,000 de ducados. €Pot08i 1 tenía, 



— 38 — 

comprometiéronse con el Sumo Pontífice, como pri- 
mer deber, a convertir a los indios o naturales del mara- 
villoso y vastísimo continente descubierto; a la reden- 
tora religión del Divino Mártir. Y todos los reyes de 
España, para honor de la civilización, dieron eficaz 
cumplimiento a esa magna obligación, contraída de la 
mejor buena fe; protegiendo con decisión, debidamente 
auspiciados por los Jefes de la Iglesia, a las diferentes 
órdenes religiosas. Estas y los clérigos de toda jerar- 
quía, se lanzaron a predicar las dignificantes doctrinas 
del Evangelio, animosos y ofrendando su existencia en 
aras de su santo cometido, por poblados, montañas, 
selvas y desiertos; arrostrando infinitos peligros, 
estorbos, contrastes y penalidades cruentas; sin otras 
armas que la/e, la esperanza y la caridad. Así practi- 
caron virtudes desconocidas para los incultos y primiti- 
vos moradores de este mundo; llevando en la simbólica 
Cruz, su lábaro excelso, de esplendores celestiales; la 
inefable enseñanza de dolor y perdón, que sintetizaba, 
ya anciano en Patmos, el discípulo predilecto del Divino 
Maestro, en esta frase sublime: ¡Amaos los unos a los 
otros! 

Los primeros misioneros venidos con los temera- 
rios y aguerridos conquistadores, fueron los dominicos 
(predicadores). De esta orden, es sabido, fué el vene- 
rable Las Casas, el fraile benemérito y sacerdote por 
excelencia, que tanto supo abogar por el bien de los 
pobres y expoliados indígenas, generalmente vejados 



según censo hecho en 1611, 160,000 almas, siendo indígenas como 
76,000. Tal era entonces la riqueza de aquel célebre asiento 
mineral, que un señor Sinteros que murió en 1650, se dice que 
poseía veinte millones de pesos». , . . (tMuseo de Ambas Aniéricas*. 
Tomo III, 1842). 



— 39 — 

por sus osados subyugadores; víctimas de ia domina- 
ción férrea, impuesta por la fuerza de la violencia, 
triunfadora en lucha sangrienta y desigual. El memo- 
rable apóstol y protector de los oprimidos, que con la 
conmovedora relación que hizo de los males innúmeros, 
agoviantes de los esclavizados aborígenes, al Empera- 
dor Carlos I (V de Alemania), consiguió de éste leyes y 
ordenanzas humanitarias, junto con la institución de 
altos tribunales de justicia y la abolición de ominosas 
sujeciones, (que sensiblemente se perpetuaron en gran 
parte). 

Luego los franciscanos se recomendaron en su afán 
de catequizar a los bárbaros y salvajes, en dilatadas 
esferas de acción, levantando la cultura moral de las 
poblaciones idolátricas y fetiquistas, de los más varia- 
dos caracteres y condiciones, esparcidas desde el norte 
de las regiones tropicales de América hasta la frígida e 
inhospitalaria tierra de los fueguinos. 

Floreció en esta orden San Francisco Solano, que es 
fama, convirtió a la fe católica con la eficacia de su 
palabra persuasiva y su vida ejemplar a millares de 
indios, viajando a pie miles de leguas. Visitó los paí- 
ses de los Charcas hasta Tucumán; (residiendo breye 
tiempo hasta en el pintoresco valle del Pisuerga, donde 
se fundó la villa de las Salinas o Mizque, de memora- 
bles tradiciones; al que aportó considerable elemento 
peninsular, atraído por la feracidad y riquezas del his- 
tórico suelo). 

— Entre los seglares se destacó la admirable figura 
del gran Santo Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobis- 
po de Lima, que gobernó como un cuarto de siglo, reu- 
nió concilios y realizó tantos actos en bien de la felici- 
dad moral y espíritu abnegado, que su vida seráfica 



— 40 — 

marca una luminosa etapa en los progresos morales y 
religiosos de estos países; (cabe anotar que fué el pro- 
tector decidido de los pobres partidarios de Almagro, 
primer conquistador español del Coligo y Chile, que se 
vieron reducidos a la indigencia por el ánimo avasalla- 
dor y codicioso de Pizarro y los suyos). ( 16 ) 

Los agustinos se distinguieron asimismo, y unos y 
otros edificaron hospitales y suntuosos templos. 

Los conventos se multiplicaron; poniendo de mani- 
fiesto su construcción el adelanto de los centros urba- 
nos, en que sentaban reales los tesoneros religiosos. 
Fuera de las capitales, villas y aldeas, la acción civili- 
zadora de las órdenes religiosas, era tan proficua y 
abnegada, que el progreso en general les debe inconta- 
bles conquistas. 

Si el siglo XVII en las vastísimas colonias españo- 
las está caracterizado ya por un acentuado misticismo, 
habiendo una gran profusión de templos, conventos y 
monasterios, de sacerdotes, clérigos, de frailes y mon- 
jas, durante él; sólo explica la justa prosperidad alcan- 
zada por la Religión Católica, a base de indescriptible 
esfuerzo, sacrificio, trabajo y sabiduría. 

Acaso en este respecto los religiosos de la célebre 
Compañía de Jesils, fueron quienes más lustre dieron a 
la Iglesia. Ver los planteles y reducciones jesuíticas, 
era seguramente lo más alentador y edificante, por las 



(1 5 ) Uno de los hombres más notables de la Independencia, 
el .sabio Pedro Ignacio de Rivera, Diputado de Mizque en 1816, 
al primer Congreso Constituyente General en Tucumán, inicia- 
dor en Chuquisaca, en el memorable 25 de Mayo de 1809, en un 
Memorial dirigido de Buenos Aires, al Gran Mariscal Sucre, al 
fundarse la República, pintando magistral mente la época ante- 
cedente, hace hincapié en Santo Tóribio y hace constar pertene- 
cer a su envidiable linaje 



— 41 - 

victorias espirituales alcanzadas aún entre los feroces 
hombres primitivos, no más que por la eficacia de las 
prédicas raoralizadoras y enseñanzas útiles de la más 
dignificante, generosa y progresista de las religiones. 

Pudieron sin duda extremarse unas de estas órde- 
nes en métodos, organización y aún creencias, yendo 
hasta el fanatismo y la intolerancia, por un ceio desme- 
dido por el resguardo y esplendor de la fe. (De donde 
provino antes la Inquisición; grave error de la Iglesia, 
originado ya en el concilio de Verona y que desgracia- 
damente se importó al nuevo mundo). 

Los jesuítas dieron, es verdad también, mucho que 
decir en contra de su predominio absorvente, su influen- 
cia en cuestiones y esferas extrañas en cierto modo a 
su institución, y sus temporalidades H sus riquezas cuan- 
tiosas; pero todo eso no quita su indisputablo mérito 
como admirables, sabios conquistadores espirituales.... 

Cuan grande habilidad la de estos doctos sacerdo- 
tes, como incomparables maestros y pacientes reducto- 
res de aborígenes! Y su talento brilló en las cátedras 
universitarias, en institutos superiores, colegios y 
demás planteles de educación. Y ellos introdujeron la 
primera imprenta en el Virreinato Peruano, (impri- 
miéndose el primer libro, que fué un Catecismo Cris- 
tiano, en 1685). Las artes y las letras recibieron de 
ellos el impulso más notorio y fructífero. Estudiando 
las lenguas y dialectos de las naciones y tribus más 
diversas, (como así mismo hicieron y principalmente 
los misioneros franciscanos), aportaron a las ciencias 
etnológicas conocimientos sorprendentes y provechosí- 
simos; Recogieron en sus crónicas revelaciones tradi- 
cionales de tiempos antiguos, e irradiaron luz vivida, 
6 



— 42 — 

para las investigaciones preeolombianas, con sutilísimo 
criterio y sagacidad suma. 

La primitividad americana no ha sido aún mejor 
estudiada, en cuanto a la filología y etnografía en par- 
ticular, que por estos infatigables y eruditos sacer- 
dotes. 

En cuanto a la organización social e industrial, 
sobre santas e inteligentes bases, cuan merecidos son 
los elogios tributados, por los más eminentes historia- 
dores, a su espíritu de iniciativa, de empresa y acción 
fecunda. 

La admirable conquista espiritual jesuítica éntrelos 
Guaraníes, Chiriguanos, Mójenos, Chiquitanos, que 
alcanzaron portentosos adelantos, es su mejor apología. 
Bajo esa paternal autoridad los neófitos, dulcificadas^y 
enaltecidas sus rudas e inciviles costumbres, se adies- 
traron en cien artes y oficios proficuos; y así se alzaron 
monumentos de cultura, y las misiones fueron lo mejor 
que pudo ostentar la civilización cristiana, catequizan- 
do a bárbaros y salvajes en número de más de 500,000 
almas. 

La repentina y atentatoria expulsión de los jesuítas, 
de los dominios españoles, decreto que se efectuó con- 
forme a las instrucciones del Conde de Aranda, Presi- 
dente del Consejo de S. M. Carlos III; (siguiendo la 
obra sectaria de Pombal en Portugal y de Choissel en 
Francia), nunca pudo justificarse. ( 16 ) En abril de 
1768, de los 47 sacerdotes de la benemérita Compañía, 
que para poner a raya a los empeños de) protestantes- 



('6) Entre los escritores contemporáneos es conocido el libro 
del Conde Fabraquez, intentando sincerar esa medida; al que se 
inserta la Mónita Secreta de la Compañía. Carece de valor la 
obra. 



— 43 — 

mo fundara el genio del grande y animoso San Ignacio 
de Loyola, no quedaba ya uno en las 25 prósperas 
misiones de Mojos y Chiquitos. ¡Cuántos beneficios a 
la civilización, compensados con un intempestivo y 
violento extrañamiento, colectivo y manu militari!; 
siendo tratados como reos de Estado y de crímenes 
nefandos todos los abnegados y más conspicuos miem- 
bros de aquella Orden floreciente, y cuya existencia, 
(como lo expresó Lamennais), no fué más que un grande 
sacrificio en favor de la humanidad y de la religión! ( 17 ) 
Los jesuítas expulsos dejaron un vacío incolmable, 
así dominadores, así ambiciosos 



Al concluir estos escasos datos, importa consignar 
que la célebre Universidad Mayor de San Francisco 
Javier de Chuquisaca, estaba a cargo de la Compañía. 



CAPITULO 2.o 



La dominación española 



El gobierno colonial 



- El gobierno colonial.— El Coloniaje fué el resulta- 
do de la Conquista y duró cerca de tres siglos. España 



(") Conviene consultar, además de las obras monumentales 
y monografías de Cantü,. Astrain. Hunes, Corolau, etc., con espe- 



— 44 — 

para administrar sus colonias de América, las organizó 
dividiéndolas en Virreinatos, Capitanías Generales y 
Audiencias anexas a los Virreinatos. Primeramente, 
creó y estableció los Virreinatos de México (en 1535) y 
del Perú (en 1542); y posteriormente los de Buenos Aires 
(en 1776) y Nueva Granada (en 1718). Las Capitanías 
Generales fueron: la de Guatemala (establecida en 1544); 
Venezuela (en 1730); Chile (en 1778) y Cuba (en 1795). Las 
Audiencias Reales fueron once. 

Los Virreinatos se dividieron en provincias (o corre- 
gimientos), a cuya cabeza se hallaba un Gobernador (o 
Corregidor); las provincias, en partidos con un Subdele- 
gado. Los Cabildos o Ayuntamientos; eran instituciones 
populares, teniendo el mismo carácter que nuestros 
municipios. En 1772, se crearon las Intendencias en 
sustitución de los Corregimientos, a causa de los exce- 
sivos abusos cometidos por los Gobernadores. 

Los Virreyes y los Capitanes Generales eran los 
representantes de la autoridad real, que la ejercían 
limitadamente. Rendían cuenta de su administración, 
después de un «juicio de residencia*, a los comisionados 
del Rey, fallando sobre el particular el «Consejo de 
Indias», tribunal supremo establecido en bien de los 
americanos en 1511, con jurisdicción en el asunto de las 
Colonias. 

La justicia se hacía con sujeción a las «Leyes de 
Indias», código fundamental para la administración de 
las Colonias, y a la legislación civil y criminal de la 
Metrópoli. Eran Jueces de primera instancia los Gober- 
nadores y los Alcaldes municipales y los Subdelegados, 



cialidad al oriente alto peruano, a Gabriel Rene Moreno, al res- 
pecto, en el hermoso y erudito estudio con que precede el Catálo- 
go del Archivo de Mojos y Chiquitos. 



— 45 — 

necesitando, en las funciones de la judicatura, su con- 
curso de un asesor letrada. Se reconocía el fuero mili- 
tar y el eclesiástico, cuyas causas eran conocidas por la 
autoridad respectiva. Las Audiencias Reales, eran tribu- 
nales de justicia, presididos por los Virreyes; entendían 
de las causas civiles y criminales, principalmente délas 
entabladas por menores, viudas y comunidades; se com- 
ponían de algunos Jueces de Toga u Oidores y dos ase- 
sores fiscales; de su fallo, en causas civiles solamente, 
podía apelarse al «Consejo de Indias» establecido en 
Cádiz (España). 

Además, existían tribunales especiales, como: los 
Consulados o tribunales de comercio, los de minería y 
hacienda. El gobierno eclesiástico observaba el mismo 
régimen que ahora; los Reyes de España ejercían el 
derecho de Patronato en América. Las resoluciones de 
los Concilios convocados por Santo Toribio, segundo 
Arzobispo del Perú, formaron la norma eclesiástica. 

La Audiencia de Charcas.— Fué establecida en 

1559, siendo sus miembros fundadores: Matienzo, Haro, 
Recalde y Ortiz, bajo la regencia del Licenciado Pedro 
Ramírez de Quiñones, con jurisdicción sobre lo que hoy 
es Solivia y también el Paraguay, Montevideo y el 
departamento peruano de Puno. 

La Audiencia de Charcas, era una prestigiosa corpo- 
ración y después de la de Lima, fué durante el colonia- 
je, la más importante de Sud-Araérica. Se componía 
de cinco Oidores, los que conforme a lo establecido por 
el gobierno español, debían visitar cada tres años el 
v territorio de su comprensión. Funcionó sin interrup- 
ción hasta los primeros años de la Independencia y en 
1814, se reinstaló con el título de «Audiencia Nacional de 
Charcas*, bajo la regencia de D. Félix de Campo Redondo. 



— 46 — 



Hizo parte sucesivamente, de la jurisdicción de los 
Virreyes del Perú y de Buenos Aires, por lo que pasamos 
a hacer una ligera reseña histórica del Gobierno de 
ambos Virreinatos. 



El Virreinato del Perú ( 8 ) 



Fué fundado en 1542, con una jurisdicción que com- 
prendía todas las posesiones de Sud-América, menos el 
Brasil, colonia portuguesa o lusitana; posteriormente 
se redujo a los actuales límites del Perú independiente. 
(Duró 320 años). 

Su primer Virrey, fué Blasco Náñez de Vela, derrota- 
do y muerto en el combate de Añaquito por Gonzalo 
Pizarro, conquistador del Collasuyo. El segundo Virrey 
fué Antonio de Mendoza, (que anteriormente ejerció igual 
cargo en México); administró con acierto las Colonias y 
murió a los dos meses de haberse investido del mando. 
(1551). La Real Audiencia de Lima, asumió el gobier- 
no del Virreinato. A este tiempo, tuvieron lugar gran- 
des disturbios en el distrito minero de Charcas, que 
manifestóse como el centro de los desórdenes promovi- 
dos por las contradicciones y desavenencias en que 
cayeron los aventureros: la rebelión íué acaudillada por 
Sebastián del Castillo, al que bien luego lo victimó 



( 18 ) Para esta parte de la obra, aparte de las Memorias de los 
Virreyes, otros documentos de la época y escritos de varios, espe- 
cialmente se ha consultado la tGaUHa de Retratos de los (xo6ei*no- 
dores y Virreyes del Perú*, (1532-1824), por J. A. La valle, publica- 
da por D. de Vivera. 



— 47 — 

Vasco de Godinez (1553). Con todo los disturbios no 
cesaron. 

El Mariscal Alvarado, investido de amplias faculta- 
des, fué comisionado por la Real Audiencia de Lima, 
para someter y castigar a los sublevados de Charcas. 
Anoticiado en Potosí de la rebelión de Girón, que capi- 
taneaba a los descontentos y turbulentos, el Mariscal le 
salió al encuentro en Chuqui inca, resultando vencido 
(1554). A poco el mismo Girón fué abandonado de los 
suyos y en consecuencia, conducido al Cuzco, fué ahor- 
cado. ( l *) (1555). Durante el gobierno del segundo 
Virrey del Perú, se fundó la célebre Universidad de 
San Marcos de Lima (bajo la dirección de los dominicos 
y se acuñaron las primeras monedas. 



§1 

Gobierno de los Virreyes en el Siglo XVI 



A Don Antonio de Mendoza, le sucedió en el Virrei- 
nato del Perú: 



(") La rebelión de Francisco Fernández Girón, produjo 
honda sensación en todo el Virreinato del Perú, por los alcances 
que tuvo. En una colección de documentos de esa época, se 

señalan las causas de dicha rebelión «Y todo este daño y 

mal lian causado, (dice), la libertad de los frailes, que han queri- 
do dar a los indios; que el Francisco Hernández y los demás no 
se alzaron, sino por ver las libertades de los indios y de cómo no 
se tenía en cuenta con los querer dar de comer, siendo ellos con- 
quistadores de todo Perú> {^Documentos inéditos del Archivo 

de las Indias».— Tomo III). 



— 48 — 

Don Andrés Hurtado de Mendoza, (Márquez de 
Cañete). Durante su gobierno, se estableció la Real 
Audiencia de Charcas (1559). Temeroso, Hurtado de 
Mendoza, de que el Inca Sairi-Tupac hijo de Manco, se 
sublevase, le exigió y le obligó la abdicación desús 
derechos al Imperio, haciéndole conducir a ese fin 
a Lima. Envió expediciones al N. E. al legendario 

país de El Dorado (con Pedro de Urzúa, que descu- 

brió el río de Aullaga)y a Chile, y murió de pesadum- 
bre, anoticiado que fué de su relevo. (Este Virrey gober- 
nó de 1555 a 1559). 

Don Diego Acebedo y Zúñiga, (Conde de Nieva. 
Fundó los pueblos de lea y Chancas y murió al poco 
tiempo de su gobierno asesinado por unos negros. (De 
1559 a 1561. 

Don Diego García de Castro. — Fué encargado 
por la Real Audiencia de Lima, del gobierno del Virrei- 
nato, en reemplazo del Virrey anterior. Dirigió con 
acierto la administración; mandó expediciones explora- 
doras al Gran Chaco y Chiquitos. En este tiempo se esta- 
bleció en América, la institución de los Jesuítas, que 
tanto han influido en el desarrollo de las misiones y en 
la civilización de las Colonias, suavizando con sus tra- 
bajos apostólicos las costumbres bárbaras de los indios. 
(1561 a 1567). 

Don Francisco de Toledo, (Conde de Oropesa).— 
Ha sido el más notable de los Virreyes del Perú, cuyo 
territorio visitó en gran parte, para mejorar la suerte 
de sus pobladores, enterándose personalmente del esta- 
do en que se encontraban. Promulgó diversas orde- 
nanzas sobre administración, como la célebre «Ordenan- 
za de Minas», por la que estableció la mita para el labo- 
reo de minas, señaladamente de las de Potosí. Mandó 



— 49 — 

levantar el censo de los naturales del Virreinato. La 
condición de los indígenas, recibió mejora parcial, con 
habérseles obligado a vivir en poblaciones, a cuyo efec- 
to se les señaló tierras de comunidad. Debido a sus 
raras dotes de estadista se reformó la organización polí- 
tica y administrativa. Se creó la Universidad de San 
Marcos (Lima) y se estableció el Tribunal de la Inquisi- 
ción (1570). Fundó dos colegios para los hijos de los 
caciques. Las órdenes religiosas establecieron también 
planteles de educación. Por entonces, ürake, corsario 
inglés, saqueó el Callao. 

Con este motivo Toledo equipó buques que explo- 
raron la costa del Pacífico. (Drake se llevó naves car- 
gadas de riquezas a su patria). 

El Virrey Toledo ordenó la fundación de algunas 
ciudades. Por su orden el capitán Gerónimo de Osorio, 
se encargó de fundar una ciudad en el sitio de Canata, 
(1570), la que por no ser muy aparente el lugar, fué 
levantada definitivamente por Don Sebastián Barba de 
Padilla, — comisionado con este objeto por la Real 
Audiencia de Charcas, — con el nombre de «Villa de 
Oropeza», que hoy se llama Cochabamba, del nombre 
primitivo del lugar {Kho<-ha pampa), que actualmente 
ocupa. (Enero 1.° de 1574). La ciudad de Tanja, 
fué fundada por don Luis de Fuentes, con la mira de 
contener las incursiones de los salvajes chirihuanos. 
(Julio 4 de 1574). Su primer nombre fué «San Bernardo 
de la Frontera*. (En las tierras de Bernardo de Tarifa). 

Pablo Tupac Amaru, descendiente legítimo de los 
Incas, fué traidoramente muerto en el Cuzco por man- 
dato de este Virrey, siendo exterminada su familia y 
perseguidos sus adictos, muchos de ellos derrotados en 
Huamanga. (1579). Toledo, reprendido por este hecho, 
7 



— 50 — 

por el Rey de España, raurió de pesar. (Gobernó de 
1567 a 1580). Así manchó su excelente Gobierno. Feli- 
pe II, tratándolo mal, le dijo: «Yo no os mandé al Perú 
a matar reyes, sino a servir reyes». Su dolor intenso 
terminó con su vida. 

Don Martín Enriquez.— Pasó de México a reem- 
plazar al Virrey Toledo, en el gobierno del Virreinato 
del Perú. Fundó el Colegio de San Martín y antes de los 
dos años de haber ejercido el cargo, murió. Por este 
tiempo tuvo lugar el espantoso terremoto de Arequipa. 
(1580 a 1582). 

Muerto Enriquez, la Real Audiencia de Lima asu- 
mió el mando. (1582 a 1584). 

Don Fernando Torres Portugal, (Conde del 
Villar). — Se ocupó de aminorar o evitar las calamidades 
que asolaron el país y de aprestos marítimos: el temible 
corsario inglés Tomás Cavendish, asedió o devastó los 
puertos del Pacífico (por México), sin éxito. Los pira- 
tas dejaron epidemias, que hicieron estragos. Ijos fili- 
busteros formaban una asociación con los bucaneros, 
para saquear los buques españoles. Su cuartel general 

era la isla de las Tortugas (Gobernó de 1582 a 

1590). 

Don García Hurtado de Mendoza, (Marqués de 
Cañete). — Era célebre por su famosa expedición a Chile, 
cuyo gobierno a esa consecuencia ejercía. Elevado al 
puesto de Virrey del Perú, mejoró la administración de 
justicia; mandó poblar las Islas Marquesas (o Salomón) 
fundó el Colegio «Real Felipe* y algunas ciudades. El 
marino Ricardo fíawkings, pirata del Pacífico, cuyos 
puertos asolaba, fué derrotado por la escuadra perua- 
na. Marcó una nueva etapa en la vida social este faus- 



— 51 — 

toso Virrey con el brillo de su Corte. A su arribo se 
celebraron las más suntuosas fiestas*y funciones. 

En 1560, después de varias expediciones que inten- 
taron colonizar el Oriente (boliviano), el capitán 
Ñuflo de Chávez, con autorización de la Real Audiencia 
de Charcas, fundó la colonia de Santa Cruz de la Sierra, 
Bajo el gobierno del Virrey García Hurtado de Mendo- 
za, trasladó dicha población, Lorenzo de Figueroa, al 
Valle de Querigoritá o Grigotá y le puso el nombre de 
«San Lorenzo el Real* (1595), subsistiendo hoy el 
que primitivamente recibió. Otra población que se fun- 
dó fué la ciudad de Mizque, en un dilatado valle. (Men- 
doza gobernó de 1590 a 1596). 

Don Luis de Velasco, (Marqués de Salinas). — 
Combatió a los corsarios holandeses y contuvo a los 
salvajes araucanos y a los chirihuanos que se suble- 
varon. 

Los Virreyes precedentes, desde Andrés Hurtado 
de Mendoza, se sucedieron ejerciendo la autoridad de 
tales, bajo el reinado de Felipe i/, que ocupó el trono de 
1556 a 1598, sucediéndole Felipe III. 



§" 



Gobierno de los Virreyes en el Siglo XVII 



Velasco fundó Castrovirreina, centro minero y gober- 
nó hasta 1604, mejorando la suerte de los indios y los 



— 52 - 

esclavos. Aumentaron las rentas. En 1604 Diego Cas- 
tro de Padilla, fundó al pie de un grupo de cerros mine- 
rales, en los llanos de Paria, la Villa de San Felipe de 
Austria, que hoy se denomina Oruro, del nombre primi- 
tivo del lugar (Uru-uru). (Velasco ejerció el cargo de 
Virrey de 1596 a 1604. Se construyó el Teatro de 
Lima. 

El reinado de Felipe III comenzó en 1598 y duró 
hasta 1621. Se completó la organización colonial. Se 
creó el cargo importantísimo de Protector Fiscal de indios, 
que así tuvieron una voz autorizada que los defienda. 
La Contaduría mayor, instituida entonces mismo, corri- 
gió el desorden en el manejo de las rentas públicas. Se 
estableció el Tribunal del Consulado, con jurisdicción 
privativa sobre asuntos comerciales 

Don Gaspar de Zuñiga y Acebedo, (Conde de 
Monterey). — Sucedió al Virrey Luis de Velasco. Gober- 
nó pacíficamente. Envió a la Oceanía una expedición, 
la que descubrió las islas de la Sociedad. (Fué Virrey 
de 1604 a 1606). A su muerte, la Audiencia de Lima, 
asumió el mando del Virreinato. (De 1606 a 1608\ En 
este tiempo florecieron y vivieron en el Perú los santos 
Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima; Francisco Sola- 
no e Isabel Florez y Liva o Santa Rosa de Lima. 

Don Juan de Mendoza y Luna, {Marqués de 
Montes claros) . Embelleció la capital del Virreinato 
(Lima), cuyo gobierno administró con acierto. (Se for- 
mó la Alameda de los descalzos). Combatió al pirata 
holandés Spigtberg, que derrotó en Cañete a la escuadra 
peruana. Creóse el Tribunal del Consulado (1615) y en 
1602, se erigió el obispado de La Paz y la Iglesia de La 
Plata (Charcas), ascendió a metropolitana. (Mendoza y 
Luna, fué Virrey del Perú de 1608 a 1615). Fué finan- 



— 53 — 

cista de nota, y celoso defensor de la hacienda pública; 
siendo apodado despectivamente de «Mayordomo del 
rey* . . . 

Don Francisco de Borja y Aragón, (Príncipe 
de Esquiladle). Era un distinguido poeta y juicioso e 
ilustrado Virrey. Mandó fortificar el Callao; armó una 
escuadra contra los piratas; estableció el «Colegio del 
Príncipe*, para la enseñanza de los hijos de los caciques; 
e hizo conquistar Maynas. Tuvo Corte espléndida. 

Potosí, por este tiempo, era el centro de las turbu- 
lencias y luchas sangrientas de los Vicuñas y Vasconga- 
dos, que principiando hacia el año 1552, terminaron sólo 
en 1622. La causa principal de esas luchas que ensan- 
grentaron la Villa Imperial, fué el antagonismo de la 
procedencia de los conquistadores; se formaron dos 
bandos contrarios; el de los vascongados que so apode- 
raron ellos solos de casi todos los destinos públicos; y 
el de los vicuñas (nombre que tomaron los extremeños, 
castellanos y andaluces, con más los criollos), que 
sufrían los desmanes de aquellos. El Virrey, recrude- 
ciendo los desórdenes y tan funesta guerra civil, orde- 
nó al Gobernador Ortiz de Sotomayor, su conveniente 
represión; los insurrectos fueron derrotados, pero bien 
luego atacaron la ciudad (Potosí) y el Gobernador huyó 
a Lima, donde la viuda de Alonso de Ibáñez (caudillo 
principal de los insurrectos), consiguió el propósito que 
tenía de asesinarle. Se compraron obras maestras de 
pintura para las Iglesias, en este floreciente gobierno. 

El Virrey, muerto Felipe III, se fué a España. 
(Gobernó de 1615 a 1621). La Real Audiencia se encar- 
gó del mando del Virreinato. A Felipe III, le sucedió 
Felipe IV, cuyo reinado abarcó el tiempo trascurrido del 
año 1621 a 1665. Este monarca se ciñó la corona ani- 



— 54 — 

mado de ideas de reformas, y fué contrariado por favo- 
ritos y personeros inescrupulosos; y en su reinado se 
duplicaron los impuestos, cuyo régimen sólo pudo 
soportar una Colonia de riquezas inagotables, como el 
Perú, con un pueblo paciente y sumiso. Se aumentó la 
venta de privilegios; se exigieron cuantiosos donativos; 
todo para sostener una corte lujosa y entregada a pla- 
ceres 

Continuaban los disturbios de Potosí, cuando se 
aplacó «tan funesta guerra civil», de cerca de un siglo, 
con el matrimonio del hijo de los vicuñas con la hija del 
general do los vascongados (1624). 

Don Diego Fernández. de Córdova, (Marqués de 
Guadalcazar). — Nombrado Virrey del Perú, en tiempos 
nada bonancibles, con su política conciliadora reprimió 
los disturbios que aquejaron el Virreinato. El corsario 
inglés Jacobo Heremit que bloqueó el Callao, fué recha- 
zado y se inauguró la Catedral de Lima, (Ejerció el car- 
go de 1621 a 1629). 

Don Luis Fernández de Cabrera (Conde de 
Chinchón). — Aumentó los impuestos que pesaban sobre 
los americanos. Bajo su gobierno se exploró el río 
Amazonas: se descubrió los minerales de Huasco, y el 
indio Calisaya tuvo la suerte de descubrir la cascarilla. 
El espíritu de intolerancia que reinaba en ese tiempo, 
hizo repetir los terribles autos de fe, que en Lima eran 
pronunciados por el Tribunal de la Inquisición. (Fué 
Virrey de 1629 a 1539). 

Don Pedro de Toledo y Leiva, (Marqués de 
Mancera). — Asumió el gobierno del Virreinato, cuando 
la guerra de España con Portugal; armó la escuadra 
peruana contra las incursiones de los piratas y fortificó 
algunos puertos. Los jesuitas , que habían sido expulsa- 



— 55 — 

dos del Paraguay por el obispo Cárdenas, recuperaron 
sus dominios con la ayuda de este Virrey, de la Audien- 
cia de Charcas y de los indios guaraníes. (Gobernó de 
1639 1648). 

Don García Sarmiento, (Conde de Salvatierra. — 
Nada notable hizo en su administración. A este tiem- 
po concluyó el cisma en el Paraguay. Se emitió la 
moneda de plata de dos columnas, con el mote *plvs 
ultra. (Gobernó de 1648 a 1655). (Hizo colocar la 
monumental fuente de bronce que todavía adorna la 
plaza de Lima). 

Don Luis Enrique de Guzmán, (Conde de Alba de 
Liste). — Nombró por mandato del Rey, una Junta Protec- 
tora de indios. Durante su gobierno, el presidiario anda- 
luz Pedro Bohorques, fingiéndose descendiente de los 
Incas, sublevó a los naturales y encabezó una gran 
rebelión de la raza indígena en el valle de Tucumán y 
capturado, fué ahorcado en Lima. Los hermanos Sal- 
cedo descubrieron la famosa mina Laicacota, de que se 
dice, «que en una noche produjo 100,000 pesos». (Fué 
Virrey de 1655 a 1661). 

Don Diego Benavides y de la Cueva, (Conde 
de Santiesteban). — Trató de mejorar la condición de los 
indios. Durante su gobierno el pueblo de La Paz, capi- 
taneado por Antonio Gallardo (el Philinco), apoderóse 
de la ciudad, destituyó a las autoridades realistas 
pidiendo «Za libertad para los americanos*. (Diciembre 
19 de 1661). Con el objeto de propagar la insurrección, 
Gallardo se dirigió a Puno, en cuyo asaltó desgraciada- 
mente murió. Entretanto, los principales insurrectos 
de La Paz, fueron castigados con la horca. (Gobernó 
de 1661 a 1666). 



— 56 — 

A Felipe III le sucedió en el trono de España Carlos 
II (El Hechizado), monarca desidioso, que reinó de 1665 a 
1700. 

Muerto Benavides, pasó a ejercer el gobierno del 
Virreinato, la Audiencia de Lima, que sometió a los 
turbulentos y sublevados de la mina de Laicacota, 
cuyos dueflos los Salcedos, fueron ajusticiados. Otras 
rebeliones fueron también reprimidas. (De 1666 a 1667). 

Don Pedro Fernández de Castro, (Conde de 
Lemos). — Fué muy religioso, dedicóla mayor parte de su 
labor a los intereses eclesiásticos; se afirma que el 
esplendor y la pompa de las procesiones de esa época, 
eran incomparables. Restableció el orden turbado por 
las sublevaciones; fundó la villa de Puno; apresó al 
corsario inglés Cleerk en Chile. Un turbulento de Lai- 
cacota (Juan de Vargas), trató de sublevar en el Alto 
Perú; pero perseguido por el Corregidor de La Paz, 
huyó a las selvas de los bárbaros del oriente y captura- 
do, fué descuartizado. Durante el medio año que tardó 
en viajar por el Alto Perú, su esposa la notable condesa 
Dofía Ana de Borja y Aragón, gobernó con acierto y 
energía. (Este Virrey gobernó de 1667 a 1672). 

Muerto Fernández de Castro, asumió el gobierno 
del Virreinato la Audiencia de Lima. (De 1672 a 1674). 

Don Baltazar de la Cu ev a, {Conde de Castellar), 
Administró con acierto y celo el Virreinato, introdu- 
ciendo notables reformas hacendarías. Mandó explo- 
rar las costas de Patagonia; instituyó la guardia cívica 
y contuvo lo^ abusos del clero. Acusado de contraban- 
dista, fué separado del mando. (Gobernó de 1674 a 
1678). 

Don Melchor de Liñan y Cisneros, {Arzobispo 
de La Plata y después de Lima). — Se dedicó a los arre- 



— 57 — 

glos eclesiásticos; derrocó a los filibusteros en Arica. 
Durante su gobierno se promulgó la «Recopilación de las 
Leyes de Indias*, conjunto de leyes y resoluciones dicta- 
das para el régimen de las Colonias. (Fué Virrey de 
1678 a 1681). 

Don Melchor de Navarra y Rocafult, (Duque 
de la Palata y Príncipe de Massa). — Fundó una casa de 
moneda en Lima y persiguió a los filibusteros, entre 
ellos al pirata holandas o flamenco Davis. (De 1681 a 
1689). (Había sido antes Virrey, miembro del Consejo 
de la Regencia durante la minoría de Carlos II, y de la 
Casa Real de Navarra. Su recepción en el Perú fué 
un acontecimiento. En aquel tiempo se amuralló Lima 
en extensión de seis millas con cinco baluartes y seis 
portadas). 

Don Melchor de Porto-Carrero, (Conde de 
Monclova). — Pasó del Virreinato de México (Nueva Espa- 
ña) al del Perú, donde con la bondad de su carácter, 
logró apaciguar los ánimos, siendo, en consecuencia, 
amado por todos. Durante su gobierno murió Carlos 
II, sucediéndole el duque de Anjou, que fué coronado 
con el nombre de Felipe F, con el que entró en el trono 
de España la dinastía de los Borbones, a cuyo adveni- 
miento cambiaron las ideas del monopolio, tomando 
incremento el comercio de las Colonias, con la compe- 
tencia de las mercaderías francesas. Las ideas del 
gobierno absolutista se modificaron con el decidido 
influjo borbónico, de miras y aspiraciones manifiesta- 
mente más liberales .... (Porto-Carrero, gobernó de 
1689 a 1706). 

(Felipe V reinó de 1700 a 1746). 



8 



- 58 — 



§ III 



Gobierno de los Virreyes en el Sigio XVIII 



Muerto el Conde de Monclova, que ejerció todavía el 
cargo de Virrey, durante los seis primeros años más del 
siglo XVIII, apoyando el desarrollo mercantil, la Real 
Audiencia de Lima, se encargó interinamente del 
gobierno, ocupando sus labores en hacer frente a los 
contraband i stas . 

Don Manuel Oms de Semanat, {Marqué* de Cas- 
tel Das Rius). — Fué amante de las letras y creó una Aca- 
demia. Permitió el tráfico inglés; y combatió a los 
corsarios. (Gobernó de 1607 a 1710). 

Don Diego Ladrón de Guevara, (Obispo de Qui- 
to). — Exaltó las prácticas religiosas; y, permitió el trá- 
fico francés, gravándolo con un impuesto. (Gobernó de 
1710 a 1716). 

Don Diego Morcillo, (Arzobispo de Charcas). — 
Interinamente ejerció el mando por 50 días hasta la 
llegada de 

Don Carmino de Carracciolo, (Príncipe de Santo 
2fcmo).-Persiguió el contrabando proveyéndose de buques 
de guerra. (Gobernó de 1716 a 1719). 

Don Diego Morcillo de Auñón, (Arzobispo de 
Lima). — Combatió a los corsarios y persiguió el contra- 
bando. Durante su gobierno los araucanos (Chile), se 
sublevaron nuevamente y en el Paraguay surgieron las 



— 59 — 

disenciones de los jesuítas con el Promotor Fiscal José 
de Antequera, que enviado por la Real Audiencia de 
Charcas, los expulsó. (Ejerció el mando de 1719 a 1724), 

Por este tiempo, España celebró un tratado de 
comercio con Inglaterra, permitiéndole comerciar con 
las Colonias, sólo con un buque mercante. 

Don JOSÉ de Armbndaris, (Morques de Gasíel 
Fuerte). — Pacificó a los sublevados de Chile e hizo ajus- 
ticiar al Fiscal Antequera por un desacato a la autori- 
dad, haciéndolo conducir al efecto a Lima. 

En España subió al trono Luis I, por dimisión de 
su padre Felipe V, el que, muerto aquél, ocupó nueva- 
mente la corona que abdicó. 

Insurrección de Alejo Calatayud.— Don Manuel 
Benero .y Balero (o de Valera) fué nombrado Revisita- 
dor de la Provincia de Cochabamba, por el Virrey 
Armendaris; a su llegada al pueblo deCapinotao Cora- 
za, corrió el rumor de que tenía la misión de obligar a 
todos los habitantes de la Villa, al pago de la contribu- 
ción, (con cuyo motivo se cometían exacciones), y tam- 
bién se difundió la voz de que no tenía otro cargo que 
empadronar a los mestizos, para el düble cobro del tri- 
buto. A esta falsa noticia, indignado el pueblo de 
Cochabamba, se sublevó acaudillado por el mestizo 
Alejo Calatayud (el 29 de noviembre de 1730; platero 
joven y animoso, que situó con 3,000 hombres su campa- 
mento en el vecino cerro de San Sebastián, izando ban- 
dera colorada; a las voces de ¡Muera el Rey! ¡Muera el 
mal gobierno! 

Benero y Balero, que antes de que estallara el suce- 
so, pidió al Corregidor de la Villa una fuerza armada, 
amedrentado se retiró a Oruro, dando parte de lo acon- 
tecido a las autoridades de Potosí y a la Real Audiencia 



— 60 - 

de Charcas (La Plata). Una partida de 40 hombres que 
se encargó de auxiliarlo, volvió de la hoyada de Ucuchi, 
(pernoctando en Caraza), al mando de Juan Matías Gar- 
dogue y Meseta; los insurrectos alzados en masa los 
derrotaron; el pueblo se desenfrenó en las represalias, y 
sólo al celo apostólico del Cura de la Matriz don Fran- 
cisco Urquiza, se contuvo. Calatayud % que poseía «el 
valor de un americano y la constancia de un patriota», 
había jurado exterminar a los españoles. Reunido el 
Cabildo, propuso una capitulación; y se acordó que los 
criollos o naturales del país, tendrían opción en adelan- 
te a los cargos públicos: no debía permitírsele a espa- 
ñol alguno ser Corregidor. En consecuencia, fueron 
nombrados alcaldes, don José Mariscal y don Francis- 
co Rodríguez Carrasco. 

Calatayud invitado a un banquete, preparado con 
astucia y un fin siniestro por Carrasco, que de acuerdo 
con las autoridades caídas, traidoramente lo hizo apre- 
sar en medio al simulado festín; — «fué acribillado a 
puñaladas» ( 2Ü ) y sus miembros esparcidos en los luga- 
res más concurridos; la pena que se le infligió fué la del 
garrote (enero 31 de 1731). Su cabeza se remitió a 
Chuquisaca. Varios cabecillas, (Cotrina, Gamboa, 
Hamburgo, y más tarde Nicolás Flores, decididos par- 
tidarios del infortunado caudillo popular, que era ins- 
truido y de rara entereza y resolución, fueron sacrifica- 
dos sucesivamente por el traidor Rodríguez Carrasco, 
que asumió omnímodas facultades). Un Ferrer y San- 
tos Padilla, fueron también ahorcados, por prender pas- 
quines contra el régimen. 

El Virrey Armendaris, hondamente preocupado por 
la sublevación de Calatayud, «que despertó la indepen- 



dí P. Kramer.— cHistoria de Bolivia», (1894). 



— 61 — 

dencia americana», tomó precauciones para conjurar 
nuevas insurrecciones. ( 21 ) (Gobernó Armendaris de 
1724 a 1736). 

Don Juan Antonio de Mendoza, (Marqués de 
Villa- García). — Ejerció el cargo en una época alarman- 
te; los ingleses amenazaban adquirir las colonias espa- 
ñolas. Un indio audaz (Juan Santos), se ungió Ata- 
huallpa; venció las fuerzas realistas y (con sus secua- 
ces) exterminó la guarnición de Quimiri. 

En 1739, el Corregidor de Oruro Martín Espeleta, 
descubrió una conjuración encabezada por Juan Vela de 
Córdova y otros, contra la dominación espafíola; los 
principales conjurados fueron apresados y condenados 
a muerte. Fué sorprendido su «manifiesto de agravios», 
en el que se incitaba a los americanos a sacudir el yugo 
de la opresión extranjera. 

Por este tiempo vino, a esta parte de la América, 
una comisión científica, compuesta del naturalista fran 
cés La Gondamine Godín, Antonio de Ulloa (español) y 
otros sabios e ilustres viajeros. (El Virrey Mendoza 
gobernó de 1736 a 1745). 

Don José Manzo de Velasco, (Conde de Supe- 
runda). — Fué Virrey durante 17 afíos. Bajo su gobier- 
no tuvieron lugar espantosos terremotos y grandes 
calamidades en el Perú. (1746). España celebró un 
tratado de límites con Portugal. (Ejerció el cargo de 
1745 a 1761). 



( 21 ) Rectificando cuanto se escribió sobre este acontecimien- 
to mal estudiado, por Fed. Blanco, J. R. Gutiérrez, M. Omiste, 
E. Viscarra y otros, el autor de este Compendio ha publicado 
últimamente (1919), una monografía la más completa: cL« inicia- 
Uva emancipadora de Calatayud en Cochabamba*. (Véase el Bole- 
tín de la Dirección Nacional de Estadística y Estudios Geográfi- 
cos. — La Paz). 



— 62 — 

A Felipe r, le sucedió Fernando VII, que reinó de 
1745 a 1759 y a éste, Carlos III monarca ilustrado y 
piadoso, que protegió las artes y el comercio y tuvo el 
cetro de la monarquía espafiola de 1759 a 1788. Reco- 
noció lo mal administradas que eran las colonias. 

Don Manuel. Amat y Juniet. — Pasó del gobier- 
no de Chile al del Virreinato del Perú. Organizó la 
escuadra contra los avances de los ingleses y dio cum- 
plimiento a la pragmática que ordenaba la expulsión de 
los jesuítas de los dominios españoles. (Gobernó de 
1761 a 1775). 

Don Manuel Guiriot. — Fué el último Virrey del 
Perú, al que estuvo sujeta la Audiencia de Charcas (Alto 
Perú), que pasó a formar parte del Virreinato de Bue- 
nos Aires creado por real cédula de 1776. (Ejerció el 
cargo de 1775 a 1780). (Entonces estableció el alumbra- 
do público). 

Los sucesores de Guiriot en el Virreinato del Perú, 
fueron: Don Agustín Jáuregui y Alarcón (1780), 
durante cuyo gobierno tuvo lugar la temible revolución 
de José O ibri^l Condoroanqui (llamado Tupac-Amaru) 
cacique de Tungasuca, conocido por descendiente de 
los Incas, educado en el Colegio San Bernardo del Cuz- 
co, que movido por la injusticia de los repartimientos y 
los abusos cometidos por los corregidores, encabezó 
una gran sublevación de los indios (1780); dio muerte a 
un Arriaga corregidor de Tinta, batió a 600 españoles y 
sitió el Cuzco. Jáuregui, puso un ejército a órdenes del 
General José Valle, y de Areché (el visitador), el que 
abolió los repartimientos, consiguiendo un tanto apaci- 
guar los ánimos y después de algunas escaramuzas, 
derrotó a Tupac Amaru ( 22 ) y los suyos en unasangrien- 



í 22 ) Significa la ^resplandeciente culebra*. 



— 63 — 

ta batalla (abril de 1781). Aprehendido el desdichado 
Tupac-Amaru, fué descuartizado al ímpetu violento de 
cuatro potros, siendo quebrantados sus miembros. 
(Este suplicio bárbaro fué improbado por Carlos III). 
El cruel Areche, que a tal le condenó, fué hasta obligar 
Je cortarán antes la lengua y que tales escenas presen- 
ciaran la esposa y demás deudos del infortunado caudi- 
llo, ajusticiado a los 40 años de edad. Sus hermanos 
Diego Cristóbal y Andrés Tupac-Amaru, qup trataron 
de continuar con la rebelión, tuvieron también tín des- 
graciado. Pero se abolieron los repartimientos . . . 

Don Teodoro La Croix (1784), que dividió el 
Virreinato en intendencias (provincias), al mismo tiem- 
po que se establecieron la Audiencia del Cuzco (1787) y 
el Tribunal de minería. — Don Francisco Taboada y 
Lemos, (1790). Aumentó los estudios científicos; se 
fundó pntonces un laboratorio de Química. — Don Am- 
brosio O'Higgins, (1796), durante nueva administra- 
ción se estableció la Capitanía General de Cliile y comen- 
zaron a hacerse notables propagandas por la Indepen- 
dencia. —Don Gabriel de Aviles, (1801), bajo cuyo 
gobierno los sabios Alejandro Barón de Hximboldt y 
Bomplan, visitaron la América, con una misión científi- 
ca, y no faltaron las rebeliones. — Don Fernando de 
Abascal, (1806), durante cuyo gobierno la Metrópoli, 
presintiendo la Independencia americana, introdujo 
tardías reformas en bien de los americanos. — Don Joa- 
quín de la Pezuela, (1816).— Y Don José de la Ser- 
na, (de 1829 a 1824). Los tres últimos ejercieron su 
autoridad en las provincias del Perú, por medio de las 
armas durante la guerra de la Independencia, como se 
dice en el lugar correspondiente. 



— 64 — 



El Virreinato de Buenos Aires 



El Virreinato de Buenos Aires, llamado también del 
Río de La Plata, fué creado por real cédula de 27 de 
febrero de 1776. Comprendía su jurisdicción los actua- 
les territorios délas repúblicas de la Argentina, Para- 
guay, Uruguay y Bolivia, (Alto Perú). En aquel tiem- 
po se autorizó por el liberal monarca Carlos III, crea- 
dor del virreinato bonaerense, el comercio con todos 
los navios que salían de España; pues, era tal privile- 
gio solamente para los procedentes de la Casa de Con- 
tratación de Sevilla. Carlos IV reconoció la indepen- 
dencia de las colonias inglesas; y así reveló a las suyas 
el derecho que tenían para seguir el ejemplo de emanci- 
pación ... Los Virreyes de Buenos Aires, fueron: 

— Don Pedro de Zeballos y Cortéz, (1776), con 
el que so fundó el Virreinato.— Don Juan José de 
Verttz (1778), bajo cuyo gobierno, fué grande la con- 
moción del Virreinato con el alzamiento de los indios en 
el Alto Perú; en 1780, el indio Tomás Catari vejado por 
Blas Bernal, Gobernador de las comunidades (aillos), 
que como todos los de su clase, cometía excesivos abu- 
sos, no pudo hallar justicia délas autoridades de Bue- 
nos Aires y Potosí, y determinó propalar la noticia de 
haber obtenido para sí la abolición de los tributos. 
Esto motivó la insurrección de los indios de Pocoata 
que se negaron a pagar el tributo, a los que hicieron 
eco los de los pueblos de Oruro, La Paz y Cochabam- 
ba. Tomás Catari que se puso a la cabeza de la insu- 
rrección, por ese hecho, fué apresado y condenado a 



— 65 — 

muerte por la Real Audiencia de Charcos (enero de 1781). 
Sos hermanos Dámaso y Nicolás Catari, continuaron 
acaudillando la rebelión, y vencidos en el combate de 
Punilla, fueron traidoramente entregados a las autori- 
dades y, en consecuencia, ahorcados (abril y mayo de 
1781). Esta sangrienta represalia, dio pábulo a los 
progresos de la insurrección: los indios de Oruro, San 
Pedro de Buena Vista, Sicasica y Tapacarí, victimaron 
gran número de los realistas. El Virrey de Buenos Aires, 
Vertiz, envió a pacificar el Alto Perú a José Reseguín, 
militar valiente que contuvo a los rebeldes. 

Por este mismo tiempo en el Perú, Tupa^Amaru 
acaudillaba una gran revolución y, muerto él, su her- 
mano Andrés, que se retiró a las provincias de La Paz 
con 14,000 combatientes, puso sitio a Sorata, población 
que sólo pudo ocuparla rompiendo el dique que conte- 
nía las aguas que caen de las alturas inmediatas, que 
las represó y que causó estragos inundando el pueblo, 
cuyos habitantes fueron victimados en número de 
20,000. Julián Apasa, que tomó el nombre de Tupac 
Catari, hacía lo propio a los pocos días en La Paz, que 
la asedió con 80,000 hombres. La ciudad se defendió 
bajo la dirección del Brigadier don Sebastián de Segu- 
róla, durante 109 días, al cabo de los que el Comandan- 
te Ignacio Plores, comisionado por la Audiencia de 
Charcas, batió a los indios sitiadores, quienes nueva- 
mente asediaron la ciudad, cuando Plores se retiró a 
Oruro. (Julio de 1781). José Reseguín con 7,000 hom- 
bres, puso en fuga a los sitiadores, dispersándolos. 
(Octubre). Tupac Catari fué capturado y bárbaramente 
descuartizado al ímpetu violento de cuatro caballos. 
(Noviembre). Así terminó esta sangrienta guerra de 
razas, en la que perecieron 40,000 blancos y un número 
mayor de indios. 
9 



— 66 — 

Don Sebastián Pagador, simultáneamente con 
los sucesos referidos, acaudilló un movimiento popular 
en Oruro, (febrero 10 de 1781) protestando franca y 
explícitamente contra las autoridades europeas, decla- 
rando las ideas de patria y libertad. «Ainigos, paisanos 
y compañeros: (dijo Pagador) en ninguna ocasión mejor, 
podemos dar evidentes pruebas de nuestro amor a la 
patria, sino en ésta; no estimemos en nada nuestras 
vidas, sacriíiquémoslas gustosos en defensa de la liber- 
tad » Palabras dignas de perpetua memoria. El 

nombre de Sebastián Pagador ', unido a los de Alonso de 
Ibáfíez (o Yáfíez), que levantó el pueblo de Potosí, con- 
tra las autoridades españolas en 1617, Antonio Gallardo, 
el de La Paz en 1661, 4^ e Jo Calata uud, el de Cochabam- 
ba en 1730, y Juan de Vela de Córdoya el de Oruro, en 
1739,- deben recordarse con la gratitud a que son 
acreedores ellos, como los «Precursores de la Independen- 
cia del Alto Perú», y bien se puede decir de la América 
española toda. 

Después de Vertiz, ejercieron el gobiernodel Virrei- 
nato de Buenos Aires:— Don Nicolás del Campo, 
Marqués del Loreto (1784). Por este tiempo (1785), tuvo 
lugar en Chuquisaca una notable conmoción popular, 
promovida por las viarazas e insolencia de las fuerzas 
realistas. Los amotinados acometieron el cuartel y la 
casa capitular, siendo dispersados «a ruegos y cañona- 
zos», por Manuel Valiente, jefe de la guarnición realis- 
ta. ( 23 ) Bajo el reinado de Carlos IV, desde diciembre 



P) Por este tiempo vino al Albo Perú el naturalista Tadeo 
Haenke, que hizo estudios notables (Viajes, Hist. Nat. de Cocha- 
bamba, etc.), en el país y levantó una carta geográfica de Santa 
Cruz. Fué decididamente protegido por el ilustre Gobernador 
Intendente Viedma, uno de los más beneméritos y progresistas 
funcionarios coloniales, que la Metrópoli enviara al nuevo mun- 
do (1785-1809); y falleció en Ayopaya (Haenke), en 1817. 

La biografía del filántropo y ejemplar mandatario regio D. 



- 67 — 

de 1788 hasta marzo 19 de 1808.— Don Vicente Nue- 
mes Pacheco de Padilla, Conde de Revilla — Don 
Nicolás de Arredondo (1789). — Don Pedro Meló 
de Portugal (1795). — La Real Audiencia de Buenos 
Aires (1797).— Don Antonio Olaguez y Feliu, (1797)! 
Don Gabriel de Aviles, (1799), — Don Joaquín de 
Pino, (1801).— Don Rafael de Sobremonte, (1804), 
que no tuvo la suficiente energía para rechazar a los 
ingleses, que se apoderaron de la fortaleza de Buenos 
Aires (1806), por lo que fué separado del mando. — Don 
Pascual Ruíz de Huidobro, (1807), Virrey proviso- 
rio. Bajo el reinado de Fernando VII, desde marzo de 
1808, hasta mayo de 1810. — Don Santiago Liniers, 
(1808), que rechazó los ataques de los ingleses, que 
intentaron apoderarse del Río de La Plata, para mar- 
char a Potosí, cuyas riquezas ambicionaban el poseerlas. 
Liniers, sin embargo de ser de origen francés, se portó 
leal a la causa de Fernando VII, cautivo en Bayona 
(1808), cuando el intrigante José Manuel deGoyeneche, 
de paso a Lima, se interesó con él a favor de los planes 
ambiciosos ? de Napoleón Bonaparte ( 24 ) que, no contento 
de proclamarse «Em perador de la Francia», de sojuzgar 
varios -países, y'de invadir con las tropas francesas la 
España (1808), pretendía también sojuzgar la América. 
Y Don Ba.i/fazar Hidalgo de Oisneros, (1810), que 
como se dirá, fué destituido del mando, por una Junta 
da Gobierno el 25 de mayo de 1810. Con él concluyeron 



Francisco de Viedma y Narvaez, de esclarecida prosapia de 
Andalucía, gran colonizador del Río Negro de Patagarfés, hacen- 
dista, que llegó como militar al grado de Capitán General, ha 
publicado el autor de este Compendio. 

(24) L. M. Guzmán. 



— 08 — 

los Virreyes de Buenos Aires. El Virreinato de Lia 
Plata, tuvo gran preponderancia sobre el del Perú, en 
los últimos tiempos de la dominación española, por el 
incremento de su comercio. 



CAPITULO 39 



Carácter de la colonización española 



Idea del coloniaje español. — Las Colonias espa- 
ñolas, sufrieron por el espacio de cerca de tres siglos 
los desmanes de los dominadores, viviendo en la igno- 
rancia y el atraso, por múltiples motivos provenientes 
de la suspicaz política de la Metrópoli. La legislación 
colonial, era una copia de las ideas absolutistas de la 
época, conteniendo leyes y resoluciones incoherentes y 
a veces contradictorias, razón por la que, en la genera- 
lidad de los casos, un indio no podía conseguir justicia 
contra un español; si había algunas disposiciones libe- 
rales o bien intencionadas, su realización era aún entor- 
pecida por la venalidad de las autoridades, la mayor 
parte procedentes o venidas directamente de España. 
La justicia se administraba dilatoria, o venal, o parcial- 
mente. 

El Gobierno colonial no pudo ser más pésimo y sus 
odiosidades concitaron los ánimos. El comercio era (de 
cabotaje), del único monopolio de la Metrópoli, que se 
esforzó en aislar las colonias del contacto o relación 



— 69 — 

con los países extranjeros y muy marcadamente con los 
mercantiles, sistema restrictivo y tiránico, altamente 
erróneo que, dio ocasión a los contrabandos de los 
holandeses, franceses e ingleses. No se podía comer- 
ciar libremente; hubo puertos privilegiados (Vera Cruz, 
Porto Bello y después Buenos Aires), donde se imponía 
por los importadores, agentes del gobierno español, 
precios exorbitantes, lo que contribuía a favorecer los 
intereses exclusivistas de los dominadores. Sólo en 1778 
se dictó un «reglamento de comercio, (que dio término 
con el monopolio de los galeones y las flotas), y se abrie- 
ron 33 puertos a la comunicación de los españoles de 
ambos hemisferios. 

No se permitía a los americanos cultivar frutos que 
pudiesen perjudicar la importación de los productos de 
España; estaba prohibido el hacer plantaciones de viñas 
y olivares. Con la mira de protejer los artefactos de la 
Metrópoli, se impidió establecer talleres y toda clase de 
fábricas. Las industrias languidecieron y la única 
protegida y fomentada, puede decirse, que era la meta- 
lúrgica; la minería tomó incremento. La educación 
yacía en la situación más lamentable; en los escasos 
establecimientos de enseñanza que había, perdían esté- 
rilmente el tiempo los pocos que concurrían, pues, era 
muy rudimentaria, imperfecta e incompleta la instruc- 
ción; las ciencias exactas no se enseñaron en los cole- 
gios de la América (española) a donde no estaba permi- 
tido introducir libros, a no ser los de devoción; en suma, 
la instrucción era desatendida y estudiosamente restrin- 
gida. 

Los hijos del país estaban excluidos del ejercicio de 
cargos honoríficos y lucrativos, salvedad hecha de los 
casos en que a costa de grandes sumas de dinero podían 



— 70 — 

comprar; de tal suerte que de 170 Virreyes que hubo en 
todo el continente desde la conquista, 166 fueron euro- 
peos; de 602 capitanes generales o presidentes, sólo 14 
fueron americanos; y de 550 sacerdotes que obtuvieron 
la dignidad episcopal en América, sólo 50 no fueron 
europeos (españoles). Los Virreyes y Capitanes Gene- 
rales eran altos dignatarios que venían de España. 
Nada se practicaba de cuanto podía servir en el des- 
arrollo industrial y el saber de los americanos; la liber- 
tad política, estaba excluida dé nuestro suelo. 

La raza indígena oprimida y vejada, sobrellevó con 
aparenta resignación la tiranía de sus opresores; sufría 
excesivos tributos, los repartimientos ( 2& ) y cien cargas, 
a la par que cruentas peripecias a que la sed de lucro y 
explotación de los conquistadores y dominadores, la 
condenaron. La mita (turno, que provenía de una espe- 
cié de conscripción que se hacía de Jos indios), institu- 
ción que pesaba sobre ella, obligada al laboreode minas 
(de Potosí y otros puntos), causó la pérdida de muchos 
millones de habitantes. «Se sepultaban hombres para 

desenterrar riquezas» Quizá esa raza desdichada, 

no ha ganado mucho con la independencia 

Sólo a tines del siglo XVIII en que se operó una 
reacción en Europa contra las ideas absolutistas y 

P 5 ) Conquistada la América, los indígenas fueron expues- 
tos a trabajos violentos, mientras que el hacha de los colonos 
(españoles), dice Weber, destruía sus bosques sagrados y ahuyen- 
taba las sombras de sus padres» Los indios fueron repartidos 

entre los conquistadores. He aquí una: 

cCarírt de enmienda. — Por el presente se os confían a título de 

depósito, a vos el Señor y los naturales de la aldea 

para que os sirváis y ayudéis de ellos en el cultivo de vuestras 
tierras, conforme a las ordenanzas publicadas, o que al efecto"se 
publicasen, con condición de que les enseñéis los artículos de 
nuestra santa fé católica y no omitáis nada para conseguirlo».— 
(Weber.— cHistoria Universal*. Tomo III, 1855). 



— 71 — 

monárquicas, se expidieron en la Metrópoli varios 
decretos benéficos y las Colonias de la América, «que 
vivían entre trabas y cadenas>, respiraron: su comercio 
tomó incremento y principiaron a columbrar la luz ... 
Puede comprenderse el estado o la situación de las 
Colonias, por esta proclama que el gobierno de Espatí a, 
rep?-esentado por el Consejo de Regencia, establecido 
con motivo da la cautividad de Fernando VII, dio a los 
americanos en 1809, presintiendo su emancipación: 
«Desde este momento, (dice), españoles americanos, os veis 
elevados a la dignidad de hombres libres (quiere decir que 

no lo estaban . . . ); no sois ya los mismos que antes, 

encorvados bajo el peso de un yugo mirados con 

indiferencia, vejados por la codicia y destruidos por la 
ignorancia*. Espafía fué invadida por los franceses 
(1808). La América colonial, que sostenía con fidelidad 
a la madre patria con ingentes caudales, estaba ya 
pronta a sacudir el yugo de la dominación. La Metró- 
poli introdujo reformas notables, pero que eran ya tar- 
días, y concedió franquicias a los americanos; una de 
ellas fué la facultad que se dio de enviar representantes 
a las Cortes, refiriéndose a lo que decía el mismo Con- 
sejo de Regencia (febrero de 1810).-— Ellas serán los que 
remedien todos los abusos, todas las extorsiones, todos los 
males que han causado, la arbitrariedad y nulidad de los 
mandatarios del gobierno > 



Con todo, la errada política de opresión ejercida 
por la España en sus Colonias, quizá fué en gran parte 
la fiel expresión de las ideas absolutistas de entonces. 
Y las repúblicas sucedáneas, deben también profundo 



— 72 — 

reconocimiento a la madre patria, que les dio so sangre, 
su hermoso idioma, su religión, y todo lo mejor que 
pudo, junto con sus tradiciones honrosas. La reconci- 
liación ibero-americana es un signo ideal de cultura p 
de solidaridad; y así fomentar la incrementación de su 
prosperidad, estrechando vínculos rotos en cruentas 
luchas. Disipado el humo del combate tiempo há que 
España y América se aproximaban buscando simpatías 
y recuerdos de familia, sintiendo latidos unísonos y 
pensando, solidariamente, en sacrificios y glorias comu- 
nes, labran la justa preponderancia de la raza, ateso- 
rando las duraderas conquistas del progreso 

Finalmente, no se pierda de vista, al examinar los 
anales de la dominación española, (sin recrudecencias 
de lenguaje, preñadas de recriminaciones hasta hoy), 
que gran parte de las responsabilidades toca a los mis- 
mos americanos, mestizos y criollos. Durante la cruen- 
ta guerra de emancipación los fastos de ésta fueron 
manchados por los Goyeneche, Aguilera y tantos otros 
realistas, que por cierto no eran de capa española pura. 

El Alto Perú; régimen y cultura colonial.— 
El Alto Perú, o sea el territorio de la Audiencia de 
Charcas, por Real Ordenanza de Intendentes de 1782 
(enero 28), fué dividido en estas cuatro provincias: 
Chuquisaca (Charcas) La Paz, Potosí y Santa Cruz; la pri- 
mera comprendía el territorio de la jurisdicción del 
Arzobispado de La Plata (Charcas); la provincia de La 
Paz abarcaba a más del distrito de su obispado las pro- 
vincias (hoy peruanas), de Lampa, Caraba.va y Azánga- 
ro, que se anexaron a la Audiencia del Cuzco en 1787; 
la Provincia de Potosí estaba formada por el actual 
departamento de este nombre, el del Litoral o Cobija 
(Atacama) y Tarija; y la de Santa Cruz, cuya capital 



— 73 - 

era la ciudad de Cochabamba, a más de su territorio 
comprendía el del Beni y Coehabamba. Mojos y Chiquitos 
eran de la jurisdicción directa de la Audiencia de Char- 
cas. Las provincias estaban subdivididas en partidos. 

Conforme al gobierno colonial establecido por la 
Metrópoli, la administración del Alto Perú, estaba enco- 
mendada al Virrey y sus Intendentes, en lo relativo al 
gobierno, guerra y policía. Las cuatro porvinciaseran 
regidas por gobernadores — intendentes, (nombrados por 
el Rey\ y los Partidos, por los subdelegados, elegidos 
por el Virrey, a propuesta de los Intendentes, (por cinco 
años). El régimen judicial se desempeñaba por las 
autoridades designadas. Los Cabildos (Municipalidades 
o Ayuntamientos), compuestos de Regidores vitalicios, 
presididos por el Gobernador o jefe político, ejercían el 
mismo papel que nuestros Concejos Municipales; el 
Cabildo de Chuquisa cu gozaba de las mismas preeminen- 
cias que el de Sevilla. 

Los negocios eclesiásticos se subordinaban, comoal 
presente, a la autoridad de los obispos sometidos, a su 
vez. a la del Arzobispo de Charca*. El Alto Perú tenía 
tres obispados; el de CfmquUaca o La Plata. < rígido en 
1551 (junio 17) por Julio ÍTI y elevado a Metrópoli en 
1608 (junio 20), por Paulo V; el de La Paz y Santa Cruz, 
creados por ei Papa Paulo V en 1615. 

El Alto Perú, corrió igual suerte que las demás colo- 
nias españolas, y se ha visto ya las viscisitudes y con- 
mociones que durante el coloniaje experimentó. 

Había en Bolivia (Alto Perú), la célebre Universidad 
de Chavea x % establecida en 1623, el más afamado centro 
de enseñanza entre todos los de Sud-América; 
gozaba de iguales preeminencias que la' de Sala- 
manca. Había Seminarios en Chuquisaca, La Paz 
10 



- 74 — 

y Santa Cruz. Se establecieron colegios de mujeres en 
Cochabauíba y Chuquisaca, donde también existió el 
Convictorio de San Juan Bautista; la Real Carolina, fué 
fundada en 1780 para el estudio de las reales leyes. En 
1774 se fundó un Colegio de ñiflas en La Paz. 

No obstante el sistema restrictivo empleado por la N 
Metrópoli, la cultura de América se dejó sentir notable- 
mente en los últimos tiempos de la dominación españo- 
la; la instrucción tomó algún vuelo y descollaron no 
pocos por su saber. 

El Alto Perú tuvo hombres notables por sus conoci- 
mientos; pueden citarse: Crespo, naturalista; Ca lancha, 
cronista (vivió de 1584 a 1654); Gerónimo de Acebedo, 
erudito religioso; Gaspar de Escalona y Agüero, autor de 
un notable tratado sobre finanzas y administración. 
(1647); don Rodrigo de Orosco, (marqués de Mortara)que 
en 1644, batió a los franceses a la cabeza del ejército 
español en el Rosellón; fué Virrey en las guerras de 
Cataluña; Miguel Aguirre (religioso), que lució sus talen- 
tos en España y ante el Vaticano y gozó de val ¡mentó. 
No faltaron varones ilustres de virtudes austeras, tales 
como: Fray Bernardino de Cárdenas, de una «elocuencia 
pasmosa», polemista célebre, autor de varias obras, 
entre ellas del «Memorial y relación de las cosas del 
reino del Perú». — 1634, obra traducida al francés, (1669) 
llamado: «Varón de rara virtud*-, y que fué Obispo del 
Paraguay, Santa Cruz y La Paz, habiendo nacido a 
fines del siglo XVI; y el canónigo Alonso de Corbera y 
Zarate. De la Universidad Mayor de San Francisco 
Javier de Chuquisaca, salieron talentos esclarecidos 
que ilustraron la América. La ciudad de Chuquisaca 
fué justamente llamada la «Atenas americana*. Muchos 
alto-peruanos figuraron por sus conocimientos en los 



— 75 — 

lugares de su residencia, empleando su propio valer a 
favor de la independencia americana. Pueden agregar- 
se a los nombres de los anteriores, los de: Vicente Pazos 
Canqui (o Pazos Silva), publicista (paceño), Bernardo 
Monteagudo, publicista (nacido en Chuquisaca en 1785), 
Diez de Medina; Marcelo y Agramont que fué Obispo de 
Buenos Aires, y Arzobispo de Charcas desde 1759 y 
otros más que la índole o brevedad de un compendio 
obliga a omitir. 

Tal fué el carácter de la colonización espafiola y 
ese el estado en el que se encontraban las Colonias, 
cuando se inició uno de los más notables acontecimien- 
tos de la edad contemporánea: la Revolución America- 
na por la Independencia, lucha épica ilustrada por tantos 
actos de abnegación, como de heroísmo y sellada con la 
sangre de tanto* mártires. 



TERCERA ÉPOCA 



La guerra de los quince años, o de la 
emancipación nacional 



(1809 a 1825) 



CAPITULO 1.0 



1809-1810 



Causas. — Entre las múltiples causas que motiva- 
ron la emancipación política de las colonias hispano- 
americanas, pueden señalarse éstas: el ejemplo dado 
por las colonias inglesas de Norte América, que se 
independizaron de su Metrópoli, la Inglaterra (1776); la 



i i 



Revolución Francesa (1789), que «declaró los derechos 
del hombre», popularizando las nuevas doctrinas y los 
principios liberales, contrarios al absolutismo monár- 
quico de la época; la política de opresión ejercida por 
la Espafia con los mu erica nos, que a más de ser mirados 
con menosprecio, sobrellavaron durante cerca de tres 
siglos los desmaños y el despotismo del poder colonial 
en todas las esferas de la actividad social. Por enton- 
ces la Península atravesaba por una situación anormal 
con la invasión de las tropas francesas a su territorio; 
las colonias de América, aprovecharon de esa ocasión 
propicia y se agitaron por emanciparse. El sentimiento 
del derecho y el odio a la opresión, determinaron, pues, 
(como apunta Laboulaye en su Historia Popular de E. E. 
U. U.) t el lanzamiento unánime a la autonomía civil y 
política. 

Una causa biológica: cualquier ser animado, cuan- 
do llega a cierto grado de desarrollo, se basta a sí mis- 
mo y trata de independizarse de la potestad de otros. Si 
es verdad que las colonias españolas no estaban sufi- 
cientemente preparadas para gozar de los beneficios de 
la libertad política, que invocaron con ardor, tuvieron 
conciencia de sí mismas y, con el elevado fin de consti- 
tuirse bajo un nuevo régimen, proclamaron la Indepen- 
dencia. El individuo y las sociedades sienten un impul- 
so natural que les encamina irresistiblemente a la liber- 
tad, que es necesaria para el progreso y la vida. A las 
causas encientes, que están en el fondo de los sucesos, 
a fiad en se las adventicias, ocasionales o de las circuns- 
tancias, que se han expresado. 

Manejos de Goyeneche; Insurrección de Chu- 

quisaca. — Napoleón Ronaparte, que guiado por «su 
genio guerrero», humillaba a los grandes de Europa 



— 78 — 

había avasallado la España, obligando a sus reyes Ca ríos 
IV y Fernando VII, a abdicar sus derechos a la corona 
a favor de su hermano JoséBonaparte, apresándolos en 
Bayona (1808); la Junta de Sevilla clamaba por la <>xpül- 
sión de las tropas napoleónicas del territorio español y 
la consiguiente independencia nacional: Carlota Joaqui- 
na de Braganza, Princesa del Brasil, pretendía usurpar 
el trono a su hermano Fernando VII, cautivo, y consti- 
tuir una monarquía independiente en la América. Un 
astuto arequipeño José Manuel Goyeneche, de carácter 
ambicioso, con sus intrigas logró constituirse agente 
de todos ellos, cuyas miras eran tan antagónicas, aun- 
que el punto común de sus anhelos fuese la posesión de 
la América. 

Desconcertado el intrigante Goyeneche en sus pro- 
posiciones hechas a Santiago Líniers, Virrey de Bue- 
nos Aires, de paso a Lima arribó a Chuquisaca, ciudad 
donde se interesó por la realización de los planes ambi- 
ciosos de la Princesa Carlota con el Presidente García 
León de Pizarro, quien al parecer los acogió, siendo de 
igual dictamen el Obispo Moxó. La Real Audiencia (de 
Charcas) excitada por los manejos ocultos que llegó a 
saber, determinó hacer oposición al Presidente, el que, 
en consecuencia, ordenó la prisión de los Oidores; los 
que se evadieron oportunamente, menos al Fiscal don 
Jaime Zudáñez, quien fué apresado así mismo su herma- 
no don Manuel Zudáñez, síndico del claustro de docto- 
res, cual cuando lo llevaron preso (eran horas 7 de la 
noche), no cesaba de dar en su tránsito estos gritos de 

alarma: «¡Patríanos! Me llevan al patíbulo» a lo 

que el pueblo preparado de antemano se tumultuó el 25 
de mayo de 1809. Pizarro fué destituido del cargo que 
ejercía, pasando a reemplazarle en el gobierno de la 



— 79 - 

Provincia, don José de la Iglesia; y don Antonio Alva- 
rez de Arenales se encargó del mando militar. 

Este movimiento popular, «aunque mal definido», 
( 26 ) debía tener consecuencias trascendentales; algunos 
patriotas (como J. J. Lemoine, Pulido, Michel, J. Pru- 
dencio, Paredes, Mercado, Fernández, Anibarro, y 
sobre todo Monteagudo), amantes de las nuevas ideas, 
se preocuparon de la emancipación colonial; tuvieron sus 
reuniones privadas y, secretamente, se dirigieron a 
diversos pueblos a propagar ideas de libertad. Don 
Manuel Moreno fué a Buenos Aires; los doctores Michel 
y Mercado (conocido por Malato) a La Paz; Alcérreca a 
Cochabamba; y don Bernardo Monteagudo a Potosí. 
Entonces «Chuquisaca era un laboratorio de ideas* 
liberales, cuyos emisarios hicieron la más infatigable, 
audaz y valiente propaganda. 

Revolución de La Paz; Pedro Domingo Muri- 
llo. — No era extraño el pueblo de La Paz, a los mane- 
jos., revolucionan os que se hacían contra el despotismo 
colonial; así que no tardó en manifestarse por una 
revolución resuelta, temeraria y bien definida, que la 
realizó acaudillada por Pedro Domingo Murillo, Inda- 
bu ro, Graneros, Jiménez y otros esforzados patriotas, 
el 16 de julio (1809). Reunido el Cabildo, fueron desti- 
tuidas las autoridades españolas, siendo nombrados 
representantes del pueblo Gregorio García Lanza, 
Sagárnaga y Catacora; las deudas de la Real Hacienda, 
fueron abolidas, quemándose los documentos o papeles 



(*) Sotomayor Valdéz.— El señor Retamoso, autor de una 
j uiciosa monografía de esta insurrección, incurre sólo en el sis- 
tema de atribuirla menos a las ideas libertarias Pero mucho 

ya se ha dilucidado la importUncia genuina del memorable acon- 
tecimiento, considerándolo como inicial de la guerra de emancipa- 
ción (A pesar de lo escrito por R. G. Moreno y otros). 



— 80 — 



referentes a ellas. Al día siguiente (julio 17) de esta 
memorable revolución, una comisión del pueblo, a 
nombre del Cabildo, se encardó de exigir a los españo- 
les residentes en la ciudad, el solemne juramento d tí : 
«hacer perpetua alianza con los criollos, no intentar a m 
alguna en su daño, y defender con ellos la religión y la 
patria». El 25 se organizó una Junta de Gobierno 

llamada Tuitiva presidida por Morillo, la que se 

disolvió (el 30 He septiembre), encomendando la jefatura 
política y militar de la provincia al mismo, como a 
Principal caudillo de la revolución, habiendo dado una 
proclama enérgica y conceptuosa, que concluye así: 
«Ya es tiempo, pues, de sacudir yugo tan funesto a 
nuestra felicidad como favorable al orgullo nacional del 
español. Ya es tiempo de organizar un sistema nuevo 
de gobierno fundado en los intereses de nuestra patria, 
altamente deprimida por la bastarda política de Madrid. 
Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la 
libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin 
el menor título, y conservadas con la mayor injusticia 
y tiranía. 

«Valerosos habitantes de La Paz y de todo el Impe- 
rio del Perú; revelad vuestros proyectos para la ejecu- 
ción, aprovechaos de las circunstanciasen queestamos, 
no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni 
perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en 
todos, para ser en adelante tan felices como desgracia- 
dos hasta el presente> 

Fué, pues, categórico el reto al poder colonial, 
explícita la declaratoria en favor de la Independencia; 
los designios de la revolución paceña, no podíanhaber- 
se manifestado mejor que de lo que se expresaba la 
Junta Tuitiva— «defensora de los derechos del Pueblo*, en 
su proclama de 27 de julio. 



— 81 — 

Defección de Indaburo. Chacaltaya. Los 

protomártires. — El Virrey del Perú Abascal, sabe- 
dor de los sucesos del Alto Perú, envió por comunica- 
ción que le hizo Sauz, Gobernador de Potosí, pidiéndole 
auxilio, un ejército de 5,000 hombres al mando de José 
Manuel de Goyeneche, por entonces Presidente interi- 
no del Cuzco. Mu n lio con 809 hombres inexpertos y 
mal armados, esperó al enemigo en Chacaltaya. (Octu- 
bre). El patriota Pedro Indaburo, guiado por el des- 
pecho e inteligenciado con Goyeneche, se defeccionó 
con la guarnición que con él quedó en La Paz, hacien- 
do aprisionar a muchos patriotas; uno de los que, don 
Pedro Rodríguez, fué ahorcado; ilustre joven que, fren- 
te al suplicio, dijo: Ciudadanos! ...A ninguno he hecho 
mal . . . .perdono a mis enemigos y muero por el amor a la 
patria*.... Las fuerzas revolucionarias acampadas en 
Chacaltaya, regresaron a la ciudad y lo cribaron de 
heridas al traidor Indaburo, que pereció y fué puesto en 
la misma horca en que hizo ahorcar a Rodríguez. Los 
patriotas volvieron a su campamento. 

Entretanto, Goyeneche se aproximaba; avistados 
los enemigos (en Chacaltaya). Murillo y los suyos 
fueron vencidos (octubre 25). Muchos de los derrota- 
dos se dirigieron a los Yungas con Victorio Lanza y 
sufrieron nueva derrota en Irupana, (noviembre 11); 
Domingo Tristán, que fué quien salió en su persecución, 
mandó a Goyeneche las cabezas de Victorio Lanza, 
caudillo que era «de carácter fogoso e inflexible» y del 
gallego Gabriel Antonio Castro, que habían sido corta- 
das el 16 de noviembre en las orillas del río Totorani, 
(en el sitio llamado Junto*). Los principales caudillos 
fueron capturados. El sanguinario Goyeneche, que 

entró triunfante a La Paz, procedió a una represalia 
11 



— 82 — 

bárbara y cruel; perecieron con la horca y el garrote, 
nueve patriotas, cuyos nombres la tradición y la Histo- 
ria perpetúan con el glorioso dictado de P,otomártires 
de la Independencia. ( 27 ) 

Don Pedro Domingo Murillo % caudillo principal de la 
revolución del 16 de julio, hombre de humilde estirpe, 
pero de notable inteligencia y grande corazón, dijo en 

el cadalso: «Compatriotas! Yo muero pero la tea que 

dejo encendida nadie la podrá apagar..! Viva la Libertad!» 
Los patriotas en número de 86 pagaron con sus vidas o 
su fortuna su amor a la libertad, siendo muchos de ellos 
desterrados o condenados a presidio perpetuo, durante 
la permanencia de Goyeneche en La Paz, el que des- 
pués se retiró nuevamente al Cuzco, dejando a Ramírez 
con 500 hombres de guarnición. 

Chuquisaca fué también reprimida por Nietto, que 
mandaba las fuerzas enviadas por Hidalgo de Cisneros. 
Virrey de Buenos Aires. 



CAPITULO 2.° 



1810 a 1811 



El pueblo de Buenos Aires, acaudillado por Belgra- 
no, Moreno, Monteagudo, Saavedra, Vieytes y otros 



f 27 ) Esos abnegados patriotas fueron: Murillo, Basilio Cata- 
cora, Buenaventura Bueno, Mariano Jiménez, Mariano Grane- 
ros, Figueroa, {ahorcados el 29 de enero de 1810); Apolinar Jaén, 
Gregorio Lanza y B. Sagárnaga (victimados en la misma fecha a 
garrote). 

D . José Antonio de Medida, cura de Sicasica, principal actor 



— 83 — 

patriotas, el 25 de mayo de 1810, aniversario déla insu- 
rrección de Chuquisaca, verificó un movimiento revolu- 
cionaria a favor de la Independencia; pacíficamente 
destituyó al Virrey Cisnerosy a otras autoridades espa- 
ñolas; organizó una Junta de Gobierno, la que cediendo 
a las influencias de los alto-peruanos residentes allí, 
determinó enviar un ejército auxiliar al Alto Perú. El 
General Corneüo Saavedra, potosino, fué el Presidente 
de la Junta. 

Revolución del 14 de septiembre en Cocha- 
bamba, (1810).— El Gobernador Intendente de Cocha- 
bamba, González Prada, temeroso de una conspiración 
que hiciera peligrar la causa española, remitió con 
engaños a Oruro al Teniente Coronel Francisco del 
Rivero, Manuel Esteban Arze y Melchor Villa Guzmán 
(Quitón). Estos esclarecidos patriotas, sabedores por 
aviso que les comunicó doña Lucía Ascuy, de que serían 
remitidos a la frontera, huyeron de allí en altas horas 
de la noche, hacia el Valle de Cliza, donde en compañía 
de otros patriotas (como Carrasco^ Oropeza, Monteemos), 
organizaron una expedición con las milicias del lugar; 
y la mañana del 14 de septiembre de 1810, acaudillando 
como a 1,000 hombres, vecinos de Cliza y otros tantos 
que se les plegaron en los alrededores de Cochabamba, 
atacaron el cuartel de los realistas de esta ciudad, a los 
gritos de «¡Vívala patria!»^ quedando dueños de la plaza. 
Fué destituido el Gobernador, reemplazándole el Tenien- 
te Coronel don Francisco del Rivero, nombrado Jefe 
Político y Militar de la Provincia; y fué reconocida 



en la obra de la revolución, fué indultado, a nombre del Bey, de la 
pena de muerte, en atención a su sagrado ministerio. («Informe 
del Virrey Abascal ) 



— 84 — 

autoridad de la Junta Gubernativa de Buenos Aires. 
( 28 ) Este movimiento glorioso, desconcertó los planes 
militares de Goyeneche, nuevamente enviado al Alto 
Perú. Juan Bautista Oquendo (Rivorola), sacerdote 
elocuente, hizo papel importante en esta revolución: la 
Junta de Buenos Aires le dio el dictado de «Beneméri- 
to eclesiástico, gran patriota y noble americano». 

El pueblo de Oruro, acaudillado por don Tomás 
Barrón, a los pocos días siguió el ejemplo de Cocha- 
bamba, con un pronunciamiento en que tomó parte e. 
mismo Cabildo; atacado el Contador José María Sánchez 
Chávez, opuso con la guarnición tenaz resistencia, y 
luego fugó hacia el Perú; y tomado en el camino por los 
indios, fué remitido a Cochabamba, de donde logró 
nuevamente fugarse. 

Victoria de Aroma.— Don Esteban Arze y don 
Melchor VillaGuzmán (Quitrín), organizaron entretanto 
en Cochabamba, un pequeño ejército y de orden de la 
Junta de Guerra pronto ocuparon Oruro, (octubre 22) 
cuyos patriotas habitantes reforzaron sus tilas. El 
número de combatientes ascendió a 1,500 hombres; que 
abrieron la campaña contra el enemigo armados la 
mayor parte de lanzas, palos y macanas. Ramírez, 
sabedor de estos sucesos, había destacado de La Paz una 
división de 800 hombres al mando de Piérola; los dos 
enemigos se avistaron en los campos de Aroma donde 
se empeñó la batalla. Arze, en el ardor del combate 
animaba a sus tropas indisciplinadas, con estas pala- 



(28) El eminente aut)r de la cHistoria General del Alto 
Perú, hoy Bolivia», señor Luis Paz, (siguiendoa Monseñor Tabor- 
ga), erróneamente afirma, que el Gobernador realista destituido, 
fué D. Sebastián de Irigoyen, y que J. González Prada nunca 
llegó a ejercer el cargo. 



— 85 — • 

bras: «Valerosos c/H.habambiri os! A vuestras macanos 

tiembla el enemigo!* Proclama «que recuerda (en 

expresión del ilustre historiador Mitre) uno de los 
hechos más gloriosos de la Historia americana, y que 
puede figurar al lado de lo más notable que en su géne- 
ro cuenta la historia del mundo». La infantería inde- 
pendiente, como por la calidad de sus armas no podía 
combatir de la distancia con el enemigo, blanco de 
cuyas balas era, en el intervalo de cada descarga avan- 
zaba hacia él «echándose en el suelo» (alebrándose), 
hasta alcanzarlo y destrozarlo, como lo hizo, con admi- 
rable denuedo. ( 29 ) La victoria se decidió a favor de 
los patriotas, contribuyendo a ello el empuje de la 
caballería de Villa Guzmán (Quitón). (Noviembre 14). 

Esta primera victoria alcanzada en el Alto Perú 
sobre los realistas, aumentó el patriotismo de los ame- 
ricanos, que no dejaron de entrever realizado el finque 
anhelaban; la Independencia. Con motivo del movimien- 
to popular cochabambino, de tan felices consecuencias 
para el desarrollo de la guerra de emancipación conti- 
nental, justamente dijo la Gaceta de Buenos Aires: «El 
Alto Pera será libre, porque Cochaba taba quiere que lo sea*. 
( H0 ) Aún historiadores ivalistas, acérrimos apasionados 
de la causa española, como fueron García Camba y M. 
Torrente, han reconocido el importante influjo de la 
revolución de Coehabamba en el desarrollo favorable 
de la causa independiente, y han hecho justicia, así, a 
su actitud enér^iía y valerosa, como oportuna y tras- 
cendental. 



p) De aquí el dicho popular: «manachus huinciui chic tucuí 
tucucunchic*. 

P) En el 2.° del 22 de Noviembre. 



• - 86 — 

Piérola y Ramírez que se entrevistaron en Viacha, 
huyeron a orillas del Desaguadero. La Paz, cu jo 
Gobernador realista Domingo Tristán, se pronunció ya 
por la independencia, fué pronto ocupada por una divi- 
sión coehabambina al mando de Bartolomé Guzmán. 
Otra división libertadora se destacó sobre Chuquisaca. 

Campaña del primer ejército auxiliar argen- 
tino.— Victoria de Suipacha, Revolución de Poto- 
sí, Combates de Guaqui y Amiraya. — Al S. del Alto 
Perú, tenían íugar otros sucesos: los realistas Nietto y 
S&nz, desconcertados por el movimiento de Buenos 
Aires, habían pedido auxilio al Virrey del Perú, Abas- 
cal, quien con ánimo de extender los dominios de su 
jurisdicción, envió a Goyeneche con tropas disciplina- 
das declarando «que los americanos habían nacido para 
ser esclavos y para vegetar en tn oscuridad y el abati- 
miento» .... Entretanto, el ejército auxiliar enviado 
de Buenos Aires, a órdenes de Balearte, Díaz Vélez y 
Castelli representantes de la Junta, avanzó en número 
de 6,000 hombres, hasta la frontera del Alto Perú. Los 
realistas Nietto, Córdova y Basagoitia, con el intento 
de oponerle resistencia, se fortificaron en Cotagaita, 
de donde Castelli, que no pudo arribar a ningún aveni- 
miento, los atrajo con una maniobra feliz de su vanguar- 
dia, hacia las llanuras de Suipacha; en ese lugar, des- 
pués de una hora de reñido combate, obtuvieron comple- 
ta victoria los patriotas argentinos. (Noviembre 7 de 
1810). Nietto y Córdova cayeron prisioneros. 

A la noticia de la victoria de Suipacha, alcanzada 
por los patriotas, el pueblo de Potosí, que no era extra- 
ño al movimiento revolucionario que agitaba el espíri- 
tu de los buenos americanos, se pronunció por la liber- 
tad apresando al Gobernador Paula Sanz, el 10 de 



— 87 — 

noviembre (1810), dando el anhelado grito de Indepen- 
devcia. ( 31 ) Chuquisaca y La Paz hicieron lo propio. 

Castelli entró victorioso a Potosí, pueblo patriota 
que le llenó de ovaciones. Mandó fusilar a Nietto, 
Sanz y Córdova. que se negaron a someterse a las auto- 
ridades de la Junta de Gobierno de Buenos Aires; 
murieron como valientes (Diciembre 15). Castelli, esta 
vez, dejándose llevar de su carácter inflexible, se mos- 
tró cruel con el vencido. Pasó de PotoM a Chuquisaca, 
que le aprontó subsidios; luego a Oruroy La Paz, désete 
donde hizo proposiciones de un acuerdo amistoso a 
Abascal, que, como ya se ha dicho, mandó a Goyene- 
che, con un ejército fuerte de 6,000 hombres, a sojuz 
gar el Alto Perú. Se pacto un armisticio o tregua de 
40 días, (mayo 16 de 1811). 

Goyeneche que tenía su ejército acampado en la 
margen derecha del Desaguadero, antes dp que espire 
el plazo acordado, violando la fe del armisticio, y «apro 
vechando de la espesa niebla que le permitía ocultar los 
movimientos de su ejército>, invadió repentinamenteel 
campamento del ejército de Castelli (lugar llamado 
Huaqui) que sorprendido sufrió completa derrota, sien- 
do ya vano el auxilio tardío del patriota Francisco del 
Rivero, que acudió con la caballería cochabambina de 
su mando, oyendo la detonación de la artillería. Sus 
heroicos esfuerzos eran aislados e inútiles. Aún prote- 
gió el orden, guarneciendo La Paz desamparada y 



P 1 ) La revolución de Potosí, se efectuó bajo la iniciativa y 
dirección de los Patriotas Salvador Matos, Pedro Ascárate, Eus- 
taquio Eguivar, Alejo y Mariano Nogales, Joaquín de la Quin- 
tana, Manuel Molina, los hermanos Millares, etc. Pedro ('astas, 
francés, desempeñó rol importante en la situación, promoviendo 
el suceso patriótico. 

Se organizó una Junta del Gobierno local. 



-- 88 - 
• 

expuesta a las matanzas; y resolvió conducir sus fuer- 
zas diezmadas a Oochabamba. (Junio 20 de 1811). Se 
fraccionó el ejército independiente: Castelli .v Bal caree, 
se retiraron a Chuquisaca; Díaz Vélez a Potosí, de don- 
de pasó a reunirse con Rivero en Cochabamba. 

Goyeneche que por la victoria que últimamente 
obtuvo, mereció el título de «Conde de Huaqui*, avanzó 
ha ia Cochnbamba, en cuyas proximidades en Amirnya, 
(llanuras de Siposipe), logró también batir a los patrio- 
tas que le opusieron resistencia (agosto 15 de 1811), y 
ocupó la ciudad donde se condujo con una solapada 
clemencia, al extremo de comprometer la amistad y la 
dignidad del patriota Rivero.. Pero es falsoquese 

posesionara de Gobernador. Lo fué tan sólo por la 
Revolución. 

Revolución de Santa Cruz de la Sierra. —En 

el el Oriente del Alto Perú, esto es, en Santa Cruz, 
estalló la revolución por la libertad, el 24 de septiem- 
bre de 1811, bajo las inspiraciones de los patriotas Eus- 
taquio Moldes y Juan Manuel Lemoine, cooperando 
a ella las guarniciones de cordillera. Moldes y Lemoine 
arribaron a Santa Cruz por la vía de Cochabamba, sien- 
do portadores de los propósitos de emancipación ame- 
ricana por la que habíanse ya pronunciado Chuquisaca, 
La Paz, Cochabamba, Potosí y otros pueblos, revelando 
actitud incostrastable, heroica hasta el martirio. 

Constituyóse una J unta revolucionaria , siendo elegi- 
do presidente de ella, Antonio Suárez, y miembros 
Antonio V. Seoane, José Salvatierra y otros distingui- 
dos patriotas crúcenos. ( á2 ) 

El Comandante Becerra, realista, jefe de las guar- 
niciones ya mencionadas que se pronunciaron por la 



(32) Puede consultarse la «Historia de la Independencia de 
Santa Cruz de la Sierra», por J. Mariano Duran Canelas, 1888. 



— 89 — 

Independencia y q»ie sirvieron de base para organizar 
fuerzas patriotas, apresado en Pirití, fué remitido a 
Cochabamba, donde estaba de Comandante General de 
las milicias independientes el Coronel Francisco del 
Rivero,y embonándose con éste, volvióse a Santa Cruz, 
donde, después, infligió todo género de extorsiones a los 
patriotas, disuelta la Junta revolucionaria , recordando 
de la que se sabe que decía: «afilo 11. quién no te viera; 
año 12, quién no te gozara!» 

Más tarde, con ocasión de la segunda revolución 
de Cochabamba, dicha Junta se reinstaló y empeñóse a 
incrementar la defensa de la patria. ( 83 ) 

Sucesos de La Paz. Pumakahua. — El impulso 
dado a la revolución americana, no paró; la raza indí- 
gena tomó parte principal en los acontecimientos, los 
indios de Chayanta, Oruro y La Paz, se arrojaban sobre 
los realistas, causándoles grandes pérdidas. La ciudad 
de La Paz fué sitiada; los indios levantaron el asedio 
sólo cuando los batieron Pedro Sarmiento y José Santa 
Cruz, quienes sobre los 1,000 hombres que tenían, en 
breve fueron reforzados por Jerónirro Lombera, que 
acudió con 2,500 hombres y ocho cañones. (Agosto de 
1811). 

A este mismo tiempo, Abascal mandó del Perú a 
Pumakihua y el cacique Choquehuanca, que olvidando 
su origen americano, asolaron con sus huestes sangui- 
narias y feroces las indefensas provincias de La Paz. 

Goyeneche, desocupando la ciudad de Cochabamba, 
íué en persecución de Díaz Vélez, que se internó hacia 
las provincias argentinas, cubriéndole la retirada don 



(M) Un historiógrafo oriental, Plácido Molina M., afirma ha- 
ber ocurrido la insurrección crucefia el año 1810 

12 



— 90 — 

Martín Puyrredón, con 140 distinguidos jóveues thu 
quisaquefios. 



CAPITULO 3.° 



1811 a 1814 



Nueva revolución de Cochabamba.— José Manuel 
de Goyeneche, que había salido de Cochabamba en 
persecución de los diezmados restos del primer ejército 
libertador argentino, tuvo que retroceder de Potosí.por 
ocurrir un suceso, para él, inesperado. Innumerables 
patriotas organizados en el Valle de Cliza y acaudilla- 
dos por don Esteban Arze, ocuparon la ciudad de Cocha- 
bamba, que así se pronunció nuevamente. Los pueblos 
que aman su libertad no pueden vivir mucho tiempo 
bajo el yugo de la tiranía y languidecer a la sombra del 
despotismo. 

Fué destituido el Gobernador realista (Allende), 
reemplazándole el patriota ion Mariano Antezana, 
nombrado por el pueblo Gobernador Intendente, (/Ye- 
fecto) a la par que Presidente de la Junta de Gobierno, 
que se organizó con los más notables ciudadanos. (Oc- 
tubre 29 de 1811). Estos fueron: Don Casimiro Escu- 
dero, don Pedro Miguel Quiroga, don Juan Antonio Ar- 
riaga,don Toribio Cano (y don Mariano Antezana). 

El Coronel Esteban Arze, proclamado General en 
Jeíe de las fuerzas de Cochabamba, para hacer fructí- 
feros los resultados de la nueva revolución, expedicio- 



—91— 

rió sobre Oruro, cuyo Gobernador, el realista González 

Socasa, opuso fuerte resistencia con la guarnición de 

su mando. (Noviembre 16 de 1811). Arze, rechazado 

con pérdidas, se retiró a Cochabamba, y presto volvió 

por Ghayanta, logrando en el trayecto batir lastimosa- 

mfnte en Pintatacala (cerca a Huanuni) una pequeña 

división suya, a otra realista, (una compañía de los 

Granaderos del Cuzco), de la que apenas salvaron 

con vida dos tambores; el Coronel realista Astete 

fué prisionero en Agua de Castilla. Arze volvió a Tara- 

ta, mientras una partida cochabambina, que salió de 

Mizque era derrotada por la guarnición de Chuquisaca. 

Belgrano: Primera campaña del segundo 

EJÉRCITO AUXILIAR ARGENTINO; VICTORIAS DE TUCU- 

mán Y Salta. — La Junta de Gobierno de Buenos 
Aires, envió un nuevo ejército libertador, poniéndolo a 
las órdenes de don Manuel Belgrano, Díaz Vélez con el 
resto que le quedaba del primer ejército argentino, en 
su retirada al S., después de una hábil escaramuza en 
Tupizá, había conseguido obtener una pequeña victoria 
en Javiy sobre las fuerzas realistas; mas, fué desafortu- 
nado en el combate del río Suipacha, cuya creciente 
repentina e inesperada, dividió el esfuerzo unido délos 
patriotas, que, muchos de ellos, atravesaron un vado y 
fueron cargados por la corriente, decidiéndose la victo- 
ria por los enemigos. (Enero 12 de 1812). Díaz Vélez, 
sin desalentarse por ello, se internó a las provincias 
argentinas, protegido por los audaces guerrilleros, que 
no dejaban de hostilizar a las fuerzas del jefe español 
Fío Tristán, que de Potosí fué enviado por Goyeneche 
con 2,000 hombres para ir en su persecución. Unido a 
su compatriota Belgrano y puesto a la cabeza de la 
vanguardia del ejército argentino, Díaz Vélez batió en 
el Río de las Piedras a la de Pío Tristán, que avanzaba 
hacia el S. (Septiembre 8 de 1812). 



— 92 — 

El General Belgrano, a su vez, consiguió dos victo- 
rias sucesivas,sobre las fuerzas realistas del mismo Pío 
Tristán; el 24 de septiembre de 1812 en Tucumán, y el 
20 de febrero de 1813 en los alrededores de Salta, donde 
los vencidos se vieron obligados a prestar juramento de 
no levantar otra vez las armas contra los patriotas, 
juramento que bien luego quebrantaron. 

Actitud de Goyeneche. Combate del Quehui 
nal: saqueo de Cochabamba. — Sabedor el implacable 
Goyeneche de la nueva revolución de Cochabamba, 
determinó ocuparla nuevamente e imponerla condigno 
castigo. Puesto a la cabeza de 4,000 hombres, a quie- 
nes les proclamó diciéndoles: «sois dueños de vidas y 
haciendas de los insurgentes; marchemos a exterminar- 
los» ... ocupó Chuquisaca y se dirigió a Cochabam- 
ba, devastando en su tránsito, pacíficas poblaciones; los 
otros jefes españoles, que se encaminaban sobre la mis- 
ma ciudad, hicieron lo propio; se cuenta que Lombera 
incendió a Quirquiavi (después de batir las fuerzas 
patriotas de los caudillos Joaquín Araníbar y Mateo 
Centeno, el 23 de mayo de 1812), y Sacaca; y Agustín 
Huici a Pucará. 

Los patriotas cochabambinos, acaudillados por t>l 
incansable Arze, salieron a oponer resistencia a las 
tropas aguerridas del y£ célebre Conde de Huayui en el 
Quehuiñal, (alturas de Pocona); pero, desgraciadamente, 
sufrieron completa derrota (mayo). Goyeneche resuel- 
to a llevar a cabo sus propósitos de Potosí, desoyendo 
las amistosas manifestaciones de dos diputaciones 
cochabambinas, que se encargaron de expresarle La 
situación aflictiva de la ciudad, y pretextando una lige- 
ra resistencia que intentaron hacerle algunos vecinos 
de Cochabamba con el heroico patriota Melliso, en la 



— 93 — 

colina de San Sebastián, la ocupó violentamente (mayo 
27), entregándola al saqueo de su soldadesca sanguina- 
ria e insaciable, que durante tres o más días, cometió 
todo género de excesos. ( 34 ) Los mi litares Imaz, Berrio- 
zabal y Lombera, comisionados de un tribunal de gue- 
rra que se constituyó, enviaron al cadalso a distingui- 
dos patriotas, por partidas. El asesor Cañete, desem- 
peñó un rol sombrío en estas injustas y asesinas 
condenas. 

Don Mariano Antezana, nombrado Gobernador por 
mandato del pueblo en la segunda revolución, y refu- 
giado on el Convento de la Recoleta, fué capturado; y, 
llevado a la presencia de Goyeneche, que le intimó: 
«que abdicara públicamente sus errores» . ... y le salvaría 
la vida, contestó: «prefiero la muerte antes que ser trai- 
dor» ... Fué, en consecuencia, decapitado, después 
de fusilado, juntamente con los patriotas Gandarillas, 
Perrufino, Padilla, Zapata, Lozano, Ascuy, Lujan y 
otros, siendo colocadas sus cabezas sobre picotas. 

Se cuenta que Goyeneche, cuando lo llevaban al 
patíbulo al heroico Antezana, gritaba a todas voces 
desde un balcón, a los verdugos: «¡No le tiren enia cabe- 
za, que ¿a necesito para colocarla en una picota!» . . . . La 
ciudad fué así escarmentada, sufriendo sangrientas 
represalias. 

Imaz fué a Chayanta con 500 hombres. ( 35 ) Goye- 

(3*)' En el combate del cerro de San Setastián, fueron sacrifi- 
cadas en masa, las heroicas mujeres del pueblo, por el. invasor, 
junto con los escasos combatientes que osaron afrontársele. Es 
sabido que con motivo de esta inmolación gloriosa de la mujer 
cochabambina, el General Belgrano dispuso que, en la hora de la 
lista, preguntara un otioial: «¿Están las mujeres de Cochabam- 
ba?> Respondiéndosele:— «Han muerto, gracias a Dios, todas en 
el campo de honor».— (V tase las obras del Dean Funes, Antonio 
Zirihy, Aimé Martín y otrosí Dícese ser 30) las víctimas. 

p) Elautor ha publicado un trabajo sobre este pertinaz 
realista: se registra ei los € Folletines* de *El Heraldo».— 1904. 



— 94 — 

neche, dejando a Lombera con 2,000 hombres de guarni- 
ción, saMó también de la ciudad con dirección a Potosí, 
desde donde sabiendo la aproximación del ejército 
argentino, huyó hacia el N. no obstante de tener 4,000 
hombres bien armados y disciplinados, y pidió su remi- 
sión al Virrey Abascal. 

Campaña del segundo ejército auxiliar argen- 
tino en el Alto Perú; Combates de Vilcapugio y 
Ayüma. — El General Joaquín Pezuela fué enviado por 
el Virrey Abascal en calidad de Jefe del ejército rea lis- 
ta del Alto Perú, en reemplazo de Goyeneche. Belgra- 
nos después de las victorias de Tucumán y Salta, ocupó 
las ciudades de Potosí y Chuquisaca, siendo mere- 
cedor de honrosas manifestaciones de los patriotas, y 
recibiendo valiosos contingentes de guerra, avanzó 
hacia el centro del territorio alto-peruano en busca del 
enemigo; esperando en vano el refuerzo de la división 
cochabambina deZeíaya, se vio obligado a presentar 
batalla en las llanuras de Vilcapugio; organizó su ejér- 
cito tras el humo de las chozas y pajonales que hizo 
quemar, poniéndolo en actitud de combate. Empeñóse 
la lucha y el enemigo era ya derrotado, cuando apare- 
ció, por la retaguardia de los patriotas, la caballería de 
Siturnino Castro, que hizo retroceder repentinamente a 
los que ya eran vencedores, privándoles de la victoria. 
(Octubre 1.° de 1813). Pezuela, que al principiar la 
batalla había huido hasta Condo, recién allí supo, con 
gran sorpresa, la victoria obtenida por su ejército. 

Los patriotas se dispersaron a distintos puntos y 
pudieron reorganizarse en Macha, donde recibieron de 
Vallegrande, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí, con- 
tingentes de armas y soldados. Belgrano, teniendo ya 
4,000 hombres, con más la división cochabambina del 



j 



— 95 — 

bravo Zelaya, que recién se le incorporó, esperó al 
enemigo eñ las alturas de Ayuma, donde la suerte le fué 
también adversa, sin embargo de los prodigios de valor 
que hicieron los patriotas, de los cuales murieron 400, 
siendo heridos y prisioneros 800. (Noviembre 14 de 
1813). Los realistas persiguieron a Belgrano y Díaz 
Vélez, los que se internaron a las provincias argenti- 
nas, conduciendo sus tropas diezmadas. 

Se dice que Belgrano, en su retirada, había minado 
la Casa de Moneda de Potosí; un oficial cochabambino 
(Anglada), preservó a la ciudad, cortando oportunamen- 
te la guía de la mina, de las grandes pérdidas a que 
estaba expuesta. 

Victoria de la Florida.— Con la derrota de Ayu- 
ma, el Alto Perú quedó dominado por los realistas, que 
principiaron por satisfacer sus venganzas. Quinientas 
familias de Chuquisaca, solamente, emigraron a !a 
Argentina, por temor a las persecuciones. ( 3G ) Juan 
Antonio Alvarez de Arenales, ilustre patriota argenti- 
no, que condujo algunos dispersos de la jornada de 
Ayuma a Cochabamba, donde la gratitud del pueblo le 
nombró Gobernador en reemplazo del realista Coiburo; 
se retiró a Santa Cruz, donde en Vallegrande se hizo 
fuerte, consiguiendo organizar un ejército de 4,000 
hombres. Manuel Joaquín Blanco fué enviado contra 
él, por Pezuela,con 800 hombres y dos cañones. Arena- 
les,después de batirle en tres horas de reñido combate 
en San Pedrillo (febrero 14 de 1814). y de presentar una 
hábil escaramuza en la Angostura, (abril), uniéndose al 
patriota Wárnes, consiguió derrotar por ( < mpleto a la 
división del Coronel Blanco, en los caim os de La Flori- 
da. La división cochabambina (al mando de Diego de 



(») La cRe vista Nacional» de Buenos Aires, 1£C0. 



— m — 

La Riva), dio el triunfo, pues era en mayor número. 
El Gobierno bonaerense decretó honores para los 
patriotas. Un episodio de esta batalla fué: que Arena- 
les, llevado del entusiasmo y de su natural intrepidez, 
alejóse tanto del campo de acción, persiguiendo a unos 
jinetes enemigos, que éstos volvieron la grupa, notan- 
do que su perseguidor cayó en tierra, rodando su caba- 
llo por el ímpetu de la acometida o rapidez de la carre- 
ra, y lo dejaron por muerto; no tardó en ser recogido el 
vencedor de Blanco, a quien lo derribara en tierra en 
lo recio del combate, en la plaza de La Florida, hirién- 
dolo de muerte con su espada. (Mayo 25 de 1814). 

Blanco quedó muerto en el campo de batalla; este 
jefe realista, al abrir la campaña, cuando viera inex- 
pugnablemente fortificado el paso de la Angostura 
(abril de 1814) había arengado a sus huestes, diciéndo- 
les: € Valientes realistas: no se diga que sabéis retroceder 
ante ningún peligro; pasemos por encima de esos parapetos 
para castigar a esos insurgentes; que allí recogeréis un rico 
botín». Bueno fué el revés, que les dieron los patriotas 
en La Florida, simulando antes un combate en Abapó, 
hábilmente, por inspiración del guerrillero José Manuel 
Mercado, experto e infatigable caudillo crucefio. 

Arenales, después del triunfo retiró sus tropas a 
Vallegrande; Wárnes pasó a Santa Cruz, ciudad que 
desocupó de inmediato h! lugarteniente de Blanco, 
Udaeta, que no cesaba de imponer forzosas contribu- 
ciones y de perseguir a los patriotas, de uno de los que 
(llamado Cuestas) se cuenta que dijo a sus verdugos, que 
le vendaban los ojos en el patíbulo: «AY5; vo me venden, 
qut quiero ver las b'das que me matan por defender mi 
patria». 



— 97 



La victoria de La Florida, alentó a los patriotas, 
pero para ellos, desgraciadamente,comenzaba un perío- 
do de persecuciones y represalias bárbaras. 



CAPITULO 4.o 



1814 a 1815 



Fezuela y los guerrilleros.— Pezuela,que comen- 
zó la campaña con dos victorias sucesivas alcanzadas 
sobre los patriotas, movilizó su ejército hacia las pro- 
vincias argentinas, en la creencia de que el Alto Perú 
estaba completamente sometido; pero, hostigado por 
las famosas montoneras de gauchos, se vio precisado a 
no avanzar más allá de Cobos. 

Aprovechándose de esa actitud de Pezuela, un sin- 
número de caudillos, para seguir luchando por la causa 
de la independencia, que costaba ya la sangre de miles 
de patriotas abnegados, tomaron las armas, situándose 
en las breñas y en las montañas, e hicieron una guerra 
extraordinaria, atacando por todos los medios posibles 
las guarniciones realistas, que Pezuela dejó en distintos 
pueblos del Perú. Se alzaron de propia autoridad 
Lanza (José Miguel), en la región montañosa de Ayo- 
paya, (junio de 1814);el indio Ensebio Lira, en Inquisivi y 
Tapacarí; Manuel Ascencio Padilla en la Laguna; Ra- 
món Rojas, en Tari ja; José Vicente Camargo, en Cinti; 
José Ignacio Zarate y Miguel Betanzos, en Porco y Pu- 

13 



— 98 — 

na, (julio de 1814), y poco después el célebre curatucu- 
mano Ildefonso de las Muñecas, en Omasuyosy Lareca- 
ja; y otros más, que por laconstamia y valor en f»l su- 
frimiento y por sus hazañas heroicas, pronto la gratitud 
de sus compatriotas «los convirtió aún vivos en héroes 
de leyenda popular». 

Lástima fué que esos inolvidables caudillos no 
pudiesen unir sus esfuerzos para batir al enemigo 
común. Pezuela, al tener conocimiento de que a sus 
espaldas se enarboló de nuevo la bandera de la liber- 
tadle apresuró a volver de Salta; y, con el fin de opri- 
mirlas diversas guerrillas que se organizaron, envió 
algunas partidas de su ejército, las que no tardaron en 
ser derrotadas, por Rojas en Tarija, por Camargo en 
Cinti, habiendo este último pasado a ocupar el pueblo 
de San Pedro: y, por el infatigable Lanza, que desbara- 
tando la Columna del Coronel Ramírez, burlaba otras 
fuerzas que de Oruro salían contra él, y ocupó Chayanta. 

Sucesos del Cuzco: Pumakahua. ( 37 ) Sucesos 
de La Paz; Pinelo y Muñecas.— En el Perú ocurría 
por entonces que ese mismo Pumakahua, que en otra 
ocasión asoló con sus hordas vandálicas las provincias 
de Sicasica, Omasuyosy Carangas (La Paz), recordó su 
origen americano y encabezó en el Cuzco una notable 
revolución a favor de la causa de la Independencia y 
obtuvo pequeñas victorias sobre los realistas. 

Pinelo y Muñecas, actores en la insurrección del 
Cuzco, con la idea de propagar sentimientos de liber- 
tad, se dirigieron al Alto Perú; batieron la guarnición 
de Revuelta a orillas del Desaguadero, y pasaron a La 



(37) Puma (León), khahua (mira),— quiere decir: El que mira 
como un León . . . . > 



— 99 — 

Paz, ciudad que ocuparon derrotando al Gobernador 
Valde-Hoyos, con a.vuda de los patriotas del lugar. 
(Septiembre 21 de 1814). El Marqués de Valde-Hoyos, 
en previsión de una derrota, había mandado minar la 
Casa Pretorial; y, como en efecto, él resultó vencido y, 
aún más, reducido a prisión en dicho edificio; angustia- 
do y viendo el peligro que corría, reveló su siniestro 
plan a un hermano del cura Muñecas, el que movido de 
compasión, guiado por sus sentimientos humanitarios, 
oportunamente cortó la mecha, haciendo trasladar lue- 
go la materia inflamable al cuartel; donde el día 28 de 
septiembre (1814), hizo la casualidad que explosionara 
la pólvora de un modo imprevisto, sepultando bajo las 
ruinas del edificio al mismo Valde-Hoyos y a cuantos 
allí se encontraron. Alborotado el pueblo acudió a la 
plaza y grandemente impresionado, sin antes enterarse 
del suceso, al grito de «¡traición. •-.... . . mina de los 

realUtas!» señal de exterminio, procedió a una 

matanza cruel de ellos, entregándose al saqueo de las 
fortunas y mil excesos punibles, y, sólo al rumor que 
se hizo correr de la aproximación de las fuerzas de 
Ramírez, contuvo su sed de venganza. 

El General Ramírez, eiviado p3r Pezuela con 1,900 
hombres, avanzaba entretanto sobre La Paz. En Cha- 
caltaya (alturas de la ciudad), empeñóse el combate con 
los patriotas que ahí le esperaban; Pinelo, a pesar de 
los refuerzos que de Puno enviaron, sufrió derrota. 
(Noviembre 12). Fué, en consecuencia, severa la repre- 
sión que el cruel Ramírez impuso a la ciudad de La 
Paz. En seguida fué en persecución de Pumakahua, 
al que dio completa derrota a orillas del río Humachiri 
y lo hizo degollar después en Sicuani, (cercanía del 
Cuzco). 



— 100 — 



CAPITULO 5.° 



1815 a 1816 



Campaña del tercer ejército argentino.— Bue- 
nos Aires, que no desatendía la suerte de las provincias 
alto-peruanas, viéndose en una situación favorable .y 
desahogada, resolvió enviar un tercer ejército auxiliar, 
que lo puso bajo las órdenes del General JoséRondeau. 
Principió la campaña con el encuentro de la vanguardia 
argentina comandaba por Rodríguez y la realista 
comandada por Pedro Antonio Olañeta. en el punto del 
T^jar, siendo vencida la primera; Rodríguez fué hecho 
prisionero y pronto consiguió su libertad. Un nuevo 
encuentro tuvo lugar en el puesto del Marqués, entre 
la avanzada patriota del General Cruz y la enemiga de 
Antonio Vigil, que sufrió derrota. (Febrero 20de 1815). 
Por esta"pequefia victoria obtenida por los patriotas, 
Pezuela determinó hac*r retirada hacia el centro, orde- 
nando seguidamente la concentración desús fuerzas, de 
Potosí, Ohuquisaca, Cochabamba, a Oruro. 

Los audaces guerrilleros no interrumpieron sus 
valientes correrías en el curso de estos sucesos. 

Rondeau avanzó al territorio del Alto Perú y ocupó 
Potosí, de donde mandó de Gobernador de Chuquisaca 
al Coronel Rodríguez, el que desempeñó mal su misión, 
cometiendo desatinos y dictando medidas desacertadas, 
con lo que causó el desconsuelo público; Rondeau sabe- 



— 101 — 

dor de esto, lo llamó nuevamente al cuartel general. 
Fecundo en desaciertos, Rodríguez, contrariando los 
planes de Rondeau y s-H ser autorizado por él, fué a 
atacar el campamento de la vanguardia realista d<* 
Olañeta, en Venta y Media, siendo completamente 
derrotado. (Octubre lO de 1815). Esto decidió a 
Rondeau a hacer retirada sobre Cochabamba, apro- 
vechándose de una fuerte nevada, que causó nota- 
bles pérdidas en el campamento enemigo. Más perspi- 
caz Pezuela, movilizó también su ejército en su segui- 
miento, con presteza, no obstante de estar gravemente 
inutilizados los caminos; y, después de ligeras escara- 
muzas, ambos enemigos empeñaron combate en los 
llanos de Vilhoma; Rondeau sufrió un desastre comple- 
to, a pesar del esfuerzo de la caballería patriota del 
bravo Necochea. (Noviembre 29 de 1615). Quedaron 
en el campo de batalla 1,500 entre muertos y heridos, 
siendo más de 800 los prisioneros. 

Triunfo de Warnes. — Ignacio Warnes, casi al 
mismo tiempo que el ejército argentino sufría derrota 
en Vilhoma, obtenía espléndida victoria en Santa Bár- 
bara. (Noviembre il). Los que experimentaron el 
desastre fueron: Altolaguirre, que murió en la refriega 
y Udaeta, que huyó hasta Matto-Grosso. (Guzmán 
Quitan comandó el ala izquierda patriota). 

Resultados políticos.— El General Rondeau con- 
dujo los restos de su diezmado ejercito a la Argentina, 
entretanto que Pezuela ocupó Cochabamba, ciudad que 
no le opuso resistencia. (Noviembre 30 de 1815). Ola- 
ñeta fué enviado a Potosí y Ramírez a Chuquisaca, 
ciudad que se apresuró a desocupar Rodríguez, que 
enviado por segunda vez ahí, cometió varios des- 
aciertos. 



102 - 

Pezuela principió las represiones y castigos políti- 
cos, estableciendo tribunales marciales y de purificación: 
imponiendo injustas y desmedidas contribuciones; y, 
confiscando los bienes de los patriotas, cuyo crimen era 
su amor a la libertad. 

Las provincias alto-peruanas, sin doblegarse ante 
el infortunio de que eran víctimas, enviaron sus repre- 
sentantes al congreso de Tucumán, (1816), esperando el 
día anhelado de su redención política. ( 38 ) 



CAPITULO 69 



1816 a 1817 



Los guerrilleros 



Sumario. — Manuel Ascención Padi- 
lla.— Ignacio Wárnes.— José Miguel 
Lanza.— José Vicente Camargo.— 
Ildefonso Muñecas. —Juan Crisósto- 
m) Esquivel. — Independencia argen- 
tina; albo- pe ruanos en el Congreso de 
Tucumán. 



Manuel, Ascención Padilla. — Fracasando los 
esfuerzos del ejército argentino del General Rondeau, 



O* 8 ) Véase la monografía cLcs Diputados Altoperuanos en el 
Congreso Constituyente de Tucumán en 1816», por el autor de 



— 103 — 

en Vilhoma, los caudillos de las guerrillas de patriotas, 
levantaron alto el estandarte de la insurrección, vol- 
viendo a sus valientes correrías, causando el espanto y 
el terror de los realistas con sus increíbles hazañas; la 
guerra que hicieron fué extraordinaria. Padilla, el 
célebre guerrillero, de La Laguna, que desde 1814 
acaudillaba a sus valerosos montoneros, infundiendo 
pánico al enemigo, atacó la guarnición realista de 
Presto, (enero 14 de 1816) y la de Chuquisaca comanda- 
da por Santos de La Hera y Vélcorme. (Febrero 10 y 
11). El sanguinario Tacón organizó contra él una expe- 
dición y no pudiendo hallarle, se contentó con incen- 
diar indefensas poblaciones, victimando a nifios y 
ancianos. (Abril). 

La Hera salió también en persecución del infati- 
gable caudillo; mas. cuando se agotaron sus municio- 
nes, se vio obligado a enviar por ellas a su batallón 
«Verdes*, fuerte de 800 hombres, el que al pasar por la 
Villa de Tarabuco (Provincia de Tomina), de improviso 
fué acometido por las montoneras de los patriotas Ilde- 
fonso Carrillo, Pedro Callisaya y Miranda, tenientes de 
Padilla, que se arrojaron con tal ímpetu, que de los 800 
hombres de que constaba el batallón, apenas uno (el 
tambor de órdenes) pudo salvarse con vida para contar 
tal desventura, (marzo 16 de 1816). Este desastre ines- 



este Compendio). En ese Congreso sensiblemente predominaban 
las ideas de monarquía constitucional, (al influjo de Itelgrano, 
San Martín, Pueyrredón y otros grandes caudillos); y fué gloria 
exclusiva ¡cosa extraña! de un diputado sacerdote, Oro, represen- 
tante por San Juan, sostener con razones poderosas, en mucho 
apoyadas por T. Sánchez Bust amante y M. Anchorena, la idea 
republicana, que si no triunfó entonces, por lo menos morigeró 
los otros propósitos 



— 104 — 

perado para La Hera, le obligó a volv r er precipitada- 
mente a Chuquisaca, ciudad que pronto experimentó 
dos audaces acometidas por parte de Padilla, que en la 
segunda sufrió derrota y se retiró a La Laguna, con sus 
guarniciones de Chuquisaca y Vallegrande. Ambos 
enemigos se avistaron en el punto del Villar el 14 de 
septiembre de 1816; el combate fué sangriento, e> núme- 
ro de víctimas pasaba ya de 1,000 y la victoria se dis- 
putaba aún con encarnizamiento, cuando Aguilera echó 
a tierra a Padilla de un sablazo, lo que decidió la lucha 
obstinada, siendo la derrota de los patriotas; los prisio- 
neros fueron bárbaramente victimados, con excepción 
del sacerdote Polanco. 

La heroína Juana Azurduy esposa de Padilla, asis- 
tió al combate del Villar y luchó con valor incompara- 
ble resultando con dos heridas. Sin desalentarse por 
la derrota, se dirigió al Valle de Segura a la cabeza de 
sus bravos guerrilleros junto con Agustín Ravelo, 
Esteban Fernández y otros valerosos patriotas, a soste- 
ner la causa de la independencia. ( 39 ) 

Ignacio Wárnes. — El sanguinario realista Javier 
de Aguilera que logró vencer a Padilla, fué a Santa 



(*>) Puede consultarse sobre esta ilustre heroína de la Inde- 
pendencia una extensa biografía de ella en un libro €Bolivianas 
llustre8*,áe\ autor del presente trabajo, (Edit. Arrió Hnos. La Paz 
1919) Por ahora consignaremos ligeros datos.— Juana Azurduy de 
Padilla, heroína americana, que concurrió a 17 combates,habien- 
do arrebatado en el de Pintantora un estandarte albravo y bizarro 

Rosa. En Vylhoma comandó el batallón tLeales* En el 

Villar, en que murió su esposo, salió herida. Militó en Salta 
bajo las órdenes de Güemez y el Gobierno argentino le dio el 
título de €Teniente Coronel efectivo*. — (cLa Revista Nacional» de 
Buenos Aires. Tomo XXX, 1900).— Fué chuquisaqueña y murió 
pobre por la indolencia del Gobierno de su patria (1781-1782). 
Otras heroínas patriotas notables, que prosiguieron los esfuerzos 



— 105 — 

Cruz en busca de otro caudillo no menos temible: Igna- 
cio Wárnes; hábil y -audaz guerrillero, que a la aproxi- 
mación del enemigo, organizó con presteza sus escasas, 
pero aguerridas tropas, y le esperó en actitud de com- 
bate en las vegas del Parí, (pequeño torrente a inme- 
diaciones de Santa Cruz), y les proclamó diciéndoles: 

«¡Soldados! vencer o morir con gloria!* La lucha, 

que comenzó a medio día, fué obstinada y sangrienta 
como otra igual no se registra en los anales de la gue- 
rra en el Alto Perú, y terminó al declinar el sol, cayen- 
do Wárnes herido de muerte, (los realistas gritaron: 
«Wárnes ha muerto. . iViva el Rey !>), decidiéndose 

la victoria por Aguilera; que inmediatamente pasó a 
Santa Cruz, (ciudad donde con crueldad inaudita envió 
al cadalso a 900 patriotas, en menos de cuatro meses 
sin distinción de edad ni sexo. La cabeza de Wárnes 
fué puesta sobre una picota. (Noviembre 22 y 23 de 
1816). El ilustre Wárnes fué natural de Cochabamba; 
ignórase por qué causa emigró a la Argentina, de don- 
de volvió al Alto Perú en 1812, con el General Bel- 

grano. 

José Miguel, Lanza.— Uno de los más hábiles y 

audaces caudillos don José Miguel Lanza, llamado con 
tanta razón el *Pelayo boliviano*, burlaba siempre, desde 
1814, cuantas expediciones dirigían sobre él los realis- 
tas. Ramírez, que quedó en el Alto Perú en lugar de 
Pezuela, que por sus servicios prestados a la causa 



de los caudillos, o tomaron parte activa en la lucha por la liber- 
tad, fueron entre otras: Vicenta Eguino, Andrea Arias y Guiza, 
Juana y Lucía Ascuy, Manuela Campos de Lanza, Manuela Sa- 
gárnaga, Mercedes Tapia, Teresa Lemoine, Simona Mendoza, la 
Ginosaien, la Goizueta, Manuela Gandarillas, Josefa Montesinos, 
la Castelú, etc. 
14 



— 106 — 

española, fué llamado a Lima en calidad de Virrey, dio 
la orden de que diversas cruarniciones marchase sobre 
el inaccesible caudillo úv Ayopaya, bajo la dirección de 
Abeleira; pero, los infatigables guerrilleros de Larza 
rehuyeron todo encuentro, y en represalia los realistas 
incendiaron y saquearon los villorrios y aldeas de la 
comarca; hasta que el patriota don José Manuel Chin- 
chilla, teniente de Lanza, (héroe de Aroma y otras accio- 
nes), de improviso les acometió con tropas aguerridas 
en Charapaya, matándoles más de la mitad de los 700 
que eran. (Agosto 20 de 1816). Chinchilla (asesinado 
a poco), Benito Bnstamante, Eusebio Lira y otros, mili- 
taron con él, con brillo. 

¡Cuan arrojado su famoso batallón «Aguerridos»! 

José Vicente C amargo.— Fué también un notable 
patriota que sostuvo con brío la bandera de la insurrec- 
ción, haciéndose fuerte en Cinti desde 1814, hostilizan- 
do grandemente a las fuerzas realistas; uno de ellos 
(Narró), que marchó contra él, fué batido y muerto. 
Derrotó igualmente en el combate de San Juan dos 
batallones realistas (enero de 1816), hasta que traicio- 
nado, fué degollado en el combate de Gulpina^or Cen- 
teno, muriendo al mismo tiempo más de 800desusguf- 
rrilleros. Su cabeza fué enviada a Pezusla, juntamen- 
te con la del patriota Villarrubia, con el mensaje de 
que: «aquello era un milagro de la Virgen del Carmen» . . 

El patriota. Ramón Rojas, caudillo de Tarija, corrió 
igual suerte; vencido por 01afieta,que ocupó Tarija), fué 
muerto (abril 5), pasando a reemplazarle su sobrino 
Manuel Rojas y el activo e indómito Eustaquio M¿">d?z % 
que perdiendo la mano derecha en tempran-i edad, 
blandió con la izquierda la lanza y el sable, sin xpearse 



- 107 — 



de su brioso corcel, hasta que no vio libres sus pagos 
de la dominación española». ( 40 ) 

Ildefonso Muñecas y Juan Crisóstomo Es- 
quive^.- El célebre cura tucumano Ildefonso Mu- 
ñecas, que vino con el patriota Pinelo, ocurrido 
el desastre de Chacalta.va, se retiró a Larecaja, 
donde con el patriota Juan Crisóstomo Esquivel, se 
hicieron fuertes, desbaratando los planes del realista 
Paula González. Muñecas sorprendido por el activo 
Coronel Abeleira, al N. del Illampu, fué conducido en 
prisión,* mientras que sus compañeros eran fusila- 
dos por el enemigo, entre ellos Esquivel. (Febrero de 
1,816). Al ser conducido al Perú, por orden del Vi- 
rrey Pezuela, el inolvidable cura Muñecas fué asesina- 
do, por el capitán limeño Pastor Solar, a orillas del De- 
saguadero. 

A la par que estos corifeos de la libertad alto-pe- 
ruana, sufrían reveses de la suerte o pagaban con su 
vida, otros caudillos agredían por todos los medios po- 
sibles a los realistas: Cardoso, cabecilla notable por 
su extraordinario valor, fué sorprendido en el Partido 
de Cinti, por las fuerzas de Medinaceli y García Cam- 
ba, (1,816). Pedro Arraya fué batido por Ricafort en 
la sorpresa deTupiza, cayendo prisionero con heridas 
mortales, (1,817). El infatigable Vélez, patriota vale- 
roso, que combatía con arrojo con el enemigo, sin dar 
otra proclama a sus guerrilleros que la de ¡Guerra al 
espnfkol.. .viva la patria!», sufrió también derrota en 
Mojocaya (1817). 



(*o) Rs vista Nacional» de Buenos Aires. Tomo XXX 
1900. 



— 108 — 

Casi todos los grandes guerrilleros tuvieren fin 
desgraciado, y en esa guerra heroica que sostuvieron 
contra un enemigo poderoso, surgieron y se hicieron 
notables, por sus hazañas increíbles, otros humildes 
caudillos, cuyos nombres escapan desgraciadamente a 
las investigaciones de la Historia. «Figuran en ella, 
dice el General Bartolomé Mitre, 102 caudillos más o 
menos oscuros, de los cuales sólo nueve sobrevivieron 
a la lucha (de los quince años), pereciendo los 93 res- 
tantes en los patíbulos, o en los campos de batalla, sin 
que uno solo capitulara». (*) 

Rícafort realista sanguinario, el año 1816 (en no- 
viembre y diciembre), por orden de Pezuela, se encar- 
gó de reprimir la ciudad de La Paz, comenzando su 
bárbara misión haciendo fusilar por la espalda a 21 
patriotas, como a traidores. Con sus actos de cruel- 
dad y barbarie, sumió la ciudad en duelo, cumpliendo 



(*) Sacrificios heroicos caracterizan la larga lucha por la 
Independencia. La Historia recuerda apenas algunos de ellos; 
pero hay muchos que sólo conserva la tradición, aunque confusa- 
mente. El despotismo colonial, hizo que se amara la libertad 
hasta el fanatismo, por patriotas exaltados.— cKecafrZe, dice el 
señor Octavio Moscoso, caudillo intrépido y audaz, dio con este 
hecho una prueba de su atrevido valor: cierta vez, supo que una 
partida de las tropas del Rey recorría los altos de Esmoraca y 
que acampó en las cercanías de dicho pueblo. En medio de la 
oscuridad de la noche, se puso en marcha desde ocho leguas de 
distancia sobre el campo enemigo, que había retirado sus centi- 
nelas y apagado sus fogatas, precisamente temiendo una invasión 
de Recalde. Se introduce éste en medio de la tropa de españo- 
les; reconoce por la barba y el capote a Ruíz, jefe de éstas y leda 
de puñaladas. A los gritos de la víctima, despiertan los soldados 
y acometen a Recalde, quien después de herir a algunos, se clava 
el puñal en el corazón. (Apuntes biográficos de los proceres y de 
los mártires de la Guerra de la Independencia del Alto Perú), 



— 109 — 

así lo que dijo: «Ao he de dejar en La Paz más tesoros 
que lágrimas* . . . 

El Conoreso de Tucumdn a este mismo tiempo de- 
claraba la Independencia de las provincias argentinas. 
(Julio 9 de 1816). Concurrieron a esa célebre asam- 
blea, alto-peruanos notables: José Mariano Serrano y 
Mariano Sánchez Loria, como diputados por Chuqui- 
saca; Pedro Ignacio de Rivera y Pedro Carrasco, di- 
putados por Mizque y Cochabamba; Severo Malavia, 
por Charcas; Pacheco de Meló, (sacerdote), por Chi- 
chas) .... 



CAPITULO 7.o 



1817 a 1820 



La Serna.- El General Pezuela, llamado de Vi- 
rrey en lugar de Abascal, fué sustituido en el coman- 
do del ejército español del Alto Perú, por el General 
Ramírez, el que a su vez era reemplazado a los seis 
meses por José de La Serna; con el que vinieren de 
España jefes y oficiales de indisputable mérito, como 
Valdez, Villalobos y Carratalá. a peí retí ar la domina- 
ción española en las colonias y rechazar lrs pretcnsio- 
nes de Napoleón Rcnaparte, que u.n.bién quciía ho- 
juzgar la América. 



-110- 

La Serna visitó los pueblos del Alto Perú, que es- 
taban desolados, con una gueria devastadora y sin 
cuartel, que hacía ya siete años que venían sobrelle- 
vando sus valerosos habitantes; lo que le impresionó 
vivamente, pues, poseía en alto grado sentimientos hu- 
manitarios, guiados por los que vanamente trató de re- 
parar, desplegando una política liberal, los grandes 
m iles ocasionados: fué ya tarde. Abandonando las 
provincias alto-peruanas, siguió su marcha al S. hasta 
Snlta; pero hostigado por las infatigables y fogosas 
montoneras de g indios, se vio precisado a hacer la re- 
tirada, frustrados que fueron sus planes, perdiendo en 
ruda campaña 4,000 de sus soldados. 

Aprovechándose de la ausencia de La Serna, se le- 
vantaron nuevamente los célebres guerrilleros Lanza 
y Mercado; Ravelo y Fernández, que batieron a Mauri 
y La Hera (marzo de 1817); y Pedro Arraya. Los mis- 
mos indios, armados tan sólo de palos y macanas, aque- 
jaban incesantemente por medios extraordinarios, las 
guarniciones realistas. 

La Serna, para quien la guerra no era ya razona- 
ba resolvió, poco tiempo después (1819), retirarse del Al- * 
to Perú y obtuvo su dimisión del Rey, entregando el 
mando del ejército al General Canterac, mientras vi- 
niese Ramírez, que era el encargado de reemplazarle. 

La Madrid: Campaña del cuarto ejército auxiliar 
argentino. — El Gobierno argentino, esto es, el Congre- 
so de Tucumán, envió en auxilio de las provincias del 
Alto Perú un cuarto ejército, compuesto de 400 solda- 
dos, escogidos con dos cañones de montaña, a las órde- 
nes de don Gregorio Aráoz do la Madrid, que después 
de felices escaramuzas y combates parciales, como el 



— 111 — 

• 

de Tolomosa, donde una partida suya al mando del pa- 
triota Juan José García, batió aun escuadrón del osan- 
do del capitán Andrés Santa Cruz, quien fué hecho pri- 
sionero, (mayo 4 de 1817), se presentó frente a Tarija, 
ciudad que estaba guarnecida por el realista Coronel 
Mateo Ramírez. Reforzado La Madrid con 1000 jine- 
tes, por los guerrilleros Uriondo,Avilés y Méndez, por 
conducto del prisionero Santa Cruz, intimó rendición 
al jefe español, que ante la amenaza y el grave peligro 
que corría, se rindió y La Madrid ocupó la ciudad (ma- 
yo 7). Después se dirigió a Chuquisaca.logrando apre- 
sar en el trayecto (en el lugar llamado Tatacoa), con 
engaños y sin dar un solo tiro, un hermoso escuadrón 
enemigo, perteneciente al comandante español López, 
(mayo 20 de 1817). Cerca ya a la ciudad de Chuquisa- 
ca. pasó la noche y la mañana del 21 de mayo (1817), 
la puso en sobresalto con dos cañonazos inoportuna- 
mente disparados, la atacó; y rechazado por la guarni- 
ción realista, que se atrincheró, tuvo que hacer retira- 
da con notables pérdidas, tomando ruta a las provin- 
cias argentinas; pero aun experimentó un desastre en 
Sopachuy (Provincia de Tomina), lugar donde repenti- 
namente fué acometido por la división española del 
Brigadier 0'R?Hi,que fué destaevd > en su persecución. 
El denuedo de Baldomero Espartero, distinguido jefe 
español, que más tarde ha desempeñado un papel im- 
portante en su patria, contribuyó a dar la victoria al 
enemigo. Quedaron en poder del vencedor cañones, 
parque y equipajes. (Junio 24 de 1817). 

La Madrid, conduciendo su diezmado ejército, si- 
guió su marcha de internación a la Argentina, después 
de 1 aber hecho en el Alto Perú una desastrosa cam- 
paña. 



— 112 — 

Encuentros parciales.— Con el desastre de Vi lo- 
ma, concluyeron las grandes batallas en el Altó Perú. 
Entonces se levantaron nuevamente los patriotas con- 
tra sus opresores y sin darles tregua ni cuartel, conti- 
nuaron con esa guerra extraordinaria de las guerrillas. 
Lanza, el incansable caudillo, derrotado en las cerca- 
nías de Tapacarí (1818), batió sucesivamente en lnipi- 
va y Corip'tta, a los realistas Coroneles Peredo y Ra- 
mírez (1818). Mercado se hizo fuerte en Santa Cruz. 

Los patriotas Peralta y Pastor, fueron vencidos 
por Olafieta: las derrotas parciales de los ya diezma- 
dos caudillos, siguieron en los años 1818 y 1819, sin 
que por eso dejasen de luchar con nuevo ardor e indo- 
mable coraje, hasta ver realizado el fin que, al través 
de cruentóse indecibles sacrificios, se proponían alcan- 
zar: el Alto Perú debía ser libre . . . 



CAPITULO 8.° 



1820 a 1824 



Sucesos de fuera del, Alto Perú.— General 
San Martín. —El rey cautivo Fernando VII, había sido 
ya restablecido al trono de España, y se preparaba con 
nuevos elementos de guerra, a combatir la obra comen- 
zada de la Independencia de las colonias de América. 
Bolívar se cubría de gloria, alcanzando (en la América 
Meridional) innumerables y notables victorias sobre el 



— 113 — 

ejército español. El General argentino San Martín, 
que contribuyó grandemente a la Independencia de 
Chile, (septiembre 18 de 1818) ganando las victorias de 
Chacabuco y Maipú. pasó al Perú, cuya independencia 
declaró en Lima el 28 de julio de 1821. Estehecho de- 
terminó a muchos, que servían en las filas de los realis- 
tas, a abrazar la causa que proclamaba la América 
toda. 

Actitud del Alto Perú. — Casimiro Hoyos. — El 
Alto Perú, que por un breve intervalo, vio alejarse de 
su suelo a algunos temibles jefes realistas, que se diri- 
gieron al Perú, presentó una actitud ardorosa por eman- 
ciparse de la dominación española. El caudillo Lanza, 
que fué por fin hecho prisionero por dos veces, logran- 
do, sin embargo, libertarse en ambas (1821), siguió con 
mayor denuedo que nunca sus valientes correrías, su- 
blevando las provincias de La Paz y de Cochabamba. 
El General Pedro Qlañeta, que pasó a desempeñar el 
cargo de Ramírez, activó la" persecución de!Jlos patrio- 
tas, y comisionó a Gerónimo Valdez el exterminar las 
guerrillas de Lanza. Valdez, no pudiendo capturar 
al invencible caudillo de Ayopaya, exclatnó: «¡esta gue- 
rra es eterna!*. El experto guerrillero retemplaba el 
ánimo de los patriotas alto-peruanos, impulsándoles al 
sacrificio por la libertad. Los realistas, para ponerse 
a resguardo de sus temibles excursiones, se vieron 
obligados a construir en los caminos de La Paz a Oru- 
ro y Cochabamba. fortines y reductos, cuyas ruinas se 
ven todavía . . . 

El infatigable Coronel Mercado, no daba tregua a 
los realistas en Santa Cruz. 

El Coronel Casimiro Hoyos, el I o . de enero de 
1822, mientras la ausencia del Gobernador Jáuregui, 
15 



— 114 — 

sublevó la guarnición de Potosí, dorroc ó las autorida- 
des y proclamó la Indppondoncia del Alto Perú. Ba 
tido en Sin Roque p3r Rafael Maroto,que marchó sobre 
él con la guarnición de Chuquisaca, fué fusilado, por 
orden del General Olafieta, con más 23 de sus compa 
ñeros, contándose entre ellos el distinguido caudillo 
Dn. Manuel Camargo. La venganza de los realistas 
no paró en esto: muchos patriotas fueron desterrados o 
condenados a trabajos forzosos (Julio). 

Expedición del General Santa Cruz. — El Ge- 
neral San Martín dejó el gobierno del Perú, indepen- 
diente ya, a una Junta compuesta de García del Río, 
Bernardo Monteagudo y Unanue, a los que pasó a 
reemplazarles el General José de Riva Agüero, y en- 
vió al Alto Perú 4,000 hombres a las órdenes de Dn. 
Andrés Santa Cruz, el que delegó el comando de la mi- 
tad de la división libertadora a Agustín Gamaria: am- 
bos dos, Santa Cruz y Gamarra, abrazaron ya la causa 
de la Independencia. Esta era la primera vez que ve- 
nía del Perú una expedición libertadora. 

El Virrey La Se^na, envió también tras la expedi- 
ción de Santa Cruz un ejército a las órdenes del Ge- 
neral Gerónimo Valdez. El 13 de agosto de 1823, el 
General Santa Cruz ocupó la ciudad de La Paz, y el 2o 
se vio precisado a librar combate con el enemigo en 
Zepita, replegándose después a Oruro, donde estaba ya 
su segundo el General Agustín Gamarra, con la divi- 
sión de su mando. Santa Cruz fué merecedor deja 
adhesión de innumerables patriotas, con los que en- 
grosó sus filas, especialmente con el refuerzo qué de 
Cochabamba le llevó el guerrillero Lanza; entretanto, 
los realistas La Serna y Olafieta, lograron reunir sus 



— 115 — 

tropas (14 de septiembre); a esta noticia Santa Cruz, 
sin embargo de contar con cerca de 7,000 hombres, 
abandonando el territorio alto-peruano, hizo una fu- 
nesta y precipitada retirada de 150 leguas hasta Lima. 
Este hecho punible y vergonzoso del hombre que más 
tarde debía ser Gran Mariscal, Presidente de Boliviay 
«Protector de la Confederación> . . . causó el descon- 
tento de los patriotas, señaladamente de los alto-pe- 
ruanos. 

Combate de Falsuri.— El caudillo Lanza, ascen- 
dido ya a General, por la gratitud de sus compatrio- 
tas, despechado por la conducta pusilánime del Gene- 
ral Andrés Santa Cruz, separándose de él en Viacha, 
condujo sus indomables guerrilleros (cerca de mil), a 
Cochabamba. Olañeta salió en sd persecución: los dos 
enemigos se avistaron en los llanos de Falsuri el 16 de 
agosto de 1823. La lucha fué sangrienta y obstinada: 
Olañeta resultó victorioso; Lanza se replegó a Ayo- 
paya. 



CAPITULO 9 



1824-1825 



Conflicto entre los jefes peninsulares. — 
España estaba dividida en dos grande partidos políti- 
cos: el absolutista y el liberal. El rey Fernando VII, 
libre ya de su cautiverio, asumió el régimen absolutis- 



— 116 — 

ta monárquico, condenando la liberal Constitución del 
año 12, proclamada por Riego (enero de 1820) y pro- 
mulgada en el Perú por el Virrey La Serna. Los je- 
fes realistas en América consultando intereses propios, 
se plegaron a uno y otro bando: de ahí provino el de- 
sacuerdo entre ellos. 

El General Pedro Olañeta, mejor enterado de los 
suceso* de la Península, enarboló la bandera del abso- 
lutismo, desconociendo la autoridad del Virrey La Ser- 
na, el que anoticiado de esa actitud inesperada, envió 
del Perú sobre él al General Valdez. En la entrevista 
de Tarapaya, Valdez pudo arribar a un acuerdo amis 
toso con Olañeta, (marzo 9 de 1824). Esta transacción 
sólo revelaba una simple táctica de la política de La 
Serna, que grandemente preocupado por la tan grave 
discensión iniciada en momentos supremos para la cau- 
sa española, determinó combatir a Olañeta; el General 
Valdez, en consecuencia, asumió una actitud enérgica 
y se puso en pie de campaña con 18,000 hombres, sobre 
el Genera! disensionista, que acabó por negarse a toda 
obediencia, quedando así rotas las hostilidades. Des" 
pues de repetidos encuentros y escaiamuzas entre las 
fuerzas de los realistas, en que de ambas partes se ha- 
cían prisioneros, causándose mutuas pérdidas, a las 
que también contribuían los patriotas para hacer roas 
honda esa enemistad; Valdez, más preocupado de los 
acontecimientos que se desarrollaban en el Perú, re- 
solvió poner término a esa guerra fratricida, dejando a 
Olañeta en el mando del Alto Perú, a condición de q" e 
envíe al Virrey La Serna dos mil hombres, para comba- 
tir al enemigo común. (Agosto de 1824). 

Victoria de Junín.— El Perú estaba anarquizado 
por las discensiones suscitadas por los que se disputa- 



— 117 — 

han su gobierno. Simón Bolívar fué llamado a poner 
término a esa anarquía, y trasmontando, con el ilustre 
General Antonio José de Sucre, las heladas cumbres de 
os Andes, a la cabeza del ejército libertador colombia- 
no, cumplió dignamente su misión en ese país. (Enero 
de 1824). El Virrey La Serna vióse estrechado frente 
a un disciplinado y victorioso ejército, que venía a au- 
xiliar los esfuerzos de los patriotas. 

Bol i var fué nombrado Dictador (del Perú), por el 
Congreso de Lima, y se puso en campaña sobre los rea- 
listas. Canterac le salió al encuentro y presentó bata- 
lla en los llanos de Janín, el 6 de Agosto de 1824. La 
lucha fué tenaz; en un principio cedió la caballería pa- 
triota al empuje violento de 1,200 ginetes enemigos; 
durante una hora se combatió con la lanza y el sable, y 
por fin los realistas sufrieron derrota. Canterac hizo 
una fuga precipitada, dejando en el campo de batalla 
más de 4,000 muertos y 80 prisioneros,hasta el río Apu- 
rimac, cuyo puente inutilizó,para ponerse a salvo de la 
persecución del ejército vencedor. 

Victoria de Ayacucho.— ( 41 ). Bolívar dejó el 
mando del ejército independiente al General Sucre, que 
siguió la campaña con 6,000 hombres. El Virrey La 
Serna desconcertado por el desastre que sufrieron las 
fuerzas realistas en Junín, llamó del Alto Perú al Ge- 
neral Gerónimo Valdez, el que le llevó valiosos contin- 
gentes de guerra. 



( 41 ) El origen histórico de esta palabra, es ¿ste. El monar- 
ca Inca-Rlpac, en represalia de los procos, que se insurrecciona- 
ron, colgando a sus victimasen el lugar que desde entonces se 
denominó Aya-huarkhuna,(€s\t\o de colgar muertos»),— hizo ahor- 
car gran número de rebeldes en el sitio que hoy se llama Jí/actt- 
c/w>, (crincón de muertos»).— Omiste. 



— US — 

El ejército realista a las órdenes de La Serna, en 
número de 9,000 combatientes, salió al encuentro de 
Sucre, tratando de cortarle la retirada. La batalla se 
comprometió en las llanuras de Ayacncho, el 9 de di- 
ciembre de 1824. Sucre dio una proclama ardorosa a 
su ejército: «/ De los esfuerzos de hoy, dijo, pende la 
suerte de la América del Sud* ... y contemplando las fa- 
langes enemigas, que descendían de las alturas del 
Condorcunea, añadió: *otro día de gloria va a coronar 
vuestra, admirable constancia*. El General Córdova, re- 
cibiendo las órdenes de atacar, dio un ejemplo admira- 
ble a su división: echó pié a tierra, mató su brioso ca- 
ballo y exclamó: ¡no hay retirada! Luego agitó el som- 
brero y prorrumpiendo estas palabras: Adelante; ar- 
mas a discreción; paso de vencedmesl . . . .embistió al ene- 
migo con ímpetu y coraje. Miller, con la caballería 
«Húsares de Junín» y La Mar, con la división peruana, 
hicieron lo propio. Después de una lucha sangrienta, 
en que se combatió al arma blanca, las tropas realistas 
sufrieron completa derrota. La Serna cayó herido y 
prisionero: quedaron en el campo 1,400 muertos del 
ejército realista, siendo 700 los heridos. Los patriotas 
tuvieron 350 muertos y 650 heridos. 

El ejército enemigo resultó prisionero, siendo 500 
los jefes y oficiales, y más de 3,000 los soldados. 

Esta gran victoria obtenida por el ejército inde* 
pendiente, fué de efectos decisivos para la libertad 
americana. Sucre, de corazón magnánimo, concedió 
sobre el mismo campo de batalla, una capitulación 
honrosa a los vencidos, otorgándoles facilidades para 
su embarque a España. 

Con ocasión de este memorable triunfo americano, 
el Libertador Bolívar escribió esta bella y conceptuó* 



— 119 — 

sa frase, en honor al héroe General Sucre: .... *él, es el 
redentor de los hijos del Sol: el que ha roto las cadenas con 
Que envolvió Pizarro el Imperio de los incas*. 

El vencedor en Ayacucho, mereció el iictado de 
Gran Mariscal, por decreto dictatorial de 27 de diciem- 
bre^ más del sobrenombre de Libertador del Perú. 

A la batalla de Ayacucho,de tanta significación pa- 
ra la Independencia definitiva de las colonias españo- 
las de Sud América, concurrieron ilustres e infatigables 
patriotas alto-peruanos, que «sellaron con su sangre la 
libertad de su patria» .... 

Olañeta. — Fin de la Guerra de los Quince Años.— 
Tumusla. — Después de la victoria de Ayacucho,el Gran 
Mariscal Sucre atravesó el Desaguadero y avanzó al 
territorio alto-peruano, con el objeto de completar la 
obra de la emancipación americana. 

En el Alto Perú quedaba aún el caudillo español 
Pedro Olañeta, el que pretextando que la capitulación 
de Ayacucho no le comprendía trató en vano de oponer 
inútil resistencia. Cochabamba, ti 14 de enero (de 
1825); La Paz, el 22 del propio mes acaudillada por Jo- 
sé Miguel Lanza; Santa Cruz, el 26 con el Coronel Mer- 
cado; Chuquisaca con el Coronel realista Francisco 
López,que sublevó su escuadrón «Dragones déla Fron- 
tera^ Vallegrande, con el batallón «Fernandinos», 
proclamaron el régimen de la libertad. 

El General Olañeta estaba reducido a la impoten- 
cia: el Coronel Carlos Medinaceli, jefe de su vanguar- 
dia, se le defeccionó y le salió al encuentro con 300 
chichefios, a orillas del río Tumusla. (Abril 2). Ola- 
ñeta herido de muerte, rodó de la colina desde donde 
animaba el último resto del ejército español en el Alto 



— 120 — 

Perú. Con su muerte desapareció para siempre el po- 
der colonial. y la guerra concluyó. 

La América era ya libre de la dominación españo- 
la; entonces cunóle al Alto Perú, ingresar a la vida re- 
publicana. 

La guerra por la Independencia fué larga, heroica, 
cruenta, desigual y desapiadada; sin intervalos, sin 
tregua ni cuartel: -desesperada. Comparada sólo con 
los grandes cataclismos, dejó en pos, ruinas y desola- 
ción. Pero, de enmedio de tanta ruina, nacía un nue- 
vo poder, a cuya benéfica égida se desarrollarían to- 
das las instituciones, sustentadas por el derecho y la 
justicia, mantenidas por la libertad política, proscrita 
hasta entonces. 

Al poder real, opresor y tiránico, al sistema del 
despotismo absoluto y esclavizador, reemplazaría, inau- 
gurando el dominio liberal de la democracia: el Gobier- 
no Republicano. 




CUARTA ÉPOCA 



La República 



PRIMER PEBIODO 



(De 1825 a 1841) 



CAPITULO 1 



O 



Establecimiento de la República 



Las últimas victorias de Junín y Ayacucho,obteni- 
das por los independientes, dieron fin al poder de Es- 
paña en sus colonias de Sud América, consolidando la 
autonomía de las nacientes Repúblicas. El Alto Pe 
después de una lucha sangrienta de quince años, que 
con cruentos sacrificios y esfuerzos propios, ( 42 ) sostuvo 



(**) Al afirmar esto no pretendemos de ninguna manera 
desconocer la noble colaboración de los ejércitos auxiliares argen- 
tinos 

16 



— 122 — 

con la Metrópoli, vio llegado el día anhelado de su li- 
bertad e Independencia, ya que sufrieron el último de- 
sastre los restos del ejército español en Tutnuslu. 

El Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de 
Sucre, cuando hubo penetrado al territorio alto-perua- 
no, a los dos días de su arribo a La Paz, expidió H me- 
morable decreto de nueve de febrero de 1825, por el 
que reconociendo el derecho que tenían las provincias 
alto-peruanas, de constituirse en Estado soberano, 
convocó un Congreso nacional, que delibere de la suer- 
te futura del país. El ilustre Sucre, grande como su 
glorioso destino, no podía obrar de esta manera sólo 
porque recibiera las nobles instancias que, con idénti 
cas miras, se encargó de hacerle el joven y elocuente 
tribuno alto-peruano don Casimiro Olañeta: muy al 
contrario, él sabía que esa era su misión. 

La Asamblea deliberante, que debía reunirse el 24 
de junio (1825) en Chuquisaca, y dio comienzo a sus la- 
bores el 10 de Julio, previas las solemnidades religio- 
sas, acogió con agrado la resolución del Congreso de 
Buenos Aires, que dejaba libres de constituirse a las 
provincias alto-peruanas (en mayo 9); y, apesar de ha- 
ber recibido un decreto del Libertador, que disponía 
que las determinaciones del Congreso alto-peruano se 
sometiesen a la sanción del de Lima, convocado para 
1826, el 6 de agosto de 1825, aniversario de la victoria 
de Junín, declaró la independencia del Alto Perú. erigién- 
dole en Estado soberano, bajo la forma de gobierno re- 
publicano unitario; debiendo llamarse en adelante la 
nueva nacionalidad República Bolívar, (por ley de 11 de 
Agosto) y su capital Sucre, nombre con el que ha que- 



— 123 — 

dado !a ciudad de Chuquisaca. ( 43 ) El acta de la In- 
dependencia, ampulosa, la redactó el mismo Presiden- 
te Serrano. 

Se decretó, a favor de los vencedores de Junín y 
Ayacucho, el premio de un millón de pesos. Bolívar 
fué nombrado primer Presidente. 

Se fijó los colores del pabellón patrio; punzó y ver- 
de; é-ite a los exbremos; y sobre el I o ., 5 óvalos de ra- 
mas de laurel y olivo, y al centro de cada óvalo una es- 
trella áurea. 

En cuanto al escudo nacional, tendría 4 cuarteles. 
Así: en el cuartel superior 5 estrellas;*en los dos cen- 
trales, más pequeños, una rama del árbol del pan y una 
alpaca; y en el inferior el cerro de Potosí; coronando 
el gorro frigio, todo. (Más tarde se modificó). 

Bolivia ingresó al rango de las naciones libres, 
contando en su seno con elementos deletéreos, que des- 
pués la han anarquizado no pocas veces. Su composi- 
ción social era como al presente es aún, un mosaico de 
razas, tan diversas y antagónicas en costumbres, idio* 
mas y aspiraciones. Esa falta de unidad de raza e in- 
tereses, una viciada atmósfera de organización políti- 
ca, el militarismo creado por la guerra y robustecido 
en ella, y otros factores que subsisten hoy mismo, no 
cesando de arrojarla en el camino estéril de continuas 



í 43 ) Por resolución del Congreso de 1831. 

España reconoció la Independencia de Bolivia sólo en 1847, 
mediante los tratados celebrados por el plenipotenciario bolivia- 
no, D. José María Linares y el Ministro español, D. Joaquín 
Francisco Pacheco. 



— 124 - 

luchas intestinas, estaban en pie de acción, cuando se 
constituía en Nación Soberana. (*) 

El nombre de Rolivia, empezado a usarse en octu- 
bre, dícese indicó el diputado potosino Manuel Martín 
(según tradición publicada por D. Luis P. Manzano). 



CAPITULO 2o. 



Gobierno de Bolívar.— 1825 



El Congreso Constituyente del año 1825, con la ele- 
vada mira de evitar cualesquiera conflictos a la nueva 
nacionalidad, nombró primer Presidente de Bolivia al 
Libertador Simón Bolívar, entonces de grande influjo 
en los destinos de la América, reconociéndole como a 
«Padre y Protector*. Bolívar, cuya vanidad se lisonjeó 
así, aceptó agradecido la Presidencia, a su arribo a La 
Paz;donde se le comunicó dicha resolución de la Asam 
blea, por los diputados comisionados, (Casimiro Olafie- 
ta, J. M. Mendizábal e Hilarión Fernández). Luego 
visitó varios pueblos de la República, siendo aclamado 
en su tránsito como su Libertador. 

En el corto tiempo que gobernó Bolívar, introdujo 
mejoras e iniciativas de importancia, aunque con mar- 
cada precipitación. Proveyó establecimientos parala 



(*) Para detalles, léase el notable y reciente libro c£a Crea- 
ción de Bolivia» por Sabino Pinilla. 



— 125 — 

instrucción; eximió del tributo personal a la raza indí- 
gena; ordenó la apertura de caminos; cimentó la admi- 
nistración y hacienda públicas y abrió las puertas del 
país a todas las naciones. Una «comisión permanen- 
te^ creada por la Asamblea (y presidida por Manuel 
M a . Urcullo, diputado por Charcas), le colaboró en sus 
trabajos. 

La legación argentina obtuvo, de Bolívar, la incor- 
poración de Tarija a su país; pero el pueblo tarijefio 
protestó, y envió sus diputados al Congreso de 1826, 
que evitó su anexión. 

El 1°. de enero de 1826, Bolívar salió de Chuquisa- 
ca,con dirección al Perú, desde donde mandó a Bolivia 
la Constitución que le fué pedida por la primera Asam- 
blea^ que después la aprobó el Congreso Constituyen- 
te de 1826. Ejerció el Gobierno de la República, de 
agosto 18 a diciembre 29 (1825). 



El Libertador Simón Bolívar nació en Caracas en 
1783 (julio 24) y murió en Santa Marta en 1830, a la 
edad de 47 años. (Diciembre 17). Es el gran patriota, 
el más ilu.stre de los héroes de la Independencia ame- 
ricana ... 



CAPITULO 3°. 



Gobierno de Sucre.- 1826-1828 



Bolívar para alejarse de la República, encomendó 
el Gobierno al Gran Mariscal de Ayacucho. (Diciem- 



— 12H — 

ore 29 de 1825). El Congreso Constituyente de 1826, 
nombró Presidente al General Sucre, (diciembre 9) que 
aceptó el cargo tan sólo por dos años, a pesar de que 
la Constitución dictada por Bolívar lo estatuía con ca- 
rácter «vitalicio*. Nadie era más digno que Sucre pa 
ra suceder al Libertador. 

Actos administrativos.-- Sucre, talento organi- 
zador, ayudado por el Congreso Constituyente, sentó 
las bases de la organización de Bolivia. Adoptó la ac- 
tual división política de Francia, dividiendo el territo- 
rio déla República en departamentos, provincias, can 
tones y vicecantones; (Supremo Decreto de enero 23 de 
1826); mejoró la instrucción. en cuyo beneficio quedó re- 
ducido el número de los conventos Se fundaron es- 
cuelas, cárceles y hospitales y fueron emancipados los 
esclavos. En las relaciones internacionales, desplegó 
especial celo y acendrado patriotismo, cuidando ce evi- 
tar los avances de las naciones vecinas sobre nuestro 
territorio: Con ánimo de anexar a Bolivia los territo- 
rios de Tacna y Arica, (anexión intentada ya por Bolí- 
var), celebró un tratado de limites con el Perú (diciem- 
bre 31 de 1826);que el General Andrés Santa Cruz, que 
regía los destinos de dicho país, como Presidente del 
Consejo de Ministros, se negó el aprobar, no obstante 
de ser boliviano, privando así a Bolivia la oportuna y 
vital adquisición (por 5.000.000 de pesos) importantes 
puertos en el Pacífico (hasta el cabo de Samal 

Motines de las tropas colombianas.— Las tro- 
pas colombianas existentes en la República, promovie- 
ron graves desórdenes, ufanas como estaban por sus 
recientes triunfos. El teniente Matute se defeccionó 
en Cochabamba, con el escuadrón «Granaderos dé Co- 
lombia* (noviembre 14 de 1826X, y, con celeridad asom- 



127 - 

V>rosa, se dirigió a la Argentina, donde en Salta fué fu- 
silado por Arenales, y sus «Granaderos* regresaron a 
Bolivia, con la aceptación del Presidente Sucre, quien 
ordenó el retiro de Bolivia de la división colombiana, 
en previsión de nuevos escándalos. 

En La Paz el batallón «Voltígeros*, antiguo Numan- 
cia de los realistas y otros cuerpos, se sublevaron, acau- 
dillados por el sargento José Guerra (Grados, diciem- 
bre 25 de 1827) y apresando a las autoridades, exigie- 
ron 50,000 pesos; (se les entregó 40,000 $ por el Prefec- 
to General Gregorio Fernández); los amotinados toma- 
ron después camino del Perú, vitoreando a ese país y 
al General Santa Cruz; pero perseguidos por el Gene- 
ral Urdininea y el bravo Coronel Brawn, expiaron su 
crimen, siendo acuchillados antes de llegar al final de 
su jornada (en San Pedro de Ocomisto). Sucre lison- 
jeó la vanidad de los que restablecieron el orden, di- 
ciéndoles: «Habéis vencido a los vencedores de Jos 
vencedores de 14 años. Este es un timbre de gran 
prestigio para el pabellón boliviano. Os deseo lauros 
en el camino del orden y la defensa de la ley> . «El 
soldado extraviado de ese camino, no es soldado, xin o asesi- 
no de la madre Patria, que lo alimenta para, su defensa* . . 

Motín del 18 de abril de 1828. — Obedeciendo 
a manejos ocultos de los enemigos de Bolívar y de su 
política, el argentino Cainzo y el músico mayor de la 
banda del batallón «Granaderos», amotinaron en Chu- 
quisaca la guarnición de la ciudad, dando muerte a 
Contreras, oficial de guardia. El General Sucre, que 
se dirigió al lugar del escandaloso motín, fué herido en 
el brazo derecho. (Abril 18 de 1828). Los facciosos, 
entre los que jugaron papel principal dos sargentos 
peruanos, azuzados de Gamarra, fueron batidos en el 



— 128 — 

combate de la Recoleta (abril 22), por el Coronel López, 
que acudió de Potosí con una pequeña tropa: sólo fué 
sensible la muerte del General José Migue) Lanzados- 
tenedor del orden legal e ilustre caudillo de la Inde- 
pendencia. Después, los amotinados se dirigieron a la 
Argentina, siendo lanceados en su huida 80 de ellos. 
El motín de abril inauguró el reinado de la anarquía. 
Sucre, ante la ingratitud de que había sido víctima, 
guardó actitud tranquila y pasiva. Casimiro Olañeta 
en un comicio popular ensalzó sus virtudes. El Presi- 
dente del Consejo de Ministros, don José María Pérez 
de Urdininea, asumió el mando supremo. (Mayo 9 a 
11 de agosto). (Hízose constar en El Cóndor ser chi- 
leno el sargento que hirió a Sucre). 

Invasión de Gamarua.— La vecina República del 
Perú, que se esforzó por deshacerse de la dominación 
extranjera de los colombianos, y que no cesaba de ha- 
cer propagandas contra la política del Libertador, a 
quien se le censuraba por sus tendencias monárquicas, 
observaba atentamente los sucesos de Bolivia^así fué, 
que el General peruano Agustín Gamarra a la cabeza 
de 6.000 hombres, invadió el territorio boliviano, para 
ponerse, dijo, «entre la víctima y los sacrificadores». 

El General José María Urdininea, puesto a la ca- 
beza del ejército boliviano, (compuesto de 1,500 plazas), 
trató en vano de rechazar al invasor, cuya conducta 
tenía prosélitos hasta en la misma nación: el Coronel 
Blanco fué el principal; y sólo merced al ajuste de Pi- 
quiza (julio 6 de 1828), pudieron las tropas peruanas y 
su jefe Gamarra, evacuar el territorio de la República; 
según este mismo convenio, se estipuló, que Sucre de- 
jaría el Gobierno de la República, y el retiro de las tro- 
pas colombianas a su patria. 



— 129 — 

Renuncia y despedida de Sucre. — Reunido el 
Congreso Constituyente (agosto 3 de 1828), Sucre pre- 
sentó su renuncia y el célebre «Mensaje», en el que pe- 
día a los bolivianos «que conserven, a todo trance, la In- 
dependencia de Bolivia; que prefiriesen todas las des- 
gracias y la muerte misma de sus hijos, antes que per- 
der la soberanía de la República, que proclamaron los 
pueblos y que obtuvieron en recompensa de sus gene- 
rosos sacrificios en la Revolución* ... .Y en otra parte, 
al concluir, decía: «Me despido de vosotros y de Boli- 
via, y no dudo que sea para siempre* ... En efecto, se 
despidió para siempre ese ilustre guerrero, que ha si- 
rio llamado con razón «el soldado filósofo». El Con- 
greso aceptó la renuncia, manifestando el reconoci- 
miento de la nación, por los eminentes servicios que 
prestara Sucre al país. 



Don Antonio José de • Sucre nació en Cumaná de 
Venezuela, en 1795 (febrero 3) y murió asesinado en las 
montañas de Berruecos en 1830 (junio 4). Su adminis- 
tración fué fecunda en iniciativas y medidas de buen 
gobierno,y ha sido una de las mejores que ha tenido la 
República. 

Sucre— es la personificación singular de las más 
grandes dotes de los estadistas y hombres virtuosos, a 
más de ser un incomparable General 



17 



— i:w — 



CAPITULO 4 



O 



Interinato de Velasco 



Gobierno de Blanco— 1828 



Interinato de Velasco.— Aceptada la renuncia 
de Sucre, el Congreso de 1828, proclamó Presidente de 
la República al General Andrés Santa Cruz y* Vice- 
presidente al General José Miguel de Velasco. (Agos- 
to). Como Santa Cruz se hallaba ausente en Chile, 
Velasco se encargó interinamente del gobierno, du- 
rante el cual, el Coronel Ramón Loa iza, instigado*, por 
Gam irra, deponiendo al Prefecto, declaró la autonomía 
del departamento de La Paz, denominándole Alto Pe- 
rú. Velasco, en vez de castigar al disensionista,trans¡- 
gió con él confiriéndole el grado de General de Briga- 
da. Casi al mismo tiempo el realista Francisco J. Agui- 
lera, que obtuvo auxilios del Brasil, invadió las provin- 
cias de Mojos y Chiquitos, invocando la causa españo- 
la; y batido (en Vallegrande, octubre 30), y capturado 
por el Coronel Anselmo Rivas, que marchó contra él, 
fué fusilado. (Noviembre). La cabeza del pertinaz 
monarquista fué expuesta en una picota en la plaza de 



— 131 — 

Vallegrande, donde a&os atrás hiciera lo propio con las 
de los guerrilleros patriotas. {**) 

Gobierno, prisión y muerte de Pedro Blan- 
co. — Reunida la Asamblea nacional en noviembre del 
mismo año 1828, nombró, (según se dice a causa de ser 
la mayoría de sus miembros adictos a la política perua- 
na), Presidente de la República al General Pedro Blan- 
co y Vice Presidente al General José Ramón Loaiza. 
(Diciembre 14). Blanco se posesionó del gobierno el 
26 de diciembre: exaltado repentinamente al puesto 
más eminente de la República, vióse pronto rodeado de 
intrigas y enemistades. Así fué que, a los seis días de 
estar en el poder, fué asaltado y reducido a prisión. 
(Diciembre 31). El Coronel Armaza, autor principal 
del suceso, se presentó a la Asamblea, cuyos miembros 
no acertaron, en su turbación, a señalarle un asiento; y 
sólo uno, don Manuel Aniceto Padilla, osó decirle: «A7 
soldado debe hnbl'ir desde la barra*! ( 4f> ) Armaza expli- 
có los motivos dei motín, pidiendo se nombre un nuevo 
Presidente. El Congreso se insinuó con él, (por órga- 
no de su Presidente Dr. Crispín Diez de Medina), para 
que «evite el desorden y violencia de cualquier linaje».... 
y nombró Presidente Provisorio al General José Mi- 
guel de Velasco. 



(**) Fué su mismo compadre M. Mójales quien lo delató a 
Aguilera, al que lo tenía asilado u oculto; por el incentivo de $ 
1.000, suma ofrecida por el Coronel Rivas, desempeñó el papel de 
Judas, el precio de su delación recibió del Tesoro de Santa Cruz. 



(**) Este eminente prócer,el primer republicano federalista 
del Alto Pera, y que turo antes brillante figuración en América 
y Europa, a poco fué extrañado de la República, en el decenio 
crucista. 



— 132 — 

Sin embargo, el desdichado Blanco, trasportado 
misteriosamente al Convento de la Recoleta (de Chu- 
quisaca), fué victimado en altas horas de la noche, en 
su prisión, «al son de un tumulto», ultimándole un tal 
Vera a estocadas (enero 1? de 1829). 

Al día siguiente (2 de enero) la Asamblea Conven- 
cional, que irónicamente fué llamada «Convulsionad, 
recibió aviso oficial del trágico fin de Blanco, y, nopu- 
diendo seguir con sus labores, se disolvió y Velasco 
declaró nulos sus actos. (Decreto de 21 de enero). 
Así quedó restaurado el gobierno provisional, elegido 
por el Congreso de 1828. 

Anoticiado de la muerte de Blanco, el Coronel Luis 
Castro, se defeccionó con el batallón «Cazadores» y se 
dirigió al Perú, no sin ser perseguido por el Coronel 
López; quien ardorosamente adicto al nuevo Presiden- 
te Velasco, mandó fusilar a un peruano Murillo y al 
doctor Villegas, (Juan Bautista) Vocal de la Corte de 
Justicia de La Paz, como a autores sospechosos de otra 
conjuración. 



El General Pedro Blanco nació en Cochabaniba en 
1795, y murió a la edad de treinta y tres años. Fué uno 
de los patriotas del Alto Perú, que en Ayacucho coro- 
naron la obra de la Independencia americana: herido 
en esa memorable batalla, dijo a La Mar: «General, 
muero; pero tengo la satisfacción de sellar con mi sangre, 
la libertad de mi patria». Fué un digno boliviano; su 
ardiente patriotismo, le condujo a tomar parteen suce- 
sos políticos sobre que se han levantado graves car- 
gos ... 



— 133 



CAPITULO 5o, 



Gobierno de Santa Cruz.— 1829.— 1839 



Gobierno de Santa Cruz.— El General Andrés 
Santa Cruz, llamado a la Presidencia de la República, 
prestó el juramento de estilo el 19 de mayo de 1829, e 
inició su fecunda administración con un decreto de 
amnistía. Ayudado por las legislaturas, introdujo re- 
formas de trascendental importancia, salvando a Boli- 
via de la anarquía en que se encontraba. Organizó el 
ejército y la guardia nacional; fomentó la instrucción 
pública; declaró franco el puerto de Cobija; mejoró el 
Colegio de ciencias de Oruro, estableció las Universi- 
dades de La Paz y de Cochabamba (1831), a la que se 
le proveyó también de una Corte Superior (1831); creó 
tribunales da comercio y de minas y tuvo la gloria de 
dar a Bolivia leyes propias, promulgando los Códigos 
Civil. Penal y Procedimiento. En suma introdujo re- 
formas útiles en todos los ramos de la administración, 
aunque es verdad que alteró inconsultamente la ley de 
la moneda nacional. 

Santa Cruz al comenzar su gobierno, promulgó un 
«Estatuto Provisional»: la Asamblea Constituyente de 
1831, le nombró Presidente Provisorio, no obstante de 
que anteriormente se le confirió ya ese cargo y dictó la 
segunda Constitución de Bolivia, abrogando la que dio 



— 134 — 

Bolívar. La de 1834 dictó la tercera y proclamó a 
Santa Cruz Presidente Constitucional. 

El gobierno boliviano firmó en Arequipa en 1831, 
un tratado preliminar de paz y amistad con el del Perú 
(noviembre 8) y, otro de comercio en 1832 en Chuqui- 
saca (noviembre 17), con la misma nación. 

La Confederación. — Santa Cruz tenía una idea 
dominante: la Confederación Perú-Boliviana, y por 
realizarla, empleó todo recurso, comprometiendo hasta 
la Independencia de nuestra nacionalidad. Manejando 
diestramente la política peruana, obtuvo que Luis Or- 
begoso, Presidente del Perú, pidiese la intervención 
armada de Bolivia en ese país. (Junio 24 de 1835). 
El Congreso boliviano aprobó la intervención (1835), 
bajo la presión de Santa Cruz, que asumió disimulada- 
mente la dictadura (junio 22), y, delegando el poder al 
Ministro Mariano Enrique Calvo, se puso en campaña 
contra las resistencias y se dirigió al Perú a la cabeza 
del ejército, siendo luego investido en Puno de faculta- 
des extraordinarias por Orbegoso, a la sazón combati- 
do por Gamarra y Salaverry. 

El Presidente del Perú convocó dos Asambleas, 
una a Sicuani y otra aHuaura, para implantar la Con- 
federación. 

Campaña del ejército boliviano en el Perú. 
— Gamarra, descontentado de la política de Santa Cruz, 
le declaró la guerra, aliándose al efecto a Salaverry; 
pero en la batalla de Yniixcocha, fué completamente de- 
rrotado. (Agosto 13 de 1835). A poco de esa victoria 
obtenida por Santa Cruz, los jefes peruanos Arrisuefio 
y Lersundi, del partido de Salaverry, fueron también 
derrotados en Ananta, por el Coronel Quiroz. (No- 
viembre 7). 



— 135 — 

Salaverry, que declaró «guerra a muerte» a los bo- 
livianos, envió al puerto de Cobija en la corbeta Líber- 
tad y la goleta Limeña 400 hombres, que lograron ren- 
dir a los 80 de la guarnición boliviana del mando del 
Coronel Gaspar Arama.yo, fué batido sucesivamente en 
Ninabamba (noviembre 9) y en Gramadal (enero 26 de 
1836), sufriendo pérdidas considerables. Cada vez más 
estrechado, se fortificó en el puente de Uchnmayo, don 
de los jefes bolivianos José Ballivián, Pérez y Vera, 
con algunos valientes le atacaron audazmente (febrero 
14). Salaverry devolvió los prisioneros con este men 
saje: «Decid ul General Santa Cruz, que los bolivianos 
han ostentado el día de hoy un valor extraordinario, pero 
estéril». Y atraído por las maniobras de Santa Cruz, 
salió de sus fortificaciones, ¡hacia los «Altos de la Lu- 
na» y los llanos d¿ Sooabayx, donde se trabó un san- 
griento combate; decidiéndose la victoria por el ejérci- 
to boliviano, cuyos jefes Ballivián, Anglada y O'Coir 
nor, se distinguieron por su valor; el ejército peruano 
perdió 900 hombres entre muertos y heridos, siendo 
1,500 'los prisioneros; el ejército unido sólo tuvo 80 
muertos y 150 heridos. 

El desgraciado Salaverry, tomado prisionero, fué 
fusilado eu Arequipa (febrero 18), juntamente con nue- 
ve de sus patriotas adeptos. 

Congresos. — Pacto de la Confederación. — Reunidos 
los congresos de Sicuaniy Huaura, sancionaron la di- 
visión del Perú en dos Estados: Nor-Peruano y Sur 
Peruano (1836); a los que se unía Bolivia, en virtud de 
la resolución del Congreso extraordinario de Tapacarí, 
que aprobó todo lo hecho, y, en nombre de la sobera- 
nía nacional que representaba, autorizó el estableci- 
miento de la Confederación Perú-Boliviana. (1836). 



— 136 — 

Fueron nombrados Presidentes de los tres estados 
confederados: Velasco (de Bolivia), Orbegoso (del Nor- 
Peruano) "y Pío Tristán (del Sur Peruano). Santa Cruz 
tomó título de «Protector de la Confederación Perú- 
Boliviana», (octubre 28 de 1836), debiendo erigírsele 
una estatua en Lima. Se promulgaron los códigos 
bolivianos. 

En mayo de 1837, se firmó en Tacna por los pleni- 
potenciarios de I09 tres nuevos estados el «Pacto de la 
Confederación» , que el Congreso de Bolivia, donde se 
operó una fuerte reacción, rechazó por sus desventajas 
para el país, declarando: «que no se consideraría jamás 
el pacto». Orbegoso se pronunció también en 1838, 
contra el régimen de la Confederación (junio 11), con 
lo que Santa Cruz veía ya desbaratarse sus planes. 

Sin embargo, Santa Cruz vino a Bolivia, reunió el 
Congreso extraordinario en Cochabamba (1838) e hizo 
aprobar todo cuanto pretendía; por lo cual dicha asam- 
blea, que se desdijo, mereció el denigrante dictado de 
«canalla deliberante». 

Intervención de Chile y la Argentina. — Los 
gobiernos de Chile y la Argentina, que veían levantar- 
se una nacionalidad poderosa, cuyo futuro engrandeci- 
miento les atemorizaba, resolvieron combatirla en su 
cuna, entorpeciendo el firme implantarniento de la Con- 
federación. Chile comenzó por hacer apresar de una 
manera violenta tres buques peruanos en el Callao, y 
envió al Perú un ejército de 5,000 hombres, a las órde- 
nes del General Blanco Encalada, que desembarcando 
en Lslay, avanzó imprudentemente, por medio del de- 
sierto,hasta Arequipa. Santa Cruz renunciando a una 
segura victoria, guiándose por excesiva generosidad 



— 137 — 

para con los invasores, firmó con el jefe chileno el 
<Pacto de Paucartata* (noviembre 17 de 1837). en cuya 
virtud las tropas chilenas se reembarcaron para su 
nación. 

Li Argentui'i, gobernada por entonces por el temi- 
ble Ronas, organizó una expedición militar, encomen" 
dándele al General Alejandro Heredia,que avanzó has- 
ta la frontera S. de la República. El General Braun, 
puesto a la cabeza del ejército boliviano, (compuesto de 
2,000 soldados, batió a las tropas argentinas sucesiva- 
mente en Umahuaka; lruya % donde combatieron «uno 
contra tres*, los bolivianos (junio 11 de 1838); y Monte- 
negro, (junio 24. ( 46 ). 

Segunda intervención de Chile: Buín, Yun- 
gay. — Caída de Santa Cruz. —Chile organizó un segun- 
do ejército, que a las órdenes del General Manuel Bul- 
nes, entró a Lima (ei oí d*i agosto de 1838), y con cuyo 
auxilio Gamarra se hizo proclamar Preguen te Prcviso- 
» io del Perú. A la aproximación de Santa Cruz y sus 
huestes aguerridas, las tropas chilenas desocuparon 
Lima, para organizarse convenientemente en Trujillo. 
Entretanto, el «Protector* se consagró i la adminis- 
tración. 

Abierta por fin la campaña, Santa Cruz batió al 
ejército chileno en Buín: pero al cabo de un mes y me- 
dio de esta pequeña y parcial victoria, por su imperi- 
cia militar fué completamente derrotado en los campos 
de Yungay, por el ejército chileno (enero 20 de 1839). 



(**) La fecha de la batalla de Montenegro se tija también en 

29 de octubre de 1828. 

» 

18 



— 138 — 

Santa Cruz, derrotado en Yungay y anoticiado en 
Arequipa de la revolución popular que contra él enca- 
bezaron en Bolivki Velasco y Ballivián, renunció el 
«Protectorado» y la Presidencia y se embarcó a Gua- 
yaquil. 



El Mariscal Andrés Santa Cruz nació en La Paz 
(en Huarina) el 30 de noviembre de 1786,y murió repen- 
tinamente en Francia, en 1865 (septiembre 25) a la 
edad de 79 años. Bajo su gobierno Bolivia se mostró 
fuerte en el interior, respetada y grande en el- exte- 
rior. Fué un eminente político; de elevadas miras y 
vastos planes, como el de la Confederación, a cuya rea- 
lización empleó todas sus energías. No cabe dudar: 
Santa Cruz fué un grande hombre, como general dies- 
tro y hábil político, y profundo estadista. ¡Acabó por 
ser excecrado de sus compatriotas! 



CAPITULO 6 o . 



Gobierno de Velasco.— 1830— 1840 



La Restauración. — Gobierno de Velasco. — Reaccio- 
nándose contra la política del Mariscal Santa Cruz el 
año 1839, Ballivián en el N. (La Paz) y Velasco ien el 
S. (Mojo), acaudillaron una gran revolución, que for- 
mó el partido llamado «La Restauración». Velasco fué 



— 139 — 

proclamado Presidente Provisorio. La Asamblea Cons- 
tituyente, reunida para reorganizar la nación en Sucre 
el I o . de agostó de 1839, le confirmó en el cargo y dic- 
tó la cuarta Constitución, «la más liberal que ha tenido 
la República*. 

El General José Ballivián, uno de los caudillos de 
la revolución, guiado por el despecho, se declaró en 
rebelión contra el nuevo gobierno, invistiéndose de he- 
cho del mando (julio 7 de 1839); y, después de hacer 
una mal concertada campaña sobre Cochabamba, don- 
de su adepto el Coronel Irigoyen, ocurriéndole un con- 
traste en la Chimba, se pasó a las tropas gobiernistas 
de Medinaceli, fugó al Perú. La asamblea le declaró 
rebelde, poniéndole fuera de la ley. Ante la mis* 
ma Asamblea se inició un juicio nacional contra 
Santa Cruz; y este gran hombre fué declarado «indig- 
no del nombre boliviano!» . . . 

El Congreso de 1840, proclamó Presidente Consti- 
tucional al General Velasco. Con el Perú, gobernado 
entonces por el implacable Gamarra, pertinaz enemigo 
de Bolivia, se hacía inminente la guerra, el gobierno 
boliviano se vio obligado a entablar negociaciones; 
mas, los tratados celebrados en el Cuzco en 1839 (agos- 
to 14) y en Lima en 1840 (abril 19), por los plenipoten- 
ciarios bolivianos, fueron ominosos y humillantes de la 
dignidad nacional, por lo cual justamente fueron recha- 
zados sin merecer la aprobación del Congreso que los 
desechó. 

Motín del batallón «Legión». — Velasco, que 
había cometido el grave error de felicitar a Chile por 
la batalla de Yungay, hacía notar cada vez más su ma- 
nifiesta debilidad de carácter. En 1840 estalló en Oru- 
ro un motín militar a favor del General Ballivián, sien- 



— 140 — 

do el principal autor del suceso el sargento Melgarejo 
que posteriormente ha hecho funesta administración. 
El batallón «Legión», que era el del motín, f ué quin 
tado. 

Caída de Velasco; el gobierno de la «Rege 
neración. — Existían en la República dos partidos po 
líticos: el de la «Restauración», (cuyo caudillo fué 
Velasco), y el de la «Regeneración», que trataba de res 
tablecer el gobierno caído de Santa Cruz, cuyos parti- 
darios, el Coronel Gandarillas y el edecán Gregorio 
Goitia, seduciendo en Cochabamba al batallón «Quin- 
to», lo capturaron al Presidente y lo tuvieron preso. 
(Junio 10 de 1840). Agreda se invistió del mando y 
Velasco fué desterrado a la Argentina. Complicando" 
se los acontecimientos en favor de Rallivián, sin auto- 
ridad suficiente para reprimirlos, Agreda entregó el 
poder al señor Enrique M. Calvo, ex-presidente interi- 
no de la época del « Protectorado» :quedó así implantado 
el gobierno de la «Regeneración», que a su vez cayó, al 
poco tiempo. 



(Velasco llegó a ser Presidente de Bolivia por 
cuarta vez en 1848). 




141 



SEGUNDO PERIODO 



De 1841 a 1857 



CAPITULO 1 



o 



Gobierno de Ballivián»! 841-1847 



Proclamación de jíallivián.— El General José 

Ballivián, asilado en el Perú, íué el caudillo invocado 

por el movimiento general de Sucre, Potosí, Santa 
Cruz y Tarija, que le proclamaron Presidente de la 

República: el falaz gobierno de la «Regeneración», pu- 
do sofocar aparentemente dichos pronunciamientos; 
mas, el célebre batallón «Quinto», acantonado en Laja, 
decidió la contienda proclamando a Ballivián (septiem- 
bre 22 de 1841), quien penetró a Bolivia y se invistió 
del mando y la suma de poderes que le confirieron los 
pueblos. (Septiembre 27). En Tiahuanacu, expidió 
un decreto anulando las Constituciones de 1834 y 39, 
por «insuficientes e ilegales*. (Septiembre 28). 

Agustín Gamarra amenazaba invadir nuevamente 
la República, no obstante de los acuerdos amistosos a 
que arribaron con Ballivián en Puno. — Velasco, que al 
volver al territorio patrio, organizó 1,000 hombres pa- 



- 142 — 

ra reconquistar el poder, siendo ya proclamado por las 
provincias del sud, cedió a Ballivián sus fuerzas, con 
una abnegación y un patriotismo nunca bien encomia- 
dos, para salvar la patria, del enemigo común: al feli- 
citarle cual merecía, por tan elevada actitud, Ballivián, 
le escribió (a Velasco desde Calamarca), entre otras 
frases notables, ésta: «Reunamos a todos los bolivia- 
nos, acábense todas las discordias, sirvan ellas de ex- 
periencia para lo futuro y estrechémonos con los lazos 
de la amistad y de la sinceridad más pura, y no pense- 
mos más que en la Patria. . ..» ( 4T ). 

Nueva invasión de Gamarra. — El General Ga- 
marra, Presidente del Perú, guiado por sus antiguas 
pretensiones de sojuzgara Bolivia, creyendo llegada la 
ocasión propicia, tomó la ruta de Huancané y Escoma, 
penetró en el territorio de la República a la cabeza de 
6,000 hombres, el 2 de octubre de 1841, y se apoderó de 
las provincias de La Paz, ciudad que la ocupó violen- 
tamente, saliendo luego a fortificarse en Viacha, no sin 
devastar en su tránsito pablaciones indefensas, cuyos 
templos eran entregados al pillaje de su soldadesca; 
haciéndose indiferente a las proposiciones de paz que 
le hacía Ballivián. Herida así la dignidad nacional, 
todos los bolivianos, olvidando los rencores de partido, 
se aprestaron a la defensa de la patria. 

El General Ballivián, resuelto a rechazar al inva- 
sor, que se hacía sordo a todo arreglo pacífico, dirigió 
ardientes proclamas a la nación y al ejército, el cual 
reunido en Pucarani (octubre 6), fué declarado en cam- 



(47) cFragmentos de las Memorias del General José Miguel 
Velasco».— 1871. 



- 143 — 

paña, siendo rotas las hostilidades con el enemigo que 
no cesaba de avanzar. El primer encuentro tuvo lu* 
gar en Jahuirkatu (Mecapaca), entre un pequeño desta- 
camento de nuestro ejército, al mando del Coronel Ba- 
silio Herrera y un batallón peruano, que sostuvo dos 
horas de reñido combate, perdiendo una cuarta parte 
de él; su jefe el General San Román, huyó hasta La 
Paz, en un caballo en pelo. (Octubre 22). 

Victoria de Ingavi.—Ballivián, a fin de obtener 
segura victoria sobre el enemigo, movilizó de Sicasica 
el ejercito hacia el interior de la República, atrayéndo- 
lo así a Gamarpa, que avanzaba imprudentemente con 
sus tropas, hasta que en los campos de Ingavi se dio 
la batalla decisiva, el 18 de noviembre de 1841. El 
ejército peruano se componía aproximadamente de 
5,000 combatientes, el boliviano sólo tenía 4,000. 

Antes de comprometerse la batalla, se vio dibujar- 
se en el disco del sol un parhelio, que simulaba la ban- 
dera nacional, y los soldados bolivianos gritaron ale 
gres: «¡el cielo ha desplegado triunfante el pabellón boli- 
viano: cantaradas a vencer!* .... El enemigo comenzó el 
combate, rompiendo los fuegos de su artillería: la lu- 
cha fué sangrienta y encarnizada; Ballivián animaba al 
ejército, diciendo estas hermosas palabras: «¡Solda- 
dos! A esos enemigos que tenéis al frente, veréis en breve 

desaparecer como las nubes cuando las bate el viento!* 

Los soldados sufrieron completa derrota, muriendo en 
el campo el pérfido Gamarra, que cayó atravesado por 
dos balas. ( 48 ). 



( tó ) Olafieta.por una rara coincidencia, escribía en *El Ma- 
curio* de Valparaíso, el 18 de Noviembre, augurando la gran \ic- 
toria de Ingavi: cquizá en este momento el invasor muerde el 



— 144 — 

Bolivia tuvo 200 hombres entre muertos y heridos: 
el ejército peruano 900 entre muertos y heridos, siendo 
3,375 prisioneros, entre ellos el General Ramón Casti- 
lla. 

Tratado de paz. — Ballivián persiguió el resto 
del diezmado ejército enemigo que huía precipitada- 
mente; atravesó el Desaguadero y ocupó Moquegua y 
Puno, donde, después de larga residencia, firmó la paz 
con el Perú, estipulando «condonarse recíprocamente 
cargos y deudas» (junio 7 de 1842); luego regresó a 
Bolivia. cuyo gobierno encomendó mientras su ausen- 
cia, a un Consejo de Ministros presidido por el General 
Urdininea. 

Convención Nacional. — Actos adminibtrativos de 
Bftliiviáa. — Reunida la Convención Nacional en abril 
de 1843 en Sucre, nombró al General Ballivián Presi- 
dente de la República, aprobando sus actos de adminis- 
tración; sancionó la quinta Constitución, que la oposi- 
ción acordó en llamarla «Ordenanza militar*; creó el 
obispado de Cochabamba (junio 17) y la Corte Superior 
de Potosí; ordenó la erección del departamento del Be- 
n¡ y dictó varias leyes inspirándose en las necesidades 
del país. 



polvo del suelo sagrado de mi patria». Profecía del corazón, dice, 
el señor Santiváñez. 

El General Ballivián en su proclama a la nación del 6 de 
octubre, dijo: «Bolivianos todos! Unios en torno del gobierno 
para defender la patria, y estad seguros de que el General Gama- 
rra encontrará su tumba en el suelo boliviano» 

En la batalla de Ingavi, comandó el ala derecha de nuestro 
ejército el Coronel Sagárnaga, Luis Lara la caballería, Silva y 
Vivero el centro. 



— 145 — 

Ballivián mandó la ejecución capital de siete ciu- 
dadanos: Felipe Ara mayo, Pedro Cardoso, Tomás He- 
rrera, José M. Blanco, Juan de Dios Cosío, (que fueron 
fusilados en Sucre en febrero de 1843). Fructuoso Pe- 
ña e Isidoro Gámez (en Oruro), como reos de conspira- 
ción. Esta vez su clemencia se pospuso a su severi- 
dad. 

Amante del progreso del país, Ballivián gobernó 
rodeándose de hombres de saber y probidad que intro- 
dujeron importantes mejoras. Hizo explorar el Beni 
(con José Agustín Palacios 1844-1846), el lago Poopó y 
el río Pilcomayo;para este último comisionó al geógra* 
fo General Magariflos y posteriormente a Van Nivel; 
promulgó el código militar; estableció la «Colección 
Oficial» y la Comisión de Estadística, promovió la reu. 
nión de un Congreso internacional americano; inten tó 
el establecimiento de «cajas de ahorros» y de colonias 
militares: elevó el ejército a una altura espectable en- 
tre las naciones americanas y cuidó del resguardo de 
nuestras fronteras. La instrucción pública mejoró no- 
tablemente con el nuevo sistema de enseñanza, intro- 
ducido por don Tomás Frías, ministro del ramo. (1845). 

El año 1842, se descubrieron las huaneras del Li- 
toral y Chile avanzó sus pretensiones desde el Paposo 
hasta el morro de Mejillones, iniciando así nuestra rui- 
dosa cuestión de límites. 

Relaciones con el Perú. — Castilla, prisionero 
de Inga vi, estaba de Presidente del Perú y de lejos 
conspiraba por derrocarlo a Ballivián; mas, sus agen- 
tes Paredes y Pedro Astete, ministro peruano, fueron 
descubiertos en su plan y fugaron. El Perú, rompien- 
do armónicas relaciones con Bolivia, hostilizó nuestro 

19 



— 146 — 

comercio alzando las tarifas aduaneras; el gobierno bo- 
liviano le declaró interdicción absoluta (abril 20 de 
1847), y sólo por el tratado de Arequipa (noviembre), 
se obtuvo por ambas partes concesiones ventajosas. 

Motín de Belzu. — El Presidente Ballivián, celo- 
so como era de la disciplina militar, por un acto de in- 
subordinación lo había degradado como a último solda- 
do al Coronel Isidoro Belzu, remitiéndolo al efecto al 
batallón 5? acantonado en Obrajes. Belzu no pudo re- 
signarse a esa humillación y, a media noche del 4 de 
junio (1847), movilizó el batallón Quinto, (cuyo Coronel 
fué antes), hacia La Paz, y acometió el palacio de la 
ciudad ayudado por el batallón «Sexto»; mas, a la pre- 
sencia del Coronel Mariano Ballivián, los dos cuerpos 
se reaccionaron y Belzu fugó al Perú (junio 5). El 
Presidente que, anoticiado del motín, había escalado las 
paredes del palacio en busca de su salvación, al ama- 
necer del día siguiente, enterado de lo ocurrido, regre 
só a la ciudad y tomó medidas enérgicas, siendo luego 
fusilados los militares Carlos Ichazu y Rafael Torrelio. 

Rebelión en el sud; combates de la Lava y 
Vitichi. — Rebelión en el norte. — Ballivián perdía sus 
prestigios. En octubre de 1847, los pueblos del Sur pro- 
clamaron la Constitución de 1839 y el gobierno de la 
«Restauración». El capitán Chopifcea redujo a prisión 
al Gobernador de Cinti (octubre 10) y el Prefecto de 
Potosí, el anciano General Bilbao, fué obligado a dejar 
su puesto. Velasco se puso a la cabeza del pronuncia- 
miento general en Sucre. Rosendi se defeccionó en 
Cochabamba,con el regimiento de Coraceros. 

Sabedor Ballivián de estos sucesos, se puso en 
campaña sobre los rebeldes,con gran celeridad: el ejér- 
cito revolucionario fué desbaratado en La Lava (no- 



— 147 — 

viembre 6) y en Vitichi, donde Ballivián obtuvo comple- 
ta victoria, después de dos horas de refiidolcombate. 
(Noviembre 10). El General derrotado fué Agreda, tan 

* 

inconsecuente con su conducta, tan veleidoso en sus 
manejos políticos. ... Don Bartolomé Mitre contribuyó 
al triunfo, con la artillería de su mando. 

La guarnición de La Paz, se sublevó también acau- 
dillada por Belzu, que pronto fué derrotado en Huari- 
na por el Coronel Mariano Ballivián, hermano del Pre- 
sidente. (Noviembre 25). 

Dimisión de Ballivián. — Hallábase Ballivián en 
Sucre, cuando supo que un nuevo pronunciamiento ini- 
ciado en La Paz por el coronel Ravelo, que mandaba el 
batallón «Diez» (diciembre 17), se hizo general bajo la 
dirección de Belzu, que se puso a la cabeza de 2,000 
hombres. Sin embargo de haber podido refrenar a los 
insurrectos, pensó en dimitir el poder, sintiendo repug- 
nancia por la guerra civil: y, delegándolo al efecto al 
General Eusebio Guilarte, Presidente del Consejo de 
Ministros, (diciembre 27), se encargó sólo de la direc- 
ción del ejército, del cual se despidió en Pocoata y se 
dirigió a Chile: (Diciembre 29), con las credenciales 
de Plenipotenciario de Bolivia). 



El General José Ballivián nació en La Paz en 1805 
(noviembre 30). Murió lejos de la patria que tanto ha- 
bía amado, en Río Janeiro el 6 de octubre de 1862. 
Bajo su gobierno, Bolivia llegó a un alto grado de 
prosperidad. El mandatario progresista, adquirió con 
su raro talento, reputación americana: el General Búl- 
nes, Presidente de Chile, decía: «Con un aliado como 
Ballivián, no temería a ninguna potencia de'América» 



— 148 — 



CAPITULO 2.o 



1848 



Gobierno de Guilarte. — El General Eusebio Gui- 
larte,encargado del poder, comenzó por amnistiar a los 
perseguidos y emigrados políticos; y sólo «diez días* 
pudo sostenerse en el gobierno. Juan La Paye pro- 
clamó en Coehabamba la presidencia de Belzu, quien 
casi al mismo tiempo era nombrado en La Paz Jefe Su- 
premo del N. — Guilarte hizo fusilar en Sorasora a un 
Borda, como a autor de un plan de conspiración del 
ejército, el que acabó por sublevársele en Oruro. (2 
de enero de 1848). Guilarte fugó al Perú. 



Más tarde murió en Cobija: la misma gente que 
ahí sublevó, le mató. (Junio 11 de 1849). Nació en 
La Paz el 14 de Agosto de 1799. 

Gobierno transitorio de Velasco. — Belzu, 
principal caudillo de la revolución que ocasionó la caí- 
da de Ballivián, guiado por móviles puramente perso- 
nales, proclamó a Velasco, quien de esta manera por 
cuarta vez asumía la Presidencia, se hizo c^-rgo de ella 
en Sucre (febrero 4 de 1848) y organizó su Gabinete, bí 
que ingresaron dos personajes de ambiciones desmpdi- 
das, que, con su política contraria, anarquizaron el go' 



— 149 — 

bíerno del país: eran Casimiro Olafieta, ( 49 ) ardoroso y 
elocuente tribuno,y Manuel Isidoro Belzu, General be - 
licoso,que captándose las simpatías del ejército no tar- 
dó en sacar buen partido de él, constituyéndolo en el 
pedestal de su futuro poderío. Velasco no pudiendo 
gobernar conforme a la Constitución de 18S9, asumió la 
dictadura mientras la reunión de un Congreso, reunido 
el cual le confirió la Presidencia Provisoria (agosto 6), 
aprobando sus actos. 

Sublevación de Belzu; batalla de Yampa- 
raez. — Algunos cuerpos acampados en Oruro, des- 
contentos con las medidas del gobierno y del Congre- 
so, que disminuyó las rentas militares (que ascendían a 
1.700,000 pesos) y redujo la fuerza permanente a 1,200 
hombres, ( 50 ) proclamaron Presidente a Belzu, que en 
breve se dirigió al lugar del suceso, burlando toda 
precaución con sus votos lisongeros. (Octubre 1^) 
Casi al mismo tiempo y con iguales miras, Gonzalo 
Lanza sublevó Cochabamba (octubre 6), y Avila y An- 
drés Soto sublevaron en Pucarani los cuerpos de su 
mando (octubre 9), que pronto ocuparon la ciudad de 
La Paz, batiendo al General Sebastián Agreda. (Octu- 
bre 12). 

Velasco, para reprimir a, los rebeldes, se encargó 
del comando del ejército, quedando en su lugar el doc- 



(*») Fué Casimiro Olañeta, natural de Chuquisaca y uno de 
los oradores más eminentes de la época, boliviano de reputación 
continental; «vehemente como Armando Carrel en la polémica, 
delicado como Larra en la sátira*. Ocupó los destinos más eleva- 
dos de la República, en cuyos grandes acontecimientos figuró, 
demoliendo no pocos gobiernos Era de un hermoso continen- 
te, de voz plateada, de estilo siempre elegante, a vece? sublime. 
Murió en agosto de 1800. 



(50) Cortés: €Enmyo*. 



— 150 - 

tor José María Linares, Presidente del Congreso, que 
a poco fué dispersado por el batallón «Carabineros», 
que el capitán Casto Arguedas sublevó fn Yotala. 
Velasco y Linares huyeron a Potosí y Belzu entró a La 
Paz. (Octubre 19). Después de algunos encuentros 
como el de Quirpijichaca, donde Velasco batió a Torre* 
lio, se libró la batalla en los llanos de Yomparaez en la 
madrugada del 6 de diciembre (1848) entre las fuerzas 
de Velasco y las de Belzu, el que resultó victorioso: 
las víctimas fueron más de 300. 

Inesperadamente derrocado el Presidente VeJasco, 
se retiró a la vida tranquila del hogar. 



El General José Miguel de Velasco, caudillo el más 
popular de Bolivia, cuyos destinos rigió en cuatro dis- 
tintas ocasiones, «era un hombre nada propio para go- 
bernar el país, anarquizado como estaba entonces». 

( 61 ) Se distinguió por su política honrada y leal. 

Nació en Santa Cruz en 1795 (septiembre 29) y mu- 
rió en la misma ciudad en 1859 (octubre 13). 



CAPITULO 3.o 



Gobierno de Belzu— 1849-1855 



Belzu en el poder; sus actos administran 



(si) TomásO'Connord'Arlach. — cLos f residentes de Boli- 
via». 



- 151 — 

vos. — Belzu se hizo dueño del poder, después de la 
jornada de Yamparaez, (Diciembre de 1848). Con él se 
entronizó en Bolivia la tiranía del populacho, al que 
ensoberbeció durante los siete afíos de su gobierno, 
prescindiendo por despecho, del concurso intelectual 
de la parte sensata e ilustrada del país. Airado de la 
indiferente manifestación que a su arribo a Sucre le 
hicieron los funcionarios, los destituyó y declaró en 
cesantía la Corte Suprema; después decretó amnistía 
general; puso en vigencia la Constitución de 1839 (fe- 
brero 10 de 1849), siendo el Consejo de Ministros decla- 
rado sustituto del Presidente. 

Motines militares. — Insurrección de Agreda. — 
La protesta de los partidos no se dpjó esperar. Los 
amigos de Velasco y Ballivián, conspiraban por derro- 
carlo a Belzu. Las guarniciones de Oruro (marzo 9 de 
1849) y de Cociiabamba (marzo 11), proclamaron a Ba- 
llivián, lo propio que los «Carabineros* de La Paz 
(marzo 12). Se sublevaron también Potosí, Santa Cruz 
y Tarija (marzo), siendo esta última ciudad ocupada 
por Velasco después del combate de Santa Bárbara. 
A las reacciones sucedía el saqueo délas ciudades por 
las hordas belcistas, que al consabido grito de «¡¡Viva 
Belzu!!», se entregaban a mil excesos. Belzu reprimió 
a los facciosos o «sublevados» con severidad; fueron 
proscritos o confinados más de 600, y muchos los fusi- 
lados, contándose entre ellos el francés Carlos Vincen- 
don, emigrado, tenido por agente revolucionario de 
Ballivián. 

En el S. reapareció el partido del infatigable Ve- 
lasco. Belzu marchó contra él; mientras tanto Agrct a 
atacaba la autoridad de Potosí en la casa de moneda; 
no pudiendo rendirla, se encaminó aCochabamba, sien- 



— 152 — 

do después derrotado en Montertllo, por las fuerzas de 
Belzu, comandadas por el Coronel Laguna. (Mayo). 

Guilarte pereció en Cobija, victimado por la misma 
gentp que sublevó a favor de Ballivián. (Junio 11). 
La misma suerte tuvieron el Coronel La Faye, en Co- 
chabamba y el Coronel García, en Oruro. 

Movimiento administrativo; el Congreso de 
1850. —Belzu, pacificadas las sublevaciones, decretó 
a nnUtía y se consagró a la administración: llenó los 
v.i-íos de nuestros códigos, (por decreto de 7 de enero 
de 1850); organizó consejos de guerra permanentes; 
promovió algunas reformas y convocó un Congreso, 
reunido el que le proclamó Presidente Constitucional 
de la República. (Agosto 14 de 1850). El destierro 
injusto de dos jóvenes notables de [Sucre, motivó una 
fuerte interpelación, que la hizo el diputado D. Eva- 
risto Valle, de varonil elocuencia, que al terminar su 
discurso, dijo al pueblo que concurría a la barra: 
«temblad por vuestras garantías perdidas!» 

Asesinato frustrado; dictadura. --Una tarde, 
paseábase Belzu en el prado de Sucre, en compañía de/ 
Coronel Laguna y un edecán, cuando repentinamente 
fué herido por dos tiros y cayó de bruces. (Septiem- 
bre 6 de 1850). Los autores del delito eran Agustín 
Morales, resentido por un saqueo; Juan Sotomayor, 
por una flagelación, y José Siñanes, que se conjuraron 
para victimarlo (al Presidente). Al día siguiente reu- 
nido el Congreso, delegó el poder a un Consejo de Mi- 
nistros, que asumió la dictadura y puso fuera déla ley 
a Morales y «demás autores y cómplices del delito»; 
desterrando luego a indefensas personas, a las insalu- 
bres playas del Guanay y de Mojos, sembrando el es- 
panto en las familias. El Congreso, que quiso reprimir 



— 153 — 

los actos atentatorios del Consejo (presidido por el im- 
placable Tellez), fué dispersado por una compañía de 
soldados, siendo reducidos a prisión muchos diputados, 
entre ellos Lucas M. de la Tapia, que condenado a 
muerte, fué indultado con el confinamiento al Beni. 
El Coronel Laguna. Presidente del Senado, fué envia- 
do al patíbulo. El militar Benito López, pariente de 
Morales, fué también fusilado (octubre 12). Posterior- 
mente, corrieron igual suerte Mariano Bazán y un sar- 
gento. ( 52 ) 

Convención Nacional.— Con Meto con el Perú — 
Belzu reasumió nuevamente el poder, restablecido que 
fué de sus heridas, y convocó una Convención Nacio- 
nal, que reunida en La Paz, sancionó la quinta Consti- 
tución; la que suprimía las municipalidades, otorgando 
al Ejecutivo amplias facultades; revisó los Códigos Ci" 
vil, Penal y de Procedimientos; reformó el Código Mi- 
litar y el de Minería. (1851). Presidió esta famosa 
Convención, 1^ el gran jurisconsulto D. Andrés M. 
Torrico y después su joven discípulo Melchor Urquidi, 
a quien la legislación, la hacienda pública, la instruc- 
ción, la beneficencia y el progreso efectivo de Bolivia 
debe sus adelantos e incremento. Durante el gobierno 
de Belzu desempeñó también los portafolios de hacien- 
da e tnstrucción. Fomentó los desarrollos intelectua* 



f 52 ) cSacerdotes respetables, magistrados probos fueron 

confinados a lugares mortíferos. Varios miembros de las Cortes 
Suprema y Superior, reunidos en palacio un día de ceremonia, 

fueron conducidos en traje de etiqueta a la cárcel Estaba 

entronizada la barbarie. Todas las autoridades; desde los alcal- 
des de campo hasta los prefectos, estaban investidos de faculta- 
des extraordinarias Sus excesos justificaba su adhesión 

al Gobierno» (Cortés). 

20 



— 154 — 

le» de la nación decididamente. Debido a él, princi- 
palmente, efectuaron estudios científicos en Euioyajó- 
venes de porvenir. Con su ayuda pudo J. M. Dalenee 
publicar su notable obra de Estadística, pues carecía 
de recursos el sabio financista y signatario, nada in^ 
nos, del acto de la Independencia Nacional! (DeUrqui 
di, mucho hay que loar, como lo han hecho ilustres es 
critores. Más tarde en el gobierno de Achá, como 
Ministro del ramo, aún introdujo mejoras y felices re- 
formas hacendarías^. 

El Presidente dictó una ley de imprenta y envió 
ante la Santa Sede, un agente diplomático (Santa 
Cruz),que celebró un Concordato, el que bien luego fué 
desaprobado por el Congreso. Por el célebre decreto 
de enero de 1853, declaró: Ubre para todas las naciones 
mercantes del mundo, la navegación de los ríos bolivianos 
que afluyen al Amazonas y al Paraguay. Este fué como 
un reto al Brasil. 

Tuvo lugar por entonces, un conflicto con el Perú 
(1853), que declaró a Bolivia el ultimátum, ocupando 
sus fuerzas violentamente el puerto de Cobija; pero e/ 
hecho alarmante tuvo feliz desenlace para el gobierno 
de Belzu, que lleno de coraje hizo «un paseo militar» 
por territorio peruano: su amigo don Ramón Castilla, 
derrocó al Presidente Echenique, terminando así el in- 
cidente. 

Nuevas insurrecciones.— Las odiosas persecu- 
ciones que hizo Belzu a sus enemigqs políticos, sólo 
sirvieron para enardecer nuevamente los ánimos: las 
insurrecciones se sucedieron simultáneamente. Santa 
Cruz sé sublevó encabezada por sus mismas autorida- 
des (Ibáñez y Yáfiez),por dos veces (julio 8 y diciembre 
8 de 1583), siendo debelada en ambas: Yáfíez fuéderro- 



— 155 — 

tado en Quimori. ( 5á ) El General Sebastián Agreda, 
levantóse contra el gobierno en Cobija. 

Linares y Velasco, emigrados en las provincias ar- 
gentinas, hicieron una incursión, pero fueron derrota- 
dos por Córdova en Mojo. (Julio 10 de 1853). Linares 
hizo una nueva incursión y no pudiendo reunir a los 
suyos, pasó a la frontera del Perú (enero de 1854). 
Su adepto el Coronel José María Cortés, fué derrotado 
en Moco moco. 

En Potosí se sublevó el General Achá, con el re- 
gimiento de su mando (noviembre 14), y, auxiliado por 
el que estaba en Paria, se dirigió a Cochabamba, de 
donde salió a ser derrotado por Córdova en Sutimarca 
(diciembre l c> ), y fugó al Perú, siendo dispersadas sus 
tropas. 

Dimisión de Belzu. — Belzu cansado de gobernar, 
convocó un Congreso extraordinario, ante el cual di- 
mitió el poder (febrero 1.° de 1855) y en el «Mensaje» 
que presentó, se quejó del espíritu revoltoso del país y 
dijo: «Revoluciones en el 'S., revoluciones en el N., 
revoluciones fomentadas por mis enemigos, encabeza- 
das por mis amigos, combinadas en mi propia morada, 
surgidas de mi lado .... ¡Dios santo! . . . me condenaron 
a un estado de perpetuo combate». . . .Luego se dirigió 
a Europa. ( M ) 



( M ) Melgarejo, uno de los sublevados de Santa Cruz, enjui- 
ciado en Cochabamba, fué salvado del patíbulo. 



( M ) «Antes de dimitir el mando, Belzu hizo fusilar, en pre. 
sencia de la Representación Nacional, al Teniente Coronel Guz- 
mán, a quien un Consejo de Guerra condenó a obras públicas, por 
malversación de algunos fondos de la Comisaría de Ejército» 
(Valdós). 



156 - 

El General Manuel Isidoro Belzu, nació en Lia Paz 
el 4 de abril de 1811, y murió en la misma ciudad en 
1865 (marzo 27), como se dirá más adelante. Era Bel- 
zu de.carácter impetuoso; de ambición desmedida, de 
poca instrucción, aunque perspicaz: alimentaba pasio- 
nes violentas. No podrá desconocerse que la incon- 
ciente intromisión de las masas populares, o sea del 
pueblo en sus elementos inferiores, como factor rudo 
e irreflexivo, en el desarrollo de las instituciones poli 
ticas, ha sido bastante perniciosa. Con todo, en el 
fondo de la política belcista, nótase a la tendencia de- 
mocrática reaccionando contra la hegemonía oligárqui- 
ca de los elementos preciados de aristocráticos. La 
pugna demagógica en el poder, había de pronunciarse 
en represalias y desmanes, dado el estado social del 
país. 



CAPITULO 4.o 



Gobierno de Córdova.- 1855-1857 



La trasmisión legal.— Actos administrativos de 
Córdova.— Bel zu al dimitir el poder, convocó a la na- 

• 

ción a elecciones populares, de las que surgió Presi- 
dente de la República su hijo político don Jorge Cór- 
dova, merced a las influencias oficiales, trasmitiendo 
sele el mando supremo por Belzu, con las formas de la 
legalidad; lo que se ha llamado «la trasmisión legal». 



— 157 — 

(Agosto de 1855). Organizando su gabinete, Córdova 
decretó amnistía,(como siempre se ha estilado por nues- 
tros mandatarios), y ordenó la repatriación délos res- 
tos del General Ballivián, que murió en el Janeiro. 
Bajo su gobierno se creó una «Junta Inspectora de 
Obras Públicas» en cada departamento, en sustitución 
de las municipalidades; y, también las «Sociedades 
Protectoras de Instrucción», las que no produjeron be- 
neficio alguno al país. 

Don Miguel María Aguirre, estadista notable, ma- 
nejó con regularidad la hacienda pública. En su infor- 
me al Congreso (1857), dijo: «La Providencia ha queri- 
do coronar la obra del Gobierno de Agosto, dando a la Re- 
pública la paz, el buen estado de su hacienda» ... 

Insurrecciones. — La inesperada y repentina ele- 
vación de Córdova al poder, sembró el desaliento y 
el despecho en muchos: y muchos militares, que se 
creían ser más meritorios y tener mejores títuios que 
él a la Presidencia, se le sublevaron. ( 55 ) A los trein- 
ta días de su gobierno, el General Gonzaio Lanza su- 
blevó. las provincias de Omasuyos y Larecaja (septiem- 
bre), y se puso a la cabeza de 200 combatientes: el Co- 
ronel Demetrio Molina lo derrotó en Pucarani (Sep- 
tiembre 18). El Congreso «la patria pii peligro», e in- 
vistiéndole a Córdova de facultades extraordinarias, se 
disolvió. El General Avila proclamó en Tarija a Li- 
nares (septiembre 26); sus tropas bisofias, a la noticia 
de la aproximación del escuadrón «Húsares», se dis- 
persaron. Entonces vinieron diversas conspiraciones, 

(55) En Bolivia, desde el establecimiento de la República, 
hasta hace poco, un militar creía siempre .y tenía la vana presun- 
ción de que el final de su carrera, era la Presidencia: lie ahí por 
que el país ha sufrido tantos motines de cuartel y tenido no 
pocas dictaduras militares. 



— 158 - 

que fueron descubiertas, siendo las más notables: la 
de Carlos Villegas, (marzo 8 de 1W56), la de Blackud, 
Rendón y Milán Támes: uno de cuyos cómplices, el mé 
dico Carmona, fué victimado en Panduro. Emeterio.v 
Baldomero Tovar cayeron en Oruro, en poder de los 
gobiernistas. Casi todos los conjurados y conspirado 
res fueron confinados: magnánimo como era don Jorge 
Córdova, salvaba del patíbulo a que eran condenados 
sus enemigos, otorgándoles perdón. 

El Gobierno y la oposición. — EIJuradodeCo 
chabamba, que trataba de juzgar a un escritor asala- 
riado del Gobierno, fué disuelto por una compañía de 
soldados: Donato Vázquez, escritor de la oposición, 
que era el acusante, fué reducido a prisión y enrolado 
en el ejército, siendo desterrado el juez que pntendía 
en la causa. Esta arbitrariedad dio margen a que los 
descontentos engrosaran las filas opositoras; los ému- 
los y adversarios de Córdova, aumentaban. En el 
Congreso de 1857, reunido en Sucre (agosto 6), un gru- 
po de la oposición, encabezado por don Cleto Marcelino 
Galdo y don Mariano Baptista, acusó al Gobierno de 
violación de derechos y garantías constitucionales: an- 
te tal audacia, los partidarios del Gobierno ocuparon 
con la fuerza armada, en son de amenaza a la minoría 
opositora,el recinto del Congreso. 

Revolución de Linares; caída de Córdova.— 
Mientras el Congreso estaba entregado a las labores, 
Linares, caudillo popular, penetró secretamente a 
Oruro, que a su presencia se pronunció por él (sep* 
tiembre 8); y, con rara actividad, marchó sobre Cocha- 
bamba, ciudad que no tardó en plegársele, y de la que 
al hacer retirada el General Ascarrunz (gobiernista), 
fué derrotado en el camino a Oruro por el General 



— 159 — 

Achá. Linares contando ya con innumerables adep- 
tos, fortificó la ciudad. El Congreso cerró sus sesio- 
nes, invistiendo nuevamente de facultades extraordi- 
narias a Córdova. que marchó sobre los revoluciona- 
rios; a su salida, Sucre proclamó a Linares; La Paz 
hizo lo propio, acaudillada por el General Gregorio 
Pérez, quien poco después derrotó en Pontezuelu, a las 
fuerzas del gobierno, comandadas por el Coronel La 
Riva (septiembre 20) v y en Marquirivi a las de Pedro 
Villamil. (Octubre 14). 

Entretanto, Córdova se puso frente a Cochabamba, 
donde Linares sostuvo heroica resistencia, durante tres 
días de encarnizada lucha (septiembre 26 a 29); Córdo- 
va, no pudiendo rendir la ciudad, retiró sus fuerzas a 
Oruro; y, sabiendo que la revolución había cundido en 
toda la República, y que los revolucionarios derrotaron 
en Vivicha y Cuchi huasi, a las fuerzas gobiernistas, 
abandonó el poder y fugó al Perú. (Octubre 21). Con 
algún fundamento, se ha cucho que debió su caida a un 
impulso de humanidad y noble generosidad, que los his- 
toriadores no han querido reconoctr ni hacerle justicia. 



El General Jorge Córdova, nació en La Paz el 23 
de abril de 1822; fué muerto en 1861, en la misma ciu- 
dad, siendo una de las víctimas de los espantosos ase- 
sinatos políticos del Loreto (octubre 23), como se dirá 
adelante. Fué de carácter magnánimo y generoso, y 
sensible al perdón. 

Aquel joven, sin embargo, (dice Valdés), no estaba 
preparado ni por la naturaleza, ni por la educación, pa- 
ra regir los destinos de un pueblo tan trabajado por los 
partidos civiles, y tan liciado de vicios sociales y polí- 
ticos. 



TERCER PERIODO 



(De 1857 a 1864) 



CAPITULO 19 



Gobierno de Linares 



1857-1861 



Gobierno y reformas de Linares.— La revolu- 
ción popular de 1857, que causó la caída de Córdova, 
exaltó al poder al doctor José María Linares, personaje 
notable, de rara y vasta ilustración, que quiso cambiar 
el orden de cosas establecido, reanimando nuestras 
instituciones abatidas y decadentes, ayudado por el 
concurso intelectual del país. Inauguró su gobierno 
decretando la disminución del sueldo de Presidente y 
de los ministros, y principió el camino de las innova" 
ciones y de las reformas; creó un Consejo de Estado 
(diciembre 24); cambió la división de la República, de- 
marcando su territorio en 32 jefaturas políticas (di- 
ciembre 25), y restableció y organizó la institución mu- 
nicipal. Introdujo innovaciones en la organización ju- 



— 161 — 

dicial y administrativa; creó dos distritos mineros con 
dos cámaras, una en Potosí y otra en Oruro; moralizó 
y reformó el ejército (cuyo número de 6,000 plazas, re- 
dujo a 1,200), creando con iguales miras un colegio mi- 
litar; reglamentó la guardia cívica. La hacienda pú- 
blica fué manejada con esmero; el crédito nacional se 
elevó del nivel en que estaba; se reglamentaron las so-^ 
ciedades anónimas; se abolió el Banco de quinas; se 
restableció la ley de la moneda de plata (alterada des- 
de 1830) de diez dineros y 20 gns. (se emitieron los lla- 
mados Pesos Frías). Los colegios de artes de Cocha- 
bamba y La Paz, se destinaron para la enseñanza de la 
clase artesana (1859 y 1860). La instrucción recibió 
impulso notable, «aunque el país no estaba preparado 
para las reformas que se intentaron*. 

Linares celoso de la moralidad pública y privada, 
creyó hallar vicios en todo: expidió «decretos sabios y 
enérgicos, que recuerdan los antiguos tiempos de la 
grandeza romana*. Intentó también la reforma del 
clero, ordenando la fundación de grandes seminarios y 
dictando medidas disciplinarias. 

Dictadura. — Las innovaciones y reformas introdu- 
cidas, dañaron, como es de suponer, intereses particu- 
lares y naturalmente, enardecieron los ánimos y exci- 
taron los odios contra el gobierno: surgieron cruentas 
oposiciones y Linares se proclamó dictador (marzo 31 
de 1858): el partido opuesto y los descontentos conspi- 
raron en los cuarteles. Melgarejo en Cocha bamba 
(marzo 11 de 1858) y Agreda en Sucre (marzo 10), ya se 
sublevaron, y con ellos comenzaron las revueltas; las 
que no tardó en reprimir con severidad el dictador, cu- 
ya tendencia era: remover y renovarlo todo. 

21 



— 162 — 

Motín de La Paz; proceso de los revolucionarios: 
el padre Pórcel—m 10 de Agosto de 1858, estalló en La 
Paz un mal concertado motín: los conjurados, indivi- 
duos oscuros, atacaron el cuartel del batallón 1.° sien- 
do luego dispersados por el Coronel Benjamín Rivas 
con la guardia del palacio; algunos de ellos se dirigie- 
ron a la plaza y dispararon tiros, ocasionando la muer- 
te del General Prudencio, que tenía cierto aire de se- 
mejanza con el dictador, y de un edecán Virbuet. 
Aprehendidos los autores, fueron procesados. El Co- 
ronel Hilarión Ortiz, pundonoroso y valiente militar, 
erróneamente tenido por uno de los conjurados, fué 
víctima de las iras del dictador y, condenado al patíbu- 
lo, pudo salvar la vida merced a las influencias del 
doctor José María Santiváftez. 

De los encausados, fueron condenados a la pena 
capital: el Mayor Blanco; el teniente Clinger; los sar- 
gentos Salvatierra y Calera, fusilados al amanecer del 
1.° de septiembre, juntamente con el P. Pórcel, éste 
previa degradación de su estado religioso, para lo cual 
el filántropo Obispo de La Paz Monseñor Fernández de 
Córdova opuso inútil resistencia, tratando de salvar 
por este medio de la muerte a que estaba sentenciado 
el desgraciado aunque rebelde franciscano. Los de- 
más, fueron condenados a diez años de presidio o des- 
tierro, contándose entre ellos las señoras Juana Asín y 
Juana Ledezma. «Al fin y al cabo, dice a este respec- 
to Walker Martínez, menos mal es que corra en el pa- 
tíbulo la sangre de cuatro asesinos, que no en los cam- 
pos de batalla la sangre de todo un pueblo*. 

Incursiones de los emigrados. — Desacuerdo con 
el Perú. — Linares perdía sus prestigios, por otras au- 
daces reformas emprendidas y su severidad en el casti- 



— 163 — 

go de los revolucionarios, y los desórdenes aumenta- 
ron. Los emigrados de Bolivia en el Perú a órdenes 
de Pedro Espejo y Uladislao Silva, atravesaron la 
frontera y, batidos por el General Juan José Pérez en 
Pucarani (agosto 24), se retiraron nuevamente. El 
año 1859, tuvo lugar una nueva incursión de los parti- 
darios de Belzu y Córdova,que penetraron en la Repú- 
blica acaudillados por el General Agreda, y fueron de- 
rrotados en los altos del Calvario de La Paz, dejando 
en el campo 60 muertos, varios heridos y prisioneros 
(febrero 28). 

Estas incursiones de los emigrados bolivianos en 
el territorio peruano, impulsaron al gobierno de Boli- 
via a que hiciera reclamaciones al Perú, que oculta- 
mente las fomentaba y protegía. A su estudiada im- 
pasibilidad, le declaró interdicción, (abril de 1861); ha - 
ciéndose impopular la guerra, que era su consecuencia, 
nuestro gobierno arribó a nuevos arreglos (octubre). 

Motín de Potosí. — Heroica actitud de Campero. — 
Estalló el 28 de noviembre de 1859 una rebelión capita- 
neada por el Coronel Ravelo, a los gritos de iViva el 
General Belzu!, en Potosí, resultando prisioneros al 
día siguiente, después de reñidos combates, el Coronel 
Narciso Campero, jefe político del departamento;quien 
llevado por los sublevados al patíbulo, demostró gran 
valor civil; se negó a rendirse ala intimación que le 
hicieron de entregar la Casa de Moneda de la ciudad; 
por lo que lo arrojaron a una prisión. Campero dio 
un hermoso ejemplo de lealtad, con admirable constan- 
cia y actitud heroica, llevando el cumplimiento del de- 
ber hasta el sacrificio; se le amenazó con fusilarlo, si 
no firmaba la orden de entrega: «¡Hagan de mí lo que 
quieran!* fué su respuesta; sentado en el patíbulo, in- 



- 164 — 

sistió en decir: «¡Fusílenme; pero no firmo!* (noviembre 
29). La Columna de Sucre al mando del Coronel Mora 
les, lo libertó. (Diciembre 30). ( 66 ) 

Motín de Santa Cruz.— Otras rebeliones.— En 
Santa Cruz tuvo lugar un movimiento revolucionario 
encabezado por el Coronel José Martínez y Diego Póvil, 
que instigaron al motín a la fuerza pública. Belzu fué 
el caudillo proclamado (mayo 10 de 1860). El General 
Achá, Ministro de la Guerra, batió a los rebeldes en 
las llanuras del Pari (julio 4 de 1860). A esto sobrevi- 
no la defección de dos escuadrones de caballería, que 
trataban de sublevarse en Achacachi y Viacha;fué des- 
cubierto el plan, siendo en consecuencia fusilados tre- 
ce sargentos, uno de ellos en La Paz (septiembre y oc 
tubre). 

A este mismo tiempo, t?nía lugar una nueva incur- 
sión belcista, acaudillada por el Coronel Quintín Que- 
vedo, que venía precedido por la sublevación de los in- 
dios de Yunguyo, Ohucuito y Copacabana, los que fueron 
dispersados por el Coronel Nicanor Plores. Quevedo 
capturado, fué confiinado al Beni. (octubre). 

El golpe de estado: caída de Linares.— «No hay 
popularidad que el tiempo no gaste»; fué muy grande 
la de Linares; y ya su gobierno se socababa a menudo... 
Pero, quiénes debían derrocarlo del poder, eran ¡cosa 
rara!, sus más decididos adeptos. El 14 de enero de 



(86) En un interesante folleto publicado (1904) por don 
Eduardo J. Campero, con el título de «Bevolución ae Potosí.— Epi- 
sodio del General Campero*, se consignan las fechas 28 y 29 de 
noviembre, corrigiendo las de 21 y 22 de noviembre que se regis- 
tran en el auto de la Corte Suprema de 1860, y, que generalmen- 
te se consigna. 



— 165 — 

1861, estalló una inesperada rebelión, cuyos autores 
eran los ministros Achá, Sánchez y Fernández, que, de 
acuerdo sedujeron el ejército y destituyeron de hecho 
al dictador, el que salió del palacio presidencial acom- 
pasado del General Braún y otros, sin las insignias del 
poder, obligado a expatriarse. Este hecho se ha lla- 
mado el Golpe de Estado. 



El doctor José María Linares nació en Potosí, (en 
la Provincia de Porco), el 10 de julio de 1810 y murió 
en completa miseria en Valparaíso, el 6 de octubre del 
mismo año en que lo derrocaron sus ministros. (1861). 
Su gobierno se ha caracterizado por el espíritu de in- 
novación y reforma. Ha sido una de las pocas admi- 
nistraciones de ilustración y progreso. Linares,espíri- 
tu inflexible y perseverante, fué un gran carácter; se 
encargó del poder con el aplauso general, al extremo 
de ser llamado «el redentor político del país». Quiso 
expurgar de la nación los abusos inveterados de las 
nulidades y los vicios, de que no dejó de estar plagada; 
pero, también, «creía que para matar el genio de la re- 
belión, era preciso oponer el genio del despotismo», 
( 67 ) lo cual le enajenó las simpatías populares.— Lina- 
res era (por su madre) de la ilustre raza de los condes 
de Casa real y de los señores de Rodrigo en Navarra. 



(«) Sotemayor Valdéz.— «Estudio Histórico de Bolivia».— 
Santiago, 1874. 



— 166 — 

Gobierno del Triunvirato. -Los ministros suble- 
vados: General José María de Achá, Ruperto Fernán- 
dez y General Manuel Antonio Sánches, se constituye- 
ron en Junta de Gobierno, que el pueblo llamó el 
«Triunvirato» Trataron de justificar el «paso aleve» 
que dieron, pero la opinión sensata del país los conde- 
nó. Dicha Junta por un decreto abolió los pasaportes 
en el interior de la República, levantó los destierros y 
confinamientos, dictó otras medidas de orden público 
y convocó al pueblo a la elección de una Asamblea Na- 
cional; y, ejerció el poder supremo durante 100 días 
(enero 14 a 1? de mayo de 1861). La rivalidad secreta 
de los Triunviros hizo que la libertad de la elección 
fuese amplia. 



CAPITULO 2o. 



Gobierno de Achá.— 1861-1864 



Presidencia de Achá. — Actos del Congrego Consti- 
tuyente. — Reunida la Asamblea Nacional el 1.° de mayo 
de 1861, proclamó Presidente interino de la República 
al General Achá (mayo 6), que principió por organizar 
un Gabinete de fusión, al que ingresaron Rafael Gusti- 
llo y M. Macedonio Salinas, notables hombres públi- 
cos. El Congreso abolió los diezmos y primicias y las 
contribuciones indirectas, fijando el impuesto directo; 
expidió varios decretos sobre arreglos eclesiásticos, 
imprenta, instrucción pública y otros ramos; mandó 



j 



— 167 — 

establecer una escuela de agricultura y ganadería en 
Cochabamba; creó un Consejo permanente de Estado y 
sancionó la Constitución de ese año (1861). notable por 
sus preceptos liberales y porque neutralizaba la acción 
del Ejecutivo. 

En el seno de la asamblea, surgió el proyecto de 
«declarar indigno de la confianza nacional* al dictador 
Linares, quien mandó desde Valparaíso su célebre 
«Mensaje», que acabó por exacerbar los ánimos, promo- 
viendo ardientes y calurosos debates. Linares, que 
desde su ostracismo trataba de sincerar su administra- 
ción, tuvo en el Parlamento valientes defensores, como 
Valle, Frías, A. Ballivián, Natalio Irigoyen. El Con- 
greso dictó amnistía y cerró sus sesiones (agosto 15). 
En el acto solemne de la clausura, el Presidente del 
Congreso Constituyente, (señor Adolfo Ballivián), dijo: 
«Si la Asamblea no ha satisfecho todas las justas exi- 
gencias del país; si ella no ha remediado todos los ma- 
les sociales que nos aquejan, es ciertamente porque 
el origen de estos males no está en el fondo de nuestras 
instituciones , sino más bien en el fondo de nuestras cos- 
tumbres. La regeneración política de Bolivia, no es la 
obra de un Congreso* .... 

Matanzas de Yáñrz. — Rebelión de Balza; muerte 
de Yáñez. — El gobierno encomendó la Comandancia Ge- 
neral del Departamento de La Paz al Coronel Plácido 
Yáñez, militar valiente, pero enemigo acérrimo de los 
belcistas, por las persecuciones que sufrió de ellos Yá- 
ñez, como a autores de una conjuración verdadera o 
ficticia, mandó apresar a tres generales, siendo uno de 
ellos el General Córdova y varios jefes, oficiales y sol- 
dados, reduciéndolos a prisión en el Loreto. La noche 
del 23 de octubre (1861), despertó alarmado oyendo la 



— 168 — 

detonación de alguno* tiros, ordenó la defensa del 
cuartel y, preocupado de la actitud de los presos,se en- 
caminó al lugar que ocupaban; donde fué anoticiado 
el Capitán Rivas, de que el General Córdova intentó 
por dos veces atropellar al oficial de guardia; a lo que 
notablemente exasperado, ordenó se le victimara, así 
como a los demás prisioneros del Loreto, los que saca- 
dos a la plaza, fueron bárbaramente victimados; mien- 
tras tanto, en el cuartel eran también fusilados los 
otros presos, salvando muy pocos, merced a las som- 
bras y a la oportuna mediación de su hijo Darío: las 
víctimas, entre las que podían contarse Francisco Pau- 
la Belzu, el General Hermoza y Pedro Espejo, pasaron 
de cincuenta, sirviendo bien luego sus cadáveres de es- 
pectáculo a la ciudad, que despertó aterrada. Esta 
tragedia, inspirada por el odio político, se ha llamado 
las matanzas del Loreto. ( 58 ) 

Pasado un raes de estos espantosos asesinatos po- 
líticos, el 23 de noviembre, el Coronel Narciso Baiza se 
sublevó en la misma ciudad, pronunciándose a favor de 
Ruperto Fernández; atacó, con el batallón de su mancfo 
y la columna municipal, al batallón del Coronel José 
María Cortés, militar pundonoroso que cayó herido de 
muerte; el pueblo, aprovechándose de este desorden, 
se amotinó en grandes masas, pidiendo «¿a cabeza de 
Yáflez», el que sitiado y atacado en el palacio, en su 
desesperación había logrado escalar uno de sus muros 
y, herido por una bala certera en el tejado, rodó (desde 
15 m. de altura) hasta el suelo, siendo después arras- 



(68) Léase el notable estudio crítico «Las matanzas del Lo- 
reto* por R. G. Moreno. 



— 169 — 

trado por las calles su sangriento cadáver, que fué 
desgarrado por la ira popular. . . 

El General Achá, sabedor de los sucesos de octu- 
bre, sólo pudo avanzar (hacia La Paz), de Sucre hasta 
Oruro y anoticiado del último hecho, arribó a la ciudad 
de La Paz. (Noviembre 28). Balza entregó 'sus fuer- 
zas amotinadas al General Gregorio Pérez, órgano del 
Gobierno. 

Revolución De Fernández. — ( 59 ) Aprovechan- 
do de la ausencia de Achá, de la ciudad de Sucre, Fer- 
nández, uno de los caudillos del 14 de enero quede an- 
temano había preparado un golpe contra él, se sublevó 
proclamándose Presidente (noviembre 30). A los cua- 
tro días de este hecho, noticioso de la derrota que ha- 
bían sufrido en Potosí las fuerzas que encomendó a su 
adepto el Coronel Agustín Morales, y sabiendo el desen- 
lace de la rebelión de Balza, huyó a la Argentina, que 
era su patria. (Diciembre 4 de 1861). 

La rebelión de marzo.— El año siguiente se su- 
btevó en la misma ciudad de Sucre, José Benito Cane- 
los, proclamando a Belzu (marzo 7 de 1862); y después 
de cometer atropellos, pasó a Potosí, que la ocupó li- 
brando combate en la Tejería, donde murió el valiente 
Coronel Hilarión Ortiz, defensor de la plaza. Canelos 
y sus correligionarios regresaron a Sucre, a la aproxi- 
mación del General Pérez, que pronto consiguió batir- 



ía No es fácil de explicarse,si no es que por la inconsecuen- 
cia de los políticos, la conducta de Fernández,que ayudó a Achá 
a derrocar a Linares, y el que dijese: cque el país era víctima de 

la ambición la más absurda».: haciendo alusión a) mismo 

General Achá! 

22 



— 170 — 

les en Mesaverde, quedando así debelada la rebelión 
(abril 3). 

La Asamblea Nacional.— Revolución del General 
Gregorio Pérez. — Reunida la Asamblea Nacional (6 de 
agosto de 1862) en Sucre, proclamó (agosto 15) Presi- 
dente Constitucional al General Achá,que obtuvo la ma- 
yoría del sufragio popular de entre los otros candida* 
tos (Tomás Frías, Gregorio Pérez y Narciso Campero). 
Sobre la validez de dicha elección «censurada por ilegal, 
se discutió mucho. El General Gregorio Pérez se 
fundó en tal pretexto para acaudillar una revolución, 
que la realizó en La Paz (agosto 19), proclamándose 
Jefe Supremo de la nación. Ante actitud tan resuelta, 
el Congreso recesó y Achá se puso en campaña sobre 
los revolucionarios; avistáronse ambos enemigos en los 
llanos de San Juan (septiembre 15), donde después de 
recíproca intención manifiesta de negociar la paz, y de 
vacilación de trabar combate, se comprometió la bata- 
lla, con la decisión franca y audaz del Coronel Melgare- 
jo, jefe de un Escuadrón de caballería; quien espontá- 
neamente se presentó al Presidente y le dijo: «Mi Ge- 
neral, es preciso atacar: yo ataco!» La lucha fué en- 
carnizada; las fuerzas revolucionarias completamente 
deshechas, se replegaron, con su caudillo el General 
Pérez, a fortificarse a La Paz, ciudad que no tardó en 
ser tomada por asalto por las tropas disciplinadas del 
Gobierno, después de seis horas de sangriento y reñido 
combate, el 16 de octubre del propio año (1862). 

Política del gobierno; administración.— Im- 
portantes reformas hacendarías. — Achá siguió el camino 
de la política mesurada y circunspecta que venía prac- 
ticando y decretó amnistía general (marzo 26). Empe- 
ro, la oposición septembrista no olvidaba el golpe de 



— 171 — 

Estado del 14 de enero, que calificaba de «traición infa- 
me» al dictador Linares, no cesando de atacar al man- 
datario, por la prensa y la tribuna. Baptista fué el 
corifeo de ella. Esa oposición le arrancó torrentes de 
elocuencia en las legislaturas de entonces, asentando 
su fama de grande orador. 

Debeladas las rebeliones, Achá organizó un notable 

Gabinete, cuyo Jefe el sefior La Tapia, inspiró el cele* 
bre decreto «la apelación al pueblo», cuyo objeto era 
convocar una Asamblea Nací oral que cambie radical- 
mente la Constitución de entonces, (noviembre 18), el 
que causó el descontento y la protesta general, por lo 
cual no tardó en ser abrogado (diciembre 22). Achá 
cambió de Ministerio, ingresando en el nuevo don 
Melchor Urquidi, que manejó con esmero la hacienda 
pública, introduciendo algunos arreglos económicos y 
financieros. Se tendió a la descentralización, supre- 
sión del monopolio, protección a las industrias naciona- 
les, supresión de los diezmos, perfeccionamiento de la 
propiedad del indio, establecimiento del catastro, mejo- 
ramiento del régimen fiduciario, &. 

Referente al régimen agrario y de la reforma acó* 
metida por Urquidi. he aquí la apreciación de un escri 
tor de nota: «Casi todos los gobiernos han dictado 
disposiciones variadas para resolver la cuestión agra- 
ria y la condición jurídica y social de los indígenas po- 
seedores de tierras llamadas de comunidad. — En medio 
de las contradicciones y diversidad de criterios en que 
ha fluctuado la legislación agraria, merece citarse el 
importante decreto de 28 de febrero de 1863, que es el 
que mejor comprendió la mente de los decretos dictato- 
riales de Trujillo y el Cuzco, expedidos por el Liberta- 
dor Bolívar los años 1824 y 1825, proclamando el dere- 



— 172 — 

cho de propiedad de los indígenas y la abolición del 
tributo. — Los considerandos de aquel decreto, suscrito 
por el Ministro de Hacienda del General Achá D. Mel- 
chor ürquidU contienen una exposición completa de los 
antecedentes legales de la materia, y llegan a conclu- 
siones de una justicia perfecta; las que sirvieron de ba- 
se para las leyes definitivas de 1874 y 1880» . . .(Histo- 
ria Financiera de Bolivia, por Casto Rojas). Son 
también análogos los conceptos pertinentes del publi- 
cista chileno Sotomayor Valdez, en su notable Estudio 
histórico . . . 

Se fomentó el desarrollo industrial del país. 

El Gobierno desplegando una laboriosidad lauda- 
ble, se entregó a la administración. «Creó el Batallón 
Ingenieros, (febrero 24 y marzo 21 de 1863), destinado 
a ocuparse en la apertura de caminos y obras de utili- 
dad común; ( 60 ) concedió privilegio a una compañía 
porteamericana para establecer la primera línea de 
Cochabamba y sus valles, (enero de 1864); mandó una 
expedición al Chaco, encomendándola al Coronel An- 
drés Rivas, al que se le asoció el P. Gianelli, del Cole- 
gio de Propaganda de Tanja, que exploraron el río 
Pilcomayo (1863). Por decreto de 21 de febrero de 
1863, se introdujo el uso de las estampillas en el fran- 
queo de las correspondencias. Se crearon también 

• 

nuevos juzgados; se perfeccionó el sistema monetario 
del país, (junio 29), creándose el boliviano de 100 ctvs. 
y se dictaron otras medidas de buena administración. 
Cuestión de límites.— El año 1863, un chileno 
descubrió las guaneras de Mejillones, y Chile se encar- 
gó de hecho de explotar esas riquezas, ocupando vio- 



l 



(*») Sotomayor Valdóz. 



- 173 — 

lentamente la bahfa de ese puerto: herida así la digni- 
dad nacional, el gobierno boliviano hizo reclamaciones 
y convocó un Congreso extraordinario, el que reunido 
en Oruro (mayo 1853) le autorizó a declarar la guerra 
a Chile; como viniesen otras cuestiones (como la decla- 
ración de reconquista hecha a las Repúblicas del Pací- 
fico por la España, lo que motivó la reunión de un Con- 
greso de americanistas), la cuestión de Mejillones no 
tuvo solución. La Asamblea recesó, discutiendo sobre 
algunos asuntos industriales. La cuestión trascenden- 
tal de límites con el Brasil, corrió igual suerte. 

Revolxjción de Melgarejo; caída de Achá. — 
Hallábase el Presidente en Cochabamba, donde se reu- 
nió el Congreso ordinario (el 6 de agosto de 1864) y tu- 
vo calurosas sesiones, discutiendo sobre una acusación 
hecha al gobierno y sobre los poderes de Morales, que 
elegido dipu£ado por Chuquisaca, pretendía ocupar un 
asiento en la asamblea, la que concluyó por excluirle 
de su seno por nulidad de su elección. Los partidos 
políticos agitábanse para la elección del futuro Presi- 
dente de la República, presentando varios candidatos, 
siendo el designado últimamente, por el gobierno, el 
general Agreda, lo cual causó descontentos: una cons- 
piración fué debelada con la prisión de los oficiales 
Eliodoro Camacho y Lisandro Peñarrieta (diciembre). 
Melgarejo, de acuerdo con ei capitán Avila, se apoderó 
del cuartel del regimiento «Rifleros», con cuyo auxilio 
logró también apoderarse de las fuerzas existentes en 
la ciudad y de un cuerpo de artillería, residente a dos 
millas (en el villorio del Pazo), con una audacia y cele- 
ridad asombrosas y sitió ei palacio, donde se encerra- 
ron precipitadamente el batallón «Cortés», el Escua- 
drón «Bolívar» y la Escolta del Presidente. Fsle, 



♦ 



— 174 - 

apenar de la resistencia intentada por sus adeptos los 
Coroneles Barrientes y Castro Pinto, viéndose en una 
situación critica y desesperante, abandonó el palacio 
de gobierno, ocupado ya por Melgarejo, que se procla- 
mó Presidente Provisorio. (Diciembre 29 de 1864). 



El General José María de Achá nació en Cocha- 
bamba en 1811 (julio 8), y, amargado por las contradic- 
ciones de la suerte y de la política, murió en la misma 
ciudad en 1868 (enero 28). Su gobierno ha sido uno de 
los más laboriosos, abnegados y patriotas que ha teni- 
do Bolivia: administró con estricta sujeción alas leyes. 




CUARTO PERIODO 



De 1864 a 1879 



CAPITULO 19 



Gobierno de Melgarejo.— 1864—1871 



Melgarejo en el poder; sus primeros actos ad- 

minis tr a tivos.- -Melgarejo dueño del poder (diciembre 
23 de 1864), principió por nombrar su Secretario Gene- 
ral a don Mariano Donato Muñoz, que en adelante fué 
su favorito y también el moderador de sus atentados; 
abrogó la Constitución entonces vigente; disolvió el 
Consejo de Estado (enero 13 de 1865); y suprimió las 
municipalidades; (enero 30) pasando sus fondos a la 
Comisaría de Guerra, creada para centralizar los dine- 
ros públicos y tenerlos a la mano. Esto dio pábulo a 
que la parte sensata del país, le alejara su ayuda en la 
administración. 

Melgarejo, de Cochabamba, donde derrocó al go- 
bierno de Achá, e impuso un empréstito forzoso de pe- 
sos 64,550, se dirigió a La Paz (el 8 de enero), revelan- 
do ya en su paso una conducta arbitraria y despótica. 
Las resistencias armadas comenzaron con la subleva- 



— 176 — 

ción de las tropas existentes en Sucre, las que (coman- 
dadas por los Generales Avila y Velasco Flor), des- 
pués de una escaramuza en Tafiaquira, fueron batidas 
por Sánchez y Agustín Morales, en el río Oseara, (ene- 
ro 31 de 1865). 

Revolución y muerte de Belzu. — Cuando des- 
pués de 60 días de residencia, Melgarejo salió de La 
Paz, el General Isidoro Belzu, que de regreso de Euro- 
pa se encontraba en Islay, consiguió introducirse en el 
territorio de la nación, poniéndose en breve a la cabe* 
za del movimiento revolucionario de La Paz, ciudad 
que en masa se le plegó a su antiguo caudillo procla- 
mándole (marzo 22 de 1865): Belzu organizó una fuerte 
resistencia, atrincherándose. Melgarejo con tramarchó 
de Oruro y se puso pronto sobre la ciudad sublevada, 
fusilando en el trayecto a su adepto el Coronel Vicente 
Cortés, con ánimo de imponerse por el terror en el 
ejército. 

El ataque de la ciudad se hizo por ocho partes: la 
lucha fué tenaz y sangrienta; las fuerzas del gobierno 
se desbandaban y Melgarejo, viéndose perdido por la 
inesperada deserción de sus soldados,que se pasaban al 
enemigo, en sp desesperación apostrofó a los que le 
quedaban: «/O me seguís coraceros, o me destapo los se- 
sos!» . . ..Y, con una audacia y un heroísmo increíbles, 
animado por el Coronel Narciso Campero, que le des- 
vaneció la idea de suicidarse, con unos pocos se lanzó 
sobre las barricadas y se dirigió resueltamente al pala- 
cio; el guardia Machicado,que le cerró el paso, asestán- 
dole un rifle con el propósito de matarlo saboreando 
antes el placer de apostrofarle diciéndole: ^«Ahora % 
Jpícaro! en qué manos estás» % perdiendo el instante opor- 
tuno, fué muerto, y luego el mismo Belzu, era victima- 



— 177 — 

do por un sargento Vega (en momentos en que Melga- 
rejo furioso estaba en actitud de matarlo) en el salón 
donde celebraba ya la victoria. Las tropas de Belzu y 
la multitud, proclamaban a Melgarejo que se presenta 
en una ventana del palacio, con aire de vencedor. 
(Marzo 27). 

Insurrecciones. — La Cantería -Las Letanías — Los 
desmanes del mandatario, de cuyos vicios y excesos y 
ningún don de gobierno era conocedora la nación, uni- 
dos a su poder ilegítimo, promovieron la conflagración 
general de la República: los pueblos se levantaron in- 
vocando la Constitución de 1861, abrogada. La ciudad 
de La Paz, apenas Melgarejo se alejó, se insurreccionó 
acaudillada por Alejo Barragán y Casto Arguedas 
(mayo 25); Oruro le hizo eco (junio 1?) con Donato Váz- 
quez,que se replegó a La Faz con 300 hombres y nueve 
cañones. Santiváfiez, Eliodoro Camacho, los Terrazas, 
(Melchor y Mariano Ricardo) y Belisario Antezana, 
acaudillaron la juventud de Cochabamba, atacando el 
cuartel (junio 11), que no pudieron tomar si no en otra 
tentativa (agosto de 1865), proclamando al Dr. Santivá- 
fiez. Nicanor Flores en Potosí (con la Secretaría Ge- 
neral- de Baptista) y Narciso Balza en Sucre, invocaron 
también el régimen de la libertad. «¡Abajo el usurpa- 
dor! ¡Viva la Constitución!». . ..fué el grito de estos 
pueblos. 

Melgarejo persiguió a los insurrectos y ocupó la 
ciudad de Potosí, (agosto 25), en cuyas proximidades, 
en el lugar denominado La Cantería, trabó batalla y 
derrotó al ejército constitucional, comandado por el 
general Nicanor Plores, Achá, Agreda y Sanjinés (II- 

23 



— 178 — 



defonso), que comandaba la división cochabambina. 
(Septiembre 5). Quedaron en el campo 200 cadáveres. 
Los prisioneros fueron fusilados: entre ellos Néstor 
Galindo, distinguido poeta, Vila y Moyano. 

Paltó acuerdo y armonía entre los gerentes, direc- 
tores o jefes de la causa constitucional, a quienes ani- 
maba, desgraciadamente, la ambición del predominio 
personal, pretendiendo cada cual asumir la Jefatura 
Superior, de que provino el desconcierto en la direc- 
ción, y fué consiguiente la derrota. 

El Grande y heroico General^ (como lo llamaban sus 
serviles adeptos a Melgarejo), pacificado el S. se diri- 
gió (el 4 de diciembre) en una marcha rápida al N., 
según se dice, devastando, fusilando e incendiando en 
su. tránsito. Arguedas, que se puso a la cabeza del 
nuevo movimiento revolucionario de La Paz, y asumió 
la Presidencia Provisoria de la República, contando 
con 2,000 combatientes, había avanzado hasta Oruro, 
de donde retrocedió precipitadamente y presentó bata- 
lla en Las Letanías (proximidades de Viacha), Ju# ar 

• 

en el que Melgarejo obtuvo también completa victoria, 
(24 de enero de 1866). Quedaron en el campo $20 ca- 
dáveres. El ala derecha de las fuerzas constituciona- 

es comandaba el General Sanjinés; el ala izquierda el 
Coronel Balza, y el Centro el General Pérez. La P& z 

ué rendida, capitulando el Prefecto de la Revolución, 
Casimiro Corral, y en consecuencia fusilados Games y 
Pedro Llanos. 

Melgarejo, consecuente a la ley del triunfo contra 

t rios divididos, (partidos rojo, belcista y el cír 

culo constitucional del General Achá), reconstituía su 



— 179 — 

poder, conquistando sección por sección la unidad de 
su dictadura. ( 61 ) 

Situación de la República. — Límites interna- 
cionales. — El país estaba asolado por la tiránica domi- 
nación de Melgarejo, reinando la inseguridad de la vi- 
da y de la propiedad. «El caudillo de diciembre», el 
apellidado «Gran Capitán del siglo». . . vejado por sus 
compatriotas, era pródigo en conceder franquicias a 
los extranjeros queje lisonjeaban: buscaba simpatías y 
apoyo en el extranjero, ya que no los tenía más que en 
el círculo estrecho de sus empleados civiles y en el ti- 
tulado «Grande e invencible ejército», deleznable sostén 
de la nombrada «Sublime y Gloriosa causa de diciem- 
bre», que no era otra que la de la usurpación y la más 
ignominiosa ilegalidad. 

Aprovechóse de conducta tan punible Chile, que 
encontró pretexto en la guerra que declaró la España, 
para aproximarse al gobierno venal deBólivia, y obtu- 
vo (condecorándole títulos y honores), por el tratado 
de 10 de agosto de 1866, la cesión de una gran zona del 
territorio boliviano de Atacama, en una extensión de 
dos grados geográficos (del 26 al 24 de latitud sud), 
desde los Andes al mar; liberando sus productos de todo 
gravamen en su introducción por Mejillones. El Bra- 
sil, cuyo agente diplomático López Netto, condecoró a 
Melgarejo con la «Gran Cruz de la orden del Crucero», 
y a Muñoz con la de «Comendador de la orden de la 
Rosa», obtuvo también, por el tratado de 27 de marzo 
de 1867, seis mil leguas cuadradas del fértil territorio. 



(«) Julio Méndez. — cBolivia antes del 8 de enero de 1875».— 
Tacna. 



— l.HO — 

Estos tratados fueron aprobados bajo la presión del 
despotismo, (septiembre 27 de 1868) por el Congreso 
Constituyente, reunido en La Paz (septiembre 17), que 
también dictó la 8* Constitución, aprobando los actos 
de la administración dictatorial de Melgarejo. (Sep- 
tiembre 26), y el uso de honores y condecoraciones re- 
cibidas. 

Los agiotistas también se dieron cita. La Casa Lu 
Chambre de Lima, hizo a título de empréstito un nego- 
ciado tan pernicioso al Erario Nacional,que por 439,978 
pesos que de él recibía Melgarejo, la nación se obliga- 
ba a pagar un millón de pesos. Meiggs (gran empresa- 
rio y contratista, natural de CakskU, New York) y 
López Oama, hicieron reconocer con usura sus créditos, 
que no podían ser más onerosos y perjudiciales, y la 
«Compañía Ossa y Puelma* de Santiago de Chile, obtu- 
vo el horrendo privilegio de explotar libremente Jas 
salitreras de Antofagasta. (Septiembre de 1866). 
Iguales privilegios se les concedió a dos chilenos, para 
establecer los bancos «Crédito Hipotecario de Bolivia» 
y el «Banco Boliviano» (1869). 

En suma, se concedieron privilegios y exclusivas 
irreparablemente ruinosas para la industria nacional y 
la hacienda pública. ( G2 ) 

Estado administrativo; Manejos de política 
interna. — El autócrata disponía de las rentas del Fis- 
co sin sujeción a ninguna ley tinancial, ni presupuesto; 
y, desde sus primeros actos, «empezó a disipar los fon- 
dos públicos, dando desmedidas gratificaciones a )a 



(♦») La crítica ñnanciera de la dominación discrecional de 
Melgarejo, se debe al ilustre señor Andrés Avelino Aramayo. 



— 181 - 

tropa y premios o regalos pecuniarios a la clase supe- 
rior de Jefes del Ejército».. La situación económica, 
llegó a un estado deplorable, conduciéndose los asun- 
tos del delicado ramo bancario sin escrúpulo ni siste- 
ma. El gobierno de Melgarejo introdujo el despilfarro 
en la administración: alteró la moneda nacional (enero 
5 de 1866); las tierras de comunidad fueron vendidas 
en aparente subasta pública, quedando los indios origi- 
narios simplemente en calidad de usufructuarios y 
colonos (mayo). El Congreso reunido en Oruro en 1870 
(agosto), proclamó a Melgarejo, Presidente Consiitu- 
cional de la República. 

El atroz mandatario no cesó de verter la sangre de 
sus enemigos políticos: fueron fusilados entre otros, 
«sin forma legal ni figura de juicio», Ladislao Santos 
en La Paz y el Coronel Lozada en Tarata, los dos antes 
de la luz del alba. Los edecanes Sotomayor y Bascu- 
ñán y el periodista Cirilo Barragán, fueron también 
muertos: el segundo a manos de Sánchez, favorito de 
Melgarejo. 

Persecusiones y destierros injustos, extorciones y 
violencias de todo linaje, que se practicaban a diario, 
en víctimas inermes, sumieron el país en el más triste 
abatimiento: nunca ma.yor fué, por eso, como en aquél 
sombrío período de la historia de Bolivia, la emigra- 
ción al exterior. 

Nuevas insurrecciones. — Barricadas de Potosí. — 
Al par que Melgarejo hacía más odiosa su dominación 
con sus actos proditorios, se levantaron nuevos caudi- 
llos: Reyes Cardona proclamó en Sucre (diciembre 7 de 
1870) a Lucas Mendoza de La Tapia, el que encabezó 
otro movimiento revolucionario en Cochabamba (di- 
ciembre 2l),y el Coronel Castedo invocó en Santa Cruz 



— 182 — 

al mismo caudillo (enero 19 de 1871). Los insurrectos 
fueron derrotados: Cardona en Potosí y La Tapia en 
Tarata. 

El 22 de octubre de 1870, el General Rendón se 
proclamó en Potosí Jefe Supremo de la República. 
Organizóse inmediatamente una Junta de Gobierno, 
cuyos miembros fueron el General Narciso Campero, 
La Tapia y el mismo Rendón: la ciudad fué fortificada. 
Melgarejo, sabedor de este suceso, marchó esobre Jos 
rebeldes», sitió la ciudad, que después de ocho días fué 
tomada por asalto y entregada al saqueo de la solda- 
desca victoriosa. (Noviembre 28 de 1870). Fueron fu- 
silados Aramayo y Vidal. . • 

Barricadas de La Paz. — Caída de Melgarejo.— 
Agustín Morales acaudilló en La Paz, un nuevo movi- 
miento revolucionario, que, en un principio, se inició a 
favor de La Tapia (el 24 de noviembre de 1870). Mel- 
garejo a esa noticia, se encaminó a La Paz, que le es- 
peró fortificada y armada toda ella; la atacó con sus ya 
decaidas fuerzas, presentando «todos los horrores de la 
guerra» y derrotado en ese sangriento combate, huyó 
al Perú. (Enero 15 de 1871). Así terminó el sexenio. 



El General Mariano Melgarejo nació en Cochabain- 
ba (Tarata) el 15 de abril de 1820 y murió en Lima, 
asesinado por su mismo favorito General Aurelio Sáir 
chez en 1872 (noviembre 23). Su gobierno ha sido un 
azote para el país. La historia de su administración, 
dice un escritor, es la de las desgracias de Bolivia, 



183 - 

presa entonces de la guerra civil más prolongada en 
los anales de su vida independiente. ( 63 ) 



CAPITULO 29 



Gobierno de Morales.— 1871-1872 



Presidencia de Morales. — Actos administrativos. — 

La opinión nacional proclamó Presidente Provisorio 
al vencedor de Melgarejo: Morales subió al poder, des- 
pués del éxito de armas del 15 de enero (1871), honrado 
con el dictado de Libertador. Nombró su Secretario 
General a don Casimiro Corral; decretó la devolución 
de las tierras de comunidad a los indígenas. (resolución 



( ,B ) cEn el carácter de aquel hombre», dice Sotomayor 

Valdéz, re ti riéndose a Melgarejo, cape ñas cabía la circunspección: 
su osadfa era grande, tenía conciencia de su valor militar y creía 
que para subir al más alto puesto, el mejor recurso era atreverse. 
El instinto de Melgarejo era la insurrección y así era fácil con- 
tar con él para los golpes arriesgados» (cEstudio Histórico 

de Bol i via»— Santiago, 1874). 

Melgarejo fué un hombre extraordinario, ha dejado atroz y 
perdurable memoria: cdéspota que más parece pertenecer a la 
leyenda que a la historia», dice de él Walker Martínez. Otro 
historiador afirma, que ccuando ebrio, era una fiera. Como sol- 
dado tenía las grandes pasiones de la guerra, inclusa la de la 

matanza, y como hombre, sabía su alma iluminarse con los 

resplandores de insólita clemencia». Tan cruel tirano, tenía en 
veces arranques generosos. 



— 184 — 

que fué después aprobada por el Congreso en enero de 
1872); decretó asimismo la habilitación de los puertos 
de Tocopilla y Antofagasta; organizó las municipalida- 
des; ordenó que las reclamaciones que se hicieren de 
los actos del gobierno de Melgarejo, se ventilen ante 
los tribunales ordinarios; y convocó un Congreso, re- 
glamentando las elecciones. 

El veredicto nacional pronunciado contra los em- 
pleados del sexenio, por las municipalidades de la Re- 
pública, (a que se negó la de Cochabamba), pasó a la 
justicia ordinaria. 

Actos de la Asamblea Constituyente. — Atro- 
pellos al Parlamento. — Reunida la Asamblea Constitu- 
yente en Sucre (junio 18 de 1871), Morales presentó su 
renuncia; sin embargo, temeroso de su aceptación, co- 
municó a una Junta de Notables que secretamente con- 
vocó a palacio, su intención de «disolver, dijo, el Con 

) 
Y atropello el Parlamento, seguido de una multitud 
inmensa, que invadió violentamente el salón legislati- 
vo; retiró «u renuncia y asumió toda responsabilidad, 
encargándose del poder, (junio 21). La Asamblea pa- 
ra evitar conflictos, apesar de haber sido así impune 
mente ultrajada, proclamó a Morales Presidente Pro- 
visorio (junio 26). Así mismo aprobó el convenio de 
armisticio o tregua con España (julio 8); mandó la 
apertura de un nuevo camino de Sucre a Santa Cruz 



(<*) En esa reunión convocada la noche del 20 de junio, el 
inolvidable Arzobispo de La Plata, señor Pedro Puch, dijoaMo 
rales: cCalmáos, señor, vuestro espíritu padece, está enfermo, 
hay que tranquilizarlo, hay que curarlo: y eso no puede obtener- 
se con medios violentos como el que proyectáis, que ocasionarían 
vuestra ruina y la de la patria» (J. Sanjinés). 



— 185 - 

(julio 20); declaró la nulidad de las ventas de las tie- 
rras de comunidad (julio 31) y de bienes del Estado, 
hechos bajo la dominación de Melgarejo (agosto 9), cu- 
yos actos administrativos, con excepción de la cosa juz- 
gada, declaró también nulos (agosto 12), premiando a 
los que contribuyeron a derrocarlo (agosto 17); aprobó 
el negociado Velarde-Meggs (agosto) y el empréstito 
Chitrch, por dos millones de libras esterlinas, para me- 
jorar la vialidad del N. de la República (agosto 24); y 
dictó una ley sobre la Conversión y acumulación de la 
moneda nacional. 

La misma Asamblea sancionó y puso en vigencia 
la Constitución de 1861, con reformas trascendentales, 
(introdujo la tolerancia de cultos en las colonias), dan- 
do amplitud a las municipalidades. Don Lucas Men- 
doza de La Tapia, eminente tribuno boliviano, abogó 
por la implantación del sistema de Gobierno Federal 
( 65 ); la mayoría de la Asamblea se pronunció por el uni- 
tarismo, cuya adopción sostuvo con calor el no menos 
notable orador don Evaristo Valle. ( ,í6 ) Después de 



(®) El ilustre La Tapia, uno de los hombres más grandes de 
Bolivia, nació en Cocha bamba en 1811: y murió en esta ciudad el 
20 de mayo de 1872, siendo sus exequias una verdadera apoteosis. 



(<*) Don Evaristo Valle nació en 1810 en La Paz, y murió en 
1874. En distintas ocasiones dio este célebre boliviano y emi- 
nente patriota pruebas de la incontrastable firmeza de su carác- 
ter y valor civil. Cuando el terrible Consejo de Ministros de 
1850. que mandó disolver el Congreso, Valle fué uno de los 
extraídos, por la fuerza, de la Cámara; se cuenta que el que lo 
conducía engrillado al Conseio de Guerra, abrumado con el peso 
que en él llevaba, exclamó haciéndolo caer: «Pesa Ud. mucho, 
señor!, a lo que el tribuno repuso: c/tfen soldado! acuérdate de esto 
pa?a decir a la posteridad, cuánto ¡tesa un diputado liberal » 

24 






I 



— 186 — 

cuatro mese» de ardua labor, el Congreso cerró sus se- 
siones, acordaudo al Ejecutivo diversas autorizaciones 
y aprobando sus actos políticos. 

El Gobierno autorizó a don Mariano Pero, el esta- 
blecimiento de un Banco («El Nacional de Bolivia»), 
con doble domicilio en Cobija y Valparaíso. 

Incursiones de Quevedo. — El General Quintín 
Quevedo, melgarejista que emigró a Chile, trató de in- 
vadir Cobija; mas, fué sorprendido. (Noviembre de 
1871). Hizo una segunda tentativa: ocupó el Litoral 
boliviano; pero su expedición fracasó definitivamente 
ante la resistencia que opusieron las autoridades del 
gobierno: Quevedo y sus adeptos fueron llamados fili- 
busteros. (Agosto de 1872). 

La cencerrada en el Congreso. — Muerte de 
Morales, — La Asamblea Nacional del 72, reunida en La 
Paz, proclamó Presidente Constitucional de la Repú- 
blica a Morales (agosto 23), que obtuvo la mayoría del 
sufragio popular. El 24 de noviembre (1872), hallába- 
se el Congreso en borrascosas sesiones, con motivo de 
la ruidosa cuestión Arteche, cuando una banda de músi- 
ca militar, fué mandada colocar por orden del Presi- 
dente (con el objeto de entorpecer la discusión), en la 
puerta misma del salón legislativo; la banda «tocaba 
una marcha fúnebre» ( <i7 ) y al toque de «ataque», 
algunas partidas de soldados penetraron en el seno 
del Congreso, el que entrando en confusión, se disol- 
vió. «Desocupado el Salón Legislativo por la falange 
sacrilega , se presentó el Diputado Baptista con alguna* 



(«7) Félix Reyes Ortiz.— cHistoria de Cuatro Días». 



— 187 — 

otros; y encasquetado el sombrero tomó su asiento con 
arrogancia. Advertido por algunos diputados para 
que se destocase el sombrero, el doctor Baptista con- 
testó con rapidez: *Bien puesto está! Yo no soy Dipu- 
tado: La Asamblea ha sido disuelta; la Asamblea ha sido 
escarnecida!... » Un bravo estrepitoso resonó en la 
barra a este acto digno de un Jirondino». (Hist. de 4 
días). Al día siguiente (noviembre 25), Morales fué a 
clausurar la Asamblea, que por el violento ultraje que 
se le infirió, estaba ya disuelta. «Declaro, (dijo al con- 
cluir su discurso de clausura), ante el país que los con- 
vencionales del 72 han sido unos traidores y unos ven- 
didos* ... 

Renunciando sus ministros (Corral, Melchor Te- 
rrazas y Pedro García), el Presidente asumió la dicta- 
dura nombrando Secretario General a Ildefonso Sanji- 
nés. (Noviembre 27). Introdújose así el régimen del 
militarismo despótico en el país, por la voluntad arbi- 
traria y omnímoda del mismo que poco antes decía: 
« mientras yo viva, no habrá tiranos en mi patria»... 

Morales, la noche del 27 de noviembre de 1872, te- 
meroso deque se tramaran conjuraciones para derro- 
carlo, inculpando el hecho a sus mismos partidarios y 
subordinados, presa de indecible furor, cometió atro- 
pellos: al capitán Laviña. que hacía la guardia, intentó 
y se esforzó por arrojarlo por las ventanas del palacio; 
ultrajó igualmente, guiado por sus vanos temores y 
desconfianzas, al Coronel Lavadenz, a quien le dijo iró- 
nico: «Coronel^ dicen que me vá a hacer revolución; vaya 
Ud. pues a tracería, ¡lo autorizo!* Su sobrino el Coronel 
Federico Laffaye, que era el moderador de sus atenta- 
dos, siendo también ultrajado, le disparó los siete tiros 



— 188 — 

de so revólver, victimándolo.. . El popular caudillo 
del 15 de enero, tuvo este miserable íin. ( 68 ) 



El General Agustín Morales, nació en La Paz e! 
11 de mayo de 1808, siendo victimado a la edad de 64 
años. No era él quien estaba llamado a reorganizar ia 
nación, después del período luctuoso del seocenio, tan 
funesto para el país. Por eso, su gobierno, no se ha 
distinguido más que por algunos cambios verificados 
de los actos del anterior. La intemperancia de su ca- 
rácter minó sus altos prestigios y le llevó a su propia 
ruina. 



Gobierno transitorio de Frías.— Después del 
trágico fin de Morales, la Asamblea Nacional, reunida 
en vista de la situación crítica y aflictiva del país, cuya 
Primera Magistratura quedó repentinamente en acefa- 
lía, encargó el Gobierno de la nación a don Tomás 
Frías, nombrado al efecto, Presidente del Consejo de 
Estado. (Noviembre 26). En este cargo lo reemplazó 
don Mariano Baptista. El doctor Frías, en quien se 
representaba el imperio de la ley, aceptó el mandato, 
tan sólo mientras el voto popular eligiese el nuevo 
mandatario: a este su desprendimiento le hizo merecé- 



is) En esta cterrible escena», Laffaye. a quien Morales, 
vejándolo por dos veces, le había dicho: *;Sal de aquí!* indigna 
do exclamó: €A mí, nadie me ultraja!* y le disparó el primer tiro, 
herido con el que Morales, que se retiraba, revolvióse y le dijo: 
¿Me matas, Federico? Y éste replicó: Sí, lo mato! Y aquél repuso: 
Mátame, sigue pues 



• — 189 — 

dor de las ovaciones y de las simpatías generales. 
Durante su interinato el hecho notable fué, que el Mi- 
nistro boliviano doctor Casimiro Corral, firmó un pro- 
tocolo con el Negociador chileno Santiago Lindsay, 
aclarando el tenor del tratado de límites de 1869, para 
dar así término a las dificultades que se suscitaron. 
(Diciembre 5). Fueron también notables: la transac- 
ción que se hizo con Pedro López Gama, el nuevo re- 
glamento que se dictó llenando los vacíos del código de 
minería, y las acertadas medidas que se dieron para la 
correcta administración de la hacienda pública. 

Se convocó a elecciones y a una asamblea extraor- 
dinaria, para proclamar al nuevo Presidente de la Re- 
pública, garantizando el libre sufragio. 

Don Melchor Terrazas y el señor Bosque (Juan de 
Dios), sacerdote elocuente, después Obispo de La Paz, 
desempeñaron, entre otros, las carteras de Estado, du- 
rante este breve período. 



CAPITULO 3 



o 



Gobierno de Adolfo Ballivián— 1873-1874 



Presidencia de jJallivián.— Sus actos adminis- 
trativos; congresos extraordinarios. — La Asamblea ex- 
traordinaria de 1873 convocada por el doctor Frías y 
reunida en La Paz, proclamó Presidente Constitucio- 



— 1W) — 

nal a don Adolfo Ballivián, que obtuvo la mayoría re- 
lativa del sufragio nacional (de entre los otros candida- 
tos Casimiro Corral, Quintín Quevedo y José Manuel 
Rendón). Mayo K 

Ballivián organizó el Ministerio con los estadistas 
Baptista, Bustillo, Calvo y el General M. Ballivián. 
Pantaleón Dalence, notable hacendista y jurisconsulto, 
ingresó posteriormente al Gabinete, muerto Rafael 
Bustillo. 

La administración general estaba desorganizada y 
en bancarrota inminente la hacienda pública. C 9 ) El 
nuevo mandatario, inspirándose en las necesidades im- 
periosas del país y con ánimo de llevar a cabo trascen- 
dentales planes financieros, convocó un Congreso ex- 
traordinario, el que reunido en la ciudad de La Paz 
(1873), se enteró de la situación rentística de la nación; 
mas, «amargado por las lecciones del pasado», negó a 
Ballivián la autorización que pedía para contraer un 
empréstito de 2.000,000 de £. (Junio 11). BalJivíán, 
con la firme resolución de liquidar los créditos de la 
República, convocó una nueva Asamblea extraordina- 
ria, la que reunida en Sucre (octubre 8), le facultó con- 
traer el empréstito sólo por un millón de libras, el que 
tampoco se efectuó (noviembre 12); quedaron así en pte 
importantes cuestiones económicas y de vialidad, dic- 
tándose medidas ineficaces, con excepción de muy V o ' 
cas de utilidad pública. 

El Gobierno de Solivia firmó en 1873, un tratado 
secreto de alianza defensiva con el Perú, cuyo Presiden- 



(«9 Según el Presupuesto sancionado por el Congreso de 
1872, el déficit era de 1.695,787. 



— 191 — 

te don Manuel Pardo, viendo la marcada hostilidad de 
Chile, a título de protección acordada a sus nacionales, 
que explotaban en el territorio peruano y boliviano, 
inició la idea. Este tratado, que ha sido de funestos 
resultados, fué aprobado por el Congreso extraordina- 
rio. (1873). 

Chile,que tuvo conocimiento del pacto, disimuló; y 
se armó gradualmente a la sombra del disimulo para 
hacernos la guerra, cuando bien convino a sus miras; 
mientras qne las naciones aliadas, confiadas en el abra- 
zo de amistad que se dieron, no se preparaban a recha- 
zar la usurpación. 

Entonces también, se tirmó una transacción con 
Belisario Pero, representante de la «Compañía de Sali- 
treras de Antofagasta», subrogatoria de los industria- 
les Ossa y Puelma, cuyos derechos eran ya litigiosos. 
(Esta transacción, en la que el Congreso no tuvo a bien 
imponer por «decoro» ningún gravamen a la Compañía, 
no fué aprobada sino en 1878). 

Muerte de Ballivián. — Ballivián, aquejado por 
una dolorosa enfermedad, abandonó el poder, encar- 
gando el mando Supremo al Presidente del Consejo de 
Estado (enero 31 de 1874). A los pocos días concluía 
su existencia: el 'día 14 de febrero, el ilustre enfermo 
agitóse; su médico y amigo tomóle en brazos: estrechó 
su cabeza y díjole: ¿Qué desea Ud. señor?— «¡Morir!*, 
contestó el inolvidable estadista, y esa fué su última 
palabra. 



Don Adolfo Ballivián fué hijo del vencedor de In- 
gavi: «la gloria meció su cuna, pero la tristeza era la 



— lí>2 — 

compañera inseparable de su vida». Su corta pero 
honrada administración, ha sido caracterizada por el 
respeto a la ley y el establecimiento del réjrimen del 
verdadero republicanismo. Ballivián era un ilustre 
militar como su padre; distinguido orador y literato, y 
eminente patriota. Nació en La Paz en 1831. 



CAPITULO 49 



Gobierno de Frías.— 1874-1876 



Presidencia de Frías.— Política y administración. 
— Ocurrida la infausta muerte de don Adolfo Ballivián, 
el anciano patricio don Tomás Frías, que pasó a reem- 
plazarle en la Presidencia,se encargó de lleno del man- 
do Supremo de la República, en su calidad de Presi- 
dente del Consejo de Estado, hasta la terminación del 
período constitucional (de 1872 a 1876). Febrero 14 de 
1874. 

El Congreso reunido en Sucre (agosto), dictó algu- 
nas medidas eficaces y mantuvo el espíritu de la Cons- 
titución entonces vigente, en cuya virtud Frías se in- 
vistió del mando en cumplimiento de un precepto legal. 

Durante el gobierno del doctor Frías, la República 
se descargó del gravísimo empréstito Valde-avellano: 
se pagaron las deudas de Colton y ch Goret, consolidán- 
dose la de López Gama. Se firmó un tratado de línai- 



— 193 — 

es, paz, amistad y comercio entre Bolivia (representa- 
da por don Mariano Baptista) y Chile (por don Carlos 
Walker Martínez), exonerando desafortunadamente las 
industrias y los productos chilenos de todo gravamen 
fiscal y municipal, por el espacio de 25 afios (agosto 6 
de 1874); este tratado tuvo la ventaja de desaparecer la 
funesta medianería establecida por el convenio Corral 
Lindsay. La política del doctor Frías se basó en la 
observancia de la ley y el afianzamiento de la paz pú- 
blica, la que, sin embargo, fué turbada por las faccio- 
nes, mal crónico del país. 

Sublevaciones.— El Presidente Frías trató de 
mejorar el servicio militar de la nación, iniciando ante 
la Asamblea una ley orgánica de conscriptos, en que 
se excluía el reclutamiento arbitrario^ causa principal 
de los motines de cuartel. La rebelión comenzó «con 
una tentativa de sedición en el centro militar del N., la 
que fué dominada en su cuna» ( 70 ) El 30 de no- 
viembre de 1874, estalló en Cochabamba el motín del 
batallón 3^, que vitoreó a Quintín Quevedo, el que tra- 
tó de aplacar el desorden; y como los amotinados su- 
piesen que el General Hilarión Daza, Ministro de la 
Guerra, era el enviado a sofocar la sublevación, a la 
noticia de su aproximación se dispersaron. La chispa 
revolucionaria cundió a La Paz, donde tuvo lugar un 
pronunciamiento (dirigido por Isaac Tamayo), de la di- 
visión acantonada en la ciudad, iniciada por el batallón 
(2.°) «Verdes», sienio el caudillo invocado el mismo 
Quevedo, que bien luego se puso a la cabeza de la re- 
belión. (Diciembre 23). 



(7o) Don Mariano Baptista.— «Don Tomás Frías», 1884. 
25 



— 194 — 

Coalición de Quevedo y Corral.-- Chacoma. — 
El General Quintín Quevedo y don Casimiro Corral, de 
rivales que eran, se coaligaron, para combatir conjun- 
tamente al gobierno del doctor Frias, asumiendo de 
hecho la gerencia de los destinos nacionales; don Julio 
Méndez fué nombrado Secretario General. El Presi- 
dente, pacificando Cochabamba, en breve derrotó a las 
fuerzas sublevadas de los coaligados en Villa Santa de 
Chacoma, habiendo mandado fusilar antes del comba- 
te, en Cal a marca, al capitán Aviles, por traidor, (enero 
18 de 1875). Quevedo y Corral fugaron al Perú. Poco 
después, estos mismos caudillos fueron proclamados 
por sus partidarios en el Litoral; mas, los sublevados 
se desbandaron a la aproximación de las fuerzas del 
Gobierno, comandadas por el General Daza. 

Barricadas de Cochabamba.— Incendio del Pa- 
lacio de La Paz.— En Cochabamba, don Miguel Aguirre 
encabezó una nueva sublevación (enero de 1875); y 
auxiliado con 300 combatientes por el Coronel Rufino 
Carrasco, fortificó la ciudad. El Presidente Frías, a 
esa noticia, salió de La Paz, dejando a sus Ministros y 
con gran celeridad, se puso sobre Cochabamba: en Qui- 
llacollo hizo fusilar al capitán Alarcón, revolucionario 
que cayó prisionero. La ciudad fué asediada durante 
dos días, al cabo de los cuales fué tomada por asalto. 
(Marzo 28 de 1875). 

Los partidarios de Corral y Quevedo, aprovechán- 
dose de que La Paz quedó desguarnecida, sublevaron 
el populacho y atacaron el Palacio de Gobierno por 
someter el Consejo de Ministros (que lo formaban Bap- 
tista, Calvo y Jofré), siendo el edificio infranqueable, 
lo -incendiaron: los empleados oficiales que durante 
ocho horas se defendieron heroicamente, eran ya arro- 



— 195 — 

jados por las llamas, cuando el batallón l.°,acantonado 
en Viacha, acudió en su auxilio y restableció el orden. 
(Marzo 20). 

El, golpe de Estado. — Caída de Frías.— Quedó 
restablecida la paz pública. Entre tanto, avanzaba lo 
que Frías solía llamar «la gran semana de la democra- 
cia»: las elecciones. El General Hilarión Daza, a quien 
un favor exagerado e inmerecido del Presidente le hi- 
zo el principal de su gobierno, lo que causó no pocos 
descontentos, figuraba entre los candidatos a la Presi- 
dencia (don Belisario Salinas y don J. M. Santiváñez), 
y sugestionado por políticos influyentes ( 7l ), o quizá 
temeroso de no ser legalmente.. . .un día (mayo 4 de 
1876), mandó apresar al Presidente Frías y a sus Mi- 
nistros y se apoderó del mando. Por gracia, permitió- 
se al Supremo Magistrado su último ostracismo. Es- 
te hecho se ha llamado el Golpe de Estado. 



Don Tomás Frías nació en Potosí el 21 de diciem- 
bre de 1804. Poco tiempo después del Golpe de Esta- 
do, se dirigió a Europa, donde en Italia murió pobre 
en la ciudad de Florencia el año 1884. Hombre pro- 
fundamente severo, era un talento claro y de una inte- 
gridad ejemplar. Su administración ha sido la más 
legítima representación del régimen legal en Bolivia; 
sin embargo, desconocieron esto los partidos políticos 
y le combatieron al anciano y eminente republicano, 
cuya política honrada y conducta austera, franca y 
leal, sirvió de escuela a la juventud, en otro tiempo. 



(Ti) Como don Jorge Obi i tas, que se dice renunció su candi- 
datura presidencial a favor de Daza. 



— 196 — 



CAPITULO 5? 



Gobierno de Daza— 1876-1879 



Daza en el poder.— El General Hilarión Daza, 
dueño del poder después del Golpe de Estado de 4 de 
mayo de 1876, asumió por decreto de la misma fecha la 
Presidencia de la República y convocó una Asamblea. 
Rodeado de notables hombres públicos, creyó que esta- 
ba sincerada su conducta ante la opinión nacional. 
Durante su gobierno se hicieron algunas reformas so- 
bre legislación y en el ramo administrativo: se dictó 
una ley suplementaria del Procedimiento Criminal, 
(marzo 20 de 1877); se estableció la Corte Superior del 
Distrito Judicial de Santa Cruz (enero 13 de 1878); se 
compiló el Procedimiento Civil (1878); encomendándose 
el trabajo al señor don Melquíades Lcaiza, notable ju- 
risconsulto; y por un decreto (de mayo 17 de 1877), fue 
depreciada en su valor la moneda feble («Melgarejos*)- 

Insurrecciones.— Daza tuvo que combatir algu- 
nos levantamientos. Cochabamba se pronunció contra 
el suceso de 4 de mayo, (junio de 1876); pero esa insu- 
rrección se extinguió sin resultado. Don Andrés Iba- 
ñez proclamó en Santa Cruz la Federación, (octubre 
19 de 1876); y perseguido el noble caudillo por el G e ' 
neral Carlos de Villegas, fué fusilado en San Diego de 
Chiquitos, juntamente con ocho de sus adherentes más 
decididos. (Mayo de 1877). 



— 197 — 

Política del Gobierno. — Daza inspirándose en 
una política mezquina, a los que censuraron sus desa- 
ciertos gubernativos, les impuso medidas injustas como 
arbitrarias. 

Los escritores Genaro Sanjinésy Ácosta, defenso- 
ras de los fueros municipales, merecieron la suerte de 
ser continados. Mandó disolver el municipio de Co- 
chabamba, compuesto entonces de un grupo de patrio- 
tas esforzados, que presididos por don Cleómedes Blan- 
co, ( 72 ) supieron oponer la energía de su carácter, a 
los «desmanes del desgobierno», negándose a fran- 
quearle sus fondos. Estas y otras arbitrariedades, 
desprestigiaron el gobierno Daza, surgido del asalto y 
«una prevaricación insigne» . . .que la oposición no po- 
día olvidar. 

Actos de la Asamblea Constituyente (1877- 
78). — Reunida en La Paz la Asamblea convocada (no- 
viembre 15 de 1877), proclamó al General Daza Presi- 
dente Provisqrio, aprobando sus actos. Asimismo, 
aprobó la «Compilación de leyes del Procedimiento 
Civil» (febrero 15 de 1878); y sancionó una nueva 
«Constitución Política, la (lo? 1 ), que contiene los princi- 
pios republicanos más avanzados, (febrero) y en la que 
introdujo el derecho de interpolación. 

LOS DIEZ CENTAVOS.— La agresión chilena — 
Al terminar sus trabajos políticos, la Asamblea Cons- 
tituyente decretó un impuesto de «10 centavos», sobre 
cada quintal de nitro que exportase Ja «Compañía de 
Salitres de Antofagasta» (febrero 14), ley que fué pro- 
mulgada poco después (febrero 23). «La Compañía» 



(72) El doctor Cleómedes Blanco, eminente boliviano, de 
probidad y luces como pocos, ha dejado en el difícil apostolado 
de la ciencia médica las cindelebles huellas de su profundo saber 
y de abnegación sin límites por la humanidad». 



— 108 - 

esa, sin embargo de que antes ofreció al gobierno boli- 
viano el 10 % de sus utilidades, se negó a pagar el 
gravamen que se le imponía en ejercicio de un derecho 
de legítima soberanía. El gobierno de Chile, (que ya 
se había hecho de los «necesarios» elementos de gue- 
rra), creyó llegada «la hora propicia» de anexar a su 
territorio valiosos departamentos de indefensos pue- 
blos. Pretextando amparar los intereses de sus in- 
dustriales que explotaban en el Litoral, interpuso sus 
reclamaciones, cobijándose en el Tratado de 1874, inti- 
mando al gobierno boliviano la suspensión del impues 
to, y, sin aceptar explicaciones ni el arbitraje propues- 
to, se lanzó a la guerra de conquista. ( 73 ) Ordenó a 
su Ministro en Bolivia (Videla) su inmediato retiro y a 
su escuadra la ocupación de Antofagasta. (Febrero 11 
de 1879)... No pudo ser más adversa y ruin la agre- 
sión. 

Las tropas chilenas aprestadas en Caldera (febrero 

12 de 1879), partieron con dirección al puerto de Antofa- 
gasta, en cuyas aguas se presentó en actitud hostil el 
blindado «Blanco Encalada». Daza, que tuvo noticia 
pronta de la ocupación militar de Antofagasta, eludió 
poner en conocimiento de los bolivianos, guardando re- 
serva durante seis días (de febrero 20 al 26). ( 74 ) 



p») Chile desconoció, pues, el principio americano del utti- 
possidetis de 1810, regla de las demarcaciones territoriales de las 
nacionalidades americanas, porque así le convino. Violó títulos 
reconocidos y tratados solemnes; rompiendo la paz y la solidari- 
dad continental, violó el Derecho Público Americano, como ud 
reto a la moderna civilización; y se hizo reo de un crimen. 



p*) Sólo por metodizar la narración, en esta parte se ha inte . 
rrumpido el plan del presente trabajo, dividiendo el gobierno de 
Daza. 



QUINTO PERIODO 



La guerra del Pacífico 



(De 1879 a 1884) 



CAPITULO 19 



Causas que motivaron la guerra.— Ocupación 

de Antofagasta. — El origen de la guerra del Pacífico, 
fué Ja codicia de Chile, que desde afios atrás venía ro- 
busteciendo sus antiguas aspiraciones de absorción del 
Litoral, cuyas ingentes riquezas, de día en día, toma- 
ban mayor incremento. Sólo espiaba el momento 
oportuno para extender sus dominios, realizando sus 
deseos de usurpación y sus planes de conquista, harto 
tiempo premeditados; y se valió de pretextos frivolos y 
procedió de una manera violenta e inaudita alegando 
la reivindicación de territorios que jamás le pertene- 
cieron; las tropas chilenas dirigidas por el Coronel 
Emilio Sotomayor, la mafiana del 14 de febrero de 
1879. ocuparon súbitamente «el puerto boliviano de 
Antofagasta»; ( 75 ) destituyendo de hecho las autori- 



(76) Vicuña Mackenna.— Un publicista contemporáneo^ m- 
bién chileno, (M. Cruvhaga, en su Derecho Internacional), pre- 



— 200 — 

dades establecidas «con la sorpresa propia de las cela- 
das», (como afirman sus mismos escritores), sin que ha- 
ya precedido previa declaratoria de guerra y rompi 
miento de hostilidades, ni que se solucionaran las cues- 
tiones pendientes, entorpecidas hasta entonces por su 
diplomacia y su política desleal, amiga de subterfu 
gios y dobleces. . .- 

Defensa de Calama. —Muerte de Abaroa. — Ocu- 
pada Antofagasta, el invasor se apoderó,a los dos días, 
del rico asiento minero de Caracoles (febrero 16). Los 
bolivianos de la Costa, expulsados por el enemigo, re- 
solvieron reunirse para oponer resistencia en el pueblo 
de Calama, cuya defensa organizó con admirable acti- 
vidad y loable patriotismo don Ladislao Cabrera, al 
que se subordinaron distinguidos médicos y el mismo 
Prefecto del Litoral Coronel Zapata. El indolente Da- 
za, cuyo nombre no ha sido debidamente execrado, se 
negó a enviar en auxilio oportuno de Calama a los Coro- 
neles Julián María López y M. González, que se presta* 



tende justificar este hecho, manifestando que hubo declaratoria 
de guerra por una nota de 12 de febrero del Enviado chileno. El 
docto internacionalista Federico Diez de Medina, explicando los 
alcances de esa nota, ha refutado con brillo esas aserciones. La 
declaratoria de guerra incumbe hacer a los Gobiernos, no a los 
Agentes diplomáticos. Esa nota fué de inmediato contestada, 
por el Gobierno boliviano, al de Chile directamente, protestando 
contra la actitud del citado diplomático, y abrigando aún fá 
esperanza de que se emplearan amistosos y pacíficos medios... • 
«Y como no existía en aquella época telégrafo alguno entre La- 
Paz y Arica, y no era posible comunicar noticias entre unoyotro 
lugar en menos de cuatro días, mal podría suponerse que la ocu- 
pación de Antofagasta fué hecha con previo conocimiento de la 
citada nota». Fué, pues, producida precipitadamente y antes de 
cambiada ésta. 



— 201 — 

ron a ello con los cuerpos de su mando. («Húsares» e 
«Illimani» con 750 plazas). El número de combatien- 
tes dispuestos a hacer respetar la soberanía de Boli" 
via, era de 135 abnegados patriotas, que sólo contaban 
con 45 rifles y algunas carabinas: el jefe chileno, sabe- 
dor de la actitud resuelta que ellos tomaron, envió un 
emisario a Cabrera, proponiéndole la rendición. Se le 
contestó: «defenderemos hasta el último trance la inte* 
gridad del territorio de Bolivia» . . . 

El Coronel Sotomayor, ante respuesta tan enérgi- 
ca de estos nuevos esparciatas, determinó movilizar 
800 soldados bien armados, los que saliendo (alas órde- 
nes del Comandante Ramírez), del pueblo de Caracoles 
el 21 de marzo, arrioaron a Calama la aurora del 23, 
día en el que los heroicos defensores de la plaza, sos- 
tuvieron sangriento y reñido combate, con un enemigo 
muy superior en número y elementos bélicos. La vic- 
toria se decidió a favor de los invasores: murieron 18 
bolivianos (entre ellos los valientes Abaroa, Menacho, 
Fernando Marquina y Maldonado); el enemigo tuvo 120 
bajas entre muertos y heridos. 

En la memorable acción de Calama, se distinguió 
Eduardo Abaroa, que a la cabeza de 12 bravos, defen- 
dió la población por el paso del Topater, rechazando 
con brío a los invasores. Herido en siete partes, no 
quiso rendirse y moribundo llevó la mano al rifle, retó 
al enemigo, que concluyó por victimarlo con una des- 
carga de su fusilería. (™) «Abaroa», dijo la misma 



( TO ) ¿Rendirmef dijo Abaroa. Cobardes! ¡que se 

rinda su abuela / Y concluyó con una interjección enérgi- 
ca, que no es lícito repetir, por más sublime que sea en los labios 
de un héroe moribundo a quien no pueden vencer ni rendir, el 
número, la fuerza ni la muerte Asi cayó Cambrón ne en 

Waterloo.— (Eduardo Zubieta). 
26 



— 202 - 

prensa chilena, «joven abnegado y generoso, murió 
como un héroe, aferrado a su carabina y apuntando al 
enemigo* . . . 

Las acciones heroicas recoge la Historia en pági- 
nas de amianto, para trasmitirlas a la posteridad más 
remota. El sublime episodio de la defensa de Cal ama, 
retempla con el recuerdo glorioso de la grandeza del 
sacrificio, las fibras del patriotismo: es la apoteosis 
perdurable del valor boliviano, que Chile pretendió 
humillar — Calama es un poema de heroísmo incom- 
parable; en él aprenderán en las edades venideras los 
hombres de corazón a morir como Abaroa, «buscando 
en el martirio la honra de la Patria y el lustre ineclip- 
sable de su bandera». (") 

Bolivia Al comienzo de la guerra.- -Aprestos 
bélicos. — ^ Alianza Perú-boliviana». — Cuando Chile prin- 
cipió la Conquista, Bolivia atravesaba poruña situa- 
ción anormal y penosa: el hambre y las epidemias asola- 
ban sus poblaciones, siendo general la carestía; y, sus 
luchas intestinas la abatieron. La administración pú- 
blica llegó a un estado deplorable de despilfarro. 
Chile escogió el «momento oportuno» para arrebatarle 
su Litoral. 

La noticia de la ocupación de Antofagasta y Cara- 
coles por tropas chilenas y la defensa de Calama, con- 
movió grandemente los ánimos y despertó el patriotis- 
mo de todos los bolivianos, que guiados por un solo 
sentimiento: la defensa nacional, ofrecieron espontánea- 
mente: armas, dinero y sangre El Gobierno, investi- 
do de amplias facultades, expulsó a los chilenos resi- 



(77) E. Uriburo.— «Episodios de la Guerra del Pacífico». 
Buenos Aires, 1899. 



— 203 — 

denles en el territorio patrio, ordenando (en mala hp- 
ra) el secuestro de sus propiedades; y, declaró el ejér- 
cito en campaña. 

A raiz de estos hechos, Bolivia envió al Perú un 
agente diplomático, con el propósito de hacer efectiva 
la alianza defensiva pactada en 1873. Él Perú, con ob- 
jeto de evitar una guerra desastrosa, ofreció la media- 
ción ante el gobierno de Chile, que rechazó las proposi- 
ciones del agente peruano, quedando así rotas, las rela- 
ciones entre ambos países. La guerra fué declarada 
por Chile el 5 de abril (1879) al Perú y Bolivia, que hi- 
cieron efectiva su alianza. 

Organizado el ejército boliviano, recibió la orden 
de marchar al Perú y, trasmontando los Andes, llegó a 
Tacna a principios de mayo, comandado por el General 
Daza en número de 8,000 hombres. Se encargó del 
gobierno de Bolivia un Consejo de Ministros, presidido 
por don Pedro José de Guerra, (abril 14 a diciembre 28). 

( 78 ) El General Mariano Ignacio Prado, Presiden- 
te del Perú, fué declarado Director Supremo de la 
Guerra. 

Campaña marítima. — Por entonces,- Chile conta- 
ba con una fuerza naval y numerosos elementos de 

guerra, a cuyo fin desde años atrás se armó. El go- 
bierno chileno movilizó su poderosa escuadra, que co- 
menzó la campaña con el bloqueo de Iquique, y bombar- 



as) Muerto el señor Guerra, pasó a ocupar la Presidencia del 
Consejo Ejecutivo el doctor Serapio Reyes Ortiz. Ministros de 
dicho Consejo fueron los otros Ministros Julio Méndez, Eulogio 
Doria Medina, Manuel O. Jofré. El Ministro de R. E. señor M. 
Lanza había ya hecho dejación de su cartera, por desavenencias 
con Daza. Se opuso a la guerra. 



— 204 — 

deó los indefensos puertos de Pabellón de Pica, Hua- 
nillos, Moliendo y Pisagua, causando inmensos perjui- 
cios (abril). 

La escuadra peruana salió del Callao con rumbo al 
S., en busca del enemigo. Las naves peruanas «El 
Huáscar» y «La Independencia», se dirigieron a las 
aguas de Iquique, a sorprender las corbetas chilenas 
«La Esmeralda» y «La Covadonga», que sostenían el 
bloqueo. «El Huáscar», dirigido por el valiente Co- 
mandante Miguel Grau, echó a pique a la corbeta 
«Esmeralda», cuyos tripulantes, imitando el ejemplo de 
su capitán Arturo Prat, perecieron como valientes. 
Al mismo tiempo, «La Independencia», al perseguir a 
«La Covadonga» se hundió en los escollos del mar, y 
sus náufragos fueron victimados bárbaramente por el 
enemigo, en medio a las olas (mayo 21). En Chile la 
heroica muerte de Arturo Prat tuvo gran efecto: la 
guerra iniciada por los gobernantes, se nacionalizó 

El «Huáscar». — Muerte de Grau. — La campaña 
marítima no cesó. Entre los buques de guerra perua- 
nos, el que más se distinguió en sus escursiones, fué 
el «Huáscar», que dirigido con audacia y maestría por 
el Capitán Grau por espacio de cinco meses, persiguió 
los buques enemigos, echando a pique a muchos. A 
poca distancia de Antofagasta, capturó el 'trasporte 
chileno «Rimac», que conducía elementos bélicos, apre- 
sando a sus numerosos tripulantes. Donde quiera que 
aparecía, causaba el espanto y terror".en los chilenos, 
hasta que el gobierno deja nación, temeroso de sus 
valientes correrías, resolvió capturarlo. Galvarino 
Riveros, nombrado Almirante de la Escuadra chilena, 
acordó medidas eficaces para 'apoderarse del monitor 
peruano. El 8 de octubre (1879) «El,Huáscar»Ise avis- 



— 205 — 

tó en la punta Andamos con cuatro buques de guerra 
de la armada chilena; trabó desigual combate, peleando 
su tripulación con incomparable valor, hasta que hecho 
cribas, fué tomada por el enemigo, muriendo como hé- 
roes en la sangrienta lucha, el bravo contraalmirante 
Grau y los suyos. 



CAPITULO 29 



Campaña del ejército aliado 



Daza y la política chilena. — Llegado que hu- 
bo Daza a Tacna a la cabeza del ejército boliviano, de 
acuerdo con el Director de la Guerra General Prado, 
envió las divisiones Villegas y Villamil, fuertes de 
3,000 hombres,a incorporarse al ejército peruano del S. 

El Gobierno de Chile, con ánimo de romper la 
alianza de Bolivia con el Perú, envió agentes o emisa- 
rios a Daza, proponiéndole bases de un arreglo amis- 
toso, las que por la forma inicua y alevosa para la na- 
ción peruana, fueron rechazadas. 

Las operaciones bélicas comenzaron en el sur, con 
el combate del Miño, donde el escuadrón boliviano 
«Franco Tiradores», fué acometido por la columna chi- 
lena «Cazadores del Desierto», que sufrió derrota (oc- 
tubre 28). 

Defensa de pisagua.— El Comandante Cleto Pérez.— 
Las fuerzas chilenas se reconcentraron en Antofagas- 



— 206 - 

ta, de donde el 28 de octubre partieron al N. La ar- 
mada chilena, compuesta de cuatro buques de guerra y 
varios transportes, la mañana del 2 de noviembre apa- 
reció, en actitud de combate, frente al puerto de Pisa- 
gua, que estaba guarnecida por dos batallones bolivia- 
nos y una pequeña fuerza peruana; los aliados se pre- 
pararon a la lucha contra un enemigo superior en nú- 
mero y armamento. La pequeña guarnición combatió 
durante ocho horas con las fuerzas chilenas, cuyas 
bombas lograron incendiar los grandes depósitos de 
carbón y salitre del puerto; los heroicos defensores de 
la población arrollados por las llamas, cedieron sus 
puestos y se batieron en retirada. El enemigo tuvo 
300 bajas entre muertos y heridos. 

Las fuerzas aliadas se reconcentraron a Pozo-Al- 
monte. 

Fueron admirables la audacia y arrojo del soldado 
boliviano, que, resuelto a morir, no tretidóen sumer- 
girse hasta el pecho en las aguas del mar, para com- 
batir, con el valor que le inspiraba la causa justa que 
defendía, contra fuerzas navales, bien artilladas, que 
le arrojaron «proyectiles de a 300». 

Entre los valientes defensores de Pisagua, es no- 
table la figura del Comandante Cleto Pérez; al finalizar 
la desigual contienda, una partida de soldados al man- 
do de un sargento, se dirigía a un lugar del puerto, 
donde en una habitación habían sido depositados gran 
número de heridos: fué pronto hecha fragmentos la 
puerta: el sargento distinguiólo en un rincón, por su 
alta graduación a Pérez: se precipita a él y le pone la 
boca del rifle sobre el pecho, diciéndole: «¡Hinqúese 
Ud!> El jefe agredido, que tenía una pierna destroza- 
da por los cascos de una granada, con indomable cora- 



— 207 — 

je responde: «¡para morir jamás se hinca un boliviano!* 
Admirado de tanto valor, el bravo sargento retiró el 
arma y exclamó: «¡Ni un soldado chileno mata a un 
boliviano valiente!» Ordenando lo llevaran inmediata- 
mente a la ambulancia; los valientes simpatizan. Poco 
después el Comandante Cleto Pérez moría en Valparaí- 
so, delirando con su patria, así como el bravo teniente 
Ricardo Valle. 

Retirada de Camarones. — Con el propósito de 
hacer frente al ejército chileno, el General Daza a la 
cabeza del boliviano, dos días después de la toma de 
Pisagua, salió de Tacna hacia el S., permaneció en 
Arica tres días y siguió la marcha al través del desier- 
to, para cuya penosa travesía, desgraciadamente, no 
tomó precauciones. El 14 de noviembre llegó a Cama- 
rones, lugar donde se estacionó dos días y telegrafió al 
General Prado, expresándole: «que eran insuperables 
los inconvenientes que oponía el desierto a la marcha 
del ejército, que se negó a pasar adelante» . . . Reunió 
un Consejo de Jefes, que opinó (en mayoría) por la re- 
tirada y Daza dio en mala hora la orden de contramar- 
cha. Las tropas bolivianas,mostrando general descon- 
tento y justamente indignadas, contramarcharon de 
Camarones con dirección a Arica. (Noviembre 16) 

La noticia de la funesta retirada de Camarones, 
causó en Bolivia honda sensación. 

Desastre de San Francisco. -Don Manuel 
Buendía,General en Jefe del ejército aliado del sud, re- 
concentradas que fueron las fuerzas de su mando en 
Pozo Almonte (Provincia de Tarapacá). resolvió inter- 
narse en el desierto y buscar al enemigo, habiendo re- 
cibido orden del «Director de la Guerra», para atacar 
inmediatamente a las fuerzas chilenas». Mientras tan- 



— 208 — 

to, el ejército enemigo estaba ya posesionado del cerro 
de San Francisco, en cuyas alturas pudo contemplarse, 
no sin sorpresa a las huestes chilenas. Por los desa- 
ciertos de Buendfa y de Belisario Suárez, que dieron 
diversas y contradictorias órdenes para librar la batalla, 
se efectuó un desastre irreparable: comprometido el 
combate, las tropas aliadas entraron en completa con- 
fusión y se dispersaron por la llanura, en momentos en 
que los soldados de la vanguardia aliada, desafiando la 
lluvia de balas que caía sobre ellos, escalaron el cerro 
y se apoderaron de una batería chilena, y el corneta 
orureño Mamani moría como un héroe sobre un cafión 
enemigo. Abandonados por sus compañeros, que huían 
despavoridos en toda dirección por la llanura, los va- 
lientes de la vanguardia retrocedieron (noviembre 19). 

La vergonzosa dispersión de San Francisco, fué 
obra exclusiva de Buendía y de Suárez (Jefe de Estado 
Mayor) y causó profundo pesar en Boli via y en el Perú. 

Victoria de Tarapacá. — Las tropas aliadas dis- 
persadas en San Francisco, se reconcentraron a Tara- 
pacá, donde por orden del General Buendía, se les in- 
corporó la división Ríos, compuesta de soldados ague- 
rridos. La mañana del 21 de noviembre, una división 
chilena se presentó en las alturas que dominan el pue- 
blo de Tarapacá,cuyos defensores se aprestaron al com- 
bate, que fué sangriento y duró seis horas, decidiéndo- 
se la victoria por los aliados. En la acción, se distin- 
guió el batallón «Loa>, compuesto de bolivianos pura- 
mente, que hizo prodigios de valor; un soldado de este 
cuerpo, Pascual Mérida, natural de Cochabamba, arre- 
bató al enemigo el estandarte del regimiento chileno 
2.° de línea. A las seis horas de la victoria, los alia- 
dos salieron de Tarapacá con dirección a Arica, donde 
llegaron después de veinte días de penosa travesía. 



— 209 - 

Destitución de Daza. — Acontecimientos políticos. — 
La funesta retirada de Camaronea, que influyó no poco 
en la dispersión de San Francisco, fué considerada en 
Bolivia como una traición a la alianza; además, ocurrió 
el rumor de que Daza pretendía regresar del teatro de 
la guerra a «castigar» a los que censuraban sus actos: 
la sobreexitación popular tuvo su desenlace la tarde 
del 28 de diciembre (1879), en que el pueblo de La Paz 
reunido en comicio, depuso de la Presidencia a Daza. 
Se organizó una Junta de Gobierno y fué nombrado 
Narciso Campero General en Jefe del ejército unido. 

Las tropas bolivianas existentes en Tacna, enca- 
bezadas por el Coronel Eliodoro Camacho, la tarde del 
27 de diciembre desconocieron ya la autoridad de Da- 
za, destituyéndolo. El ilustre Coronel Camacho, gran- 
de en toda ocasión, echando por tierra la tradición de 
los que se apoderan del mando, se negó a asumirla ge- 
rencia de los destinos nacionales, cuando el ejército le 
exigió ocupara el puesto del destituido. Poco después 
escribía a Bolivia: «No quiero ser el Gobernante. Es 
tiempo ya de fundar prácticamente la doctrina de que 
el prestigio militar no es por sí solo la llave mágica 
que abre las puertas que conducen al Mando Supremo 
de ios Estados». 



El General Hilarión Daza, nació en Sucre el año 
1840 (Enero 14). Destituido de la Presidencia a conse- 
cuencia de sus desaciertos en la guerra, sin poder sufi- 
ciente para recobrar la autoridad perdida, determinó 
alejarse y, pocos días después, se dirigía a Europa; de 
donde más tarde regresó a Bolivia, a vindicar su con- 
ducta política y fué asesinado, sin lograr su objeto, en 

27 



— 210 — 

Uyuni, la noche del 27 de febrero de 1894. Sin poseer 
los talentos del estadista y sin más méritos que su au- 
dacia, pero confiado siempre en las veleidades de la 
fortuna, aspiró al poder,donde sólo demostró desatinos 

e inteligencia mediocre y vulgar Ha sido uno de los 

peores gobernantes de Bolivia. ( 79 ) 



CAPITULO 39 



Gobierno de Campero.— 1 880-1 884 



Fin de la Guerra del Pacifico 



La Junta de Gobierno.— Sublevación de Luna — 
Organizada en La Paz la Junta de Gobierno con Ula- 
dislao Silva, Rudecindo Carvajal y Donato Vázquez, 
dirigió a la nación una proclama, en la que se hacía la 
declaración de garantizar la elección presidencial. 
Descontentos algunos militares de los cambios verifica- 



(7») Su verdadero nombre era Grosolé; pero, a consecuencia 
de discusiones de familia, tomó el nombre de Daza,que era el de 

su madre Candidato a la Presidencia en 1876 se apodera del 

poder, que conserva durante muchos años, ejerciendo una auto- 
ridad absoluta. Gobernó el pafs de la manera más arbitraria 

(Segundo suplemento al «Gran Diccionario Universal», (en fran- 
cés), por Fierre Lerousse.— Tomo XVÍI. París, 1890). 



— 211 — 

dos, promovieron una grave sedición el 14 de enero 
(1880), consiguiendo amotinar la guarnición de la ciu- 
dad de La Paz. Entre los conjurados se contaba, como 
el principal, el Coronel Luna, que fué herido en la bo- 
ca; y el Coronel José Manuel Guachalla y otros más. 

Narciso Campero Presidente Provisorio. — 
Medidas administrativas. — El General Narciso Campe- 
ro, ocurrida la invasión chilena al Litoral boliviano, se 
encargó de organizar la 5. a división, la que por falta 
de recursos y otros motivos, se vio condenada a vagar 
estérilmente por el desierto y la cordillera, en momen- 
tos en que su concurrencia, en el teatro de la guerra, 
era imperiosa y necesaria para la acción conveniente 
del ejército unido. Llamado a la Presidencia el Gene- 
ral Narciso Campero por la opinión nacional, la Junta 
de Gobierno expidió un decreto (14 de enero), procla- 
mándolo Presidente Provisorio de la República; en un 
principio, rehusó investirse del cargo, pero obligado 
por la nación, aceptó a su arribo a Oruro (19 de enero), 
sólo por el tiempo que trascurriese hasta la reunión de 
la Asamblea Convencional. Nombró su Secretario Ge- 
neral al doctor Ladislao Cabrera, figura simpática por 
su actuación en Calama. 

Decano del ejército y dotado de gran prestigio. 
Campero era el más idóneo para gobernar el país en 
los momentos solemnes de conflicto nacional, por los 
que atravesaba Icón la injusta guerra que nos hacía 
Chile. Dictó medidas administrativas importantes; 
mandó la creación de cuatro juntas consultivas en cada 
departamento con jurisdicción sobre aduanas, finanzas, 
remates y contratos; facultó a las Cortes de Distrito 
organizar los tribunales inferiores de justicia sin ínter- 



— 212 — 

vención del Ejecutivo; y, finalmente, convocó una 
Asamblea para el 25 de abril. 

La rebelión de marzo. -El General Campero, 
persuadido de la imperiosa necesidad de reforzar el 
ejército aliado, acampado en Tacna, donde los chilenos 
se aproximaban, ordenó la marcha de los batallones 
«Bustillo» y «2,° de Oruro», acantonados en Viacha y 
del «Murillo» comandado por el Coronel J. M. Gua- 
challa. 

Silva,nombrado Intendente del Ejército y Guacha- 
11a, animados por sus deseos ambiciosos, ordenaron la 
contramarcha del «Murillo», que avanzó ya hasta 
Tiahuanacu, y en Viacha con más los otros batallones, 
se declararon en pleno motín, apresando al Coronel 
Armaza y al General Arguedas (12 de marzo). El mis- 
mo día se dirigieron a la ciudad de La Paz, que la ocu- 
paron sin dificultad, a pesar de la resistencia que les 
opuso el Presidente con el batallón «Victoria». 

Silva se proclamó Presidente, nombrando su Se- 
cretario General al doctor Severo Matos. Contábanse 
también entre los sublevados los Generales Gregorio 
Pérez, Gonzalo Lanza y otros. La opinión pública re- 
probó el atentado del 12 de marzo, apesar de las medi- 
das represivas con que los amotinados querían esta- 
blecer su predominio. Silva, atemorizado por la acti- 
tud de los buenos bolivianos, determinó enviar a su 
destino la tropa rebelde; pero ella, desmoralizada por 
la sedición, desobedeciendo las órdenes que le fueron 
impartidas, se disolvió a la salida, en los suburbios de 
la ciudad (18 de marzo). 

Así concluyó el escandaloso motín de Viacha, que 
distrajo una parte del ejército en querellas intestinas, 
cuando era urgente su cooperación contra el enemigo 



— 213 — 

común. Campero restituido a La Paz, declaró «trai- 
dores a la patria* a Silva y sus cómplices; fué fusilado 
el sargento mayor Domingo Vargas. No faltaron otros 
connatos sediciosos, pero sus autores fueron severa- 
mente reprimidos. 

Plan de campaña. — Libre ya Campero de los 
facciosos, organizó una división de 1,500 hombres, que 
a las órdenes dol General Claudio Acosta envió a Tac- 
na, a incorporarse al ejército unido en campaña; y el 14 
de abril salió él de La Paz, delegando el poder al doc- 
tor Ladislao Cabrera con dirección a Tacna, en su ca- 
rácter de Supremo Director de la Guerra. 

En el seno del ejército aliado se suscitó una con- 
tradicción entre sus jefes Camacho y Montero, sobre 
el plan de guerra; el primero, militar experto, opinó 
sobre la ocupación inmediata, por el ejército unido, 
del valle de Sama,lugar magnífico para obligar por es- 
te medio al enemigo a tomar posiciones en el Valle de 
Locumba, completamente insalubre: era la manera más 
eficaz de neutralizar la superioridad principalmente 
numérica del ejército chileno. Campero, enterado co- 
mo estaba de estas divergencias, repentinamente llega 
a Tacna (el 19 de abril), donde fué reconocido en el ca- 
rácter de que estaba investido. Pasada ya la eficacia 
del plan de Camacho, se acogió el de Montero, tomán- 
dose posiciones en la meseta de «ínti-orco», llamada 
después el «Campo de la Alanza». ( 80 ) 



(80) La Orden General que dio nombre a las posiciones del 
Ejército Aliado, en las alturas de Tacna, las llamó «Campo de la 
Alianza», y no «Alto de la Alianza»,como se ha denominado por 
algunos. (Palabras del Coronel don Miguel Aguirre). 



— 214 — 

Batalla del «Campo de la Alianza».- Mien- 
tra» el ejército unido se organizaba en la meseta de 
«I n ti -o reo», el enemigo avanzaba al Valle de Sama. 
El 22 de mayo, una avanzada chilena practicó el reco- 
nocimiento de las posiciones de los aliados, que en ac- 
titud de combate hicieron fuego a los agresores los que 
retrocedieron con extraordinaria rapidez. El General 
Campero dijo: «no hay batalla que empiece a esta hora». 
Así fué en efecto. 

En la noche del 25, víspera de la batalla, el Gene- 
ral Campero, convencido de la superioridad del enemi- 
go, intentó sorprenderle en su campamento, abando- 
nando sus posiciones del «Alto de la Alianza»; el pro- 
yecto fracasó: el ejército aliado después de estéril y 
penosa travesía, ya cuando por efecto de la oscuridad 
entraba en confusión, retrocedió a su campamento al 
amanecer, y bien pronto las tropas chilenas se presen- 
taron a su vista, no sin mostrar sorpresa. ( 81 ) 

El ejército unido se componía de 9,300 plazas y 33 
piezas de artillería; el chileno constaba de 22,600 hom- 
bres y 70 cañones y ametralladoras (servidos por 600 
artilleros). El ala derecha del ejército aliado, coman- 
daba el Contraalmirante Lisardo Montero (peruano); el 
centro el Coronel Miguel Castro Pinto; y el ala izquier- 
da el Coronel Eliodoro Camacho, dirigiendo los movi- 
mientos generales, el General Narciso Campero. 

A horas 8 de la mañana próximamente, comenzó la 
batalla cargando el enemigo ai ala izquierda (de los 
aliados), que atacada de frente y de costado vaciló un 
instante, siendo luego reforzada por el General Cam- 



(8i) El Teniente Coronel R. Sainz, llevó la orden de retirada. 



— 215 — 

pero con las reservas del centro, ( S2 ) Al mismo tiem- 
po el batallón peruano «Victoria» huía en completo 
desorden, cuando se presenta el célebre batallón boli- 
viano «Colorados* («Alianza* que vestía casacas rojas) 
compuesto de soldados aguerridos que al grito unísono 
de «¡temblad rotos, que entran los «Colorados» deBoli- 
via!», acometieron al enemigo, que ante el brioso em- 
puje, retrocedió dejando en el campo muchos muertos 
y heridps. 

El centro rechazó heroicamente a los chilenos, 
obligando a la fuga a varios batallones: el enemigo car- 
gó su numerosa caballería; más los «Colorados» alen- 
tados por sus valerosos jefes Ildefonso Murguía y Feli- 
pe Ravelo, le esperaron formando grupos % logrando por 
este medio ponerle en espantosa confusión, persiguien- 
do a los fugitivos. 

El ala derecha atacada por dos partes, luchaba 
con obstinación; pero el enemigo era reforzado ince- 
santemente: (la batería del Coronel Plores se batía con 
la mayor parte de la izquierda chilena). Entre tanto, 
los bravos «Colorados» y los valientes del «Aroma» y 
del «Sucre» (Amarillos) que conducían los Coroneles 
bolivianos Murguía, López y González (Pachacha), co- 
locados en el flanco más duro de la refriega, habían 
sido completamente diezmados, sin recibir ya refuerzo 
alguno; hasta .que al irresistible avance de compactas 



(ffi) El Coronel Camacho valiente hasta el heroísmo, viendo 
flaquear las fuerzas patrias exclamó: ¡Dios mió, que una bala me 
mate antes de ver sucumbir mis tropas!. ..Y derribólo una bomba 

El Teniente Coronel Pando voló en auxilio del ala izquierda 
con dos piezas de artillería (krup); el Mayor Soto, el Teniente 
Andrés Guzmán el igual Octavio Paz y otros más, salvaron des- 
pués esos cañones del campo de batalla). 



— 216 — • 

masasdel ejército chileno, los aliados se declararon en 
derrota. 

Quedaron por parte de Chile 1,800 hombres entre 
muertos y heridos y 2,000 de los aliados (la mayor par- 
te bolivianos). Bolivia perdió distinguidos militares 
de su ejército. ( 88 ) entre los heridos se contaba el Co- 
ronel Camacho, de quien se cuenta que cuando lo con- 
ducían a la ambulancia dijo: «Hubiera preferido que- 
dar muerto en el campo, antes que presenciar tan de- 
sastrosa derrota*. De los bolivianos heridos, justa- 
mente llamó la atención el soldado Cartajena, natural 
de Cochabamba, que cuando le amputaban en Tacna su 
brazo destrozado por las balas, con una sonrisa triste 
y acento firme, dijo: «i Me han cortado un brazo, pero 
todavía tengo otro para defender mi patria!» . . . 

El ejército unido después del desastre, entró en 
desorden a Tacna, de dqnde Montero se dirigió con los 
suyos a Puno, y Campero con los dispersos a Bolivia. 

Toma de Arica. — El ejército vencedor comenzó 
su botín con la ocupación de Tacna, ciudad que la sa- 
queó durante tres días y, a las cinco pasó a Arica, cu- 
ya guarnición era de 1,500 plazas, siendo su jefe el 
Coronel Bolognesi, que tranquilamente se presentó á 



(**) Murieron los Generales Juan J. Pérez y Claudio Acosta, 
el valeroso Coronel Agustín López {Bengolea), Felipe Ravelo y 
otros distinguidos Jefes bolivianos; contándose entre los heridos 
los Coroneles Camacho, Murguía, M. González. P. P. Vargas, los 
Tenientes Coroneles Clodomiro Montes, primer jefedel regimiento 
€Murillo>,Pando,N. Ballivián,Calvimonte, Julio Carrillo, Coman- 
dante Adolfo Palicios, etc. Jefes y soldados cumplieron su de- 
ber con denuedo y bravura,multiplicando actos de heroísmo y su- 
blime valor. 



— 217 — 

la defensa, secundado por el pundonoroso capitán de 
navio Moore, y por los valientes Coróneles Inclan y 
Alfonso Ufarte, que supieron morir como héroes. 
El General Baqued&no, a la cabeza de 1,000 hombres, 
le intimó rendición, exigiéndole la entrega de la plaza, 
a lo que el valiente y patriota Bólognessi contestó: 
-«Tenemos deberes sagrados y los cumpliremos, que- 
-mando el último cartucho»... Entonces principió el 
bombardeo de Arica y al día siguiente después de re- 
ñido combate y espantosa carnicería, fué tomada, (ju- 
nio 7) El Vencedor empañó su victoria con saqueos, 
asesinatos, incendios y otros actos de barbarie. 

La Convención Nacional, -1880-1881.- La Con- 
vención Nacional convocada a Oruro, se reunió en La 
Paz,eñ la víspera déla, jornada del «Campo déla Alian- 
za», desastre que le fué oficialmente comunicado por el 
doctor Ladislao Cabrera! encargado del Ejecutivo. 
Esta Asamblea, memorable por más de un título, fué 
fecunda en elevadas iniciativas y mejoras de política y 
administración: estaba compuesta de notables perso- 
najes. Nombró Presidente Constitucional al General 
Campero, como un premio a sus servicios (Vice-p resi- 
dentes 1.° y 2.° a Aniceto Arce y Belisario Salinas); 
declaró en vigencia la Constitución de 1878, estable* 
cieñdo ligeras modificaciones; dictó importantes leyes 
financieras que rehicieron la hacienda nacional en ban- 
carrota; y decretó premios y honores a favor de los que 
concurrieron a las campañas de la «Alianza» y se dis- 
tinguieron durante la guerra en servir a la patria. 
El. Coronel Camacho, cautivo en Chile, fué ascendido a 
General de Brigada; Nataniel Aguirre, esclarecido pa> 
triota, fué condecorado con medalla de oro; y diez mil 
bolivianos se asignó a la familia de Eduardo Abaroa, 
28 



— 218 - 

muerto heroicamente en Calama. El General Daza fué 
declarado «indigno del nombre boliviano». La Con- 
vención cerró sus sesiones el 17 de octubre (1880), re- 
solviendo que sus funciones durarán hasta el 6 de agos- 
to de 1881 y cumplió su cometido con laudable patrio- 
tismo: aprobó un tratado de comercio y aduanas, cele- 
brado entre el Perú y Bolivia y resolvió conciliar los 
ánimos, ordenando que el país debía mantenerse en ac- 
titud bélica, mientras se arribe a un arreglo conve- 
niente. 

Actos administrativos de Campero.— El Gene- 
ral Campero como Jefe Supremo de la nación, desplegó 
ascendrado patriotismo en la buena administración del 
país. Reorganizó el ejército para la defensa nacional; 
decretó el establecimiento de un cuartel general de in- 
válidos yl'de asilos para viudas y huérfanas de perso- 
nas fallecidas en servicio de la patria (enero 12 de 1881); 
puso en vigencia la nueva Ley de Minas; mandó la 
apertura de caminos carreteros y cruzó el territorio de 
la República con líneas telegráficas; encomendó a una 
misión científica con el objeto de colonizar el Gran 
Chaco (marzo 13 de 1882), al explorador Julio Creveaux, 
el que desgraciadamente fué victimado por los bárba- 
ros; lo cual determinó al Gobierno a organizar una nue- 
va expedición 'encomendándola a Daniel Campos (no- 
viembre 10 de 1883), que llegó al río Paraguay, fundan- 
do algunas colonias; tomó parte en esta memorable ex- 
pedición el explorador francés Arturo Tohuar. 

Celebró tratados ventajosos con los estados limí- 
trofes, teniendo en mira los grandes intereses de la na- 
ción y, con objeto de firmar concordato, mandó ante la 
Santa Sede de E. E. y Ministro Plenipotenciario a 
Monseñor Jacinto Anaya (1884). 



— 219 - 

Fué proficua 1 j. labor de los Congresos de 1882 y 
83. La legislación civil recibió reformas parciales; se 
organizó las Cortes de la República y el Tribunal Na- 
cional de Cuentas; y se creó un Consejo Supremo de 
Instrucción. 

Los estadistas Antonio Quijarro y Fidel Aranibar, 
que ocuparon el Ministerio de Hacienda, manejaron 
con acierto ese difícil ramo, levantan do el crédito nacio- 
nal, con sus talentos y fecunda iniciativa. 

Negociaciones de paz.— Ya en 1880 el Gobierno 
de los Estados Unidos de N. A., viendo los estragos de 
la Guerra del Pacífico, animado por sentimientos huma- 
nitarios, ofreció su mediación a las naciones beligeran- 
tes. Se nombraron los negociadores: Bolivia fué re- 
presentada por Baptista y Carrillo: las conferencias de 
Arica, a bordo de la corbeta norteamericana «Laekawa- 
na>,no tuvieron buen resultado para los aliados, porque 
los negociadores chilenos propusieron bases inicuas 
para arribar a la paz, rechazando el arbitraje propues- 
to. (Octubre). 

El Perú seguía siendo asolado por una guerra de 
exterminio. Ocupada que fué Lima después de las 
sangrientas batallas de San Juan, Chorrillos, (enero 13 
de 1893) y Miraflores (enero 15), se apresuró a poner 
término a esa contienda desigual; así que, bajo el go- 
bierno del general Iglesias, firmó con Chile la «Paz de 
Ancón», cediéndole su valioso departamento de Tara 
paca y dando en ocupación por diez años, los territo- 
rios de Tacna y Arica. (Octubre 22 de 1883). 

El «Pacto de Tregua» con Chile.— El Gobier- 
no de Bolivia, precautelando los intereses de la nación, 
resolvió dar término a la desastrosa guerra con Chile; 



-^ 220 — 

y nombró negociadores en ese país a Jorge Oblitas, 
Be] isar i o Salinas y Belisario Boeto, como representan- 
tes de los tres círculos políticos civil democrática, liberal 
y constitucional. El 1.° de estos personajes, exigió de- 
claraciones e instrucciones categóricas y precisas al 
Gobierno Campero, que eludió el. darlas tales como el 
señor Oblitas deseaba, lp que le decidió a declinar de 
la misión con que se le honraba. . 

La opinión pública de Bolivia, en cuanto a política 
externa, estaba dividida en dos grandes partidos polí- 
ticos, que hicieron ruidosa propaganda en el seno de 
las asambleas; eran el de los «puristas* y el de \os«gue- 
rristas;* los primeros querían a todo trance una paz de- 
finitiva con Chile ( 8é ) y los otros lo contrario: pedían 
la guerra. 

Los negociadores bolivianos Salinas y Boeto, con- 
ferenciando con el Presidente General Campero y sus 
Ministros señores Nataniel Aguirre, Fidel Aranibar, 
Pedro H. Vargas y Genaro Palazuelos, se dirigieron a 
llenar su misión en Valparaíso, donde se abrieron las 
conferencias diplomáticas: ante las tiránicas exigencias 
de Chile, firmaron con el Canciller Vergara A lbano, re- 
presentante de ese país el «Pacto d* Tregua» indefini- 
da, en cuya virtud Bolivia se obligaba a devolver los 
intereses secuestrados de los chilenos, con más ios per- 
juicios ocasionados por la guerra, dando en ocupación 
transitoria el departamento de Cobija (abril 4 de 1884), 
cautivo hasta hoy. 



(8*) Aniceto Arce había sido expatriado por sus propagandas 
en ^ste sentido (1881). Julio Méndez lo fué también pbr otro 
motivo. 



m 



— 221 — 

Este pacto,que ha sido calificado de «funesto y rui- 
noso» para Bolivia, fué aprobado en 8 de mayo de 1884, 
con más $1 proyecto adjcipn#l , • ; . , , . : . 

Pin del, Gobierno Campero.— Ei General Cam- 
pero, que en días de conflicto nacional, recibió la alta 
misión de regir los destinos de la patria, resignólas in- 
signias del poder el 3 de septiembre de 1884, en manos 
del Presidente del Congreso, encargándose del Gobier- 
no el nuevo mandatario proclamado don Gregorio Pa- 
checo. 



Ei General Narciso Campero nació en Tojo (Tari- 
ja) el año 1815 (octubre 28) y murió en 1897. Su go- 
bierno, caracterizado por su política benéfica, moderada 
y circunspecta, por la práctica de las virtudes republi- 
canas y el sólido afianzamiento del verdadero régimen 
constitucional, ha sido uno de ios mejores que ha teni- 
do Bolivia. Campero, por sus talentos militares, inta- 
chable honorabilidad, elevado civismo, y largos y dis- 
tinguidos servicios a la Patria, pertenece al número de 
los egregios bolivianos. 

¡Acaben las vergonzosas contiendas bizantinas, los 
odios y rivalidades lugareñas, esas continuas y menu- 
das y siempre funestas revueltas políticas que lo ener- 
van todo, que minan los progresos del país y la estabi- 
lidad de sus instituciones! Y cuando, reinando una fe- 
liz concordia nacional, la paz interna esté cimentada 
por el imperio del orden, el derecho y la ley, no serían 
ya una utopía el bienestar y la grandeza de. la Patria 
en el porvenir. 




Resumen de los últimos gobiernos 



1884-1904 



Gobierno de Pacheco.- (1884-88).— Al finalizar 
la administración Campero*, la República estaba dividi- 
da en dos partidos políticos: el Liberal y el Conserva- 
dor (llamado también «Constitucional»), cuyos Jefes 
eran el General Eliodoro Ca macho y don Mariano Bap- 
tista, personajes que gozaban de gran prestigio. Sur- 
gieron luego las candidaturas Pacheco y Arce a la Su- 
prema Magistratura; Baptista renunció la suya a favor 
del último. Llegada la época de la elección presiden- 
cial, terciaron los tres caudillos y ninguno de ellos pu- 
do reunir mayoría directa: reunido el Congreso Nacio- 
nal, fué proclamado Presidente don Gregorio Pacheco 
(septiembre 1/de 1884) fundador del partido llamado 
«demócrata», habiendo mediado la transacción que se 
llamó «Coalición Arce-Pacheco», y se invistió del man- 
do Supremo en Sucre. (Setiembre 3). El candidato 
liberal General Camacho, cuando pasada la elección, 
fué buscado por sus más conspicuos partidarios, que le 
dijeron con el frenesí del momento: «/a la revolución!», 
replicó al punto: «¡Mueran las revoluciones!» acatando 
el nuevo orden de cosas, anheloso de que el país se en- 
camine bajo el régimentte la «trasmisión legal», a cu- 
yo fin proclamó orden y paz. 



— n — 

Bajo el Gobierno Pacheco, que principió por de- 
cretar amnistía general (septiembre 15), se autorizó el 
establecimiento del Banco Potosí, «de triste recuerdo» 
para el comercio de la República (1884); se dio ejecu- 
ción al acto legislativo que aprobó el tratado de tregua 
celebrado con Chile, verificándose el canje respectivo 
(enero de 1885); se firmó Ja transacción Li).lo Gutiérrez 
sobre los intereses chilenos (secuestrados) de Coroeo- 
ro,arreglo que fué calificado de oneroso para la nación, 
y que en la legislatura de ese año (1885) motivó la in- 
terpelación del Senador Pablo Barrientos al Ministro 
de Hacienda; la «Empresa Nacional» Suárez Arana en 
el Oriente, prosiguió sus trabajos; se fundó el Puerto 
Pacheco en la margen boliviana del río Paraguay, po- 
blación hoy detentada por ese país vecino. . . ; median- 
te un tratado, Bolivia pasó a formar parte de la Unión 
Postal Universal, sujetándose a la Convención Princi- 
pal de Viena. Los Congresos de 1885, reunidos en La 
Paz, tuvieron sesiones ardientes. En 1886, encomen- 
dóse a Emilio Antonio Thouar la exploración del Gran 
Chaco. Se aprobó el tratado preliminar de límites ce- 
lebrado entre el Perú y Bolivia. Nuestra Legación en 
el Perú (confiada al General Ca macho), libró a la na- 
ción de^la deuda contraída (más de 50.000,000 de Bs.,) 
con ese país por los protocolos de 1879. Se celebró 
con el Paraguay el Tratado Tamayo-Achaval (1886). 
Se decretó y reglamentó la representación de Bolivia 
en la exposición de París; en la legislación civil se ab- 
rogaron los esponsales y el retracto. 

Don Gregorio Pacheco, gran industrial y filántro- 
po, nació en el Departamento de Potosí (en Livi-livi, 
pueblo de Sud Chichas) y murió en Potosí en 1891. 



— III — 

Gobierno de Arce.— (1888-92).— AÍ terminar el 

período constitucional del Gobierno Pacheco, se cele- 
braron las memorables Conferencias de Paria, entre 
los candidatos a la Presidencia, Camacho y Arce, ha- 
ciéndose por ambas partes declaraciones solemnes, con 
ocasión de la próxima elección presidencial. Pasada 
ésta, don Aniceto Arce fué proclamado (agosto 13) e 
investido Presidente Constitucional (agosto 15 de 1888); 
díjose haber mediado «desembozada» intervención ofi- 
cial, y el nuevo mandatario no tardó en ser amagado 
por resistencias armadas. 

El 8 de septiembre (1888) estalló en Sucre el mo- 
vimiento político militar, iniciado por el batallón «Loa», 
durante un ceremonial que se celebraba en la Catedral 
(y al que concurrían el Presidente y las corporaciones 
oficiales): hubo algunos disparos, murieron el Coronel 
Sárabia y otros gobiernistas, y los Coroneles Rivade- 
neyra v Pacheco (Belisario) dominaron la situación. 
Parte del batallón «Chorolque», que acudió de Yotala, 
se pasó con el sargento Belmonte a las fuerzas revolu- 
cionarias,que se apostaron en las alturas de San Hoque. 
Fué nombrado Jefe Político del S. Belisario Salinas y 
Prefecto de Chuquisaca Ricardo Mujía. El Presiden- 
te, que había logrado fugar de la Capital hacia Cocha* 
bamba, pocos dias después, presentóse a las fuerzas de 
la revolución comandadas por el Coronel- Lisandro Pe- 
ñarrieta, con la división que pudo organizar y las mili- 
cias recolectadas en Potosí por el General Réñdón; la 
batalla del Kari-kari (octubre 8), «donde la victoria ob- 
tenida por los liberales, se convirtió en derrota .^dis- 
persión de los vencedores*,, dio término a. la revolu- 
ción: laretiráda de Chaqui fué un último episodio ¿le 
ella. (Octubre 9). Arce asumió nuevamente el mando 



- IV — 

déla República; la oposición parecía, sino humillada, 
vencida. Después, fueron fusilados dos sargentos del 
«Loa», (Silverio Barrios e Hilarión Castro, en la albo- 
rada del 15 de diciembre). 

Por este tiempo Í1888), se inauguré el ferrocarril 
de Antofagasta a Huanchaca; se celebró con la Argen- 
tina un tratado definitivo de límites (mayo 10 de 1889), 
que fué aprobado por el Congreso Nacional, pacto por 
el que Bol i vi a cedió ala República Argentina en el te- 
rritorio de A t acama la línea comprendida entre la que- 
brada del Diablo y Zapalegui, fijándose en el Chaco 
como línea divisoria el paralelo 22; se ordenó la erec- 
ción de la nueva ciudad de Uyuni (julio 11 de 1889); se 
declaró puerto menor la caleta Sotalaya a orillas del 
lago Titikaka, (octubre 1.°); se autorizó por el Congre- 
so ordinario, reunido en La Paz, la fundación" del Ban- 
co Hipotecario Nacional (noviembre 5) y del Crédito Hi- 
potecario Nacional (noviembre 7). No tardaron en so- 
brevenir nuevos levantamientos: en 1890 varias seccio- 
nes de la República, tomaron las armas contra el Go- 
bierno; el General Camacho vino del Perú a la cabeza 
de una cruzada y sublevó los distritos del N. (La Paz). 
El Ejecutivo publicó un decreto, declarando la Repú- 
blica en estado de sitio, y mandó clausurarlas impren- 
tas de «El Imparcial» y «La Nación» de La Paz, deste- 
rrando a los Redactores de ambos diarios, (mayo 27 de 
1890). El Coronel Pando, que se apoderó de las fuer- 
zas de Colquechaca, atacó la Capital (Sucre) la noche 
del 29 de junio, siendo rechazado por la guarnición de 
la plaza, resultando muchas las víctimas de esta ac- 
ción: aprehendido posteriormente, fué confinado a Ixa- 
mias, de donde pudo salir para hacer una gira por va- 
rios países del continente. Al Congreso Pan-Ameri- 

29 



— V — 

cano de Washington, concurrió Solivia mediante su re- 
presentante J. P. Velarde (1890); se reformó la Ley 
Electoral; se inauguró el «Puente Arce* sobre el Río 
Grande, en el camino de Cochabamba a Sucre (1890); 
se dictó la L^y de Bancos de emisión (septiembre 30 
1890); se expidieron leyes para facilitar la ejecución del 
Catastro (1890-1891), sift buen resultado. En 1891 el 
Plenipotenciario Baptista celebró con el Canciller Ze- 
ballos un convenio (octubre 1.°), por el que se extendió 
el dominio argentino hasta las altas cumbres de los 
Andes, (Puna de Atacama, detentada después por Chi- 
le). Tuvo lugar en el Departamento de Santa Cruz la 
revolución federal,(que acaudillaron Bernardo Bustillo 
y otros); sofocada ésta y afianzado su poder, O Arce 
decretó amnistía, repatriándose en consecuencia, los 
emigrados políticos. 

El Coronel Pando fué autorizado para la explora- 
ción del N. de Caupolicán. (Octubre 26 de 1891). Había- 
se levantado en Chile en 1891, contra el Presidente 
Balmaceda una fuerte oposición, realizando la revolu- 
ción que ocasionó su caída, exaltando al mando de esa 
Uepública al Almirante Mont; el Gobierno de Bolivia 
reconocióla beligerancia de la revolución chilena, Jo 
que dio lugar a la protesta del diplomático acreditado 
en este país (A. Custodio Vicuña), que hizo dejación de 
su cargo; reemplazólo su Secretario Gonzalo Matta, 
joven experto, que se adhirió al nuevo elemento que 
ingresó a regir los destinos de su nación, y con él se 
firmó el Protocolo llamado Reyes-Matta, a cuya apro- 



(i) El levantamiento que en 1891 capitaneó el caudillo Cas- 
tro, tuvo su desenlace en el Ticti {cercanías de la ciudad de Co- 
chabamba). 



- VI — 

bación precedieron ardientes debates parlamentarios 
en el Congreso de ese afío, sobre nuestra cuestión se- 
cular con Chile, cuyos negociadores han procedido 
siempre con engaño respecto a los nuestros.. .Duran- 
te la administración Arce, se dictó el primer reglamen- 
to general de Telégrafos; se hicieron algunos arreglos 
en las vías de comunicación, caminos carreteros y pos- 
tas, lo que ciertamente merece preferente atención de 
los gobernantes, para acrecentar la riqueza pública, 
impulsando por este medio de progreso material, el co- 
mercio y las industrias nacionales. Emprendióse la 
reforma del ejército (se introdujo el sistema del rancho 
común, suprimiéndose las vivanderas). 

(El doctor Aniceto Arce, industrial y financista 
eminente, nació en Tarija en 1824. Rico subió al po- 
der, y descendió de él pobre. . . . Falleció el 14 de agos- 
to de 1906, en Turupaya (Chuquisaca). 

* 

Gobierno de Baptista.- (1892-96).— Cuando se 
aproximaba el tiempo de las elecciones para la renova* 
ción del Poder Ejecutivo, por las conferencias de Cha- 
llapata acordaron los partidos liberal y demócrata, me- 
diante sus Gerentes, unificar sus miras políticas. Pasó 
la lucha eleccionaria (mayo de 1892), el Congreso ordi- 
nario se instaló en Oruro; el Gobierno cesante decretó 
estado de sitio, fueron extrañados de la Asamblea, que 
debió proclamar ai futuro Presidente, 21 diputados li- 
berales y su caudillo General Camacho (agosto 5). Este 
hecho fué considerado, no sin razón, como un golpe de 
Estado. Entonces subió a la Presidencia don Mariano 
Baptista, candidato que había sido por el partido 
opuesto (agosto 11 de 1892). 

Durante esta administración, los hechos más re- 
marcables fueron: la introducción de un nuevo plan de 



— VII — 

estudios, por ley de 12 de octubre de 1892, que implan- 
tó el sistema gradual concéntrico; la prolongación del 
ferrocarril de Uyuni a Oruro (1892); en marzo de 1893, 
se decretó amnistía para los «opositores perseguidos». 
Partió, en julio del mismo año de La Paz, la Delega- 
ción Nacional del N. O. de la República, constituida 
con el objeto de hacer sentir la acción gubernamental 
en esas apartadas regiones del territorio patrio, de ini- 
ciar planes de exploración, establecimientos de colo- 
nias agrícolas y apertura de caminos: dicha campafia 
tuvo por Gerentes a Lisímaco Gutiérrez (Delegado Na- 
cional), Manuel V, Ballivián (Subdelegado) Román 
Paz (Secretario), al Coronel Juan L. Mufioz, Jefe de la 
Mesa Topográfica, que levantó algunos planos del te- 
rritorio de la Delegación, y a los tenientes coroneles 
Rosendo R. Rojas y Pastor Baldivieso; se verificó la 
fundación oficial de la «Villa de Riberalta», sobre la 
población establecida desde 1882; se hicieron expedi- 
ciones al Madidi, Alto Madre de Dios e Inambari y al 
Acre, atendiéndose también a la organización política 
y judicial en los centros coloniales del Beni. Por este 
reconocimiento llegóse a confirmar la verdad de que la 
zona boliviana donde tienen origen los ríosOrton, Abu- 
ná, Ituxi y Acre (Aquiri) y las remotas regiones del 
Purús, Yurua, Yutay y Yavari, eran las más ricas de 
goma fina, (cuya sola explotación aseguraría el engran- 
decimiento de Bolivia). El escandaloso motín de las 
fuerzas expedicionarias que estalló en Riberalta, fué 
debelado principalmente por la acción oficial del Sub 
Delegado señor Ballivián, siendo ejecutados en el lu- 
gar del crimen seis de los motinistas y condenados al 
destierro muchos. Los actos de la Delegación, promo- 
vieron, no obstante, censuras, y el Diputado por Trini- 



— VIII — 

dad señor Barberí, hizo al Congreso de 1894, declara- 
ción de — «que no habían sido beneficiosos los trabajos 
de la Comisión enviada al Noroeste». 

Al principiar el año 1894, el 1er. Vice-presidente 
señor Fernández Alonso, se hizo cargo interinamente 
del Poder Ejecutivo. El General Hilarión Daza, ex- 
Presidente de la República, que volvía de su ostracis- 
mo, por haberse abierto cargo por el Congreso ordina- 
rio de 1893 (reunido en La Paz), contra él y sus minis- 
tros, fué asesinado en Uyuni (febrero 27), siendo el au- 
tor principal del crimen el capitán Mangudo. El Go- 
bierno nombró al Coronel Pando, (que se hallaba en 
Buenos Aires), Comisario Nacional y Jefe demarcador 
de límites con el Brasil (1894); el intrépido explorador 
de la «región de la goma elástica», llevó al cabo su im- 
portante misión con inteligencia y patriotismo, eficaz- 
mente colaborado por nuestro Plenipotenciario en el 
Brasil señor P. Diez de Medina: fijándose por las comi- 
siones de ambos países (Pando-Taumaturgo Acevedo) 
los hitos internacionales en el Acre, el Yaco y Purús, 
después de estudios geodésicos verificados con preci- 
sión, reconociéndose como frontera boliviano-brasile- 
ña una línea recta del Madera a la naciente del Yava- 
ri. por el Protocolo Diez de Medina-Carvalho (firmado 
en 15 de febrero de 1895), que adoptó como vertiente 
del Yavari, el marco fijado por la Comisión peruano- 
brasileña Black Teffé en 1874 en los 7 o , 7\ 17", 5 lati- 
tud S. y 74°, 8\ 27", 7 longitud O. de Groenwich. Sin 
embargo, el Gobierno del Brasil comisionó un nuevo 
reconocimiento del origen del Yavari al capitán Cunha 
Gómez, que dijo haberlo hallado a los 7 o , 6' 55", 3 déci- 
mos latitud S. y 73°, 4\ 30" 6 décimos longitud O. de 
Groenwich. El Brasil entorpeció esta cuestión tras- 



— IX — 

cendental, dando sofística interpretación al tratado de 
1867, que le fué tan favorable. 

Por el tratado Ichaso-Ben i tes (1894) Bolivia y el 
Paraguay fijaron en una línea divisoria que partiendo 
desde 3 leguas al N. del Fuerte Olimpo en el margen 
del río Paraguay, cruce el Chaco hasta el brazo princi- 
pal del Pilcoinayo, tocando en los 61°, 28" del meridia- 
no de Greenwich, correspondiendo a Bolivia el territo- 
rio que se extiende al N. de ella). En 1895, se firma- 
ron en Sucre los protocolos Dardo Rocha-Cano, sobre 
nuestros diferendos sobre límites con la República Ar- 
gentina. Merecen particular mención, por su trascen- 
dencia, los tratados (de paz, amistad y comercio y ce- 
sión de territorios) del 95, firmados en Santiago, en 18 
y 22 de mayo de ese año, por nuestro Plenipotenciario 
don Heriberto Gutiérrez con el Canciller Barros Borgo- 
ño; en el último de estos pactos, que motivaron protes- 
tas y representaciones al Ejecutivo, se estipuló que el 
puerto que dé Chile a Bolivia fuese satisfaciendo sus 
necesidades presentes y futuras (Chile ofrece la cesión 
de Tacna y Arica a Bolivia, que renuncia su litoral^a 
favor del vencedor, haciendo depender la entrega de 
esos territorios del plebiscito que dé cumplimiento al 
pacto de Ancón: quedando reducida dicha cesión, en 
último resultado a la caleta Victor, hasta la quebrada 
de Camarones, u otra aná'oga). Se nota en estos pac- 
tos imposiciones onerosas de parte de la Cancillería de 
la Moneda; por ello, se promovieron ardientes debates 
parlamentarios, cuando se sometió a su aprobación por 
el Congreso Nacional. La victoria no dá derechos al 
vencedor a imponer punibles y onerosas exigencias y 
sacrificar la autonomía o vida misma de todo un pueblo 
en el porvenir. ... 



— X — 

Fué bajo el Gobierno de Baptista, que por la ley 
de conscripción, se estableció lia renovación periódica 
del ejército, bajo la base de la igualdad democrática; 
excluyóse a la raza indígena del servicio militar obliga- 
torio (junio 19 de 1895). La labor infatigable del Mi- 
nistro Ochoa, hizo que se vieran con algún celo los 
adelantos de la instrucción en el país; tratóse de poner 
en práctica el nuevo sistema de enseñanza; se instala- 
ron escuelas de artes y oficios, (éstas con la venida de 
los Padres Salesianos, mediante contrato celebrado por 
el Gobierno), de Taquigrafía, Telegrafía y Agricultu- 
ra; se fundaron sociedades protectoras de Instrucción; 
se cuidó de fomentar y reorganizar sociedades científi- 
cas y propagar escuelas fiscales. Al Certamen Nacio- 
nal del 6 de Agosto de .1896, (memorable torneo inte- 
lectual), se presentaron trabajos de mérito científico y 
literario, siendo algunos de ellos laureados y premia- 
dos por el Tribunal Calificador organizado por un de- 
creto supremo, como estímulo a los autores nacionales 
y a los adelantos de las letras patrias. 

(El doctor Mariano Baptista, orador insigne, de los 
más gloriosos de la época, estadista eminente, en fin, 
uña de las mayores ilustraciones americanas, y cuya 
luminosa vida pública se remarca en la Historia de Bo- 
livia de medio siglo, nació en el Departamento de Co- 
chabamda, Ayopaya, el 16 de julio de 1832). 

Gobierno de Fernández Alonso.--(l896-99).— 

En las elecciones presidenciales de 1896, figuraron co- 
mo candidatos el Coronel Pando por el Partido Liberal 
y Fernández Alonso por el Constitucional o Conserva- 
dor. El Congreso reunido en Sucre, proclamó Presi- 
dente de la República al último y Vices 1,° y 2.° a Ka- 



- XI 

fael Peña y Genaro Sanjinés. Dorante esta corta ad- 
ministración, que apenas alcanzó a dos afios, el Coro- 
nel Pando organizó una comisión científica al N.O. y el 
12 de mayo de 1897 salía de La Paz con dirección a la 
«región de la goma elástica», con un respetable cuerpo 
expedicionario; fueron los resultados: el descubrimien- 
to de vastísimos horizontes de progreso y bienestar pa- 
ra la patria y la solución de problemas geográficos e 
internacionales. El Cuerpo Nacional de Ingenieros, 
recorrió varios departamentos, para impulsar la fácil 
vialidad y la comunicación de los centros poblados de 
la República y estudiar trazos de ferrocarril y trabajos 
de caminos interdepartamentales. Se hicieron conce- 
siones a algunas empresas, para la construcción de vías 
férreas, tratándose señaladamente de unir las pobla- 
ciones occidentales de la República, con las lejanas y 
feraces regiones del Oriente, que guardan ocultas sus 
riquezas al comercio del mundo y a la prosperidad na- 
cional. La comisión mixta de ingenieros siguió verifi- 
cando sus estudios para el trazo del ferrocarril bolivia- 
no-argentino. No dejó de impulsarse el trabajo de al- 
gunas obras públicas, como la Basílica de La Paz, el 
Palacio de Gobierno en Sucre, el notable puente sobre 
el Pilcomayo, el Palacio Consistorial de Potosí, la nue- 
va cárcel en Cochabamba. El Gobierno terminó (en 
diciembre de 1897) una transacción, en cuya virtud el 
ferrocarril de Antofagasta no impone gravamen al fis- 
co. Se prosiguieron las negociaciones sobre demarca- 
ción de fronteras y diferendos de detalles surgidos con 
el Brasil y la Argentina. Mediante los protocolos fir- 
mados con el Ministro Polar y los estudios del Coronel 
Pando, se preparó nuestra delimitación con el Perú. 
Con el Paraguay siguió in statu quo nuestra cuestión 



— XII — 

de límites; la misión Gondra no tuvo resultado. Don 
José Paravicini, Plenipotenciario de Boliviaen el Bra- 
sil y Delegado Nacional en los territorios del Acre, a 
la cabeza de la expedición boliviana, efectuó la pose- 
sión legal de dichas regiones limítrofes a la nación lu- 
sitana y fundó Puerto Alonso (hoy Acre) (enero 3 de 
1899): este suceso importaba la creación de una pode- 
rosa fuente de ingresos fiscales. 

En el Congreso de 1898 reunido en Sucre, tuvieron 
origen las causales que motivaron el movimiento fede- 
ralista del N. que determinó la caída del Gobierno 
Alonso: en la sesión del 31 de Octubre, la representa- 
ción chuquisaquefia presentó un Proyecto de Ley que 
preceptuaba la residencia permanente del Ejecutivo en 
la Capital de la República; esa ley (inconsulta e impor- 
tuna), inspirada por sentimientos de campanario, surgida 
como una hostilidad a La Paz (que anhelaba la capitív 
lía) y al Gobierno. .. .fué aprobada por ambas cáma- 
ras; lo que motivó la protesta y retiro de la represen- 
tación paceña, que para que los debates fuesen tran- 
quilos, había pedido que las sesiones camarajes se tras- 
ladasen a un punto neutral: Cochabamba, y promulga- 
da por el Ejecutivo. 

Entre tanto, en La Paz habíase iniciado por el mu- 
nícipe Sr. P. E. Guachalla, la idea de implantar el Go- 
bierno Federal en la República: la iniciativa partida 
del municipio, fué secundada por el pueblo en un comi- 
do (noviembre 6\ acordándose llevar el Proyecto a las 
Cámaras para la reforma de la Constitución en ese 

sentido. 

Como consecuencia del acuerdo, se constituyó un 
Comité Federal presidido por el sefior Guachalla, (no- 
viembre 13) «sin distinción de colores políticos». Des- 
30 



- XIII — 

pues (el 30 de noviembre) se reunió un nuevo comieio 
popular; el pueblo acudió a tomar el cuartel de la co- 
lumna; dominó la situación el Prefecto Si Reyes Ortiz. 
Se buscaron conciliaciones con el Gobierno para con- 
jurar el conflicto creado y se pidió la convocatoria de 
un Congreso Extraordinario, que discuta la reforma 
proyectada. Una Orden General puso en receso las 
guardias nacionales del Departamento; el puoblo de 
La Paz convulsionado, se levantó en armas y consumó 
la revolución del 12 de diciembre, proclamando la Fe- 
deración. Formóse una Junta de Gobierno compuesta 
de Serapio Reyes Ortiz, José Manuel Pando, Macario 
Pinilla (Ministro dimisionario) y Fernando Eloy Gua- 
challa, Secretario General. 

Abierta la contienda, el Presidente de la Repúbli- 
ca que delegó el mando supremo al 1er. Vice, se puso 
«en campaña» a la cabeza del ejército con el carácter 
de Capitán General y se trasladó a Oruro, de donde la 
1$ división partió hacia La Paz el 24 de diciembre y la 
2$ el 28; el «Ejército Constitucional», permaneciendo 
cuatro días en Caracol lo y Sicasica, avanzó hasta Via- 
cha (enero 8), donde poco después llegaron de refuerzo 
las brigadas suerenses, conduciendo nuevos armamen- 
tos y municiones. Ocurrieron los sucesos de Pucarani 
y Cosmini (1er. Crucero); esta última acción favorable 
a las fuerzas de la revolución que comandaba el Coro- 
nel Pando, determinó la retirada del Cuartel General 
de Viacha a Oruro del ejército del Capitán General; re- 
tirada que tuvo por objeto provocar la salida del de La 
Paz, ciudad que levantó barricadas y se hizo de arma- 
mento. El Coronel Pando hizo proposiciones al señcr 
Fernández Álorilso, tomo la entrega del Poder al Pre 



— XIV — 

sidente de la Corte Suprema señor Boeto: ellas no fue- 
ron aceptadas. 

La revolución de Cochabatnba precipitó los acon- 
tecimientos. El Prefecto R. Soria Galvarro, que con 
la columna del orden rechazó el ataque del 14 de marzo 
(dirigido por el caudillo M. Lanza), demandó fuerzas y 
se le envió un batallón con el Coronel Ajorca, el que 
después del combate de Sicaya (abril 2 de 189VÍ), regresó 
al Cuartel General, de donde tarpbién había sido desta- 
cada la División Vargas, para retomar la misma plaza 
de Cochabamba; ocupada ya por las fuerzas liberales 
capitaneadas por don Anibal Capriles, nombrado Jefe 
Político del Centro y Octavio La Paye Comandante 
General de las mismas, después de la capitulación del 
24 de marzo. El General Vargas con las fuerzas de su 
mando, realizó sin éxito el ataque y bombardeo de la 
ciudad, que hizo barricadas (abril). ( 2 ) La batalla 
sangrienta y sorpresiva, de los campos del Crucero de 
Paria y Caracollo, donde se encontraron los ejércitos 
del Capitán General y del Coronel Pando el 10 de abril 
dio término a la revolución y victoria a las armas 
federales 

(El doctor Severo Fernández Alonso, nació en Su- 
cre en 1849). 



(*) La última revolución tuvo las iras de una guerra social y 
de razas, la indígena se levantó en armas y cometió espantosos 
crímenes, como en Ayoayo. 




- XV — 



La Junta de Gobierno Federal 



Iniciada en La Paz la idea de implantar el régi- 
men federal en la República, por el munícipe Fernando 
E. Guachal la, se la proclamó en un comicio popular; y 
se constituyó un Comité,presidido por aquel ciudadano. 
Después, cuando La Paz levantóse en armas, procla- 
mándose en franca revolución la reforma federal, se or- 
ganizó una Junta de Gobierno; compuesta de los cons- 
picuos estadistas Serapio R. Ortiz, Presidente; José 
Manuel Pando y Macario Pinilla; siendo el señor Gua- 
cha) la Secretario General y designado General en Jefe 
¿el Ejército D. Eliodoro Camacho. Aquella corporación 
atinadamente atendió las necesidades premiosas de la 
revolución y del país, levantando empréstitos banca- 
rios (Bs. 400,000) y adoptando disposiciones financia- 
Íes de la última gestión; administró con celo patriótico 
los fondos nacionales; regularizó los servicios públicos 
dentro de las prescripciones legales; y sostuvo con in- 
quebrantable fe y energía la ruda y larga campaña, 
proponiéndose reconstituir la República «sobre la sóli- 
da base de la libertad y de la justicia, fundando el go- 
bierno propio, que es la aspiración común de los boli- 
vianos».. .. 

Al mes del triunfo obtenido (en el Crucero de Co- 
pacabana) por las armas federales, se dictó un Regla- 
mento electoral y se convocó una Convención Nacio- 
nal, para el 20 de octubre* 

Toda la acción política de la Junta de Gobierno 
Federaren medio a IV efervescencia de la situación 



— XVI — 

convulsionada de la Naoón, fué progresista y de con- 
cordia y confraternidad; las garantías otorgadas a los 
prisioneros, con amplitud; decretos en f-ivor de la li- 
bertad de imprenta, para cuya responsabilidad se ins- 
tituyó el Jurado; la protección a las empresas indus- 
triales y al desenvolvimiento educacional, el impulso 
dado a la revolución, que se proponía regenerar al país, 
son su mejor elogio. Ejerció su alto y difícil cometido 
durante diez meses. 

El luminoso informe gubernativo del Secretario 
General, doctor Guachalla, es un monumento de labo- 
riosidad política y de patriotismo. Su exposición en la 
Asamblea al discutirse el asunto de la emisión de bille 
tes fuera de ley, (hecha por el Banco Argandoña y el 
Nacional), fué convincente. (Referíase al interinato 
de Rafael Peña). 



La Convención Nacional.— 1899-1900 



Instalóse en Or uro (20 de octubre) bajo la Presi- 
dencia del doctor Demetrio Calvimonte, quien, escu- 
chada la cuenta rendida por el Presidente de la Junta 
de Gobierno Federal, manifestó haber llenado su man- 
dato político con asidua y esforzada acción, bascando el 
resurgimiento de la patria boliviana.- Y al sintetizar la 
obra de la revolución, hizo notar que, si diversos pue- 
blos de la República tuvieron participación más o me- 
nos importante en esa acción común, «corresponde al 
noble pueblo de La Paz la acción inicial del movimien- 
to insurreccional; le pertenece también el hecho deci* 



— XVII — 

sivo de la guerra, en la que el libérrimo pueblo de Co 
chabamba tiene participación eficiente*. (El Presiden- 
te de la Junta señor S. Reyes Ortiz entrega ah de la 
Convención la medalla de oro del Libertador Bolívar e 
insignia de la Presidencia de la República). Esperaba 
la Nación con ansiedad la organización del Poder Pú- 
blico, tras la provisoria administración de la Junt*» Fe- 
deral, y de un período de vorágine revolucionaria. 
El liberalismo propició el principio federativo. Este 
era también el anhelo de otros elementos políticos, en 
aquella oportunidad, y bajo su ensaña se cohesionaron 
los partidos, debilitando la acción del gobierno derro 
cado, que se hizo impopular. 

En esa Asamblea, que tenía el carácter de poder 
constituyente, se discutió al principio sobre si se nom- 
braría un gobernante provisorio, si se prorrogaría las 
facultades ejecutivas a la Junta Federal, mientras la 
organización constitucional definitiva, o bien se adop- 
taría llanamente la misma notable constitución de 1880, 
con las modificaciones indicadas por la situación. 

Habiéndose debatido estos y otros tópicos de ac- 
tualidad, se optó por declarar en vigencia aquella 
Constitución, una de las más avanzadas, aun en opinión 
de comentaristas extranjeros e inspirada en la de EE. 
UU. de N. A. Ella encarnaba las aspiraciones del li- 
beralismo y en su nombre se había luchado. 

Se proclamó Presidente Constitucional de la Re- 
pública al Coronel José Manuel Pando, tanto por ser el 
caudillo vencedor, como porque el valeroso jefe del 
Partido Liberal era indicado por la opinión pública pa- 
ra la primera Magistratura. (El señor Juan C. Carri- 
llo obtuvo algunos votos del total de 54). Esa elección 
debía ser comicial, directa o popular. Fueron pro- 



— XVIII — 

clamados 1 er . Vice-Presidente don Lucio Pérez Velas- 
co y 2.° don Aníbal Capriles. (Para estos cargos obtu- 
vieron también votos Demetrio Calvimonte, Fed. Diez 
de Medina, Zoilo Plores, P. Sainz, C. Montes, C. V. 
Romero y E. Villazón). 

El personal del Ejecutivo designado se invistió del 
mando el 25 de octubre. 

La Convención ascendió a General de División a 
Gamacho, a Generales a los Coroneles Pando, Clodo- 
miro Montes y O. La Paye. Se ocupó con notorio en- 
tusiasmo patriótico de regularizar las instituciones, fi- 
nanzas, asuntos ferroviarios, &, dictando más de 100 
leyes, elaboradas sin precipitación alguna. 

La magna cuestión del cambio de sistema o forma 
de gobierno, fué debatida largamente y en forma que 
honra los anales parlamentarios patrios. El grupo fe- 
deralista sostuvo su simpática^ causa, cuya implanta- 
ción tantas veces ya se intentara, con ardor; destacán- 
dose entre los oradores el convencional por Cochabam- 
ba doctor Ismael Vázquez, joven tribuno que, durante 
varias sesiones, pronunció brillantes discursos. Se- 
cundáronle con gran acopio de razonamientos, Visca- 
rra, Ped. Diez de Medina, L. P. Gemio, A. Mier, Fran- 
cisco Anaya, B. Pereira,A. Iturralde, P. Rojas y otros. 
El grupo unitarista tuvo por principales defensores de 
sus doctrinas al doctor Juan Misael Saracho,unode los 
cerebros mejor organizados de la República y a Domin- 
go L. Ramírez, fogoso tribuno; secundándoles E. Vi- 
llazón, (con manitie.^tH inconsecuencia, pues en la cons- 
tituyente del 71 sostuvo ideas contrarías, como spcuaz 
del ilustre La Tnpia); J. A. Méndez, José María Cama 
cho, Oropeza y otros. Después do ardorosa lucha de 
ideas, sometido el trascendental asunto a votación, se 



— XÍX — 

adoptó el régimen unitario, habiendo dirimido el em- 
pate el voto del Presidente de la Convención. Así se 
desvirtuó el fundamento de aquel movimiento revolu- 
cionario — Con tal motivo, expresó con ironía el Con- 
vencional J, M. Camacho, que la Federación había sido 
un pretexto. Los unitaristas adujeron entre otras ra- 
zones la falta de preparación política, el predominio 
del espíritu regional ista o el localismo, la carencia de 
recursos suficientes, para rechazarla idea federal. 

Las sesiones de la Asamblea Convencional, que du- 
raron tres meses, siendo sucesivamente presidida por 
los señores D. Calvimonte, Julio Rodríguez, L. P. Ve- 
lasco y Pastor Sainz, clausuraron el 25 de enero de 
1900. 



Gobierno de Pando 



Designado el Coronel José MI. Pando por elección 
indirecta (de la Asamblea Convencional), al investirse 
del alto cargo, el 25 de octubre de 1899, pronunció el 
discurso de estilo en términos que halagaron vivamen- 
te las esperanzas nacionales, manifestando la rara co- 
hesión da elementos producida. «Si los Gobiernos más 
avanzados consisten en la mayor participación df»l pue- 
blo en la gerencia de los negocios públicos, acaso nun- 
ca, como ahora, ha sido más explícita la voluntad del 
país, honradamente interpretada por sus representan- 
tes La cohesión que existe la he de mantener a 

todo trance, con entero respeto al orden legal, con 
amor a la Patria; sin rencores, pero también sin debilr 




— XX — 

dades Por fortuna, para realizar estos fines, cuento 

con un pueblo que en sus luchas por la vida institucio- 
nal y por el derecho ha templado su espíritu en la ad- 
versidad, y se halla dispuesto a los sacrificios de que 
sólo son capaces las almas fuertes .... Me propongo 
adelantar una política de conciliación, así para los par- 
tidos, como para los campanarios; porque la comunidad 
de intereses y de tradiciones al frente de la situación 
internacional de Bolivia, impone este programa de 
unificación nacional» ...Tales lueroñ algunos de los 
nobles conceptos emitidos por el guerrero y político, 
que había fijado el lema: «Después de la victoria, no 
hay vencedores ni vencidos». 

Fueron nombrados Ministros de Estado en los por* 
tafolios de Relaciones Exteriores y Culto, Hacienda, 
Gobierno y Justicia, Guerra e Instrucción Pública y 
Fomento, los señores Fernando E. Guachalla, Deme- 
trio Calvimonte, Carlos V. Romero, Ismael Montes y 
Samuel Oropeza, respectivamente; gabinete que de in- 
mediato concurrió a los debates parlamentarios, (de 
cuyo seno se organizara)* 

Graves eran las dificultades de la situación inter- 
na, a las que había que sumar la rebelión filibustera 
del Acre, que imponía la premiosa urgencia de debe- 
larla, afianzando la soberanía boliviana, amenazada 
por todas partes. Inspiróse el nuevo gobierno en la 
equidad y moderación. 

El 1 er . acto de la administración del General Pan- 
do, fué decretar amplia amnistía, en favor de los que, 
por motivos políticos, hallábanse extrañados de la Re- 
pública. Para conjurar la lejana revolución separatis- 
ta, se declaró en estado de sitio el Territorio de Colo- 
nias y las provincias de Caupolicán y Vaca Diez. Se 

31 



— XXI — 

dio impulso a los estudios de demarcación de fronteras 
y prolongación del ferrocarril Central N. argentino. 
Se constituyeron delegaciones ante diversos Congresos 
Internacionales; Bolivia concernió a la Exposición de 
Búfalo y al Congreso Americano de Méjico. El movi- 
miento económico tomó incremento; en sólo el 1 er . 
año se recaudaron 55,000 libras esterlinas por derechos 
de exportación de la goma elástica en el Para. Empe- 
zó a cubrirse el déficit del presupuesto nacional, au 
mentando las rentas aduaneras. Mejoró el ramo de 
correos, dictándose un buen Reglamento; se entrega- 
ron nuevas líneas telegráficas al servicio público; así 
la de Cochabamba a Santa Cruz. A iniciativa del Con- 
vencional Vázquez, se efectuó el levantamiento del 
Censo Nacional por la importante Oficina de Inmigra- 
ción, Estadística y Propaganda Geográfica, (dirigida 
con entusiasmo por don Manuel Vicente Ballivián). 

Se dio un notorio impulso progresista a la instruc- 
ción pública, dictándose los nuevos programas del sis- 
tema intuitivo, y seleccionando mediante examen de 
competencia el personal docente, así como proveyendo 
de locales, material científico y mobiliario los diversos 
ciclos de la enseñanza. 

Reformas radicales y tendencioso empeño por ele- 
var el espíritu y disciplina militar, determinaron rápi- 
dos adelantos en el ramo de Guerra, a que se dotó de 
institutos especiales. Aparte de los estudios en la Es- 
cuela de Clases y el Colegio Militar, se prescribió que 
Jefes y Oficiales recibiesen instrucción de Topografía 
y Táctica. Se creó la Escuela Superior de Guerra. 
Con el concurso de oficiales extranjeros se implantó el 
método alemán. Se organizó convenientemente la Co- 
misaría e Intendencia de Guerra. 



— XXII - 

Los arsenales estaban bien provistos para la de' 
íensa nacional. Jefes y oficiales ejecutaron, además, 
trabajos topográficos de mérito. De los talleres nacio- 
nales de Guerra se atendió en el equipo, menaje y pro- 
visión en la campaña del Acre. 

Se crearon escuelas prácticas de Agricultura, de 
Minas, Artes y Oficios. 

Se construyó el ferrocarril de Guaqui a La Paz. 
Una comisión francesa levantó planos topográficos de 
La Paz, Chililaya, Tiahuanacu, Caracato y otros luga- 
res; la misma que bajo la dirección del sabio Dereims 
hizo estudios de la formación mineralógica de esas y 
otras zonas. 

Se habilitaron y construyeron muchas vías de co- 
municación; así de Ri veralta a Guayaramerín,de Cocha- 
bamba al Chimoré. . . 

Se adoptaron sistemas más en armonía con el pro 
greso en la colonización de extensos e incultos territo- 
rios, de cuantiosas riquezas inexplotadas, que deparan 
un porvenir próspero a la República. 

El Jefe del Estado, de regreso de su expedición 
militar al NO.,tuvo a bien expresarse ante la legislatu- 
ra de 1903: «Faltaría a mi deber si no manifestase que 
en el actual Territorio de Colonias, son nominales las 
garantías de la Constitución; las relaciones entre el 
capital y el trabajo, o sea entre el patrón y sus peones; 
no se hallan establecidos sobre los principios de liber- 
tad y justicia». Impresionaron al Parlamento estas 
declaraciones, y se propendió a atender la situación de 
esas alejadas fracciones de la Patria. 

Con sagacidad se conjuró los conatos sediciosos de 
los indígenas de Songo y Challana. Se debeló el le- 
vantamiento o motín de Oruro. 



— XXIII — 

Cuando el Presidente Pando marchó al Acre, con 
el ejército, quedó con el Mando Supremo el 2.° Vice 
Capriles, siendo expatriado el 1.° Pérez Velasco; así 
como el Senador por Cochabamba I. Vázquez; éste, por 
haber hecho una representación, conformándose a un 
precepto constitucional, por violación de garantías. 
Una fuerte oposición surgió contra la política guberna- 
mental; los liberales se dividieron, a raíz del encumbra- 
miento del partido, en genuinos y puritanos. Con todo, 
dominando enconos, recelos y suspicacias, se propen- 
dió por el gobierno a cimentar el orden público, con 
medidas justificadas por la anormal y crítica situación 
del país. Y la administración conciliadora del Presi- 
dente Pando rindió homenaje al saber y patriotismo de 
personalidades diversas, confiándoles importantes car- 
gos públicos sin tener en cuenta su filiación diferente 
al partido gobernante. Se afianzó el crédito nacional, 
salvando la honda crisis ocasionada por el movimiento 
separatista, la depreciación de la goma, la plata, el es- 
taño y otros artículos que rendían grandes utilidades 
al Erario, cuyos ingresos con una administración es- 
crupulosa y previsora, habían arrojado al comienzo 
mismo un considerable superávit. 

Las legislaturas funcionaron con regularidad, 
siendo fecundas sus labores sobre los vitales intereses 
del país, en pleno resurgimiento y con la práctica legal 
de las libertades democráticas. La legislación procedi- 
mental, civil y penal, modificóse con reformas acertadas. 






— XXIV — 



La guerra del Acre.— 1900-1903 



Contra el tenor claro del oneroso tratado de lími- 
tes impuesto cuando el sexenio de 1867 y de los proto- 
colos complementarios, conforme a cuyas disposiciones 
se colocaron los hitos, previos estudios y demarcacio- 
nes de fronteras por comisiones mixtas, el Brasil pidió 
rectificación, para fijar la línea Madera- Yavary, cuyas 
nacientes se dijo que hallábanse a los 7°ir48" de 1. S. y 
73°47'44' O. de Greenwich). Pero Bolivia aceptó la pro- 
posición lusitana de reconocer como límite provisional 
la línea Cunha-Gómez (octubre de 1899). 

Seguían defraudándose por millones las rentas de 
la goma elástica del Acre, exportándose por el 
Amazonas. El contrabando era escandaloso. La fun- 
dación del puerto Acre o Alonso, en territorio netamen- 
te boliviano, (al S. de esa región, gente advenediza de 
siringueros brasileños, azuzados por el agitador Luis 
Gal vez y ciertas autoridades extrañas, obligaron a los 
funcionarios bolivianos a abandonar el territorio (19 de 
marzo 1899). Aquel aventurero, que decíase era oriun- 
do de España, encauzó el movimiento separatista, pro- 
clamándose Presidente del flamante estado por inde- 
pendizarse. 

Entabláronse las reclamaciones diplomáticas del 
caso, declarando el Ministro OlhintoMagalahesque los 
sucesos se habían producido en región que no era liti- 
giosa y que «al soberano del territorio (Bolivia) le to- 
caba defender su soberanía; es, dijo, su derecho y de- 
ber». Sin embargo, poco después, se dio errónea y 



— XXV — 

maliciosa interpretación a los pactos vigentes y se hi- 
zo ostensible el empeño absorcionista lusitano. En va- 
no osaron levantar su autorizada voz los conspicuos 
estadistas Bocayuba, Duarte, Carvalho y otros. Pudo 
más la mala fe. El ilustre General Cerqueira, en un 
memorable discurso parlamentario, refutando aquella 
interpretación expansionista, concluyó: «El Brasil es 
muy grande, muy rico . ..Sabe defender sus derechos 
y respetar los ajenos; prefiere su honra al interés y 
piensa que hay una cosa que vale más que los grandes 
gomales del Acre: es la justicia!» Y prevaleció la in- 
justicia. La decantada probidad se manchó 

El punto de vista era claro: el límite boliviano- 
brasileño del Madera al Yavary debía fijarse por una 
recta y no por una quebrada, cual se pretendía, sobre 
lo que ya se había usurpado. 

La primera expedición que marchó al Acre o Aqui- 
ri (a fines de 1899) con el Delegado Muñoz, (100 plazas) 
con noticia dfl movimiento separatista con que se la 
sorprendió en Riberalta, alistó a los obreros del Beni, 
hasta formar con 300 un cuerpo de defensores de la in- 
tegridad nacional. Siguiendo el curso del río Beni, in- 
gresaron en el Orthon, y arribando a la barraca Mer- 
cedes (en el Tahuamanu), los expedicionarios a la re- 
motísima frontera, enviaron a tomar datos sobre la si- 
tuación acreana, dos animosos comisionados, (Zarco .y 
Cornejo); quienes desempeñaron su difícil cometido, 
peregrinando un trimestre por en medio de esa feraz 
naturaleza tropical, llena de peligros, llegando al Acre 
mismo y volviendo perseguidos, pero con las necesa- 
rias noticias. Muñoz y sus aguerridos soldados prosi- 
guieron marcha, que tardó 5 meses hasta Puerto Alonso, 
ya conocido por el de Acre. 



■*™55* 



- XXVI — 

En cuanto se supo lo referido, también viajaron 
con igual destino el 1 er . Vice-Presidente Pérez Velasco 
y el Ministro de Guerra Ismael Montes, llevando con- 
tingentes bélicos, el uno por el Mamoré y el último 
por el Río Beni. Se reunieron en Mercedes y, dejan- 
do en esta estación al batallón Independencia, con el 
resto de sus tropas avanzaron a Empresa; desde donde 
siguieron solos para explorar el estado de la rebelión; 
cuando en un recodo una lancha enemiga les capturó y 
llevólos a la barraca Fortaleza. El cabecilla revolu- 
cionario Gentil Norberto hacía sus correrías, y logran- 
do de su ausencia, consiguieron evadirse de sus vigi- 
lantes, no sin antes hacer un llamamiento al patriotis- 
mo de los revoltosos, mostrándoles la temeridad de sus 
planes separatistas; y continuaron su interrumpida 
marcha hasta Puerto Alonso (Acre); desde donde pu- 
dieron observar y convencerse de que la revolución 
acreana se preparaba en el Brasil y había el intento 
manifiesto de bloquear el puerto mencionado, con ele- 
mentos suministrados en la jurisdicción del mal vecino. 
Acordóse concentrar en el Puerto los piquetes dejados 
en Empresa, y el Independencia pasó de Mercedes a 
Riosinho, donde fueron atacados por 1,500 enemigos, 
que habían resuelto rendirlos por el hambre y la mise- 
ria. En efecto, diezmados por el beriberi, desprovis- 
tos de víveres, hallábanse sufriendo toda suerte de pe- 
nurias y males. 

Era el amanecer del 12 de diciembre de 1900. Ma- 
ximiliano Paredes, sintiendo extraños rumores en la 
espesura del bosque, avanzó arma al brazo y descubrió 
al enemigo, que tomaba posiciones ventajosas sorpre- 
sivamente. Hizo dos disparos de alarma, 'rindiendo la 
vida como un héroe, a una descarga a quemarropa. 



— XXVII — 

Sonó el toque de Generala y pronto se generalizó el fuego; 
los asaltantes que avanzaron con violencia, fueron re- 
chazados, continuando el combate buscando éstos para- 
petos. Otra partida enemiga pretendió envolver al 
heroico batallón por la margen opuesta del río; la com- 
pañía que recibió orden de resistir por ese lado, contes- 
tó al ataque con descargas cerradas; hasta que después 
de dos horas de lucha desigual, con unos contrarios 
que se hacían invisibles en la arboleda, la derrota se de- 
claró por éstos, que se dieron a la fuga. Gran canti- 
dad de armas fué el trofeo. 

Derrotados en Riosinho, se lanzaron con dirección 
a Puerto Alonso, que atacaron el 24; día en el que cayó 
una lluvia torrencial. Hacia la hora meridiana, cuan- 
do los defensores dormitaban al azar, en un cuartel o 
bajo los árboles, rendidos por las fatigas y el calor so- 
focante, se escuchó de improviso el toque de clarín ex- 
traño, y repercutió en la selva el estampido de un ca- 
ñón y seguidamente cayó una lluvia de balas en el 
Puerto. El Teniente Coronel Baldivieso, J. de E. M. 
señaló con acierto los puestos de defensa. No se veía 
a ninguno de los que desde la ribera opuesta del río 
hacían disparos. El enemigo posesionóse del bosque, 
con dos piezas de artillería y más de 400 fusiles, (según 
pudo averiguarse después). Un actor dice: «Su plan 
fundado en la hipótesis de suponer a la guarnición ano- 
nadada por el hambre y la peste, se reducía a acribi- 
llarla a balazos, pero con la prudente precaución de 
poner el río de por medio, para impedir tomar la defen- 
siva, resultando de esta original táctica ambos comba- 
tientes a la defensiva*, . . ( 3 ) 



(») E. Fernández Molina: La Campaba t>bl Acre. 



— XXVIII - 

El fuego fué nutrido por arabos contendientes; pe- 
ro los atacantes denunciaban su proximidad por las de- 
tonaciones y el humo de los disparos! En la línea bo- 
liviana cesaron los fuegos a discreción; dirigiendo a los 
sitios delatores de su presencia, descargas uniformes, 
cuando arreciaban las de los contrarios. Las balas y 
bombas brasileñas destrozaban paredes y árboles, sin 
causar bajas a la valiente guarnición; por fin, a las 3 
de la tarde, las descargas certeras del piquete Abaroa, 
(situado a la izquierda), al mando del bravo Pedro Sa- 
lazar, apagaron los fuegos de la artillería enemiga, en 
momentos en que la Guardia fluvial, a órdenes del igual 
Emilio Fernández Molina, dispersaba su ala izquierda. 
Los atacantes abandonaron un catión, una ametralla- 
dora y municiones Cabe también hacer constar que 
el piquete *Cochabamba>, que sostuvo el combate al 
centro, y el «Santa Cruz* y el formado por los soldados 
del Noroeste, a órdenes de los distinguidos Jefes Arana, 
B. Ascuy y Sagárnaga, cumplieron su deber con abne- 
gado valor. 

Tal fué el resultado de esta 1% campaña. Quedó al 
parecer pacificado el Acre. 

Conforme a las estipulaciones pactadas, la Comi- 
sión Mixta Ballivián-Cruls exploró las verdaderas na- 
cientes del Yavari, (cuyos dos ojos de agua en la falda 
de un cerro se denominaron Campos Zalles y General 
Pando), se determinó al fin; resultando el reconocimien- 
to menos ventajoso para el Brasil; porque Bolivia con 
respecto a la línea Cunha-Gomez ganaba 1,017 legtías 
y con relación a la trazada por Blach-Teffé sólo 758. 
Entonces la Cancillería federal del Brasil se opuso a la 

32 



— XXIX — 

nueva demarcación Madera- Yavary. En vano el Mi- 
nistro Salinas Vega desbarató los sofismas opuestos. 

En diciembre 21 de 1901 el gobierno boliviano, pa- 
ra tomar posesión efectiva de esa zona y mejor percep- 
ción de las rentas fiscales, celebró un contrato de ad- 
ministración, que se dijo de arrendamiento. La idea 
fué del Ministro E. Villazón, y se la conceptuó desca- 
bellada. En el Brasil bastó este pretexto para hacer 
ostensibles sus planes expansionistas, con aspavientos 
de que el sindicato por organizarse en EE. UU. sería 
un agente peligroso del imperialismo yankee, conside- 
rando como indigna de los tiempos esa especie de ena- 
yenación de soberanía. Tal fué, al menos, el fondo de la 
famosa circular a las legaciones del Canciller Barón de 
Río Branco, que impuso la rescisión del contrato! 

Entre tanto, se agitó nuevamente la insurrección 
acreana. Se proporcionaron por el Brasil a los revol- 
tosos, (Asís Silverio Neri, Gobernador del Amazonas a 
Plácido Castro), armas, víveres, dinero, contingentes 
de sangre. El 6 de agosto de 1902 estalló la sublevación 
en el Chapury. Hallábanse en Puerto Acre los batallo- 
nes Cochabamba al mando de Quintín Ruiz y el Tercero, 
al de Manuel Canseco, (que expedicionaron un año an- 
tes) y la pequeña Columna «6 de Agosto>, formada de 
civiles. El Coronel R. Rojas, que consiguió derrotar 
a Castro en Vuelta de Empresa, (18jde Septiembre) y que 
conducía (en 1902) 100 hombres de refuerzo, fué súbi- 
tamente rodeado también en Vuelta de Empresa por las 
tropas del mismo Plácido Castro, y, después de once 
días de sublime resistencia, capituló (15 de octubre). 
Los vencedores sitiaron presto Puerto Acre, defendi- 
do por un puñado de valientes, (220 contra más de 
2,000 enemigos), a cuya cabeza estaba el ínclito Dele- 



— XXX — 

gado Nacional Lino Romero. Después de nueve días 
de defensa desesperada y heroica, se rindió también 
(24 de enero de 1903). ( 4 ) 

Este funesto desenlace determinó al Presidente 
General Pando declarar el Ejército en campaña al NO. 
El omnímodo Barón de Río Branco, que poco antes 
propusiera la venta del Acre, lanzó sus protestas. 

El gobierno boliviano explicó la actitud razonable 
del Capitán General; pero antes de que se rompieran 
las hostilidades, el ministro brasilero en Bolivia señor 
Eduardo Lisboa y el boliviano Villazón, pactaron un 
modus vivendi ominoso '21 de marzo), cuyas disposicic- 
nes ampliabas se mantuvieron rígidas en el oneroso 
tratado de Petrópolis (17 de noviembre). Como se ha- 
bía estipulado que «las tropas bolivianas se detengan 
en el río Ortohn y sus anuentes, no pasando sus avan- 
zadas del Abuná», entretanto que las brasileñas llegá- 



is He aquí los nombres de los jefes y oficiales bolivianos, 
Delegado Nacional y Comandante General, ¿L. Romero; tenien- 
tes coroneles, Q. Ruiz, MI. Canseco, H. Ibafíez; comandantes, 
L. Artero, F. Campero, M. Santivañez, L. Arce L.; mayores, 
Manuel Rico, E. Tudela, E. Céspedes, I. V. Mea ve, Y. Ibafíez, 
S. 2.° Campero; capitanes, J. N. Tinco, E. Morales, G. A. Adriá- 
zola, J. Monje; tenientes, Víctor Alarcón, V. Ledezma, D. Ol- 
mos, T. Aguilar, J. Justiniano, H. Portugal, S. Guilarte, L. 
Uzeda, (estos dos muertos en el combate), MI. López, MI. Martí- 
nez, C. Barrón, I. Bascón, R. Capriles — 

—En octubre (1902) tuvo lugar una acción de armas en Bahía, 
(hoy Cobija, sobre el Aquiry), entre la columna Porvenir (80 
hombres) organizada por D. Nicolás Suárez, Delegado Nacional, 
y las fuerzas brasileñas (300 hombres), al mando del coronel Gal- 
dino, que fué derrotado en 2 horas de combate; en que acredita- 
ron heroico valor los capitanes bolivianos Federico Román y 
Gonzalo Suárez. 



— XXXI - 

ron al Para, el General Pando con la notificación del 
intempestivo moda* vivendi, se detuvo en Puerto Rico 
y regresó.. . 

¡Y el Acre fué al fin cedido al Brasil!, en cambio de 
compensaciones políticas, aduaneras, territoriales y 
pecuniarias (2.000,000 de libras esterlinas). Pero to- 
davía Bolivia pagó por título de indemnizaciones a 
particulares cerca de medio millón de bolivianos. 



El Presidente José Manuel Pando nació en el pue- 
blo de Araca, Sicasica, (Departamento de La Paz), el 
25 de diciembre de 1849. Militar de escuela, dotado de 
energía inquebrantable, capaz de las grandes abnega- 
ciones y hazañas guerreras; patriota ardiente, político 
de alto vuelo, hombre de ciencia, explorador, publicis- 
ta; carácter generoso y austero, fué una de esas perso- 
nalidades históricas más esclarecidas de la República y 
que, por su3 muchas virtudes cívicas y talentos, gozó 
de gran popularidad. Rodeado de ésta ocupó el solio 
presidencial y no le abandonó ni después de su muerte 
trágica; ocurrida en Junio de 1917. El crimen del 
Khenko, (encrucijada en el camino de La Paz a Via- 
cha), no se ha esclarecido debidamente; y parece que 
sus autores hubiesen obedecido a indignos móviles de 
encono partidista. . . . 




Breve noticia de la cultura boliviana ( 5 ) 



Ciencias.— Literatura.— Bellas Artes 



Ciencias. — Los progresos de Hispano-América, 
han sido rápidos en el orden intelectual, desde que las 
diferentes fracciones que la componen se constituyeron 
en nacionalidades independientes, echando por tierra 
allá al comenzar el siglo de las luces XIX, el régimen 
tiránico colonial. Fué un error que la Madre Patria, 
!a clásica dominadora España, observara con sus po- 
sesiones del Mundo de Colón, ese sistema de restricción 
tan contrario al libre desarrollo del ingenio y a las gran 
des producciones del saber; porque es una verdad que 
«la inteligencia no puede vivir sino en la libertad, que 
es su savia, su calor. Las ñores del alma se amortiguan 
y se deshojan en las sombras del despotismo*. Bajo el 
régimen de la libertad, los adelantos de las nuevas Re- 
públicas, no obstante múltiples causas de retroceso, han 
sido por lo mismo notorias. 

Bolivia ha dado a la cultura americana hombres de 
vastísima ilustración y talento. No es tarea fácil bos- 



(*) Este capítulo adicional, por lo suscinto, no pretende ser 
completo; dada la cultura general que se alcanza, resultaría 
deficiente. 



A 



— XXXIII — 

quejar los progresos de un país, por incipiente que sea 
en un limitado plan. Sin embargo, he aquí una noti- 
cia. — Desde los primeros tiempos de la República, los 
estudios del Derecho y demás ciencias sociales, han si- 
do objeto de especial cultivo; Bolivia ha sido por ello 
la cuna de eminentes jurisconsultos y hombres públi- 
cos, como observa Menéndez y Pelayo, y cuyos nom- 
bres fuera largo apuntar; los estudios filosóficos no han 
sido desdeñados, algunos pensadores han sobresalido 
en este orden; entre ellos Pedro Terrazas, que tradujo 
al español las obras de Cousin (Filosofía Moral del siglo 
XVIII) y de Bastiat (Armonías Económicas). M. Ani- 
ceto Padilla,fué sabio publicista, un polígrafo. Mamer- 
to Oyóla ha publicado notables trabajos como «La Razón 
Universal*, libro de algún aliento y de pura abstracción, 
en el que se muestra el autor partidario de la escuela 
francesa «ecléctica> y estar impregnado de la filosofía 
alemana: examina el criticismo de Kant, combate el 
materialismo y la moderna escuela positiva. 

Otros autores bolivianos que han escrito sobre De- 
recho, Filosofía, Economía Política, Sociología, son: 
Federico Diez de Medina, que ha publicado un Derecho 
Político y Derecho Internacional, obra elogiada por Pra- 
dier Foderé; Agustín Aspiazu, los Dogmas del Dei'ecíio 
Internacional; J. M. Gutiérrez, Derecho Público; Sa- 
muel Oropeza, Economía Política, Estudios de la Cien- 
cia Moderna, obras de gran mérito por su valor científi* 
co y Finanzas Bolivianas; Daniel Sánchez Bustamante, 
Principios de Derecho; Luis Arce, Derecho Natural; 
José S. Quinteros, Derecho Constitucional y Adminis" 
trativo; Loza, Quintela, Corral, Calvo, Melchor Terra- 
zas, A. Quijarro, Julio Méndez, fecundo publicista; Mel- 
chor Urquidi, sobre la ciencia penal y finanzas, P 



- XXXIV — 

Dalence, Boeto, A. M. Torrico, Z. Salinas, J. Carrasco, 
Macario y Claudio Pinilla,Loaiza, TemístoclesRevollo, 
Luis Paz, V. Jiménez, Guacha! la, Ángel P. Moscoso, 
(autor de un Diccionario de Jurisprudencia); Daniel 
Salamanca, Cuestiones Económicas; Bautista Saavedra, 
que ha publicado un libro sobre sociología nacional y 
la ciencia criminalógica. ( 6 ) Especialmente las obras 
de Derecho escritas en Bolivia han gozado de gran 
aprecio en varias naciones de Sud América. (S- Reyes 
Ortiz, M. Pinilla y otros abogados bolivianos han de- 
bido a sus talentos su ingreso a la Real Academia de 
Jurisprudencia de Madrid); José Gutiérrez Guerra, 
Tejada, Rafael Urquidi, A. Aramayo, Paravicini, Rojas, 
&, han escrito brillantes obras de finanzas nacionales. 
Roberto Zapata es autor de una Sociología. 

La Historia ha sido también cultivada por algu- 
nos ingenios; pueden citarse como historiadores nacio- 
nales de más nota: Urcullo, Muñoz Cabrera, que han 
escrito sobre la magna Guerra de la Independencia; 
L. M. Guzmán Aldunate, autor de una Historia Ele- 
mental de Bolivia, que no carece de importancia, pero 
es oigo apasionada; Cortés, autor del «Ensayo sobre la 
Historia de Bolivia>; Jorge Mallo, que ha escrito sobre 
la administración de Sucre; Jenaro Sanjinés, sobre las 
de Morales, Adolfo Ballivián y Frías, excelentes libros; 
Modesto Omiste, autor de las «Crónicas Potosinas» y 
de otros trabajos históricos; J. M. Santiváfiez, fecundo 



(«) Sobre la misma materia tiene un libro (inédito aun) F. 
Alberto Quiroga, 1 er . propagandista de las nuevas ideas jurídi- 
cas y íilosóíicas en el país. Sobre Derecho Civil han publicado 
importantes obras Carlos Paz, J. Palma, &. 



— XXXV — 

polígrafo, autor de la «Vida del General Ballivián» y 
de otro estudio biográfico sobre A. Ballivián; G. Rene 
Moreno,fecundo historiador; Eufronio Viscarra.a quien 
se le debe un «Estudio de la Guerra del Pacífico>, unos 
«Apuntes para la Historia de Cochabamba», «Tradicio- 
nes mizqueñas> y varios otros opúsculos históricos; 
Miguel Taborga, Miguel Ramallo, M. M. Pinto y J. 
V. Ochoa, que escribió las «Semblanzas de la Guerra 
del Pacífico>; Luis Paz, ilustre autor de una Histoiia 
General de Bolivia, A. Gutiérrez, S. Pinilla, Arguedas, 
Pedro Krámer, J. M. Camacho, Carlos Bravo, Ordoñez 
y Crespo, han redactado «Compendios> importantes. 

Han escrito también sobre historia, Aguirre (Mi- 
guel María y Nataniel), Sánchez de Velasco, J. R. Gu- 
tiérrez, Blanco (Federico y Cleómedes), Narciso Cam- 
pero; Velasco Flor, Bravo, Fernández Córdova, A)e'v 
biades Guzmán, J. B. Guzmán. Rigoberto Paredes, 
Vergara, D'Arlach,Abdón Ondarza, Luis Zubieta S. 
Alvarado, Aponte. 

Sobre ciencias geográficas han publicado importantes 
libros José Manuel Pando, (Viaje a la Región de la Go- 
ma Elástica); Daniel Campos, Manuel Vicente Balli- 
vián fecundo escritor, Campuzano, Leigue Moreno, 
Aspiazu, DI. Campos, Limiñana, J. F. Velarde, Marco 
D. Paredes, Benjamín A. Dávalos, Abel Iturralde, Bu- 
reía, Moscoso, Palacios, Bustillo, Zarco, Ballesteros, 
Rig. Paredes, Federico y Aniceto Blanco y otros mu- 
chos. Armentia, Ilustrísimo Obispo de La Paz y B. 
Sanjinés, tienen notables trabajos al respecto. Sobre 
Estadística, J. M. Dalence, autor de la obra clásica 
«Estadística de Bolivia»; Ernesto O. Ruck, de la «Guía 
del Viajero»; Narciso de la Riva, Trifón Medinaceli, 
Luis S. Crespo, &. Las ciencias naturales y exactas, tie- 



— XXXVI - 

nen algunos representantes de nota: Se han distin- 
guido en este orden, Samuel de Ugarte, autor de un li- 
bro de Química; Dávalos, uno de cuyos trabajos («Nue- 
va hipótesis sobre la luz y el calor del Sol»;, se ha 
traducido al francés; Aspiazu, Rafael Peña, («Flora 
Cruceñá»); Demetrio Calvimonte, G. Vaca Guzmán, 
Manuel María Alcocer, Ignacio Terán, J. Emilio Moli- 
na, discípulo del Dr. Sacc, sabio francés, fundador de 
un laboratorio de química en Bolivia; B. Díaz Romero, 
es autor de importantes libros; Narciso Campero ha es- 
crito un tratado completo de Aritmética. La literatura 
médica es pobre y deficiente en Bolivia; Torrally ( 7 ) 
puede considerarse como el fundador de la medicina 
boliviana; sobre esta materia hay muy pocos escritos 
nacionales, debiéndose ellos a la pluma de Cardón, 
Bozo, Montalvo, (Fitografía Médica); Cuéllar, de los 
Nufíez del Prado (Eduardo y Daniel), Rafia, Andrés S. 
Muñoz, Abecia, Díaz Romero, Hertzog, J. M. Escalier, 
S. Quiroga, I. Araníbar, Néstor Morales V., (Al pié de 
la cuna), tfe. Como filólogos y políglotas, se han distingui- 
do E. Villamil de Rada, autor de «La Lengua de Adán» 
y de otras muchas obras, y llamado con razón el primer 
filólogo de América; Passos Kanqui, Macario Escobari, 
Nicolás Acosta, Bravo, Felipe Beltrán, Gutiérrez y 
otros más. Como cartógrafos pueden citarse Ondarza, 
Mujía, Lucio Camacho, Leigue Moreno, Idiaquez, i*) 
L. García Mesa, autores de notables cartas geográficas. 



(7) Hizo las campañas de la Confederación con el grado de 
Coronel en el Ejército boliviano,— (V. Abecia). 



(8) J. O. Andia tiene un importante Mapa Político de Boli- 
via (inédito aún). 

33 



— XXXVII — 

Otros distinguidos escritores nacionales que han 
publicado importantes libros de instrucción son: Rafael 
Pefia, J, C. Valdez, Facundo Quirog*, Vi la, Andradey 
Portugal, A. Salinas, Gil Gumucio, Cartasefia, Cha- 
vez-Ruiz, &. Eliodoro Cainacho tiene un notable libro 
sobre táctica militar. Sobre Pedagogía han escrito 
Pranz Tamayo, Sánchez Bosta mante. Luis Arce La- 
caze, Enrique Finit, Felipe Guzmán, Saracho, Gaillev 
mo Urquidi, T. Beltrán, Guillen Pinto y muchos más. 

Son notables los progresos de la instrucción en las 
altas clases de la sociedad. El movimiento intelectual 
europeo, los adelantos más recientes de las ciencias, no 
son desconocidos en los centros de enseñanza de la Be- 
pública. Hay bibliotecas y museos;y en Sucre y La Paz, 
observatorios astronómicos. Muchos jóvenes escrito- 
res se dan a conocer con trabajos de gi-an mérito cien- 
tífico. «Una nueva generación entusiasta y vigorosa, 
ha sucedido a los hombres de la patria vieja, trayendo 
nuevos rumbos para las manifestaciones de la inteli- 
gencia*. ( 9 ). 

Literatura.— El cultivo de las letras, que al par 
de la educación estética, inspira sentimientos nobles 

• 

en el corazón y eleva el espíritu a las altas concepcio- 
nes de lo bello, a los grandes ideales de honor y gloria, 
si bien es patrimonio de pocos, no debía mirarse con 
indiferencia en Bolivia, donde por tantas causas esta 
escasamente desarrollado el gusto literario; siendo por 
lo mismo pocas las producciones de mérito y de alg¿ n 
aliento. Los bardos nacionales más han cultivado el 



(») El Pensamiento Latino.— Director E. Piccione, 1900. 



— XXXVIII -- 

género de las composiciones líricas, y muy pocos con 
éxito: la poesía dramática no ha tenido muchos culto- 
res. En cambio, Bolivia ha producido eminentes pro- 
sadores, que han dado lustre a la cultura literaria de 
América, como Mariano Ricardo Terrazas, elegante es- 
critor, autor del «Sitio de París», de Misterios del Cora- 
zón, &. ; Manuel José Cortés, de «Progresos de Hispano 
América»; Santiago Vaca Guzmán, insigne literato,que 
escribió muchas obras, entre ellas el notable libro «Li- 
teratura Boliviana»; ( lü ) M. Baptista, cuyos escritos 
tienen magníficos giros retóricos y notable belleza; Ga- 
briel Rene Moreno, erudito y elegante escritor, autor 
de muchos bellos libros. Otros literatos notables son 
Nataniel Aguirre, autor de la novela «Juan de la Rosa»; 
Luis Q. Vi la, (que fué quien introdujo en la Métrica 
Castellana el sistema de cuadros gráficos, seguido en 
Chile por Eduardo de la Barra; (tema sobre el que 
Ricardo Jaimes Freyre ha dado a luz un estudio com- 
pleto e innovador); Daniel Campos, Nicolás Acosta, 
Eugenio Caballero, Juan Mas, Pablo Zubieta, Julio Cé- 
sar Valdés, Joaquín Lemoine, Isaac Tamayo, Julio 
Lucas Jaimes (Brocha Gorda), ilustre tradicionista; 
Eduardo Zubieta, Armando Méndez, Manuel María Ca- 
ballero, Belisario Loza, J. Q. Mendoza, (que sobresale 
en el género burlesco y satírico), Rodolfo Soria Galva- 
rro, José Antezana, A. Oblitas.Plorián Zambrana,Rück 
Uriburo, Arguedas (Pueblo Enfermo). 



(io) Con este mismo título últimamente ha publicado Alxl 
Alarcón un opúsculo que es de inferior mérito, con plan mal con- 
cebido y anacrónico. Omite, además, nombres tan ilustres co- 
mo Mariano Ricardo Terrazas, Lindan ra Anzoátegui de Campe- 
ro, R. Soria Galvarro, & y enaltece a unos imberbes ! 



— XXXIX — 

Muchos de los anteriores no han sido ajenos al 
ritmo y a los encantos de la poesía. Como poetas dra- 
máticos o líricos han sobresalido: Mariano Ramal lo, 
(n. 1,817); Ricardo J. Bustamante, (n. 1,821); «el prin- 
cipal hombre de letras que ha producido Bolivia>, dice 
de él Menéndez y Pelayo. (ha sido M. C. de la Acade- 
mia Española); Loza, Tovar (que se suicidó en 1865); 
P. Reyes Ortiz, J. M. Calvimonte, Luis P. Rosquellas, 
(nacido en el Brasil); Galindo, de quipn el ilustre críti- 
co español citado (con mucha severidad) dice,«incorrec 
to en la lengua y en el estilo, es autor de un tomo de 
jeremiadas titulado Lágrimas* (n. 1,830 y m. 1,865); 
Luis Zalles, que ha descollado en el género burlesco y 
en las sátiras políticas; Daniel Calvo, cuyas poesías 
son el eco de un alma elevada y llena de virtud, (for- 
man dos tomos: «Melancolías* y «Rimas* 1871); Benja- 
mín Lenz, autor del libro de poesías «Flores de un día* 
(1865) y de cinco dramas; Benjamín Blanco, (Miembro 
Corresponsal de la Real Academia Española), Tomás 
O'Connor d'Arlach, «tierno cantor de las musas* y J. 
Vicente Oehoa, que tienen varios volúmenes de poe- 
sías; J. y D. Delgadillo, Ramón Rosquellas, M. M. Gó- 
mez, autor de la «Herencia de un loco> y de otros dra- 
mas; Jofré, Pranz Tamayo (de La Pr omethey da) ;Manuel 
M** Pinto, (radicado en la Argentina e ilustre autor de 
Viridario); Donato Vázquez, J. David Berríos, J. Santos 
Machicado, Ricardo Mujía hijo, (autor de «Pemimbras* 
y de muchos dramas); Fermín Merisalde, Condarco, J. 
R. Gutiérrez, Claudio Pinilla, R. Soria Galvarro, Ro- 
sendo Villalobos (de Hacia el olvido), Isaac G. Eduardo, 
Benjamín Guzmán, autor de «Ecos de un alma*; B. 
Blanco h., Sixto López Ballesteros, José Aguirre Achá, 
J. Víctor Zaconeta, M. Paz Arauco, Ángel y Eduar'do 



- XL — 

Diez de Medina, Armando Chirveches, (de Añoranzas); 
José Palma y V., Enrique Salas, J. Mendieta; Ricardo 
Jaimes Freyre, (cantor de Castalia Bárbara, llamado el 
virrey del decadentismo americano); Reynolds, (Cofre 
de Psiqais); Adolfo Costa, Bedregal, Peñaranda, Raúl 
J. Preyre, Arturo Pinto Escalier, Sainz y muchos más, 
que serán, es de esperar, de grande influencia en la cul- 
tura literaria de Bolivia,como prometen sus produccio- 
nes que hasta hoy han visto la luz pública 

Las escritoras y poetisas principales son Mercedes 
Belau de Dorado, hija del Presidente Belzu y de la afa- 
mada novelista Juana Manuela Gorriti (nacida en la 
Argentina); que a más de sus sentimentales poesías, 
originales, tiene traducciones de Víctor Hugo, Lamar- 
tine y Shakespeare; María J. Mujía (la ciega), Lindau- 
ra A. de Campero, Hercilia Fernández de Mujía, Adela 
Zamudio, (autora de «Ráfagas» y de ensayos de dramas 
y cuentos); Amelia Quijarro, Emma Pérez de Carvajal, 
(laureada autora de «Orfebrerías»; María Gutiérrez de 
Medinaceli, &, ¡Cuántos ingenios, ajenos alas circuns" 
tancias favorables de la vida, no han dado a la estampa 
el fruto de sus inspiraciones! Prodigúense los medios 
de publicidad a las creaciones hermosas del bello sexo, 
estimúlese a la mujer culta boliviana, que sabrá ensal- 
zar con su delicado numen, la patria, el amor y la 
virtud. . . . 

. Los literatos y bardos nacionales, (hasta hace po- 
co) han seguido las huellas de Lamartine, Hugo, Mus- 
set, Espronceda. Grande ha sido la influencia de la 
escuela romántica en la literatura boliviana; la mayoría 
de los escritos de nuestros poetas líricos, llevan el se- 
llo del sentimentalismo, con sus tintes de profunda me- 



— XLI — 

lancolía y amarga desilución o desengaño. Ello tiene 
sus causas en el medio ambiente social en que han sido 
forjados. La Musa alegre o juguetona, tiene pocos re 
presentantes de nota y nada se ha hecho que merezca 
particular aprecio; sin embargo, las publicaciones pe- 
riodísticas generalmente están llenas de sátiras y epi- 
gramas, dirigidas ya a algún dómine de actualidad y 
señaladamente a deprimir el mérito y las tnás justas 
reputaciones, o a los caudillos políticos. La novela, 
ese gran espejo de la vida humana y de las sociedades 
modernas, que apenas ha pasado de las delincaciones 
de la leyenda, ya es bastante cultivada por nuestros in- 
genios; entre los que sobresalen Alcides Arguedas, (au- 
tor de Vida Criolla, Wata— Huara, Raza de Bronce); 
Oblitas, (de Marina); Chirveches, (de Casa Solariega; 
La Candidatura de Rojas); Jaime Mendoza, (de En las 
tierras del Potosí, Páginas Bárbaras, Malos Pensa- 
mientos); Alarcón, (de En la Corte de Yahuarhuacac), 
Navarro, (Los Cívicos); MI. Paz Arauco, (La Espada 
rota); J. Revuelta. (Cielo y tierra; novela de costumbres 
campesinas); Víctor M. Ibáfiez, (Chachapuma); D. Ca- 
nelas . . (Novelistas brillantes, aunque sin dedicación 
especial, fueron Vaca-Guzmán, Terrazas, Jaimes, Lin- 
daura de Campero, Calvo, Lemoine, &. 

Hay marcada afición hoy en Bolivia a los estudios 
literarios; pero, desgraciadamente, predomina un gus- 
to estragado; las censuras apasionadas o -palaciegas, 
ocupan el lugar de las críticas razonadas: los medios 
de publicidad caros, ahogan el desarrollo y las manifes- 
taciones del talento. Las revueltas políticas lo ener- 
van todo, todo progreso en este sentido. Empero, es- 
píritus firmes, constantes y resueltos, se abren paso al 



— XLII — 

través de los obstáculos y de los topes de las me- 
dianías ( n ) 

La literatura.es el reflejo, la imagen de una época: 
en la actualidad es esencialmente realista; «mi musa, 
es el pueblo, es la patria, dice Díaz Mirón . . . . ; es la 
humanidad con sus virtudes y sus vicios; con sus re- 
gocijos y dolores, con sus energías y flaquezas, con 
sus heroísmos y crímenes, con sus ideales y pasiones, 
con sus pies de monstruo y sus alas de ángel». La poe- 
sía nacional sigue las innovaciones del siglo 

El periodismo, que Lamartine calificó de «el foro 
universal de las pasiones populares* ... es el medio 
más expedito para las manifestaciones del ingenio, y 
está bastante generalizado en Bolivia, que cuenta con 
notables periodistas, (cuyos nombres fuera largo con- 
signar); muchos de los que se han distinguido por sus 
convicciones arraigadas, firmeza de carácter y valor 
civil, ante los bríos de la política y los falsos halagos 
del Poder o sus demasías. La prensa, factor poderoso 
de la civilización, por su influencia en la ilustración, 
progreso y moralidad del pueblo, debe ser elevada y, 
sobre todo, libre; porque así robustece las virtudes re- 
publicanas y combate los errores. Las cortapisas y 



(") Han enriquecido también la literatura patria, con obras 
de mérito: Nicanor Aranzaes, Emilio Fernández Molina, Alfredo 
Ascarrunz, (cuentista galano); Aurelio Beltrán, (autor de Los 
Granaderos del Catolicismo); Octavio Salamanca, (de De nuestra 
vida republicana); Octavio Campero Echazú, (de Arias sentimenta- 
les); MI. Céspedes; (de Metálicas, cuentos); J. M. Valdivia, Adhe- 
mar d'Arlach, (de Arias tristes); F. Beltrán A., A. Deheza, R. 
Calvo Arana, R. Bustamante. (de Hacia la vida intensa): Ismael 
Muñoz, F. Vaca Chávez, M. Mercado Mcieira, C. Romero, Jáu- 
regui, Ángel Salas, Alfredo Bailón Landa — 



— XLIIÍ — 

las restricciones sólo sirven para comprimir las pasio- 
nes, que al fin estallan en hechos. En las sociedades 
modernas, en que los intereses son tan varios, la lucha 
por la existencia, determina la conducta de los hom- 
bres; por ello, la prensa pervierte muchas veces su mi- 
sión augusta, propalando ideas subversivas; degenera 
hasta la licencia, se convierte en instrumento de difa- 
mación, en eco de pasiones ruines y vulgares, en esca- 
bel de ambiciosos y demagogos. {") 

Oratoria.— Bolivia ha tenido para honra eminentes 
tribunos. Son los principales: Casimiro Olafieta, 
(1785-1856); Mariano Baptista (1832-1906),el más genial 
y que justamente se tienen entre los primeros y los 
más grandes oradores de América, considerándoselos 
como a jefes de la oratoria política y parlamentaria de 
Bolivia, con el no menos notable tribuno Evaristo Valle 
(1811-1874): Lucas Mendoza de la Tapia, (1810-72) eru- 
dito y experto polemista; Rafael Bustillo, Daniel Cal- 
vo, A. Ballivián, Nataniel Aguirre, J. Rosendo Gutié- 
rrez, P. Zilveti, Antonio Quijarro, José Pol, B. Boeto, 
Jorge Oblitas y Julio Méndez, ambos de dialéctica irre' 
sistible y de erudición portentosa y universal; Fernán* 
dez Alonso conquistó también reputación de orador, su 
expresión es fácil y de peculiar colorido; también des- 
cuellan (en este género de elocuencia), Ismael Vázquez, 



(!2) La imprenta se introdujo muy tarde en Bolivia: según 
toda probabilidad vino durante la guerra de los 15 afíos: El 1 er - 
periódico (cEl Telégrafo») vio la luz en 1822. cLa Época» fué el 
primer diario, lo redactaban desde 1843 los célebres Domingo 
Oro, A. Quíntela y el ilustre Mitre. Los órganos más antiguos 
de la prensa nacional son «El Comercio» de La Paz, «El Heral- 
do» de Cochabamba (de 1877) y cEl Tiempo» de Potosí. 



— XLIV — 

(galano y florido); Domingo L. Ramírez, (fogoso tri- 
buno); Daniel Salamanca, razonador profundo; &. 

En la oratoria sagrada han sobresalido: Bosque 
(Obispo de La Paz); Pedro Puch, (Arzobispo de La 
Plata); Granado, (Obispo de Cochabamba), inolvidable 
y virtuoso prelado de ilustre memoria, que «tenía la 
voz de trueno de Mirabeau, la lógica de Bossuet, el es 
tilo florido de Lamartine y la erudición del padre Ven- 
tura»; Miguel Taborga, (Arzobispo de La Plata), una 
de las más vastas ilustraciones del clero boliviano; en 
grado inferior se han distinguido Facundo Castro, Do 
mingo Bustillo, Carlos Asin, Emilio Mendieta, Quiro- 
ga, Primo Arrieta, M. Mardofiez, Andrés Aguirre y 
otros más. ( 13 ) 

El sacerdocio boliviano ha tenido distinguidos ca- 
nonistas y escritores como el Ilustrísimo Taborga, M. 
Esquiú, Arrien, Jacinto Anaya, Córdova, Llosa, San 
Román, Loza, J. J. Solís, &, &. 

Bellas artes. — Los conocimientos que embellecen 
la vida, o sean las artes liberales, indispensables al 
desarrollo y cultura de los pueblos y a su engrandeci- 
miento, por su saludable influencia en el progreso mo- 
ral, social e industrial del hombre, no se hallan, sin 
embargo, bastante difundidos en Bolivia; donde, por 
falta de estímulo y otras causas, las obras de arte son 
muy escasas y raros los ingenios que se consagren a su 
cultivo. 

Los Poderes Públicos debieran prestar preferente 
atención al fomento de los estudios artísticos, a la 



(W) Llama la atención el obispo de Cochabamba. como ora- 
dor sagrado, Fr. Franciscano Pierini, de la orden francisca- 
na, que es notable publicista. 



34 



- XLV - 

plantificación de e8cuelas gratuita* de Dibujo, Graba 
do, Litografía, Escultura, Pintura, Música; haciendo 
que el ingenio artístico tenga medios de desarrollo, 
satisfaciendo así todas las necesidades de la instrucción 
pública. (La escultura y arquitectura están atrasadas). 

Hasta hoy, apenas si se pueden contar algunos li- 
tógrafos, grabadores y escultores. Les trabajos de 
Escultura qu<> se han hecho, no pasan de meros ensa- 
yos de pura afición, y muy pocos han honrado la me- 
moria d^ algunos de nuestros grandes hombres, ha- 
ciendo bustos d^ tamaño natural, con no escasa per 
fección artística. Las estatuas de mármol que se ven 
en los cementerios y otras obras de buen gusto que 
existen en los conventos, son importadas del extranje- 
ro; así como los modelos que poseen nuestros pintores, 
son copias de las obras maestras de los museos de Pa- 
rís, Roma, Florencia, &. 

Empero, el ingenio artístico boliviano toma al- 
gún vuelo, y ya son grandes sus adelantos en la Pin- 
tura y Música, las más bellas creaciones del hombre, y 
en el Dibujo, tan útil aún a las artes mecánicas y a to- 
das las profesiones científicas. La Pintura, «reina de 
todas las demás bellas artes», cuenta hoy en Solivia 
con excelentes cultores, que han hecho ver sus talentos 
en trabajos de bastante mérito, que pueden tenerse en 
tre las bellezas del arte, consiguiendo en gran escala 
dar a sus producciones colorido, animación, perspecti- 
va y expresión, cualidades que enaltecen los trabajos 
del pintor. Los cuadros de Pintura que se hallan, al- 
gunos de gran mérito, en los conventos, monasterios y 
templos, fueron traídos en su mayor parte durante el 
Coloniaje, por los jesuítas y religiosos de otras órde- 



— XLVI — 

nes. Es notable entre éstos, (*) que sin duda son co- 
pias tomadas de los grandes maestros, el que repre- 
senta el martirologio de San Bartolomé y que está en 
Sucre. 

Los artistas nacionales que más han sobresalido 
en el Arte déla Pintura son: Diego Carpió, Antonio 
Villavictncio, (enviado por Belzu a Europa y autor de 
La muerte de Sucre y excelente retratista;) José García 
Mesa, que completó sus estudios en los principales 
centros europeos; A velino G. Nogales, (nacido en Su- 
cre en 1851), director de la «Academia de Dibujo y 
Pintura*, que ha hecno sus estudios en Buenos Aires, 
donde sus rápidos adelantos en la Academia de Bellas 
Artes, le valieron dos medallas y su ingreso a la So- 
ciedad «Estímulo de Bellas Artes»; sigue en el arte la 
escuela española moderna, (sus cuadros principales 
son «El Aguatero», «San Lunes», que obtuvieron pre- 
mios en el Certamen Nacional de Chuquisaca (1902) y 
el gran retrato al óleo, de cuerpo entero, del célebre 
orador Baptista). Se distingue como el más hábil re- 
tratista; (género difícil en el que pocos sobresalen: 
según dice Mourey, no bastan las dotes del pintor al 
retratista, que debe ser un psicólogo, siempre despier 
to y atento, deseoso de sorprender y de expresar los 
estados de alma de su modelo ( u ). Zencn Tturralde, 



(*) Cinco admirables telas se hallan en la Iglesia de Santa 
Teresa en Cochabamba, atribuidos a Goya, paro que, por su es- 
tilo y escuela, parecen de Rubens, y un busto de San Pedro, que 
es propiedad del Dr. Rafael Canedo.(copia tomada de Yelázquez.) 



( u ) Ha completado sus estudios en Munich, (por la nuiniti- 
cencia del multimillonario Patino). La Jura de la Randera, el 
retrato del Presidente Frías y el de Simón I. Patino, se reco- 
miendan entre sus últimas obras. 



J 



I 



— XLVII — 

notable paisajista, Carlos Berdecio, Cristóbal García, 
Manuel Ugalde, Pompilio Barbeií, Tomás Morales, 
Félix Jordán y Elisa Rocha de Ballivián, que han he- 
cho sus estudios en Santiago (Chile). Es marcada la 
afición de la juventud por el aprendizaje de este her- 
moso arte, que ha inmortalizado al Perugino y dado 
celebridad a tantos ingenios. Octavio y Saturn no Sa- 
lamanca (paísajistas),Teodomiro Beltrán, David García, 
Arturo Borda, &, se distinguen también y serán, no cabe 
duda, de gran porvenir en el arte. 

Francisco Méndez cultiva con éxito el magnífico 
arte de la Saligrafia; tiene trabajos de inapreciable 
mérito. {El sueño de Colón, é.) 



El que más esfuerzos empleados tiene a los pro- 
gresos de la pintura en Bolivia es: 

José García Mesa,— Nació en Cochabamba el 20 de 
febrero de 1851. Desde su infancia manifestó grande 
inclinación a los viajes, a las Bellas Artes y a la Lite- 
ratura. En el Colegio Nacional «Sucre» recibió sus 
primeras lecciones de dibujo, de los profesores Pedro 
Ponce de León, Ramón y Emilio Estruch. Poco tardó 
en ser a su vez profesor. A la edad de 14 años hizo al 
General Melgarejo una caricatura en colores, tan san- 
grienta y con la fisonomía tan parecida,que el déspota, 
resistiéndose a creer que fuese obra de un muchacho, 
persiguió a más de uno de quien tenía sospechas. 
Muy joven aún, se distinguió por su actitud en la cam- 
paña abierta contra aquel Presidente, por La Tapia. 
Emprendió después viajé a Santiago de Chile y fué allí 
profesor de caligrafía y dibujo en el colegio Ballacey. 



— XLVIII — 

Se trasladó en 1871 a la Sema. El Presidente Frías 
le nombró {Cónsul de Bolivia (1875). £1 temple pa- 
triótico de García Mesa pudo apreciarse cuando esta- 
lló la guerra cobardemente provocada por Chile a Bo- 
livia (febrero 12 de 1879). A consecuencia ¡de sus pa- 
trióticos artículos, se organizaron meetings en la Sere- 
na, hostilizando al cónsul boliviano, y éste pudo esca- 
par, embarcándose en Coquimbo (marzo) con rumbo a 
Moliendo y La Paz. El Gobierno de Daza, que se ha- 
llaba en esta ciudad, le nombró Cónsul de Bolivia en 
Puno (abril 19), y poco después fué trasladado en igual 
carácter v A fines de mayo de 1880 llegó a La Paz la 
noticia del desastre de las armas perú-bolivianas en el 
«Campo de la Alianza*, y acto continuo se organiza una 
ambulancia para reforzar la qu^Bolivia tenía en Tacna, 
insuficiente ya para atender a más de mil heridos de su 
ejército: García Mesa marchó en dicha expedición co- 
mo Delegado del Gobierno (junio 3). Contrajo en Tac- 
na una grave enfermedad y fué repatriado juntamente 
con la última sección de la ambulancia; prefirió viajar 
en este estado y «co/fc ataúd hecho* a quedarse entre sus 
enemigos para curarse y convalecer. Fué nombrado 
por el Presidente Campero Cónsul y Agente Aduanero 
de Bolivia en Moliendo, con residencia en Arequipa 
(marzo de 1881), y poco después,promovido al -Consula- 
do en el ¡Rosario de Santa Pe, en la Argentina. El 
Presidente de esta República, General Roca, le nom- 
bró profesor de Dibujo en el Colegio Nacional del Ro- 
sario (junio 27 de 1882); la H. Municipalidad le confirió 
igual cargo en otros planteles. 

En la Exposición Continental de Buenos Aires 
(1882), exhibió el artista dos trabajos, que fueron 
aplaudidos por la prensa y le valieron dos medallas y 



- XLIX — 

dos diplomas de honor. Los cuadros premiados fueron 
Rebeca en la fuente y «un retrato de hombre*. Pasó a 
Montevideo y allí pintó magníficas telas, de las que 
llamaron más la atención: «un retrato del General Má- 
ximo Santos*, La Cebadora de mate; el Cliangador y 
otros cuadros de costumbres orientales. Confiado en 
sus triunfos artísticos, se embarcó hacia las regiones 
más importantes del arte: no tardó en visitar la Roma 
antigua y moderna, la ciudad clásica de las Bellas Artes. 
Desde entonces comenzó para el joven artista una nue- 
va vida, vida consagrada al estudio, al cultivo de sus 
raras dotes, en los centros donde se ostentan las pro 
ducciones de los grandes maestros. En el Salón de 
Roma expuso: La Ciocciarra y Los Pescadores en el Tíber. 
Este último cuadro le vSlió una mención y su ingreso, 
como socio efectivo en «L'Associazione Artística Inter- 
nazionale di Roma», donde sólo los Maestros tienen ac- 
ceso en tal carácter. Por este tiempo fué nombrado 
Cónsul en esa gran Metrópoli de la cristiandad. «Pero 
José García Mesa manejaba con igual talento la pluma 
y el pincel»: ( 15 ) por sus articúlete de prensa se le in- 
corporó en «L'Associazione della Stampa periódica in 
Italia*. Su cargo de Secretario de la Legación de Bo 
livia cerca de la Santa Sede (1884) le facilitó su acceso 
preferente en los museos de Pintura del Vaticano y del 
príncipe Borghese, donde reprodujo varias de las in- 
mortales telas de los grandes maestros; existen en Co- 
chabamba dos de estos notables trabajos: La Transfi- 
guración y la Santa Familia del Divino Rafael. Una 
noble señora rumana encargó al pintor boliviano un 



( lñ ) Paul Patrys. — Chronique Parisienne. 



— L — 

cuadro representando a San Luis, para la Iglesia de su 
nombre en Yassy: este cuadro obtuvo la bendición del 
Papa León XIII, quien bendijo también al artista feli- 
citándolo. Sus principales cuadros de aquella época 
son: un retrato de la Beina Margarita, el Bersagliere, 
Jugadores Napolitanos, Bueyes en las cercanías de Boma, 
Los dos Horizontes, la huida a Ejipto. (Estos últimos 
cuadros se hallaban en Cochabamba en la galería del 
Maestro hasta la muerte de éste). 

En 1885 se trasladó a París, donde expuso muchos 
trabajos. Las críticas tan favorables a nuestro com- 
patriota, reprodujo la prensa nacional. García Mesa 
se impuso con su pincel: varias notabilidades le enco- 
mendaron trabajos de consideración. Los retratos de 
Garnier de Cassagnac y de Paul de Cassagnac fueron 
elogiados. De París, donde estableció «su encantador 
estudio*, hizo excursiones por Suiza, Alemania, Aus- 
tria, Inglaterra, &; sus trabajos y exposiciones artísti- 
cas le grangearon simpatías y dinero. Entre las dis- 
tinciones que mereció, puede citarse ésta: Hallándose 
en la Chaux-de-Fonds (Suiza), fué invitado por teléfo- 
no a trasladarse a Berna, con el objeto de reproducir 
en el lienzo las facciones del Presidente de la Confe- 
deración. Mr. Schenfc. Pocos días después el retrato 
se hallaba terminado. El crítico de Arte del «Bund» y 
otros diarios lo elogiaron; hoy esta obra se halla colo- 
cada en el Salón Legislativo de la capital Suiza, donde 
fué trasladada muerto aquel estadista. La Sociedad 
«Unión Sud-Americana» de Winterthur, nombró al au- 
tor de ese trabajo su Presidente honorario ad perpe- 
tuara. 

A su regreso a Bolivia operóse en sentido artístico 
una evolución, dando resultados prácticos brillantes. 



— LI — 

Fundó una Academia de Pintura en la Capital, bajo los 
auspicios del Congreso. El Gobierno no pudo secun- 
darlo convenientemente. La diputación del Departa- 
mento de Cochabamba, interpretando los sentimientos 
del país natal del artista, le confirió una medalla de 
oro y un diploma de honor, y otro el H. Ayuntamiento 
(de Chuquisaca). Después de dos años, consultando 
el mejor centro de la República para conseguir su ob- 
jeto, trasladó la Academia a Cochabamba, que en tres 
exposiciones anuales probó sus notables adelan- 
tos. Sus dos grandes telas últimas fueron: El Amor 
patrio, comprada por la Municipalidad de La Paz y 
La Bendita Caridad. 

García Mesa exhibió sus cuadros en Chile, en las 
exposiciones internacionales de Buenos Aires, Roma, 
Turin y París. Parece sobresalir como pintor colorista 
y en la pintura idealógica (idealista), escuelas contra- 
puestas que tienen por Jefes a De Lacroix e Ingres; 
y reveló dotes sobresalientes en el género difícil, pero 
quizá el más importante de la pintura histórica, (como 
en su cuadro «Murillo en el patíbulo* y el «Martirio de 
San Sebastián*), que debiera cultivarse con preferen- 
cia, para perpetuar los fastos nacionales. 

Toca a los Poderes del Estado, asegurar los ade- 
lantos de la nación, dando además protección merecida 
a nuestros ingenios 



Música. — Si entre las Bellas Artes la Pintura es 
quizá la principal, la Música no es menos importante y 
también requiere estudio, aun en los genios, que por 
cierto no abundan, pues para las Bellas Artes nacen 



— LII - 

pocos; porque el artista, si se le ha de llamar tal, ha 
de tener talento, genio. Rossini, «el príncipe de los 
músicos contemporáneos», Wagner, (el gran innovador 
de la música alemana) y tantas otras celebridades, aca- 
so han debido más sus triunfos a su consagración al 
arte. Con esta ligera reflexión debe sobreentenderse 
que es un deber, en los que rigen los destinos del país, 
fundar un «Conservatorio de Música* ( 16 ); implantar 
escuelas modelos, donde su aprendizaje sea como es 
debido, y donde se ensefíen nociones fundamentales, 
sino todos los secretos de las armonías y melodías, ba- 
jo la dirección de maestros idóneos, ya que su conoci- 
miento es necesario como de cualquiera de los demás 
ramos del saber humano. 

Hasta hoy nuestros pocos artistas, lo deben todo a 
sus propios esfuerzos, que se agrandan más ante una 
montaña de obstáculos y la carencia de estímulos. . . . 

La música (popular) nacional, lleva el sello de sin- 
gular melancolía y un pronunciado tono sentimental, 
(aun en las producciones del género festivo). Y este 
distintivo general a los tres tipos que constituyen la 
sociabilidad boliviana: el indio, el cholo y el español 
americano, ( n ) proviene de muchas causas, tales co- 
mo la naturaleza del suelo y las creencias religiosas, 
que modelan los hábitos, índole, tendencias y carácter 
de los individuos 

El indio, que recuerda un pasado relativamente 
glorioso de su raza, con la resignación muda que le es 



(16) El progresista Ministro de Instrucción Pública señor 
S. Oropeza, presentó al Congreso Nacional entre otros proyectos 
el de la plantificación de una Academia de Música. Proyectó 
también mantener jóvenes pensionados en Europa. 



O?) Se deja va sentir la inmigración europea en Bolivia. 
35 



— Lili - - 

característica, tafie su quejumbiosi quena^ (cuyos soni- 
dos son dulces como los de la flauta),el piíiquillo, tal los 
del flayolé; la zampona (sicu, como los del órgano) y 
el manchay-pittüo, (que tiene sonido lúgubre): la luz de 
la civilización y del Evangelio, lo va redimiendo de 
su miseria. Los cantos nacionales más comunes son 
los hvayños, los tristes y los yaraví" ¡ conmovedores. 
Los bailes del pueblo son muchos. La parte ilustrada 
hace uso de instrumentos músicos europeos, que no ce- 
san de importarse: la música de salón, la vocal e ins- 
trumental, y la dramática, tíonen hoy eximios cultores 
en la juventud boliviana, que se afana por hacer pro- 
gresos en este sentido.. . 

Entre los músicos y compositores nacionales de 
más nota, pueden citarse: Luis P. Rosquellas, Gumu- 
cio, célebres violinistas de la época del General Balli- 
vián,(el l.° tiene también muchas delicadas composicio- 
nes para piano); Adolfo Ballivián, (elegante y senti- 
mental, autor de «Sueños color de rosa», vals); Eloy 
Salmón, (de la «Canción Paceña»); los hermanos Núñez 
del Prado, Jurado, Espalza, José Bravo, Manuel Luna; 
Modesta Sanjinés, (autora de más de 50 piezas de gusto 
nacional, publicadas en París); Francisco Suárez, (au- 
tor de los vals «Selvas del Beni», «Glorias del Acre» 
y de «Riosinho», schottis); Francisco J. Molina, (autor 
de una Teoría. Elemental de Música», de «Amor y Arte», 
schottis, «Combatey Victoria» (Marcha militar); Barra- 
gán, (de la «Ultima mirada», vals muy popular); Ercilia 
Fernández Mujía de algunos vals, Eduardo Berdecio, 
(autor de «Potosí», hermoso vals bostón y de «Tus Ojos», 
vals capricho»); Juan J. Arana, maestro distinguido; 
Pedro Butrón, (que compuso el vals «Cantuta», «La Ce- 
nicienta» y otras piezas recomendables); Samuel Arce, 



— LIV — 

(que muy joven aún, ha dado notables pruebas de sus 
talentos musicales, como en «¡Viva Bolivia!», Marcha 
patriótica); Elena Sagárnaga* eximia pianista. Pero, 
quien acaso más consagración tiene al Arte Musical, es 
Teófilo Vargas (nacido en 1868), fecundo compositor, 
aunque muy discutido: sus obras principales son: «Pro- 
ceso Sejas»,que comprende dos partes: la primera publi- 
cada en París en 1888 y la última en 1890); «El Huérfa- 
no», (hermoso vals en 1893); «El 14 de Septiembre» 
(en 1900); «Polígono», (marcha triunfal en 1901); «¿Lá- 
grimas?», (marcha fúnebre, dedicada a la memoria del 
llustrísimo Granado); «Suspiros», (mazurca, en Buenos 
Aires en 1902). Ecos del Litoral; «Amistad y Re- 
cuerdo», Brisas del Tunari, &. La música religiosa, 
que con las excelencias del catolicismo, es capaz de 
las grandes inspiraciones, es también su elemento: 
en este género tiene muchas composiciones de largo 
aliento, así como sinfonías y conciertos (para violín 
y piano); conocedor de los estudios de los clásicos an- 
tiguos y modernos ,se distingue como un hábil violi- 
nista La música del «Himno Nacional», se debe al 

italiano Benedetto Vincenti; la letra pertenece al dis- 
tinguido bardo J. Ignacio Sanjinós. Simeón Roncal 
merece especial mención; es cultor de la música indíge- 
na y criolla. 

Otros músicos distinguidos bolivianos son: Dorado 
Belzu, Monje, G. Matienzo, P. Aranibar, (un ¡nova- 
dor). . Benavente, P. J. Torrico, Lavadenz, autor de 
aires nacionales), &. 

No se nota en las producciones de nuestros artis- 
tas, esas variadas combinaciones de la armonía; empe- 
ro no carecen ellas de melodía y sentimiento, aunque 



— LV — 

generalmente adolecen de alguna censurable mono- 
tonía y arcaicas tendencias. 

La marcada afición de gran parte de la juventud 
boliviana de ambos sexos, al cultivo de este bellísimo 
arte, que ha tenido fervientes cultores en todos los paí- 
ses y en todas las edades, hace augurar buenos re- 
sultados. Si, como asegura Mantegazza, el carácter 
del boliviano, por el suelo y la naturaleza grandiosa 
que le rodea, cuyo sublime espectáculo ejerce inmenso 
poder sobre el corazón y p1 cerebro, es a propósito pa- 
ra el cultivo de la Filosofía y la Poesía, no lo es menos 
para la Música: ¡Arte divino que parece dignificar al 
hombre, ennobleciendo sus sentimientos, preparándole 
a su perfección individual y social, y elevando su espí- 
ritu en alas del ideal y de las esperanzas eternas hasta 
Dios, la belleza absoluta! La música es el lenguaje 
más natural de las emociones del alma y de sus afectos 
más íntimos; la expresión maravillosa del placer y el 
contento, del dolor y el pesar. Es el semillero fecun- 
do, como dijo Platón, de los nobles instintos, de las 
buenas costumbres de la criatura inteligente y que, en 
dulces trasportes, hace olvidar las miserias de la vida, 
las amarguras del mundo. 

Bolivia no se detiene en sus adelantos, y no es, ni 
puede ser una excepción al progreso humano, que, co- 
mo la naturaleza toda, obedece a la ley de la Evolución. 



TFITS 



«NOTA. — En la página XXX referente al combate de 
Bahía (hoy Cobija), se omitió consignar: Los 
jefes y oficiales Ángel Roca, Ignacio Paz, que 
arrebató la bandera enemiga, Guachalla(que 
capturó la corneta), Moreira, Parfán, Moreno, 
Pabón, lucieron ánimo arrojado, en las jorna- 
das del 10 y 11 (octubre). Más después, (diciem- 
bre), el mismo capitán Federico Román con 50 
valientes se batió heroicamente en Costa Rica. 
(Don Nicolás Suárez luchó denodado en Bahía 
y mantuvo con su3 recursos 200 defensores de 
la integridad nacional, durante ocho meses). 
La brillante columna Porvenir contuvo el 
avance brasileño en Tahuamanu y Alto Acre». 




JMP. VfcLARDE— YANAOOCHA 115. 117 T 119. 



Algunos juicios y referencias 



cEn la nueva generación se presentan algunos jóvenes 
dedicados con provecho a estudios de la historia patria, y nos 
place mencionar a José Macedonio Urquidi, Mariano Benjamín 
Arrueta y Juan 2<? Al varado». — (Luis Paz; Historia General 
del Alto Perú, hoy Bolivia. 1917). 

— cJosé M, Camacho y José M. Urquidi han escrito... 
historias de muchísimo valor»... — (Miss Mary Robinson Wrihgt. 
Filadelfía. 1906). 

— cUltimamente se han revelado como meritísimos his- 
toriadores, LuisS. Crespo y J. M. Urquidi; bien es verdad que 
les falta despojar a sus apreciaciones de prejuicios (!) locales.» — 
(Enciclopedia Universal, ilustrada, europeo-americana. Edi- 
tores, Espaza, Barcelona. 

— ...cLa historia, en la que tanto se distinguió (Jenaro 
Sanjinés), junto con... Cortés, Kramer, Macedonio Urquidi...»— 
(Abel Atareen; Literatura Boliviana, Nueva York, 1917); 

Concejo Departamental.— Cochabamba, julio de 1902.— Vistos, en 
Sala, aprobado el dictamen de la Comisión de Instrucción, 
se confiere un voto de elogio al señor José Macedonio Urquidi, 
autor del "Compendio de la Historia de Bolivia 11 , y se resuelve 
deber adoptarse... como texto de enseñanza. — B. Blanco. — 
B. legarte, secretario. 



\ 



...cEl autor de la obra (Compendio de Historia de Bo- 
íl via). lia estado guiado de los mejores deseos de servir a la juven- 
tud estudiosa, y anheloso de ofrecer un texto de historia patria. 
no ha omitido fatiga para que la presente resultara verídica, cla- 
ra y metódica... Opina la Comisión que el texto debe aprobarse, 
discerniéndose además, un voto de (diento a su autor...» — Fr. 
Francisco Pierini. — L. Cabrera, 

Cancelariato de la Universidad. Cochabamba, etc. 
Vistos en Consejo y a mérito del informe... prestado por la Co- 
misión de estudios; se aprueba el opúsculo de Historia de Bolivia, 
redactado por el sefior José Macedonio Urquidi. — Julio Bodrí- 
guez. — A. Araníbar, secretario general. 

— cEl II. Senado Nacional resolvió se reimprima por 
cuenta del Estado su importante obra de historia nacional, a 
iniciativa mía, apoyada por mi colega sefior O'Connor d'Arlacli, 
fijando una partida de subvención al efecto. Hice ya referen- 
cias justicieras de su honroso trabajo, en mi cEstrella de Orien- 
te», y es muy merecido este galardón.» — (Pablo E. Boca, Sena- 
dor por Santa Cruz de la Sierra, 1904). 

— cNo tiene usted por qué agradecerme de las referen- 
cias honrosas que he hecho de sus escritos, porque tiene usted 
bien ganado su prestigio de uno denlos más empeñosos investiga- 
dores de la historia patria, a cuya formación ha contribuido ya 
con buen caudal, que me ha servido en la Historia del Alto Pe- 
ni. Le agradezco el valioso obsequio de su última y muy im- 
portante obra Bolivianas Ilustres... He dado rápida recorrida a 
la biografía de la heroína/ Juana Azurduy de Padilla, y veo con 
satisfacción que ha hecho usted un trabajo superior a cuantos 
se conocen hasta hoy.» — (Luis Paz.) 

— cEstimo en mucho sus brillantes producciones históri- 
cas, y me es grato colaborarle. Sus publicaciones revelan prolija 
investigación y criterio de historiador. Su patriótica labor apor- 
tará poderoso contingente al estudio de nuestra historia en for- 
mación...» — (General Miguel Bamallo). 

— cObra del más puro patriotismo (Bolivianas Ilustres, 
Heroinas, Escritoras, etc.), cimentará la reputación de su autor, 
que en Poesía, Historia, Sociología y Crítica, tiene aventajado 
puesto con títulos limpios y nada recientes, no obstante la edad 
juvenil de Urquidi.» —(Ismael Vázquez, Prólogo). 



— cHe leído con sumo interés el Compendio de Historia 
de Bolivia, que se recomienda por la verdad de las apreciaciones 
y la corrección del lenguaje... — (Severo F. Alonso). 

— cEl Compendio de la Historia de Bolivia por el señor 
J. M. Urquidi, significa un valioso aporte a la insipiente litera- 
tura nacional en el ramo, y nos hacemos un deber de tributarle, 
de todas veras, un caluroso aplauso.» — (Eutronio Viscarra). 

— cAplaudo con entusiasmo su patriótica consagración 
al útil trabajo de escribir la historia nacional, y me complace 
reconocer en usted aptitudes excepcionales, por sus bellas pro- 
ducciones sueltas que tengo a mano. Mi archivo (en La Paz), 
está a su disposición...— (Jenaro ¡Sanjinés). 

— cLa obra histórica con que se inicia usted, lo revela 
dotado de energías, que no deben quedar estériles al servicio de 
la patria.» -~ (Daniel ¡Sahunanca) . 

— cLa fecunda labor literaria e histórica del señor J. M. 
Urquidi, lo distingue ventajosamente entre nuestros escritores...» 
— (Tomás O'Connor d'Arlach). 

— cHaré mérito especial de su obra patriótica en mi gran 
libro de Historia Nacional, cuyo plan indicado por usted ha sido 
aprobado por el eminente historiador Mr. Seignobos... Impor- 
tancia excepcional tiene su libro cLos Hombres del Tiempo He- 
roico» que me hace usted conocer fragmentariamente... Los 
que en Bolivia manejamos la pluma, tenemos ante todo un de- 
ber: hacer su historia. — (Alcides Arguedas). 

— cUn libro educacional, de carácter anecdótico, sobre 
los principales episodios nacionales, se precisa, y me he fijado 
para su redacción en usted y en el señor José M. Camacho, a 
quien ha insinuado este Ministerio (de Instrucción, 1908), este 
tópico...» — (Daniel S. Bustamante). 

— tSu opúsculo sobre los Congresales alto-peruanos en 
Tucumán, es de muchísimo interés...» — (Enrique Udaondo, 
Buenos Aires, 1916). 

— €Los Diputados alto-peruanos en la Constituyente de Tu- 
cumán (1816), es obi a que acredita su labor investigadora, tanto 
como su patriotismo. ¡Único homenaje que llega de Bolivia!, 
que tan poco hace para que no la olviden en el extranjero...» — 
Ricardo Jaimes Freyre). 
36 



— elle leído los dos volúmenes, ultima producción litera- 
ria de usted, con la más grata complacencia. Un generoso es- 
píritu que tiende al humanismo integral, y un criterio elevado, 
revelan sus obras, dignificantes... — (Joaquín ole J^emoiné). 

— cEl señor Urquidi tiene verdadera vocación por los es- 
tudios históricos, y la prueba es que su primer ensayo, a poco de 
haber vencido la instrucción secundaria, fué su Compendio de la 
Historia de Bolivia, que hoy mismo sirve de texto en escuelas y 
colegios. — Su espíritu investigador y minucioso, lo hace muy a- 
propiado para rastrear la verdad histórica, al través de manus- 
critos, documentos truncos, tradiciones y documentos... Es ca- 
paz de esa labor intensa y difícil... Si vamos a exigir una obra 
completa según el concepto moderno, nada más útil que los tra- 
bajos de Urquidi, que va reuniendo los materiales del futuro edi- 
ficio. Aparte de sus aficiones históricas, es un esmerado cultor 
del idioma nacional; de modo que sus obras tendrán el doble 
mérito de la verdad histórica y la corrección de la frase.» — (•&** 
lio Paz, Catedrático de Historia en la Universidad de Cocha- 
bamba). 




ÍNDICE 



• • • 



INTRODUCCIÓN 



■♦■ 



Rudimentos 1 

Bolivia. — Rasaos Geográficos 3 

PRIMERA PARTE 
Primera época 

Tradiciones anteriores a la conquista española 

Tiempos primitivos. (Orígenes) 8 

Los Aymarás. (Tiahuanacu) 10 

El, Imperio de los Incas. — Manco Capac. 

(Sus sucesores) 11 

Civilizac ; ón del Imperio incaico 17 

Segunda época 

La conquista y dominación española 

La conquista 26 

Discordias y guerras entre los conquistadores. . 32 

Rebelión y sitio del Cuzco por el Inca Manco. . . 33 

Sometimiento del Collasuyo 33 

Resistencia de Tiorinaceo 34 

Pedro A nzu res en Charcas 34 

Misión de La Gazca.— Fundación de. Potosí y 

La Paz 36 

Idea suscinta de la conquista espiritual. (La 

obra civilizadora de la Iglesia) 37 



El gobierno colonial 43 

La Audiencia de Charcas 45 

El Virreynato del Perú . .. .. 46 

Potosí y las luchas de Vicuñas y Vascongados. 53 

Insurrección de Alejo Calatayud 59 

El Virreynato de Buenos Aires 64 

El alzamiento indigenal 64 

Carácter de la colonización española 68 

El Alto Perú. — Régimen y cultura colonial... 72 



SEGUNDA PARTE 
Tercera época 

La guerra de los quince años o de la 
emancipación nacional 

Causas 75 

Insurrección de Chuquisaca (1809) 75 

Revolución de La Paz.— Pedro Domingo Mu- 

Hilo 75 

Defección de Indaburu. (Chacaltaya) 81 

Los patriotas ajusticiados por Goyeneche 82 

Revolución de Cochabamba (1810) 83 

Victoria de Aroma ....... 84 

Campaña del priaier ejército auxiliar argén- 

tino 86 

Revolución de Santa Cruz de la Sierra 88 

Pumakahua ... 89 

Nueva revolución cochabambina (1811) ........ 90 

Belgrano. — Primera campaña del 2.° ejército 

argentino 91 

Actitud de Goyeneche. — Combates del Que- 
huifial y San Sebastián: saqueo de Cocha- 
bamba.... 92 

Sacrificio de Mariano Antezana y otros patrio- 
tas 93 

Combates de Villcapujio y Ayohuma . . 94 



Victoria de la Florida 95 

Pezuela y los guerrilleros ... 97 

Campaña del tercer ejército argentino. (Bata- 
lla de Vilotiuma 100 

Triunfo de Warnes .....; 101 

Resultados políticos 101 

Los guerrilleros ... 102 

Represión de La Paz por Ricafort 108 

El Congreso de Tucumán (1816) 109 

La Madrid. — Campaña del 4? ejército auxi- 
liar V. .. 110 

Encuentros parciales 112 

Sucesos de fuera del Alto Perú. (General San 

Martín) 112 

Actitud del Alto Perú. (Casimiro Hoyos) 113 

Expedición del General Santa Cruz. (Zepita). . . 114 

Combate de Falsuri 115 

Conflicto entre los jefes peninsulares 115 

Victorias de Junin y Ayacucho 116 

El, General Olañeta. — Pin de la guerra de 

los quince años. (Tumusla) 119 

Cuarta época 

La República.— Primer período (de 1825 a 1841) 

Establecimiento de la República 121 

Gobierno de Bolívar 124 

< < Sucre 1 25 

Interinato de Velasco ...... . ... 130 

Gobierno de Blanco 1 30 

< < Santa Cruz 133 

« « Velasco 138 

Segundo período (de 1841 a 1857) 

Gobierno de Ballivián . . .. 141 

< provisorio de Guilarte : 148 

< transitorio de Velasco .... 148 

< de Belzu 150 

< < Córdova 156 



Tercer período (de 1857 a 1864) 

Gobierno de Linares 160 

« del Triunvirato 166 

« de Achá 166 

Cuarto período (de 1864 a 1879) 

Gobierno de Melgarejo 175 

« « Morales 183 

« transitorio de Frías 188 

c de Adolfo Ballivián 189 

« « Frías 192 

« « Daza 196 

Quinto período (de 1879 a 1884) 

La Guerra del Pacífico 199 

Gobierno de Campero 210 

Resumen de los últimos Gobiernos (1884 — 1904) 

Gobierno de Pacheco I 

Gobierno de Arce III 

< de Baptista VI 

« de Fernández Alonso . . . X 

La Junta de Gobierno Federal XV 

La Convención Nacional— 1899-1900 . . . XVI 

Gobierno de Pando XIX 

La Guerra del Acre— 1900-1903 XXIV 

Breve noticia de la cultura boliviana 

Ciencias. — Literatura. — Bellas Artes. . XXXII